miércoles, 8 de febrero de 2023

KINTSUKUROI

 Los humanos llevamos al extremo de lo peor la capacidad de sentir y pensar, pero quiero parar con esta tendencia que no va a llenar la veta que existe en mi de momento, AL CONTRARIO, la terminará agrandando y profundizando aún más y ello no es hacerle el honor a la experiencia como es debido.

Gracias...

Gracias por cada minuto que escuché tu voz dándome instrucciones precisas de vida y de paz. Por enfrentar conmigo los momentos más difíciles y desafiantes que me tocaron vivir en este par de meses.

Gracias por ponerte la camiseta de mi equipo, por sacarme de la banca y meterme al juego cuando nadie más quiso invitarme a su reta; por compartir esa estrella y dejar que me ilusionara con tu triunfo.

Gracias por esas madrugadas, por tantas risas y palabras oscuras y claras que intercambiamos.

Gracias por la ilusión. Por los últimos días de diciembre, por los últimos momentos donde sentí que eramos dos.

Nunca es suficiente para mi, no acabé llena de ti. Pero gracias.

Este bloque de mi vida se queda en mi corazón y me duele mucho que no pueda ser...

La sal cubre mis ojos, me duele... me duele un montón.

Con el oro de los recuerdos más increíblemente hermosos comenzaré a reparar esta grieta... 

Kintsukuroi.


martes, 7 de febrero de 2023

Mar...

 Imagínenme tapandome la cara de vergüenza porque solo me aparezco por aquí cuando se me da la gana.

Este es un día de esos...

Vaya que el 2023 ha sido un tren a toda velocidad y solo ha pasado un mes de él.

¿Es cierto que la vida es método? ¿Es verdad que tienes que acumular millones de años en experiencia para poder decir categóricamente "esto es así o esto es asá"?

A veces el aire de superioridad de la gente que sabe es tan tóxico que no dudo de que habemos muchísimas personas que preferimos morir en la ignorancia a arranciarnos en un saber que no tiene cabida para la gente como una.

Quiero dejar todo mi nerviosismo y ansiedad en una sola caja y guardárla en el sótano hasta que le toque salir de nuevo a orearse.

Será un sótano de casa vieja, de casa de madera, de casa en la playa y el salitre comiéndose la pintura velozmente. A todo se amolda mi ser... menos a los adioses. 

¿Por qué nos alejamos de los puntos de convergencia? ¿por qué decidimos enterrar sonrisas que aún tenían jugo? Posiblemente porque sabemos que ese jugo es lo único que le queda a la sonrisa antes de convertirse definitivamente en piedra.

Veo hacia la playa, la brisa suave y fresca levanta la tela que cubre mi cuerpo. No soy una musa, ni siquiera tu musa. Llegué a ser menos que eso, me parece. Una mujer sedienta de ti, una condensagotas de atención y deseo febril por tu tacto. Sí, es queja; una queja en lamento largo y profundo, un grito de dolor por no poder tocar la gloria ni hoy ni nunca.

No tengo idea de quién seré al amanecer, cuando abandone esta playa y retorne a la tumba.

Esta brisa es tan fresca, tan ligera que casi no pesa la indiferencia. Se siente como dejar lo que en un tiempo fue un objeto suave y acogedor y que ahora no es sino un coral petrificado, bañado por la espuma fría del mar.

Ni sol ni luna, ni brillo ni oscuridad; lo que queda será un absoluto vacío que los cangrejos llenarán con sus casas y sus crías. Sus mordidas me alejan, la marea me lleva nuevamente de vuelta y yo no se mentirle a la luna, no se decirle que ya no estoy ni estaré pendiente de ella.

Bajo calmada, estoy entrando.