sábado, 5 de enero de 2019

BACK TO BIZ, EVERYBODY!


Llevo dos semanas donde:
  • ·         He dormido más de 12 horas seguidas.
  • ·         He estado en pijama durante 7 días...seguidos.
  • ·         He abrazado y besado a mis hijos en horas impensables y he vuelto a reconectar con todos y cada uno de sus hobbies y manías.
  • ·         He vuelto a ver mis películas navideñas y también he descubierto que a “Nothing Hill” ya la consideran un “clásico de oro”.
  • ·         He comido como un cerdito premiado.
  • ·         No he revisado formalmente mi correo.
  • ·         He peleado y reconciliado con mamá y papá millones de veces.
  • ·         He disfrutado la vida como hacía mucho que no lo hacía…

El año antepasado, justo cuando finalizaba 2017  y comenzaba 2018 sufrí un ataque muy personal, muy íntimo, muy desesperante y desgarrador. Todo lo que me importaba en ese momento se vió seriamente amenazado y recuperarme de ese golpe no fue nada fácil.
Fue remar contra corriente, poner a prueba mi valor y fortaleza, pero sobre todo, fue lidiar con la desilusión y el conocimiento de que verdaderamente existe la maldad en el mundo, que hay gente mala que no soporta la felicidad o simplemente la existencia de otro ser humano y se empeña en aplastar si razón.
Pero también reconocí que existen los amigos verdaderos que sin importar lo bajo que una ha caído, su mano siempre estuvo (espero que lo esté siempre) para sacarme del bache, animarme y plantarme frente al espejo para mostrarme la persona que verdaderamente soy, la que ellos ven y quieren. A todos ustedes ¡GRACIAS! por haberme cobijado y darme el valor para amarme de nuevo.
Y bueno, la cosa fue mejorando, fue mejorando…
Sip…
¡Definitivamente terminé mi año personal mejor de lo esperado!
Ahora, a tres días de que terminen mis deliciosas vacaciones puedo decir que estoy emocionada por estrenar mi agenda con nuevos proyectos, estoy nerviosa y preocupada por los que se quedaron en holding debido a mi break navideño, estoy agradecida por la oportunidad de haber podido tomar un descanso, respirar nuevamente, poner en perspectiva mi vida y darme cuenta de las cosas a las que definitivamente daré prioridad este año.
He decidido viajar ligero, no comprometerme con lo que no creo, no esperar a quien no espera, no complacer si ello me causa estrés, no presionar, no pelear, amar intensamente…
Verdaderamente estar presente en todos los minutos del día y volver a confiar en mis alas.
Gracias a todos los que hacen posible mi camino diario, gracias por esos mensajes, llamadas, fotos, momentos vividos y promesas de lo que está por venir.
De corazón deseo que todos nosotros logremos o felicidad, o aprendizaje con cada lección que tomemos.
Y basta de retos estúpidos y de reeducar a la gente en las redes sociales.
El éxito se impulsa desde nuestro interior; el valor como persona nos lo damos con el oro de nuestro corazón.
Si no, ¿¡qué esperan para ir a terapia!?
Feliz año, queridos menos cinco lectores de siempre.
Amen.
Con todo su corazón.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Lanzándote al vacío con las herramientas de 1996


Cuando era súper joven y súper bella, tenía nula confianza en mí.
Ahora, con casi cuarenta y una belleza que no me envidia  ni mi vecina setenteañera, trato de ir abriéndome paso en la vida como se lo abre la típica compradora novata en una barata de Liverpool: a madrazo limpio.
Y me siento contenta de ser quien soy, neta. Me gusta la sensación de poder decir esto y aquello y de pedir y compartir cosas que en 1996 ni siquiera imaginaba.
Y entonces ¿por qué de repente una se siente insegura y vulnerable?
Porque alguien ajeno a tu ecosistema llega y te cimbra. Te cuestiona y replantea tu existencia entera. Y no me refiero a mis marmotitas preciosas, las cuales a decir verdad se encuentran más allá del bien y del mal (no, ¡pobres!, qué friega cargar con el estigma de “vine a cambiar la vida de mamá”. CERO). Me refiero al tipo de persona a la que le respondes los mensajes en medio de la película más chida jamás vista por ti hasta hoy  (porque te la has pasado entre “Peppa Pig, el musical” y “Peppa Pig, una aventura en la Bolsa de Valores”, también “…el musical”) y no te importa.
La  que te hace ir a trabajar en vivo al día siguiente, después de una noche de mensajear y tontear y reír y bobear como cuando era 1996 y el “inútil bueno para nada” en turno te hablaba a tu casa desde un teléfono público de tarjeta para decirte que sin ti, la sopa de fideo es todo menos sopa y que porfa, no cambies, bebé.
¡Qué bonito, oigans!
El problema es que neta, neta… ya perdiste la práctica.
Y te quieres comer todo de un bocado (aunque técnicamente ya lo hiciste) y ahora no sabes cómo meter reversa para unir los puntos de algo que tenías estructurado y simplemente ya no está, dejándote más fría que un pingüino en Cuernavaca porque, ¡oye! … es 2018 y pasaste 11 años en la banca y juras que tus tips para ligar extraídos de tus “15 a 20” aún están en onda y que está padre escribir cartas kilométricas hablando de tus sentimientos, esperar una larga llamada para comentar el punto o simplemente no sabes si tienes “permiso” para salir con alguien más porque no se habló de una exclusiva y más que nada, porque aunque eres una fregona para los contratos, los del amor y relaciones personales nunca te han salido tan buenos y terminas pagando las cláusulas de salida más caras de todo tu historial amoroso.
Yo lo único que sé es que más allá de aterrarme por salir herida, mostrarme vulnerable, romper esquemas o terminar haciendo el ridículo al ponerme intensa, me da miedo quedarme en el limbo sin respuestas, en completo silencio y sin haber aprendido la lección… y luego terminar herida, expuesta, con los esquemas rotos, haciendo el ridículo por ponerme intensa ante una situación que, piedad, no tengo ni idea de cómo abordar.

Seguiremos informando…

jueves, 4 de octubre de 2018

ESTAS... SOOOON... LAS MAÑANIIIITAS QUE CAN...TAAAABAN PARAMIIII...OK, NO.


En estos momentos mi casa está silenciosa, la tengo solo para mi y dejo ir la mente por recuerdos y pensamientos que intentan trascender a mi plano consciente, pero 17 tazas de café les ponen muy ruda la cosa y finalmente se rinden, desdeñosos. Saben que en cuanto ponga la cabeza en la almohada aparecerán mágicamente y danzarán durante toda la noche, haciendo más oscuras mis ojeras y menos claras mis ideas innovadoras que debo presentar mañana: poner las hojas recicladas de manera horizontal, armar turnos para llevarse la mascota del corporativo a casa el fin de semana, proponer tener una mascota en el corporativo para llevársela a casa el fin de semana… ¡innovadoras, pues!
Pero hoy estoy tranquila, estoy serena… estoy feliz de haber recibido un cumplido por parte de muyimportantedirectordefinanzas (“…¡Y luego Dana se le fue al pescuezo con la cuestión del Programa de Protección Civil y no lo dejó terminar!”), estoy contenta de tener un día en calma, sin amenazas de clausura y/o despido; donde llegué a mimar a mis ratas bebés, a sobarles sus raspones, a escuchar del gran terremoto que barrerá con toda la civilización y sucederá en las costas de Guerrero (alguien sigue haciendo catarsis con el tema y/o está viendo demasiado “De Toxo Moroxo”), a ponerles mantitas en el suelo y revolcarnos entre sus peluches, escuchar canciones donde los pollos usan paraguas para no mojar sus alitas y entender que la vida es el aquí y ahora y no promesas de momentos que no van a existir.

Cambio el café por una copa de vino, esto se está poniendo denso…

Cumplir años para una gran mayoría es cumplir metas y de donde yo vengo, es una gran presión esa cuestión.
No está padre comparar tus logros con los de los demás porque un séptimo lugar en el concurso de Spelling Bee no es lo mismo que el primero. No siempre dura el maquillaje y la sonrisa de “hago lo que puedo, con lo mejor que tengo de mi” a veces no es suficiente para explicar a un púber el por qué los papás de sus amiguitos sí viven juntos (él la engaña, ella come pastel frente a su refri mientras postea en Facebook MIIIIIIIIL frases pendejas) o por qué a ellos sí se los van a llevar a Disney. (era tan fácil cuando podías subsanar tus carencias maternales con idas a la Feria del Libro o una tarde de guerritas con globos de agua, cuando toda su carita gritaba “¡eres lo máximo!”), ni alcanza para hacerle entender a Papita que su mami no puede llevarla a la escuela en pants y pantuflas “como la mamá de Miranda” *Mirada de reproche.
Y una se tiene que levantar de esos madrazos, ¿saben?
Seguir adelante, con la cabeza súper en alto, caminando en los mejores tacones que se tienen y manteniendo la actitud de Belindaganandocomosiempre porque no te puedes dar el lujo de pensar que tu vida es como una película, bajar los párpados, dejar rodar las lágrimas y pensar que alguien vendrá a recoger los pedazos que quedan de ti para armarlos pacientemente. *Spoiler Alert: nadie vendrá, pero eso ya lo sabías.
La película de mi vida es esa donde la protagonista se muda con sus hijitos a una buhardilla arriba de la casa de sus papás, que duerme muy tarde y despierta muy temprano, que malabarea sus pocas habilidades culinarias para dejar listos cuatro menús diarios, uniformes, súper medio sano, colegiaturas al día, disfraces de perrito y que se la vive corriendo, contestando mil y un llamadas y mensajes excepto el que ella espera, con 16 libros nuevos sin leer, pintando maquetas de violines, globos terráqueos, inventando recetas de cocina con camarones, manejando histérica por el segundo piso, llegando tarde a todos lados, incluso a la felicidad godinezca de partir el pastel de Chelita de Contabilidad, recibiendo regaños de la Alta Dirección, retorciéndose los dedos de nervios por lograr sus objetivos, sufriendo estreñimiento físico, mental y emocional ante la avalancha de peticiones que no logra satisfacer al 100%, incluídas –of course- las propias.
Pero también es la película donde mi bendito déficit de atención me juega a favor y olvido rápido ofensas, descuidos, regaños, sinsabores, decepciones y amarguras y vuelvo por más diamantina para seguir brillando, jajaja.
Es la película donde mi abuela Ofe de ochenta y tantos años me hace una comida por mi cumpleaños y van mis papás, mis tíos y vuelvo a esos momentos tan especiales de mi infancia. Donde mi hermano me sigue bromeando como cuando éramos jóvenes y solteros, a pesar de encontrarse a un océano de distancia. Es la película donde mis amigos y personas que quiero tener cerca me arropan, me llaman, me dicen “qué chido que el día que tú naciste, nacieron todas las flores”… jajaja, not.
Mi película no es una chick flick, evidentemente… sospecho que es una mezcla de cine sueco y “El Indio” Fernández y eso está bien. Aprender a vivir con mis rarezas, aceptar mis limitantes y amarme con todo mi costal de temores y sinsabores me hacen ser la partícula revoltosa que terminó inconsciente de vodka, canciones rancheras y muuuuchas risas el viernes pasado.
Al final, la felicidad, la alegría, el placer, lo prohibido, lo dulce y lo salado están ahí y todo se vale para nutrir este enorme mounstro grandioso que es uno.
Eso y ponerse tacones bien altos para presumirlo.








domingo, 2 de septiembre de 2018

A MANERA DE EXPLICACIÓN...


Déjenme les confieso (¡pero déjenme, chingau!) que hace casi un año, cuando retorné a la casa paterna y puse de cabeza el mundo de mis hijos, intenté comenzar un absurdo proyecto llamado “Bullet Journal”. Y digo “absurdo” porque en realidad soy una persona súper desorganizada que intenta parecer lo contrario mediante mil malabareables post –its dejados por todos lados, únicamente para crearme ansiedad por no cumplir con mis metas.
Pero bueno, dentro de todo ese rollo craftybulletjournaletteroso en el que me metí, hubo algo que sí pude descubrir sobre mí. Una especie de hechizante dualidad (y no, no me refiero a encontrar sexy a Scarlett Johansson, querido pervertido) que al parecer enmarca a la perfección el cambio que a la fecha estoy viviendo…

Resultase ser que amo a dos Elenas y las dos Elenas son a la vez ángel y demonio, presente y pasado, antes y después…

Cuando en tercero de secundaria descubrí que a Poniatowska le iba a dedicar mi juventud en tratar de emular un poco de su prosa; sin querer (ella) se adentró en mi almita adolescente tocando puntos que me hicieron ser parte de quien soy ahora: chispeante, alegre, saltarina, inocente y un poco ingenua. Había sopa de haba mezclada con arreglos florales, faldas amplias de corte largo y el cabello largo y sedoso como una virgen. De hacer el amor solo se pensaba que era entre encajes y algodones y un ligero rubor de betabel. Y entonces “La Flor de Liz” y “De noche vienes” y “Luz y luna: las lunitas” y con la inocencia del primer amor desesperado, te amo; conciertos en CU… la delicia.

Pasó el tiempo… la vida fue haciendo su obra en mí y yo en ella.

Pero entonces llegó “la otra Elena”, hechicera herida por la desgracia, quien arrojó sus maldiciones en mi corazón todavía pueril haciéndolo –literal- añicos…
De Elena Garro aprendí a comprender la sensualidad con una mezcla de venganza y sangre.
Las tardes que viví a su lado dieron voz y forma a mi duelo. Fue la fuerza necesaria para sacarme de mi sorpresa, del shock.
 Me obligó a “enmujerarme” (cualquier cosa que eso signifique… sip, también eso), me volvió sombría, más sarcástica, más ávida de conocimiento personal sin el toque rosa con el que me había asomado a la vida en un principio.
Y lloraba, pero no por los adioses.
Lloraba de miedo cada vez que descubría algo nuevo en mi ser. Tantas formas de ser yo, tantos matices que existían en mí y todos eran encantadores y peligroso, pero no podía abrazarlos todos porque no encajaban con esos algodones y lazos con los que fui tejiendo una red segura que al final no logró contener mi ranazo.
Y así como de niña se me cruzaban los cables cada vez que algo me impresionaba, así tal cual se me cruzaron con la literatura de Elena Garro… nunca hubo tardes más deliciosas, dramáticas, escandalosas y atrevidas que las que viví gracias a su influencia.  Parecía que me poseía y me martirizaba a su antojo cuando me ponía en esas encrucijadas que de por sí ya me había puesto la vida. Me atenazaba para destruir mi tranquilidad de pequeñoburguesa, de “niña –no tan- bien”.
Era como si me retara diciéndome “no te atreves a llegar a donde yo” y en serio, no me atrevía. Jamás hubiera podido robarle el dinero a un hombre o tratar de desprestigiar hasta la náusea a mi ex marido.
Pero me dejaba desorientada, deprimida y catatónica.

Volví a fumar… volví a seducir sin desearlo, sin quererlo realmente; solo por el puro placer de escuchar mis pasos alejándose en la calle y una carcajada estruendosa en mi mente, que ya para ese momento era un callejón oscuro y silencioso.

¿Ya ven por qué dejé de escribir?

Con una Elena aprendí a dar brincos alrededor de la vida; con la otra aprendí a descender al infierno.

Hasta que alguien consiguió darme una buena bofetada de cordura y volví al redil, no mansa pero sí tranquila. No belicosa ni sanguinaria, simplemente en paz.
Han vuelto las risas, han vuelto los rubores de betabel pero también las tardes ambarinas y lejanas…
Creo que he vuelto un poquito.

Ya hasta canto sin pena “…¡pon…tus manos otra vez…entre las mías! ¡Ven…y dime que me aaaaamas!”

¡Jajaja, oso miiiiiil!


lunes, 13 de agosto de 2018

¿Hay alguien ahí?

Vuelvo a enfrentarme a este espacio en blanco, con más miedo e incertidumbre que nunca pero con la necesidad de encontrarme y consolarme una vez más.
Hace días medio exponía mi  necesidad de volver a escribir; vi a mis amigos asomar la cabeza cual suricatas y externar su apoyo de manera inmediata: ¡wooow... muchas gracias, querido menos cinco lectores de siempre!
Aquí andaré contando lo de siempre y, como le decía a mi amiga Laura (quien me dio un golpe de realidad “impressionanti”): esto no se acaba hasta que se columpia la gorda!

viernes, 13 de octubre de 2017

EL CAMINO NO SE ACABA...

PARTE I
Ese día suprimí muchos sentimientos y emociones porque vi que había gente menos afortunada que yo: compañeros que no lograban contactar a sus familiares, gente en crisis... yo no quise sumar al desastre; no tenía derecho puesto que mis hijos estaban de inmediato con su papá, mis papás estaban afortunadamente a salvo a pesar de las putas y carajas instalaciones de todas las putas y carajas instituciones  del Gobierno Local y Federal, mi hermano en Alemania -completamente ajeno al drama-, mi ángel de la guarda a salvo... mi corazón y lagrimales se cerraron, yo no tenía derecho a sentir dolor. Todo en mi estaba "bien".

Tardé 5 horas en regresar a casa; venía sudando de nervios e incertidumbre por lo que pudiera encontrar  a mi paso. Todos mis defectos me golpearon en la cara al mismo tiempo: falta de previsión, de madurez, de economía, de cuidado traducido en: falta de gasolina, no traía suficiente pila en el celular, no había comido, no había ido al baño, traía tacones, no traía efectivo...
Manejé con un cuidado que me avergonzó completamente: así debería de manejar siempre. Los motociclistas de los que tanto me quejo ahora pasaban raudos, con una desesperación y  pala o pico a la espalda. Aprendí a hacerme a un lado y dejarlos pasar. Aprendí a ser paciente. Aprendí a respetar la vida de todos los que manejaban a mi alrededor.
Saber que ni la ciudad que amo ni la gente que vivimos aquí volveríamos a ser los mismos me dió mucho miedo y tristeza. Yo, una mujer temerosa de los cambios, estaba por entender -de un putazo- que ya nada sería igual.
Llegué a casa de noche, a oscuras y con el estómago y la vejiga sin control. Di gracias a Dios por ver a mis hijos, asustados pero enteros. Escuché sus experiencias con el corazón hecho pasa, vi el pantalón de Mateo roto por el esfuerzo que hizo al saltar para ponerse a salvo hecho bolita en su patio, vi a Alondra arrullar a sus muñecos y decirles "ya, ya, ya... no pasha nara" y al momento, correr hacia mi por el ruido de las ambulancias... aún no supera ese miedo que le da escucharlas.
Al día siguiente desperté (muy tarde), mi cuerpo no respondía; la luz del sol mostraba mis libros volcados en el suelo o revueltos en sus libreros; avisé que no iría a trabajar: mis hijos necesitaban contención, mi casa necesitaba ser revisada y yo necesitaba quitarme la culpa por haberme encontrado lejos (muy) de mis hijos. Obvio, me dijeron que no ("eres el área legal; debes revisar tus procesos de Protección Civil, saber que todos están bien, dar instrucciones precisas... pon orden).
¡En verdad estaba enojada! ¡La puta vida pudo acabar en un instante y yo debía revisar piedras ajenas! ... Lección de vida #48: La vida sigue.
Pero yo no quería entenderlo ni asimilarlo.

PARTE II
Duré con enojo, insomnio y descontrol durante una semana.
Pasó mi cumpleaños sin pena ni gloria: nada me llenaba, no sentí que mereciera cosas y atenciones habiendo gente sufriendo. Me sentía culpable de los regalos que ya me había comprado, me sentía estúpida estrenando ropa, bolsas o zapatos mientras gente había perdido todo, mientras gente buscaba gente y todo el país contenía la respiración para poder escuchar un apenas perceptible respiro debajo de tanta soberbia y estulticia humana convertida en escombros.
No estaba lista para vivir de nuevo porque estaba aterrada con la idea de la muerte.
Y así pasó otra semana de insomnio y ansiedad, hasta que mi jefa tomó cartas en el asunto y me llevó a un spa para ayudarme a relajar. Ese día me abandoné a las manos de Silvia y decidí que era momento de soltar...

PARTE III
En el 19S no solo cayeron edificios cambiando el panorama y el vivir de la ciudad, también dejó al descubierto la cantidad de situaciones de riesgo y grietas que había en el matrimonio formado por Marmota y yo.
Y así como es de impensable regresar a vivir a un edificio a punto de caer, así de impensable es regresar a una relación que estaba fracturada desde hace mucho tiempo; exáctamente por el mismo riesgo de colapsar y crear un desastre.
Para volver a construir es necesario derrumbar, limpiar el terreno y preparar mejores cimientos, más fuertes y mejor planeados.
A veces uno planea, construye y edifica sin haber tanteado el terreno; lo hacemos con las mejores intenciones y nuestras mejores herramientas. Estoy segura que la mayoría de la gente honesta  construye con la idea de que perdure para siempre, pero no tomamos en cuenta que no podemos controlar todas las circunstancias que rodean a la vida y a la naturaleza.
En honor a todos los años felices, a todas las lecciones aprendidas y por encima de todo: los dos hijos hermosos que tenemos en común, es que hasta aquí dejo las explicaciones y detalles.
En 2007 inauguré éste blog con la noticia de que me casaba y que estaba esperando al Matius. Hoy, 10 años más tarde, cierro este ciclo, este blog y esta etapa de mi vida con un profundo agradecimiento por lo vivido, una tristeza por todo lo que no fue y una muy fuerte certeza de que lo bueno no está por venir, sino que siempre ha estado, está y seguirá estando presente en mi vida.
Estoy lista para sanar.
Estoy lista para perdonar.
¡Estoy lista para vivir otra vez!

HASTA SIEMPRE, QUERIDOS MENOS CINCO LECTORES DE SIEMPRE.
RECUERDEN QUE VENIMOS A ESTA VIDA PARA SER...
Dana.




sábado, 5 de agosto de 2017

Vacaciones de Terror (y no, no actuó Pedrito Fernández)


¡Playa! ¡Vacaciones!... ¡Mis hijos!

Vamos, que un pre púber y una muy hiperactiva Papita en su mero apogeo de los "Terribles 2" no son lo que se dice un glamoroso cocktail de vacaciones; no es precisamente un "sex on the beach" o una "cubana" muy "elodea"...
Amo a mis hijos, de veras que si... Casi diez años de ejercer el oficio lo comprueban, solo que en situaciones donde hay demasiadas expectativas de todo tipo, terminas llevándote unos muy buenos descalabros.
Explico:
Salir de vacaciones me era muy necesario; ya estaba ganándome la despedida a pulso con mi rebeldía y mis desencuentros laborales. Yo solita supe ponerme en la "congeladora" durante 5 días y con ello garantizar otros meses de postearles fotos de mi escritorio en 5 diferentes filtros.
Comprar un paquete "all inclusive" no era precisamente mi idea puesto que mi mami me enseñó a viajar de mochilazo, en autobuses apestosos con niñas que ponían su piecito sobre mi torta de huevo (chiste local, no vale la pena guglearlo), así que creí que sería buena idea llevar a los peques en un viaje no tan primitivo pero dejando espacio para la "aventura"... Oh dios, si hubiera sabido que la bendita "aventura" sería manter sujeta a Papita durante el vuelo, me hubiera conformado con llevarlos ¡a Chapultepec!
No quiero asustarlos con mis historias de terror de maternidad en vacaciones, estoy segura que la mayoría de la gente hace las cosas bien, en orden y manteniendo el peinado perfecto en todo momento... pero ese no es mi caso: yo traté de mantener el bling bling para 4 mugrosas fotos en feisbuk y uno que otro recuerdo memorable en la mente de Matius y Alo, that's all. De ahí pa'l real todo fue en picada y vi como una a una de mis expectativas se iba esfumando frente a mis miopes ojos. ¿Por dónde empezar? Simplemente desde empacar la ropa de una beibi que sugiere sus propios looks y que no se siente a gusto si no complementa su atuendo con una bolsita (¿de quién habrá heredado eso?), pasando por el típico "no puedes llevarte tantos libros de 'El diario de Greg', Mateo" hasta mi brote de locura al querer lucir hermosa y sofisticada en vacaciones sin detenerme a pensar que aquello era ridículamente imposible, no way, José; niet!; ni maiz palomas que eso fuera a ocurrir.
Esas fantasias donde yo me veía envuelta en un "sarong", con unos altísimos "wedges", lentes oscuros, el cabello en un perfecto 'bun' y luciendo una tono de piel parejo se vieron rotas al instante cuando me di cuenta que para ello necesitaría o volver a nacer o por lo menos dos niñeras y una asistente personal para poder aplacar a mis hijos, los mismos que ya corrían cuales caballos desbocados en la playa mientras yo sólo atinaba a gritar "¡por el amor de dios, pónganse bloqueador!"... Ya estaba oyendo los chillidos al otro día de "mami me arde". Y claro, ni hablar de las cejas levantadas del público conocedor cada vez que bajábamos a desayunar y Alondra invariablemente se tiraba el chocolate/jugo/ponga aquí el líquido que guste/ encima de la ropa limpia. Hasta ese punto no se me ocurrió pensar en lo que mi pre adolescente pensaba o sentía; hice exáctamente lo que prometí no hacer nunca jamás pero ya era muy tarde, Matius se exasperaba cada vez más ante la energía incontenible de su hermana y las oxidadas prácticas maternales de su torpe mamá.
Entonces lo vi claro (y con dolor, no les voy a mentir): sólo algunos podrían ser felices en su totalidad en esas vacaciones. Alguien necesitaría sacrificarse por el equipo o aquello sería una pesadilla total...
Me amarré el cabello en mi eterna cebollita, me dejé las chanclas todoterreno, me resigné a cargar con TODO lo que las mamás cargamos siempre que hay peques de por medio (las curitas, el repelente, el bloqueador, la toalla, los trastecitos para la arena, la gorra, el libro, las pastillas para el dolor de estómago, para el dolor de cabeza, los dulces, las galletas, el muñeco de peluche, la cartera, la ropa seca, mis dos celulares...), me unté toneladas de bloqueador y paciencia y dejé ir mi persona en pos de la felicidad de mis hijos.
Claro que quería leer un libro a la orilla del mar y sentir que la brisa se llevaba mis preocupaciones, mis tristezas, mis miedos y sinsabores. Claro que esperaba poder realizar una assana en la arena, lucir atlética corriendo en la playa o bajando a cenar con los "adultos" en lugar de sentirme eternamente en la mesa de los "niños".
Tal vez habrá un día, un momento, un lugar donde pueda cerrar los ojos y escuchar las olas del mar romper tranquilamente... y muy probablemente unas lágrimas de tristeza rueden sobre mis mejillas al querer volver a esos momentos en los que mis niños revoltosos me aventaban arena y reían a carcajadas, mientras chapoteaban en el mar.

P.D. Olvidé comentar que durante el viaje, enfermé de gripa.

"...You can't always get what you want"


jueves, 27 de julio de 2017

"Y YO GRITÉEEEEEEE: ¡AY, LA CULEEEEE (B) RAAAAA!"

Algo que pocos saben de mi es que me cagan los pasteles.
En verdad, los odio. No entiendo por qué tienen que ser tan pinches preciosos y perfectos y tener una pinta exquisita y deliciosa, ¡y luego termines llevándote la puta decepción de tu vida de lo dulces y corrientes que saben, chingao! ... (mamá: siempre sí voy a decir muchas groserias, ¿eh?).
Y bueno, perdón por lo anterior que dije porque justamente acabo de comer pastel ayer *emoticon de estupida* y sí estuvo rico *doble emoticon de estupida*, pero hablo en general... ok, me callo.
¿Saben? Ya me cansé de disculparme por todo lo que hago y por todo lo que no hago.
Por ejemplo, ya me cansé de disculparme por no tener tiempo de venir a escribir y también me cansé de disculparme por lo que escribo cuando llego a pasar por aquí.  Me queda claro que cuando tienes una responsabilidad en la vida, neta, ni aunque te quites la puedes evadir.
Y yo me acuerdo que me chocaba cuidar al Dr. Mitocondria cuando era un párvulo y yo solamente  quería jugar a las barbis y ponerles camisón transparente para irse a acostar con el Ken y nomás no se podía porque el niño lloraba y sentía yo tan feo que, ni modos, de plano orillaba al Ken a la esterilidad y me ponía a jugar carritos con él. A lo mejor era una tontería pero para mi, primero estaba mi hermano -aunque me chocara- y luego lo demás  (y entiéndase por "lo demás" a mi vida personal).
Lo mismo pasaba con los gatos que tuve.
De igual manera con Alo y el Matius.
Asumo con cierto recelo que me debo a la gente que depende de mi. Asumo que lo mio es cuidar gente. Asumo que mis necesidades deben pasar a segundo plano,  no por buena onda, sino por que no he aprendido a decir que no.
O que sí...
Ha habido pláticas que no me quiero chutar, opiniones que no he querido oír,  sonrisas que no he querido ofrecer y razones que no me hubieran gustado escuchar.  Y sin embargo, voy por la vida mirando con horror cómo me aborda la gente y espera que haga algo con todo lo que trae encima, sin preguntar siquiera si puede disponer de mi -siempre y ahora más que nunca- escaso tiempo.
Tengo que confesarles lo siguiente, queridos menos cinco confesores lectores de siempre (¿o ya en cuántos vamos?, ¿menos 6?): éste post lo estoy escribiendo en dos partes, en dos días diferentes, en dos moods diferentes. Estoy haciendo trampa, ya se...
Resulta que yo venía a contarles que tenía unos minutitos para poder escribirles mis andanzas por encontrarse Papita cuajada en el sueño más profundo (gracias benditas clases de natación), pero antes de elegir una entrada nueva, noté que tengo varias inconclusas... así que, como siempre, me entró el sentimiento de culpa por lo que se encontraba a medias y vine a concluir. ¡Y aquí me tienen!
Así que, honestamente no traigo la rabia que me hizo escupir los primeros párrafos de éste escrito, más bien tengo la serenidad de pensar por qué hacemos cosas que no queremos hacer y por qué no sabemos decir que no a algo que verdaderamente nos hace daño.
Bueno, pues pueden ser muchas cosas pero en mi caso es por miedo a que piensen que soy una mala persona. La más mala. La peor.
O sea, una culera. ¡Qué fuerte!
¿Que no quiso salir conmigo? R= Qué culera.
¿Que no pudo venir a cuidar las papas en la estufa? R= Qué culera.
¿Que deja a sus hijos por irse a trabajar? R= Qué culera.

Ya se, ahórrense las ganas de dar su opinión y sus consejos (porque soy culera, la neta) y mejor rían junto conmigo de toda la sarta de bobadas y sinsentidos que acaban de brotar en la pantalla. Por esta vez le echaré la culpa a las hormonas y al mal tiempo del verano que, neta... no entiendo qué rayos hago usando mis abrigos en pleno julio.
Besos de tortita para todos.
Adieu...


jueves, 13 de julio de 2017

Supermom ya no vive aquí.

Yo siempre lo he dicho pero nunca me hago caso: no puedes escapar de tu destino/dones/vocación...

Todo comenzó como una responsabilidad que fue adquiriendo tintes de "De ahora en adelante éste es mi trabajo y me debo profesionalizar. Es eso o pagaré terapia al Matius por el resto de mi vida". Así que temerosa pero segura de lo que debía hacer me dediqué a ser la súper mom del súper Mats: la mamita mas o menos proactiva en cuanto festival, romería o kermesse hubiera en la escuela, la mamita que se encargaba de que su hijito llevara la tarea muy bien hechecita, fuera aseado, alimentado y bien provisto de amor, atención, autoestima, actividades vespertinas extra escolares, visita a la biblioteca una vez por semana, tarde de juegos con algún amiguito, parquecito time tres veces a la semana y los fines de semana lo más tranquilo posible: sin afrentas entre su padre y yop que le generaran angustia o temor... puaj.
No conforme con ello, por las mañanas ésta súper mom tomaba cursos, terapia, café con otras moms y  una que otra licencia poética en aras de cumplir con los altos estándares paternales que ella misma se había fijado. El resultado era evidente: niño con excelentes calificaciones (de kínder), con un alto vocabulario (a sus 6 años), con alto poder de discernimiento (sobre si comía jamón o gelatina) y un sentido de responsabilidad muy elevado (no dejar morir de hambre a la Peluss vaciando croquetas en el croquetero). El orgullo de cualquier abuela...
Hasta que llegó la Papita y ¡PUM!, se le acabó lo súper.
Y bueno, por lo menos al Matius le tocó un periodo bastante bueno conmigo: cuando salía con él, eran de su exclusividad toda mi atención y cariños. Íbamos a museos y le explicaba con lujo de detalles, le leía 2 cuentos diarios para dormir  Hasta le rociaba con Lysol el baño público para que no enfermara de E colli y le cargaba buenas merienda en mis infaltables ziploc. Si, era una super mom, pero a la Papita aquello le suena como salido de otro planeta...
Para empezar, el tiempo que le dedico es de menos 2 horas a la semana, a diferencia del Matius que tenía tooodo mi tiempo para él. Cuando salimos generalmente olvido llevarle juguetes, cosa que la ha obligado a entretenerse con lo que tenga a la mano, que puede ser desde un encendedor hasta los pelos de su hermano mayor. Si vamos al cine, seguramente a media película comenzará a pedir "teta" y a tratar de desvestirme para que cumpla dicho fin. Y como no lo logra, comienza a armar un revuelo en la sala que va desde un chillido histérico hasta comer palomitas del suelo. Si la llevamos a nadar, es muy probable que salga sin calcetínes en par o envuelta en una enorme toalla porque a alguien se le olvidó echar su maleta a la cajuela. Toma café a sorbitos  (oh dios!) porque es muy macha pero también porque su madre inconsciente ha perdido los poderes de ser una super mom... y no es que me valga chetos su vida, es que simplemente solté la rienda de la aprensión y acepté que está bien ser una "mamá mediocre".
Esta vez mi tipo de crianza es más libre, casi rayando en lo irresponsable, pero se siente bien.
Se siente bien cometer errores y sentir que aún así lo estás haciendo bien.
Claro, el Matius es un niño  correcto y educado, pero también a él le solté la rienda y ya no es importante para mi el forzarlo a ser "el mejor" porque entendí que se trata de su vida, no la mía. Que cuando lo mantuve en un estándar de excelencia era porque yo venía arrastrando una baja autoestima que solo se sentía valiosa cuando los logros de mi hijo podían ocultar mis "fracasos" como mujer... y al final entendí que eso no es vida.
Que todo lo que uno necesita conservar a su lado, más vale dejarlo crecer con respeto a su individualidad y libertad sin importar el qué dirán.
...Aunque ello signifique que el DIF toque a tu puerta cada tres días a ver si todos "están bien".
Sí lo estamos... y mejor que nunca.


domingo, 7 de mayo de 2017

REGALOS DEL DIEZ DE MAYO... DE 2015.

¡NO, BUENO!
ESTE PROYECTO TENÍA DOS AÑOS ESTANCADO... YA NI ME ACUERDO DE QUÉ ERA EL LIBRO... NI SIQUIERA LO QUE ME REGALARON ESE AÑO (SEGURO ERA UN CUADRO HECHO DE SOPA.)

Todo sucede muy animadamente en mi cabeza, se los juro. Hasta había cambiado el tono de mis pensamientos gracias a la lectura de "Tokio Blues" de Haruki Murakami, con paisajes callados y limpios y la vista del monte Fuji tras ellos. En serio, de veras manitos...
Pero sigue sin haber un momento de absoluta calma para sentarme a escribir. Justo en este instante en el que trato de atrapar mis ideas con una red caza luciérnagas, el grito de Papita se deja sentir por toda la habitación. La maternidad es renunciar, ya lo sabemos y como en toda renuncia también existe la parte de compensación. Aunque no la pueda palpar en este preciso momento en el que quiero -necesito- escribir...
Pues qué les cuento, manitos. Resulta que ya viene, ya está aquí el 10 de mayo, el día en el que celebramos precisamente la maternidat y sus vericuetos; honestamente es lo mismo de cada año: bailecitos por aquí (con niños petrificados por el shock de saberse expuestos usando un trajecito de leoncito), discursitos ramplones por allá (como las primeras líneas de este panfleto) y muuuchos sentimientos encontrados.
Y como cada año, el mismo dilema de siempre: ¿qué voy a escoger de regalo?
La semana pasada, aprovechando que la vena sucio/capitalista a veces late bajo mi sien (y que los malditos y adictivos puntos amarillos valían el doble, debo añadir) nos fuimos muy campantes a "escoger mi regalo".
Si desde que me puse un poco de lipstick para no parecer "Drácula La Resurrección" hubiera sospechado que aquello no iba a terminar bien, seguramente hubiera sugerido que diéramos vuelta en U y terminar felices de la vida comiéndo sopes en la Bondojo... o en cualquier otra colonia popular que se respete...
Pero no, ahí me tienen muy abnegada yo, cual Sarita García en la película "El dia de las madres"...

OTRO ESCRITO OLVIDADO, PODRIDO Y VIEJO...

Y, COMO DICE U2: "...AND I STILL HAVEN´T FOUND WHAT I´M LOOKING FOR"...


Hay días en los que existir es casi tan pesado como cargar un trompo de plomo en el bolsillo esperando a que se convierta en una mariposa de papel. Negación del presente, de la realidad que hemos elegido, de lo que se supone escogimos para hacernos feliz. Todo es tan "tricky", ¿saben?
En el fondo, sabemos que nada se perderá para siempre, vivimos con un ritmo tan vertiginoso que ni siquiera tenemos la curiosidad de buscar esa palabra en el diccionario, notando que no volveremos a toparnos con ella en discursos posteriores, además ¿a quién se le ocurre escribir obviedades?
Pero sencillamente a veces necesito hacer un espacio, un alto... o en realidad es la vida quien me detiene en seco, obligándome a tomarme ese respiro porque asume que yo, ante mi vertiginosa carrera, no querré hacerlo... ¿y quién querría? Detenerse para rectificar no es lo que nos han enseñado, ¿cierto? Lo justo es continuar, continuar, continuar... hasta quedar exháust@s y amargad@s de tanto dar.
¿Lo ven? E-qui-li-brio.
Esa palabra, "equilibrio", me da qué pensar... es una ironía constante en mi vida porque, verán... yo nací bajo el signo de "Libra" que representa la balanza, la justicia, la igualdad, el equilibrio... No conforme con ello, me dediqué a la noble labor de la abogacía que -de nuevo- busca justicia para el representado y ya para rematar y juro que no se si es coincidencia o qué demonios, mi nombre, "DANA", que es de origen hebreo significa... justicia.
Y si mi vida es un caos (en el cual hay un orden aparente, nada más que aún no se deja encontrar)

TEN TU "ESTATE QUIETO" (ESCRITOS PERDIDOS Y ENCONTRADOS VOLÚMEN ..."N")

BENDITO DIOS NO TERMINÉ DE ESCRIBIR ESTA ENTRADA... CREO QUE ESTE TEMA DE LA MATERNIDAD CULPABLE Y DE LAS "MAMITAS TRABAJADORAS" NO TIENE FIN... EN FIN.


Después de lamentarme profusamente por la falta de tiempo y oportunidades gracias a mi licencia de maternidad, vino mi mamá y me puso en santa paz. Ya les he platicado los métodos nada usuales que tiene para hacer que gire el mundo y que gire bien, nada de mediocridades ni paparruchadas, pos qué se están creyendo, así que con la sutileza que el mismo Churchill le envidiaría, llegó, tomó a la Papita en brazos (al niño mayor no porque ya no se lo aguanta) y me dijo: "Mi reina, peor está la pobre Violetta. ¿Quieres que en vez de regalo de navidad del Palacio de Hierro te regalemos una bonita estancia en el psiquiátrico?", y pos con esos truenos ¿quién duerme?, con la misma eficiencia con la que lograba que fuera a la escuela a pesar de estarme muriendo de alguna enfermedad, me levanto y me obligo a reprogramar mis pensamientos, tomar aire, agarrar fuerza y comenzar de nuevo...
Y aquí me tienen escribiendo en martes (mi lunes para perdedores), con la "novedá" que el niño mayor, mi amado  Matius está malísimo de la panza y no va a la escuela... (fuck!).
Ja, la verdad es que amo que Mateo esté aquí conmigo. Es pequeño, es tierno, es buen conversador, es muy gracioso, es cariñoso... lo único que él necesita para ser feliz es una pelota y alguien con quien patearla. 
En realidad yo me metí en este rollo de la maternidad por él. Cuando lo traía en mi panza y juntos cruzábamos Avenida Reforma a la hora de la comida en busca de una banca donde comer nuestra tortita de milanesa, no pensaba en que al nacer me quedaría en casa con él y sería  full time mom; pensé que lo dejaría en alguna guardería y listo... casi nunca hablo de este tema...creo que haré una pausa para llorar...}



SPINSTERMANIFESTUM (ESCRITOS ATRASADOS...EN FIN...)

A la generación "Bridget Jones":

Recientemente vi -y juro que fue puritita casualidad- "El diario de Bridget Jones" cuando lo transmitían por cierto canal en donde las películas despiden un tufo a naftalina y no son consideradas ni clásicos, ni grandes obras. Tal como cuando me desilusioné al escuchar a Lady Gaga en VH1 clásico (¿clásico?, ¡por dios, si apenas es del año pasado!) mi ánimo no encontró un camino hacia lo agradable mientras miraba a  la anti heroína rechoncha que catapultó a la fama a una escritora de mala muerte, que lo único sensato que hizo en su vida fue el leer a Jane Austen (perdónala, señora) y medio arremedar su esencia, como si tal cosa fuera posible.
No conforme con tamaño sacrilegio, la avaricia hollywoodense se empeñó en masificar tal dislate ofreciéndonos no una, sino dos películas con alto contenido calórico y cero contenido per se.
Así, vimos desfilar en unos calzones abuelezcamente espantosos, a una actricilla texana (y el chiste del british accent se cuenta solo), que pretendía ser la nueva señorita Bennet (tuvieron el tino de ningunear al personaje bajo el nada poético apellido "Jones") y que al tiempo, sería disputada, como en un juego de suertes, por dos galanes evidentemente austinianos (¿qué digo austinianos?, ¡completamente sacados de la trama de la obra maestra de la literatura universal por exelencia llamada "Orgullo y Prejuicio"!).
Y aún así, todos caímos bajo su encanto... yo incluída.
Para la época en la que se estrenó la primera parte y mientras a Renné Zellweger era nominada al Oscar por tamaña actuación (de verdad que su solo presencia llenaba la pantalla), yo disfrutaba las mieles de tener 22 años y para nada cabía en mi universo ni Jane Austen, ni Bridget Jones ni el temor a ser una solterona treintona. La vida era agradablemente dulce, lujuriosamente bien dirigida y la posibilidad de casarme se encontraba asegurada, pues amaba y me amaban con esa certeza jurídica que da el tener 22, un cuerpo de prima ballerina (en mi imaginación, por supuesto) y un abrigo negro largo de Zara, de los primeros en ser comercializados y el cual iba pagando en cómodos abonos a mi santa madre.
Es decir, que nada de lo que aquella Miss Jones planteaba me preocupaba, a excepción, quizás, de la premisa de la película: ella escribía un diario. 
Pasó el tiempo y pasó el amor; llegaron nuevos aires, nuevos intereses y ¡de nuevo llegó el amor!
Esta vez era un amor aún más dulce por cuanto más incierto pues yo al muñecón, le llevaba 4 años.
Con esta diferencia de edad y otros honores más, tal como dictan los convencionalismos acudimos al cine a deleitar nuestro intelecto con la segunda parte del insufrible diario de la tal Jones.
Sobra decir que me pasé la película en el ácido pues el querubín recibió cierta cantidad de mensajes de texto a su celular que bastó para borrarme del mapa y prender las alertas... como que esta vez si estaba camino a convertirme en una rechoncha treintona y solterona, ¿eh?
Nada de eso pasó. La historia ya la conocen: llegó el MySpace, llegó la Marmota con su inexplicable amor, llegó el Matius y fuimos felices comiendo perdices...
Pero me he desviado del curso de la historia... conque "El diario de esa  tal Jones", ¿eh?...

*PAUSA DRAMÁTICA*
A riesgo de sonar pesada, que mis amigas solteras se enojen, que mi mamá me deje de hablar (por enésima vez en la vida) y que la misma vida me cobre la factura de mi descaro y me condene a una soltería perpetua (oh la lá, je vais etre une divorceé!) pienso que la película es una bazofia.


CON ESTE POST COMENZÓ LA HISTORIA DE MI REGRESO LABORAL... (ESCRITOS ATRASADOS VOLÚMEN YAPERDÍLACUENTA)

La semana pasada hablé sobre la nulidad que a veces experimento como parte del gremio de las "mamás que no trabajan". Expuse de manera álgida lo que se siente no ser tomada en cuenta como ente que aporta valor y que es indispensable en el desarrollo de la sociedad. Puse el acento en el hecho de que somos casi invisibles... y como siempre me pasa, el destino tenía que venir a darme réplica y decirme "¡¿Ah si, chulita? ¡Pues vas!"...
Y que me citan para una entrevista de trabajo. La primera en no se cuántos años... ¡qué horror!
Cuando recibí el correo pidiendo mi confirmación a la cita eran las 02:20 p.m. Minutos más tarde me encontraba de regreso del cole con mis dos críos, pensando en qué se estaba tramando en la novela de mi vida. Muchas cosas pasaron por mi cabeza, menos las que en realidad me pasaron y que me pusieron entre la espada y la pared.
Resulta que al revisar el control de tareas del Mats me encontré con un recado de la subdirectora de su escuela, citándome al día siguiente a la misma hora que tenía mi entrevista. Y dos horas después, la maestra de Español también me citaba para discutir asuntos de matemáticas conmigo.
Ya comenzaban los conflictos; la Dana mamá que no trabaja se estaba echando un round rudísimo con la Dana promesa ejecutiva; un auténtico "quienvive" donde no se sabe en efecto quién vivirá.


Thirtysomething...(BORRADOR DE UNA ENTRADA QUE SÍ ALCANCÉ A TERMINAR DEL MISMO NOMBRE...)

Advertencia: El o la que vaya con el chisme a Marmota... zapeada segura, ¿eh? 

Sí, he superado la barrera emocional del "¡Noooo, diooooos, ¿por qué a miiiiii?!" en la que me vi envuelta durante mucho tiempo. Estoy encarrerada y enfocada. Estoy "fluyendo" bien bonito... sigo comiendo como cerdito pero ahora en mis tópers. Estoy... feliz.

Como bien lo saben, hace diez años, más o menos cuando comencé a escribir mi día a día en éste blog, trabajaba en un lugar llamado "Back to Business". El personal eramos en su mayoría mujeres, salvo nuestro entrañable "compañerito" Joaco, que venía siendo como el hermano menor de todas nosotras. La cuestión aquí es que yo era soltera y mis compañeras ya eran mamás, así que vivíamos en dimensiones totalmente opuestas: yo vivía "La vida loca" (literal) y ellas iban al cine con sus hijitos; yo planeaba fines de semana salvajes en Querétaro, ellas picnics en el Parque Lincon. Yo tenía veintitantos y ellas treinta y pico... ¡ah... juventud!
Y por ese tiempo no entendí mucho (o nada) de las cosas que ahora me llegan de p*tazo...

El lugar donde ahora trabajo es un interesante laboratorio dividido en tres reinos: el Reino Legal, el Reino Contable y el Reino de Recursos Humanos. Y como en todo reino, no faltan las conspiraciones, las alianzas y los acuerdos, pero sobre todo los ¡jóvenes!. ¡Woooow, me sorprende trabajar con gente tan jóven!
Un día normal en la oficina es ver con ternura cómo llegan las asistentes al comedor y entre risas y cucharadas de Splenda, dejan escuchar la maravillosa fiesta que armaron ¡en miércoles! y que para nada les dejó secuelas, o admirar su maravilloso cutis, o mirar con envidia sus atrevidísimos looks que les quedan fantásticos. Después, a la hora de la comida me comparten algunos de sus secretos, sus amores, sus ligues, sus pensamientos, sus anhelos... ¿así era yo a su edad? Wow de nuevo, jamás hubiera sospechado hace nueve años que algún día yo sería la treintona que lleva a pasear al parque a sus hijos mientras las veinteañeras gozan del divino tesoro de la juventud... ¿y eso me duele? ... ¡Para nada!
Claro que las admiro.

o simplemente, responder a su asombro cuando me preguntan ¡¿En serio está casada, Lic.?!, ¡¿En serio tiene dos hijos!? Lo amo. Me hacen sentir jóven; por cinco segundos soy "una de ellas"...


Punto de quiebre. (ESCRITOS ATRASADOS VOLÚMEN ... ¿EN CUÁL VAMOS?)

DUELE VER QUE SIEMPRE TENGO LA INTENCIÓN DE ESCRIBIRLES, PERO CERO ENCUENTRO EL TIEMPO PARA TERMINAR LO QUE EMPIEZO... 


Sí,  señor ratero, sí  puede llevarse mi celular pero déjeme escribo el post de hoy porque si no, mis menos cinco malvivientes lectores de siempre abandonarán la página...
No se cuantos se alegrarán de leer estas líneas que me están doliendo como clavos ardientes; si ya decía yo, debí poner más atención a ese repentino subidón de ánimo del que acusaba hoy por la tarde.
Claramente debí comparar mi inesperada energía de las dos de la tarde (cuando francamente a esa hora ya estoy subiendo y bajando a ver si ya está la comidita y gusgueándole al chef Don Armando una que otra frutita o escamoteándole unos totopitos, la neta) con aquella situación en la que me atasco de comida sin el menor empacho y al final término hiper dañada del estómago, con suero y mi hermano David regañandome al teléfono.


"HABLA CON LA PARED" (ESCRITOS ATRASADOS VOLÚMEN TRES)

RELEER ÉSTE POST REALMENTE ME HA HECHO LLORAR...
COMPLEMENTA EL VOLÚMEN UNO).



Es tan simple que me asombra el no haber pensado en ello antes...
Hola, soy Dana y debo aceptar que padezco de distimia desde hace mucho, muchísimo tiempo. Que en éste mismo blog he hablado -tal vez en serio, tal vez no- al respecto. Que me he reído de mi padecimiento (me niego a decirle enfermedad) y que de ella brotan a veces cosas buenas y a veces cosas malas, es cierto. Que en ocasiones la he podido tener a raya sin la necesidad de medicamentos, es verdad. Que a últimas fechas los acontecimientos de mi vida la han disparado a niveles que me hacen temer una recaída... lamentablemente sí.
Tener una condición mental como la distimia (una especie de "ligera" depresión... que en realidad no es tan ligera) a veces me hace sentir avergonzada de mi misma. ¿Cómo es que una mujer como yo, con mucha salud, amor, cariño, inteligencia y suerte puede tener algo como eso? En realidad no es cuestión del mundo exterior sino de la sinapsis de mi cerebro. Y entender de fisiología para dejar de sentirme abochornada debería ser suficiente, pero a veces no lo es. A veces sentir que no eres suficiente es suficiente para deslizarte por la pendiente de la desolación, con pocos vuelos de vuelta.
Y cuando estoy en ese brete, generalmente siento que nadie me comprende. Y me dejo ir poco a poco como el río; desaparezco del mapa. Me enconcho. Me blindo. Funciono pero no existo...

QUIERO SER UNA ORUGA PARA SIEMPRE U.U (ESCRITOS ATRASADOS VOLÚMEN II)

OTRO ESCRITO ATRASADO DE HACE UN AÑO...
ESTE TEMA NO DEJA DE TENER VIGENCIA EN MI CABEZA...
COMO EL ANTERIOR, NO ESTÁN EDITADOS.
ENJOY!


Me dan repelús; su sola presencia basta para ponerme mal y sin embargo, hay tanta vibra de cambio y fenómenos naturales trascendentales detrás de sus horribles aleteos que creo que las mariposas son los seres más sobrevalorados de la creación. Tan solo muy por debajo de los políticos priístas, incluído el copetón. (Ya, PGR, no me censures)
Pero ¡bueno!, en vista de que a Kafka no le ha hecho justicia la Revolución y hasta que no se pruebe lo contrario, aquel bichejo seguirá siendo el ejemplo perfecto del cambio y los cursis seguirán mentando las metáforas de la metamorfosis hasta que llegue el Diablo y los chupe y los escupa lejos, muy lejos de éste reino y yo tendré que acogerme a ese bendito ejemplo para poder escribir el post de hoy porque, aunque no es viernes, los clamores generales ya llegaron a oídos de mi mamá, quien me acaba de hablar para decirme que no joda, que qué me estoy creyendo, que si para esto me mandó a la primaria, que si ya nunca más pienso escribir ¿o qué?, ¿me mando sola?. Chale...
Queridos menos cinco olvidados como últimos niños de la guardería lectores de siempre: Digo adiós.
Sip, ésta es la última Gatería que escrib...¡pérense!, ¡dejen les explico!... ¡no avienten sus tomates todavía!.
Respiro... el impulso de ser honesta parece querer brotar espontáneamente, cual vómito de quinceañera borracha:
Cuando comencé a escribir éste blog iba de salida de la etapa de mi vida conocida como "La Soltería".
Estaba a dos minutos de convertirme en esposa de Marmota (que en realidad parecía una Marmota: era gordito y pachón. Hoy no llega a suricata de lo largo y flaco que está mi pobre marido) y a ocho de volverme una mamá.
Ciertamente en ese momento tomé una decisión que creí que sería la mejor: Botaba la chamba en la consultoría de RH que hasta entonces me vió dar mis pininos en el competitivo mundo corporativo y me encerraba en casita, para que Matius no sufriera, para que estuviera bajo mi exclusivo cuidado las 24 horas del día, los siete días de la semana...
En realidad me dió terror imaginarme el día a día de una madre trabajadora con su chilpayate envuelto en un cobertor Baby Mink de los Avengers, caminando bajo la lluvia mientras dejaba al crío en sepa dios dónde, dando el alma en el trabajo y perdiéndome los mejores años de su infancia. Y en realidad tomé muy en serio mi chamba: cada festival, curso, plática, fiesta infantil, tarde de playground, parquecito time, película sosa para niños, pijamada, halloween, piñata, scouts, fucho... todo, todo me lo chuté en nombre del amor de mi hijo. Lo traje pa' rriba, pa'bajo, en carro, en avión, barco, camión, etc, etc, etc. Me consagré al Mats y me sentía tranquila de no tener que abandonar mi casa para estar al pendiente de él. Hasta ahí creía que la vida era eso y que yo jamás regresaría a una oficina.
Por ese entonces mi depresión se iba agudizando lentamente. Y escribir se convirtió en la catarsis perfecta para explicarme a mi misma el por qué si estaba donde había elegido, lloraba sin darme cuenta mientras cambiaba pañales o mientras hacía el arroz. El encontrar la parte graciosa de situaciones que tal vez no lo eran me sirvió muchísimo (¡oigan, ocho años en la autoterapia..., no es cualquier cosa!) y éste blog se convirtió en un todo para mi. Era la prueba de que no me había ganado la depre y que mi cerebro furulaba alegremente.
Pero... todo tiene un final.
Ahora debo volar hacia nuevos retos literarios, una nueva narrativa, temas diferentes y sobre todo, dejar salir a la mujer que, sin ser soltera o sin dejar de ser madre, ha descubierto que es mucho más de lo que imaginó y esperó de sí misma y de la vida.
Ahora entiendo tanta autocensura y tanto silencio en éstas semanas que los dejé abandonados: es difícil aceptar que estuviste equivocada tanto tiempo, secuestrada por tus propios miedos. La vida es como es; probé quedarme en casa y luego la misma vida me recetó la prueba que siempre quise evadir.
Qué sabia es la vida.
Qué fuerte es hacerte pedacitos nomás por miedo a volar.



ESCRITOS ATRASADOS DE HACE UN AÑO VOLÚMEN I

QUERIDOS MENOS CINCO LECTORES DE SIEMPRE:
ESTOY DEPURANDO EL BLOG.
TENGO MUCHÍSIMOS "BORRADORES" Y ALGUNOS POR MIS ESTÚPIDOS BERRINCHES DE "NO TENGO TIEMPO PARA ESCRIBIR" NO FUERON PUBLICADOS.
AHORA POR FIN LES HAN HECHO JUSTICIA LA REVOLUCIÓN (Y LA BENDITA NATACIÓN QUE TIENE NOQUEADA A PAPITA, PA' QUÉ MAS QUE LA VERDAT)

ESPERO QUE DISFRUTEN. NO ESTÁN EDITADOS, ESTÁN AL NATURAL:


Hoy llegué al borde del llanto a casa de mis papás.
Habíamos tenido un día horrible (¿un día?, yo diría que ha sido una temporadita bastante extraña) y nada mejor que correr al refugio paterno para volverte la irresponsable que siempre has sido pero que disimulas cada vez que llegan las cuentas por pagar y las preguntas del tipo "mami, ¿de dónde vienen los niños?".
Así que nos encontrábamos el Clan Marmota en la sala, cada uno en su esquina, gruñéndonos a la menor provocación y en eso mi mamá baja por las escaleras y con su sonrisa y agradables manera nos pone en santa paz por un rato: toma a Alito en brazos, le da espacio al Matius para que escape del yugo materno y se aleje del "pero ahorita que lleguemos a casa, Mateíto" que se sabe de memoria, le ofrece un respiro a Marmota con una invitación a que se sirva algo fresco en la cocina y yo quedo en la posición de "nena de papá" en la que atropelladamente intento explicar a mi papá las últimas novedades en mi trabajo, le platico de nuestros mini dramas cotidianos, le paso la receta del mezcal a la naranja y me refugio en sus sabios y cálidos consejos que me están haciendo falta desde hace mucho tiempo...
Cuando me marca un alto para que deje de quejarme y gimotear, yo protesto y caprichosamente le argumento que sencillamente no tengo con quién platicar de "mis cosas". Así que tranquilamente me dice: "habla con la pared"...
Al principio me molesta su respuesta; lo he tomado como una especie de "ay ya, deja de intensear" que tantas personas me han recetado a lo largo de mi vida y callo al instante. Traviesamente se ríe y me dice "Danita, ¿es que no conoces a los judíos? ¡El muro de los lamentos!".
Se que básicamente luce horrible como lo escribí, pero en realidad ha sido la respuesta más brillante del mundo: siempre hay alguien que escuchará tus plegarias, lamentos, chillidos e histerias. El muro. Mi muro...
¡El bendito "muro" de Facebook!
Jajaja, claro que no.

domingo, 19 de marzo de 2017

CORTES DE PELO.

Todo comenzó con el cabello, ¿saben?
En "Divorcio a la francesa", el personaje de Kate Hudson llega a París para ayudar a su hermana mayor, quien se encuentra embarazada y superando la crisis de un divorcio y allí conoce a Hombre Maduro, quien es francés, casado... y que -cosas más, cosas menos- le enseña a descubrir su sensualidad, a pensar en ropa interior diminuta y proyectar su "sex appeal". Luego entonces va a la peluquería y voilá!... corte nuevo que simboliza cambio y libertad.
En "Sabrina", la ingenua hija del chofer de casa rica viaja a Paris (¿no estaré equivocando el enfoque? tal vez sea la geografía y no la estética la que da ese twist) a tratar de olvidar su persistente amor por el hijo menor de "La patrona" y a encontrarse a sí misma. Al terminar su estadía parisina, vuelve a casa -de la patrona- y se reencuentra con el hijo -de la patrona- y éste la mira con otros ojo, adivinen por qué...sip, trae un corte de pelo y está irreconocible...oh lalá!
Ya se que esto va en contra del feminismo y de la dignidad pero... a veces cuando una mujer dice "ES SUFICIENTE", corre a sentar un precedente en su propia historia cortándose -o arreglándose- el cabello.
Es un símbolo de liberación de aquello que nos hacía sentir contenidas, o avergonzadas o tal vez incómodas.
Y bueno, desde hace cosa de dos años comencé a cortarme el cabello...
La primera, por coraje.
La segunda, por capricho. 
La tercera, por placer.
Fue una especie de rebeldía contra todo lo que me ocurría en la vida. Todo lo pésimo, negro, podrido y nefasto que me estaba sucediendo en esos momentos.
No vi la luz, queridos menos cinco cegatones lectores de siempre. Estuve muy hundida en el pantano de la desolación y mi cabello era lo que me daba fuerza para seguir adelante.
El negarme a dejarlo crecer se volvió una obsesión: querer regresar al antiguo luk de pelito largo, niña buena, ama de casa perfecta, madre abnegada era como aceptar que las cosas "pasan por algo" y sí, sí pasan por algo...por pendeja, por ejemplo.
Así que entablé una larga batalla contra la abundancia capilar y me reí del mundo viéndolo arder desde arriba.

Hace diez meses me sucedió algo verdaderamente doloroso.
Algo que de verdad cimbró mi vida y le dio un giro de 180°. Algo que cambió para siempre mi interior, mi ingenuidad y mi vulnerabilidad:  se me cayó la uña del dedo gordo del pie derecho.
Obvio no, obvio si.
Fue un dolor... puta, no pueden imaginarlo.
Lloré tres días y después me pinté los labios de rojo, le puse agua oxigenada y me tomé cuatro antibióticos de un jalón porque soy muy macha y también muy estúpida para las cantidades: o es todo o es nada.
Fui a terapia de nuevo porque... ese dedo debía recuperar su movilidad, ¿no?
Perdoné. Me perdoné por haber sido tan pero TAN ingenua por pensar que yo JAMÁS me lastimaría de esa manera.
Me volví a cortar el pelo... 
Cuando un dolor tan fuerte sacude tu ser de tal manera, piensas que nada volverá a tener lugar en tu universo; lo sensato es respirar... tener calma. Aguantar esa punzada en el estómago que se va convirtiendo en un vacío, en un sinsentido... en un ¿por qué a mi?
Se trata de limpiar la herida todos los días para no infectarla con agentes externos; tener paciencia para soportar el dolor cuando alguien te pregunta "¿qué te pasó?" y revivir ese momento cuando la uña va cayendo lentamente de tu pie al suelo, dejando la carne expuesta y sangrante.
Es un dolor estúpido porque al final del día lo pudiste haber evitado si tus sentidos se encontraran siempre alerta (en balde fuíste scout, chingao!) y tus impulsos controlados, pero ni modos, algún día debía sucederme algo así para seguir creciendo y madurar. Sí, como las guayabas.
Y al final final... la uña volvió a crecer. Y ahora vive feliz de la vida, nueva, fresca, rozagante. Más sabia y más inteligente que antes, tal vez igual de idiota porque (aún) debe vivir sobre el dedo del pie derecho que es muy torpe y lerdo para golpear...
¿El último corte de pelo para celebrar? ¡Órale..pero esta vez, nos lo pintamos de güero...!

He encontrado paz con mi pelo.
Me siento -¡y me veo!- increíblemente mejor.
Algo creció en mi (y no sólo fue la uña del dedo)...
FiN


sábado, 31 de diciembre de 2016

Adiós 2016

No necesito que el año se acabe para ponerme dramática: lo soy desde 1980.
Y si, dejé de escribir desde hace medio año y ya no le veo sentido explicar por qué. Porque eso ya es agua pasada por el puente; dejemos que el agua nueva y pura llegue e inunde mi corazón. Que me nutra, que me llene y me purifique.
Que todos ustedes encuentren eso que los haga inmensamente felices... tal como yo he encontrado mi camino.
Y mi felicidad.
Feliz año nuevo, queridos menos 5 olvidados lectores de siempre; como las piedras rodando, así nos habremos de encontrar.

P.D. ¡Y ya!

domingo, 31 de julio de 2016

Sale, bye.

He estado fuera de mi por tanto tiempo que no me doy cuenta ya de los límites permitidos y los prohibidos.  Es como si mi conciencia estuviera durmiendo un mal sueño y ningún beso de ningún príncipe la pudiera despertar.
Ya no me reconozco.
Tan sólo quiero que éste auto vaya a toda velocidad y se pierda sobre la carretera y el polvo borre mi rastro.
Quién soy desde éste momento, qué seré cuando todo termine.
He estado tan fuera de mi todo éste tiempo que ya no importa responderme más preguntas...
Hey you, boy: drive this car and drive it fast!  

viernes, 24 de junio de 2016

Cuando la vida te "agarra de su puerquito", no queda más que hacer 'oink, oink' y espesar a que se le pase la fijación por uno. Pelear con todas tus fuerzas contra LOS HECHOS es la más estúpida de las necedades. Me choca...
Si, queridos menos cinco lectores de siempre, estoy -de nuevo- en el ojo del huracán, "en el ajo", en combate.
("...reconozco públicamente que mi vida se ha vuelto ingobernable").
Y así fin.
Tenía que decirlo,  no puedo andar por la vida haciéndome la loca y pensando "ay, todo es perfecto", cuando LOS HECHOS son tan diferentes. Pero entiendo a la gente que le gusta pretender que todo está ok cuando no lo está. Es su fiesta, diviértanse.
Yo mientras tanto voy sorteando obstáculos y -como la bolita imperfecta de Jodorowsky- me voy haciendo más y MÁS fuerte.
(...aún dudo si un poder superior podrá devolverme el sano juicio).
Estoy cansada...
Pero no vencida.
Por enésima vez, éste espíritu libre/alocado/alegre se encuentra en reconstrucción... disculpe las molestias que ésto le ocasiona.
Feliz viernes, caros míos.
Ah, éste saco es para ti:
No, no ganaste; para ganar se necesita ser yo. Y ahí sí está cabrón.
*Findelcomunicado

viernes, 27 de mayo de 2016

El interior...

Todo lo que importa es el interior.
Así es.
Todo lo que trasluce al mundo desde tu ser interno es lo más importante. Claro, hay y habrá miopes de la belleza interna que no notarán lo hermoso que eres pero no importa. Aquí lo que interesa es que tu interior sea lo más hermoso que hayas visto y sentido.
Por eso yo creo que soy una mala persona con los demás, porque mi interior es tan simple y pasado de moda como calzones de abuela y yo lo atribuyo a que en quinto de primaria, mi mamá no me dejó comprarme unos calzoncitos tipo bikini, de lo que sin ser tanga, tenían unos lacitos a los costados, ¿ya ubican, pervertidos?
Eran negros y eran de encaje. Yo creo que mi santa madre pensó que eran too soft porno para la inocencia de su querida bodoca, así que dijo que nel y me compró unos calzones horribles de gatita bombero, con ¡olanes de encaje de varios colores! ¿ya ubican, pervertidos?
Así que desde ese instante mi mentecita colapsó, quedando dividida en dos corrientes: las niñas malas usan calzones del diablo y les va mal y las niñas buenas usamos calzones de gatita bombero y nos vamos al cielo. Si quería tener contenta a mi mamá, debía usar calzones amarillos, rosas, azules y verdes, enormes y lisos. Porque si me atrevía a usar “los prohibidos”, sencillamente me deshijaría.
Y así crecí, peligrosamente para el mundo, llena de resentimiento por no poder usar encaje y satín y lacitos porque eso era de “perdidas”… lo peor del caso es que mi mamá ni siquiera sabía de toda esta lucha que sucedía en mi cabeza, pues lo único que en realidad hizo fue negarse a comprarme unos bikinis que no eran ni de la talla ni del material adecuado para mi edad. Creo que era la época en la que me escondía para leer sus “Cosmopólitan” y de ahí habré quedado erotizada para siempre con la lencería, con el consabido trauma de no poder exteriorizarlo y quedar con un hueco de por vida… bueno, no tanto.
Cuando crecí y literalmente “aprendí a lavar mis calzones” (frase que todas las madres usan para denotar tu falta de madurez, preparación, buen juicio para gobernarte y mandarte tú solo ó como chantaje para que no hagas cosas del tipo: tener novio, fumar, echar pasión, todas las anteriores), me aseguré de tener la ropa interior más perversa que mi presupuesto pudiera costear. Curiosamente los hombres piensan que una se viste para ellos, pero en realidad es totalmente falso. Una se viste para gustarse a sí misma y de ese encanto personal, una toma fuerza para enfrentarse al mundo y hacer sentir su presencia. Por ello es que aseguro que lo más importante de uno mismo es el interior… o se, la ropa interior. No es posible sacar esa inteligencia animal que necesitas para cerrar una negociación cuando tu interior es un calzón beige deshilado, que únicamente comunica lo triste que es tu vida cuando no tienes la curiosidad de adornar y consentir a la persona más importante del mundo: ¡TÚ!
Claro, se entiende que no siempre seré la candente mujer envuelta en encaje que espera sacar las garras para defender su esencia; a veces será suficiente con ser un calzón alto francés que se siente cómoda envuelta en un suéter, con una taza de café en la mano y 5 minutos de lectura (lo que dura Peppa Pig, maldita sea) y estará bien. También eso estará bien…
Al menos eso es lo que me digo diariamente, cuando mis viejos calzones me sonríen maldosamente a sabiendas que serán los que use durante un muy laaaaargo tiempo.
Jajajaja…


viernes, 20 de mayo de 2016

AU-REVOIR...

Di'un vez, mi reina, di'un vez...


Digo adiós.
Así es, he tratado de darle mil explicaciones y salidas elegantes a lo que sinceramente era ya un secreto a voces pero... ahora creo que es tiempo de darle vuelta a la página, oxigenar el cerebro y decir adiós.
¡PÉRENSE, TODAVÍA NO AVIENTEN LOS JITOMATAZOS!

Sí, digo adiós pero no a La Gatería; es un adiós a la persona que inició éste Blog y que sinceramente después de casi nueve años, dos hijos y un intento de divorcio ya no es la misma.
Le doy las gracias a la mujer que vino CASI cada semana a tratar de explicarse a sí misma cómo giraba el mundo y las situaciones que le tocó vivir, en el periodo en que se dio la oportunidad de apartarse un poco del mismo y explorar la maternidad. Para mi es casi esquizofrénico tratar de seguir actuando y sintiéndome igual que siempre cuando en realidad todo ha cambiado...
Cuando comencé a escribir aquí, tenía la palabra MIEDO tatuada entre las cejas. Estaba a dos minutos de convertirme en madre y ya llevaba quince jugando a la casita con Marmota, averiguando de qué se trataba la vida en pareja y chillando de desesperación por no saber quién debía ser en ese momento. Así que dediqué unos buenos años a la casa, jugando y educando a un precioso Matius y a escribir sobre ello. Puedo decir orgullosamente que en realidad hice mi chamba en el departamento de maternidad: leí libros al respecto, fui a cursos, me chuté todas las fiestas de cumpleaños, festivales, citas para quedar a jugar, tareas, berrinches y maratones de besos y me siento satisfecha. Pero en realidad el camino que una se traza desde el principio -conscientemente o no- y del que me encontraba medio desviada, tarde o temprano nos llama a regresar a él y en mi caso particular sentía que ya había renunciado al Derecho, pero parece que el Derecho no había renunciado a mi. Nunca, ni en mis momentos más oscuros pude imaginar que volvería a trabajar y volvería a consultar leyes y jurisprudencias, capacitaría gente, trataría con proveedores, me sentiría útil y redituarían esas horas en las que García Maynez me hacía llorar de pura pinche impotencia (y también de puro pinche burra).
Honestamente ya no quiero seguir masticando las razones por las que regresé a trabajar; ya no quiero analizar si fue bueno o malo, si duele o no. Hay que amar lo que es porque sencillamente lidiar contra la realidad es darse de topes en el cristal de la existencia y yo creo que me he dado demasiados golpes que ahora merezco ponerme atención y mimos.
...Y también se que no puedo quedarme callada, que hay todo un mundo en mi interior, nuevas ideas que quiero explorar y que también merecen ser contadas desde una perspectiva muy pero muy distinta: la de Dana, la mujer que no es esposa ni madre ni hija ni amiga ni socia de nadie. Para mi, ese es todo un reto, el conocer a ésta mujer que está recibiendo mil estímulos en cada segundo y que debe procesarlos rápidamente sin confundirse ni equivocarse... No quiero pensarme como "soltera" o "casada"... no quiero sentirme como una madre agotada que llega al trabajo a quejarse de los pañales y la sopa, pero tampoco quiero desvincularme al extremo. Quiero sentir sin culpa esas miradas curiosas que ahora cacho en la calle y pasar airosa, sabiendo que el amor y la confianza están depositados en un cofre valioso que me espera en casa.
O sea que, quiero todo de nuevo... pero con ésta nueva piel.
Lo que escriba de ahora en adelante podrá escandalizarlos o simplemente intrigarlos más; la decisión que tomen hónrenla en lo más profundo de su ser y no dejen que nadie les diga quiénes ser y cómo vivir.
Yo estoy encontrando mi lugar, aún lloro y aún me cuesta aceptar lo que es en muchos sentidos.
Pero se que estoy cada día más feliz conmigo misma, no con mis circunstancias ni mis posesiones...
Tan solo soy la chica con dientes de conejo que arruga la nariz cada que ríe ante las monerías de sus niños... o ante la mirada penetrante de alguien que la está descubriendo por primera vez...
Vivo, respiro... ¡esto es maravilloso!

sábado, 23 de abril de 2016

ALGO ENTRE MANOS...

Antes de escribir en ésta hoja nuevecita, pasé por el listado de entradas y me sacó de onda el ver que tengo 15 entradas en calidad de "borrador"; es decir, que 15 veces he querido decir algo pero por un estúpido prurito me lo he guardado. Y ya sabemos lo que sucede con las cosas vivas que se guardan y no se oxigenan: se pudren.
Luego me quise terapear pensando en que si no he terminado 15 intentos de escritura ha sido porque mi entorno luce interesante y porque he estado muy ocupada; pero si así fuera al cien por ciento, ¿por qué me eché a llorar camino a casa el día de ayer? (tal vez fue porque tuve un día de infarto pero creo que ese no es el punto).
Y finalmente me dije: "Es que ya no tengo tiempo para mi: eso está bien, es necesario, es inevitable pero está padre", pero aún así mi nivel de satisfacción es más bajo que mis calificaciones de quinto de primaria.
Así que...
Hoy que el Matius se fue de campamento con los satánicos y maldítos Scouts, -esa gente rara que quiere cambiar al mundo y que ríe y canta en momentos de dificultad; que los obligan a ser fuertes e independientes cuando en realidad son unos pobrecitos niñitos que no deberían hacer esas coshitash y que como es para puro rico, pues así que chiste (no entiendo por qué la gente es tan cuadrada, me cae.)-, nos tomamos el día y fuimos a vagar por la ciudad, recorriendo lugares que estaban un poco olvidados de nuestro usual itinerario. Comenzamos en Polanco y terminamos en Coyoacán, una chulada.
Visitamos el Rufino Tamayo (pintor que amo) y me sorprendí con la exposición de Mario García Torres, un artista del que no tenía ni un norte y neta, fue hermoso. Su instalación "Moonwalk" me hizo reflexionar sobre algo importante: sí, hay mil cosas bellas en el mundo pero, mamita, no las puedes abarcar todas con tu mirada y menos con tus manitas de licuadora. 
La revelación fue tan contundente que confieso que me quedé ligeramente dormida en la sala de un audiovisual.
Y aunque estoy escribiendo y compartiendo las andanzas del día de hoy (obviaré detalles, quienes quieran pueden consultarlo por FB), en realidad me siento un tanto sola y perdida en el pantano de mis pensamientos. ¿Qué es lo que estoy tratando de expresar que me da un poco de pánico y miedo?, ¿De quién o quiénes me estoy cuidando con tanta autocensura? ¿Qué quise decir con 15 fallidas llamadas de "autsilio"? ... jajaja, ok.
No me quedará más remedio que seguir indagando en mi ser, poniendo atención a lo que me rodea y lo que naturalmente me atrae para tener un veredicto concreto.
Ya estaré viniendo a explicarles para no dejarlos con el pendiente, por lo pronto, les comparto ciertos momentos gráficos que están en vías de convertirse en memoria plástica...
(Say what?)
Todos son Derechos Reservados... (me he vuelto muy cauta...)



Así la vida por aquí...
Feliz sábado, queridos.


viernes, 8 de abril de 2016

COSAS QUE DECIR.

El mundo a veces parece un lugar triste y hóstil.
Nos abruma la carga de responsabilidades y mala onda que parece destilar media humanidad y también nos molesta y nos enchila la buena onda que otras personas emiten, calificándola de "estúpida" y "esquizofrénica". O sea, que nada nos acomoda.
Para colmo de males, en la Ciudad de la Furia (o sease, la Ciudad de México) las cosas se ponen cada vez más raras; habemos muchos existiendo en el mismo espacio, en el mismo metro cuadrado, en la misma neura. Y claro, nos quejamos y exhalamos hastío. Exácto, el mundo parece un lugar triste y hóstil.
En las noticias todo es caos: algunos medios son muy ingenuos y nos dicen cosas muy bonitas: que el Presidente anda de gira para abrir más relaciones comerciales, que hay un puente en Tilatola que se va a inaugurar y con ello se ampliará la carretera de Tolatila y la economía nacional crecerá y todos seremos inmensamente ricos, o que hay un gatito que es la sensación en internete y ay, qué bonito.
Otros medios informan que Tepoztlán es oficialmente un puñado de cenizas, que el Metro colapsa porque no hay lana para invertirle o que ya le hicieron una estatua al prócer de la patria llamado Humberto Moreira, allá por su rancho, porque es "mui vueno" y es casi un santo.
Claro, todo esto nos comprueba que el mundo es un lugar triste y hóstil: si no puedo llegar a trabajar por falta de movilidad, si no puedo tener un salario que me alcance pa´mantener a mi prole, si me quitan y me quitan para que otros engorden su cartera y luego les hagan estatuas, seguiré pensando eso.
Pero hoy no...
Porque también está la parte en la que desperté al lado de la nena más hermosa del mundo y preparé el desayuno a los chicos Marmota para que llegaran a la escuela. Porque me vine sentada en el Metro y pude releer las andanzas de "Juanita la Larga" y pintar mis labios para llegar bonita a trabajar.
Porque a pesar de apachurrones, quemadas de café y torcidas de pata por culpa de los maldítos tacones, tengo un espíritu a prueba de balas y nada hará que baje los brazos.
Porque mientras exista un alma del otro lado de la pantalla que sonría con éstos sinsentidos medio arjonescos, la vida sí tiene sentido y el mundo ya no es tan triste ni tan hóstil.
Porque a veces hace falta que a la humanidad nos den un abrazo fuerte y nos digan que no todo está del nabo y si lo está, pues no será para siempre.
O bueno, eso es lo que HOY quiero pensar.
Buena vibra, queridos menos cinco holísticos lectores de siempre...