miércoles, 23 de febrero de 2011

Días Críticos.

La primera vez que hablé con un hombre acerca del SPM (síndrome pre menstrual, por sus siglas en español), fue a la edad de catorce años.
Recuerdo que lo hice en un arranque de inútil sinceridad, al sentirme bastante extraña y por la simple razón de querer explicar algo que ni Dios padre puede explicar (así es, Dios. Lo siento, eres hombre también)
Obveo, su reacción fue de risa loca: sendos ojos pelados, seguidos por un rubor de colegiala y para rematar, mordida al rebozo. Y eso que era cuatro años más grande que yo.
A lo largo de la historia de la mujerez, se ha demostrado que nada causa mayor misterio que el famoso "periodo". Amado por muchas (como cuando inexplicablemente se ausenta, para aparecer dos semanas después, como cualquier marido borracho) odiado por otras más, los días en las que biológicamente te deshaces de lo que tu cuerpo no necesita son lo más cercano a precisar de una lobotomía.
Después del incidente con el chico aquel (que por cierto,  me cortó...supongo que no soportó demasiada información) la relación entre mi periodo y mi pareja no es nada agradable.
Me molesta que el periodo sea un excelente pretexto para acallar las culpas, por ejemplo:
"Nooooo, tú no estás enojada porque se me olvidó recoger a nuestro hijo de la escuela, estás enojada porque estás en "tus días" (grgrgrgr)"; ó que tal ésta: "Mira, sereeeeenate. Aquel reguero en la cocina que provocó que mapaches salvajes te atacaran no fue enteramente mi culpa, a ver ¿por qué te molesta tanto?....¡Ah! ¡es que estás en tus días!
O sea, ¡ no!
Bastante difícil es lidiar con la cuestión de ser mujer, para encima lidiar con el chistecillo local...la broma estudiantil de la creación, en la que las féminas nos volvemos pura hormona y las menos -como yo- nos convertimos en hulk.
Sí, lo paso mal. La neura se apodera de mi en la mayoría de los casos.
Pero inexplicablemente esta vez, estoy super sensible y lloro de todo.
QUIERO MI CHOCOLATEEEEEEEE!
GRRRRRR.

viernes, 18 de febrero de 2011

Cómo enmendas a un corazón roto...

Los Bee Gees, con cara de oveja a punto de arribar al matadero, balaban la balada setentera, con ánimos de ayudar a todos los bigotitos y pestañitas que sufrían por tener hecho queik el corazón.
A todos nos ha pasado, no digan que no! Pobres y ricos, grandes y chicos sufrimos por igual que nos hayan pateado la lonchera y nos mandaran a la banca sin mediar explicación alguna.
Y los remedios empleados van desde el clicherísimo bote de helado de Ben 'n Jerry's, pasando por embriagarse hasta la inconciencia y rematando con hablarle al ser amado a las 3 de la mañana, en un neceo impresionante que no les deja a los padres del ser en cuestión más que mandarte judiciales a tu casa, a fin de que dejes de jeringar.
Los intelectuales (aquellas personas que pareciera que no van ni al baño) sugieren que escuchar a Beethoven es la mejor cura, pues sus acordes fuertes y decididos estimulan las áreas afectadas del cerebro, haciendo que de una vez por todas y ya para que te dejes de ...jaladas, te pares y compongas ese corazón tuyo de porquería (¡así lo dicen!)
Las mamás (si es que son como la mía) simplemente mueven la cabeza y te consuelan con un pat, pat, pat en la espalda.
Los papás únicamente alzan una ceja y vuelven a esconderse tras el periódico, pensando para sus adentros: "al fin nos deshicimos de ese buenoparanada".
Pero en general, encontrar un remedio para curar a un corazón roto es como encontrar un político mexicano honesto -y aquí obviemos la respuesta-.
Y bueno, puedo pasarme las horas, los días y hasta los años filosofando acerca de ésta cuestión, no por nada tengo 30 años y vasta experiencia en el tema. Pero finalmente no es mi corazón el que necesita reparación (pues estoy convencida de ser la única donante del órgano cardiaco, viva en el mundo) sino el de mi muy amadísimo hijo..... Sacrebleu!
Así es. Mi reTOÑO tiene su corazón hecho masita play-do. Aquella nenita de nombre Adrianita lo tiene bien despreciado y mi hijo de tan mimado y consentido, no puede con la pena.
Y es neta. Las misses muy serias me han dicho que se sienta a ver los niños jugar con mirada triste y que cuando le preguntan el por qué de su tristeza, él contesta que "a Adrianita ya no le gustan mis carritos".
Díganme si no es para llorar....
Ni modo, en parte karma y en parte ley de la vida, lo cierto es que de paso por el super me surtiré de sendos botes de helado...
Aunque mejor no, porque llevarlo al pediatra me saldrá más caro.
I can think of younger days when living for my life...

miércoles, 16 de febrero de 2011

Miércoles al 2x1

Últimamente el cine me ha decepcionado un poco.
Antes, mi criterio era súper laxo pues me la vivía practicamente ahí. En realidad, no me ponía roñosa si la trama era buena o mala. Simplemente disfrutaba el momento y ya.
Hoy día la cosa es bien diferente puesto que ahora escatimo cada centavito y cada minutito que empleo en el cine.
En primer lugar, casi no tengo tiempo para ir; las veces que acudo es porque inventamos una ida al súper, ya sea con los papás marmotescos o con los míos. Otra opción es cuando Mateo está en la escuela, pero esa es de las menos probables puesto que en nuestro pueblo, los cines deducen que la gente trabaja por las mañanas (¿¡a quién se le ocurre una idea tan tonta!? y por esa razón, las muvis son por la tarde.
Ya con el tiempo en contra, la película a degustar es la primera que se exhiba al momento de nuestra llegada. Así que ni modo, si está una de acción o de romance ranchero, esa es la que nos chutaremos (claro, con sus honrosas excepciones)
Bueno, luego viene el ritual de los nachos. Mis favorítos son los del Cine Polis, el quesito es generoso y calientico. Pero, aguarden: a raíz de mi enlace con Marmota, los nachos no sólo son queso y jalapeño. Estos son aderezados con cebolla, jitomáte y catsup (por cierto, el domingo que llevé a Mateo al cine, sin querer -y por mi nerviosismo, debo añadir- lo salpiqué de catsup en el ojo...jajajaja! la verdad es que fue muy gracioso)
Y bueeeno, estoy frustrada porque no vi Harry Potter parte 33 y 1/2 y en cambio vi bodrios tales como:
"Una pareja de tres" : donde Meg Ryan se empeña (¡y lo hace muy bien!) en demostrar que no actúa para ni madres, por más que Justin Long intente hacerla lucir sexy.
"Los mini Fockers": Sin comentarios.
"El Turista": bueno, aparte del vestuario, maquillaje y sofisticación de Angellina Jolie, nada de rescatable hay en esa película que no tiene la más elemental lógica (Ni tú, Johnny "no soy nada sin mi eye liner negro" Depp)
"El Oso Yogui": oh dios, dame el shoot acostumbrado, por favor!
"Cisne Negro": ya hice su ¿reseña?
y por último: "Una esposa de mentiras", milagrosa película que le arrancó un mote romántico-espontáneo a Marmota.
En fin, así las cosas con el cine.
Ya, adiós.

lunes, 14 de febrero de 2011

Querido Diario...

Querido Diario:
El día de hoy fue especialmente raro.
Comencé la jornada con un entripado por encontrar mi bote de basura totalmente volteado. Los gatos hicieron de las suyas y esa gatita callejera no ha sabido traer más que problemas.
Después de mucho pensarlo, Marmota y yo decidimos que lo mejor era desayunar mixiotes y gelatinas de fresa. Un desayuno de campeones, diría la tía Blasita.
Al medio día, Mateo y yo dabamos vueltas en nuestro propio aburrimiento, puesto que cinco días enclaustrados ya habían mermado nuestra capacidad de esparcimiento en todas las formas posibles.En lo que él trató de agarrarle el gusto al rompecabezas de "Cars", yo preferí conectarme un poco al feisbuk, sólamente para discutiir (agradablemente, debo decir) acerca de las bondades físicas e intelectuales de Sofía Coppola.
Fue entonces cuando me decidí a tomar al toro por los cuernos y dar de alta a Mateo.
Enfilamos el camino hacia el mall, con la firme convicción de divertirnos y/o olvidarnos de nuestro tedio.
Debo decir, querido diario, que mi hijo es bien raro. No es fácil de entretener ni de animarlo a que pruebe cosas nuevas, a menos que vea a su madre intentarlo. No gusta de entrar al cine y le choca que le estén echando porras.
Aún así (y después de sobornarlo y rogarle para que lo hiciera) se animó a brincar en los famosos castillos inflables.
En una de esas, el encargado me indicó que el tiempo se había agotado y que ya, por favor, le llegara a la fregada con todo y mi baby.
Claro, el Matius cual niño obediente se negó a bajarse del aparato, con lo cual su abnegada madre, o sea yo mera, tuve que ¡subirme! para corretearlo y bajarlo de una buena maldíta vez. Qué oso.
Pero madre cuervo al fin y al cabo, lo invité al cine tentando a mi suerte. Para mi sorpresa dijo que si, con la condición de que le comprara sus palomitas. Ps va!
Compré unos nachos. Son mi placer culpable.
Y lo fueron aún más cuando para mi sorpresa, detrás de mi se encontraba ni más ni menos que ¡mi gastroenterólogo! ¡El mismo doc que dos años atrás me quitó la vesícula! Ayyyy, su cara de desaprobación lo dijo todo, pero inmediatamente la quitó cuando apareció en escena una rubia de categoría que ¡PARA NADA era su esposa! ¡Ah verdad, cabr...!
Pus ya, total que vimos la muvi (El oso Yogui,,,oh Dios, just shoot me!) y Mateo aguantó hasta el final.
Aquí fue donde me acordé de mi amiga Be, que bien me aconsejaba diciéndo que ya tuviera al hermanito, porque al rato ir al cine sería más difícil....
Y bueno, así estuvo el rollo.
Ahorita sólo espero unos segundos para fumarme el cigarrín y apagar las luces.
Querido Diario, mañana espero recordar el san valentín más hermoso de toda mi vida.
Y posteartelo, claro.


sábado, 12 de febrero de 2011

Mami está cansada...

Para mi, que soy mamá primeriza, semi profesional y harto histérica, el que mi hijo de tres años se enferme me convierte en el ser más irracional de la galaxia.
Lo siento, odienme si quieren pero soy pésima cuando Mateo se enferma y necesita de mis cuidados.
Empezando por el hecho de llevarlo a revisión. El sólo hecho de manejar desde mis dominios -es decir, desde el carajo- hasta el hospital de las "artistas", hace que mis nervios se comiencen a crispar, pues el viaje es aderezado por las súplicas de Mateo, que poco a poco se convierten en verdaderos alaridos que ni el programa de Susana Moscatel y Jairo Calixto pueden acallar.
Bueno, la verdad es que han pasado mil horas desde que comencé a escribir este post y nomás no puedo terminar, ¡caray!
Todo es por correr de un lado al otro, cumpliendo caprichos y enderezando los jorobados gustos de mi tirano enfermo.
Dios, ya no puedo más. Me vuelvo muy gruñona, muy mala mamá.
Y ¿cómo puedo revertir toda esta vibra negativa? ¡no lo se!, sólo se que estoy a punto de volverme (más) loca y encima de eso, no puedo encender ni un piut cigarro por no agravar más las dolencias de mi Mats.
Pero, ¿saben cual es el peor momento del día?
La noche, cuando mi hijo duerme.
Porque es cuando el maldito remordimiento acude por su cuota diaria.
No se qué más decir.

viernes, 11 de febrero de 2011

Romance a la Baja.

¡Pero California!
¡WAKA, WAKA!

Aparte de probar lo graciosa que suelo ser cuando me lo propongo, el título y primera línea aducen a un par sin igual. Amigos desde hace cinco y dos años, respectivamente, Lalo y Carlos (que es originario de La Paz, de ahí el título.... Ay, ¿cuando será el día en el que pueda prescindir de las explicaciones?) son para mi la mayor prueba de amor y cuidado que una pareja representa.
Honestamente, a veces suelo sentir "jarto" sentimiento encontrado y malsano cuando se postean canciones, imágenes verdaderamente encantadoras o cuando comparten  sus fotos donde muestran sus muy acertados regalos (creo que después de revelar mi lado L.B. jeffriesano, seguramente me eliminarán de sus respectivos feisbuks)
¡Son una lata para los humanos comunes y corrientes que carecemos de eso que ellos tienen de más!
 Pero bueno, adorados como son para mi, sabrán perdonarme estas indiscreciones y el que los tome de conejito de indias para dar una idea de lo que pienso del próximo San Valentín.
Hoy en el super di varias vueltas por la sección de las tarjetas. Para mi falta de sorpresa, aquello estaba atestado de corazones rojos, rosas y de todos los colores que gusten y manden.
Pensé: "¿cuando fue la primera vez que me enamoré?" e inmediatamente, como si se tratara de la biblioteca de Alejandría, archivos, datos, cifras y nombres acudieron a mi mente.
Sip, no puedo negarlo, ¡fuí MUY noviera!
Ojo, dije "noviera" y no zorra. Porque a mi, a mi, a mi lo que me latía (o late, ya ni se) es el romance. O sea, aquello donde pertenecer a una alianza donde el compromiso de jurarse fidelidad mutua sea el motor de bla,bla,bla y no andar brincando de petate en petate.
De veras que yo enamorada y casada con la idea del romance perfecto me ponía muy mal. No es que me queje de mis ex, es que creo que mi gran error en la vida es estar enamorada del amor (combinada con mi muy mentada distimia, debo aclarar)
No puedo describir la cantidad de cartitas, regalos, detalles y proezas que pusieron en juego mi integridad física que llegué a materializar, según yo "con tal de agradar al galán". Ahora se que las hice un 80% por amor a "YE", pero con un muy poderoso 20% de amor propio, de demostrar que nadie vive el romance de manera tan intensa como yo.
Bien, creo que tendrán que ir a preguntarles a cada uno de esos maravillosos chicos -con sus muy nefastas excepciones- si es verdad mi teoría o, si por el contrario, estoy pecando (again) de egocéntrica.
Eso si, debo confesarlo: la querida y vieja Marmota es cero romántico. O sea, le dará lo mismo si este 14 le obsequio un enorme oso de peluche  o un lápiz Berol del número dos.
Es detallista pero creo que sólo cuando se siente cómodo y no por imposición de fechas o sociedad.
Pero la verdad es que yo muero por eso que Lalove y Carlangas emanan.

domingo, 6 de febrero de 2011

Black Swan

El día de ayer fuí al cine con Marmota, en un intento deseperado por descansar de la estresante semana que vivimos. El resultado fue super decepcionante. Lo único rescatable fue, como siempre, los nachos.
El día de hoy, en la búsqueda de un poco de normalidad, vine a la city a visitar a mis padres. Cosa rara, el Matius quiso quedarse con su abuelo y mis viejos compañeros de fechorías y yo, nos lanzamos al cine para ver con nuestros propios ojos lo que los medios han llamado "maravilla de película": The Black Swan.
¡Cámara!
¿Cómo explicarlo sin comprometer mi honra, buen nombre y pésimo juicio?
En primer lugar, para mi todo lo que suena o huele a ballet, me remonta a mi más tierna infancia y tardía adolescencia.
El estudio de "madmoiselle Miriam" se ilumina tras ventanales que permiten a los rayos del sol vespertino, adherirse a nuesta nubil piel, mientras los acordes de Chopin nos acompañan en la interminable búsqueda de la perfección. Cada "plié", cada "grand battement tendu" nos conducía a un dulce sueño del que para mi era muy fáil despertar.
¿Por qué? Pues porque yo siempre he sido contreras por naturaleza. Además tenía miles de ocupaciones en la agenda que realmente no me permitían concentrar en una sola cosa: iba al ballet pero también a los scouts, al inglés, a la doctrina; entré a la Anexa, entonces era doble turno, eran los talleres, eran las clases y además era el dedicar hoooras a pensar en por qué ¡Alfonso Plascencia no me pelaba!
Eso sí, amo el ballet, amo el mundo del ballet, la disciplina; amo la pasión y fuerza que encierra el frágil cuerpo de la "prima ballerina". Pero aborrecí la peli de Natalie Portman, por..precisamente Natalie Portman.
No es posible que en casi dos horas lo único que aprendimos del ballet es que es un mundo de fieras en tutú, que más vale vender tu alma al diablo para ser ´"más bonita que ninguna" y que la boba SIEMPRE se queda con el guapo.
Tampoco me maravilló "El manual de masturbación" que Portman explicó hasta el cansancio, ni  justifico las escenas gratuitas de lesbianismo que nos hicieron "entender más al personaje".
Thomas Leroy, el maestro-Pigmalión de la película, ese merece su post aparte por el simple hecho de encarnar al tipo de hombre que me hace perder -literalmente- la razón.
Bueno, efectivamente, ésta no era una película exclusiva del mundo del ballet ni pretendía serlo. Y como película "de sustos" cumplió su cometido pues hizo que me retorciera todo el tiempo en mi butaca, prendida del brazo de mi hermano (si no fue la película, entonces debieron ser los dos litros de ICEE de uva que ingerí durante la muvi)
Whatever, ví la película que anhelaba ver, con las personas con las que mejor disfruto el cine, en el cine de mi preferencia y con el plus de que, ésta vez, el protagonista masculino me recordó poderosamente a...
Tendrán que verla para descubrirlo.


viernes, 4 de febrero de 2011

MAFALDA

De entre las muchas cosas frustrantes sucedidas a mis ocho años, tomo en cuenta el desamor por Eduardo Yáñez en "Dulce desafío" y el haber tenido que explicar una tira de Mafalda.
Yo conocí a esa piba a los cinco años. Mi mamá, que por ese entonces tenía 24 añejos, cargaba conmigo a todos lados, incluída la enemiga ENEP Acatlán (lo digo porque yo cursé en la ENEP Aragón)
Cuando yo no llegaba al kínder, mi mamá me llevaba a sus clases y desde mi banca, con mi batita a cuadritos escuchaba a su maestro de Medicina Forense -el guapísimo Doctor Archundia- hablar de los tipos de marcas que presenta el cuerpo cuando lleva 4 días sin vida (con fotos y todo)
Y bueno, el punto es que después de clases, la palomilla de mi mamá se iba a tomar café y comer molletes al VIP'S de Echegaray. Y ahí iba yo de pegoste; para no aburrirme, mi mamá me prestaba sus libros y cuadernos -seguro que el Derecho Penal haría de muy buena nana-. Lo que yo amaba de esos libros -aparte del ius abutendi- eran las tiras mafáldicas con las que estaban forrados.
Luego vinieron los libritos y con ello el furor mafaldoso se desató en mi. Mafalda no sólo era mi referente social e histórico, era también mi libro de cabecera en cuanto a poner en jaque a mis papás. Fue mi consuelo cuando me explicaron que mi reinado unigénito llegaba a su fin y que un presunto "Guille" llegaría a la familia -a lo que yo respondí: "espero que le gusten los Beatles"´-.
También me ayudó a no sentirme como bicho raro por no tener televisor a colores, en una época en la que el technicolor era ya un producto de la canasta básica. Me dió la idea -bizarrísima, por cierto- de meterme a bañar a la pila del lavadero, emulando al prócer del mercantilismo: el genial Manolito.
O sea, el mundo bien podía estarse yendo al mismísimo diablo, pero yo gozaba inmersa en el mundo de Quino que, dicho sea de paso, suplió mi necesidad de socializar con chicos de mi edad.
Ahora comprendo por qué era tan poco popular, ya no se diga en la escuela, sino en la vida; creanme, a nadie simpatiza una niña que habla de "conciencia gremial" a los ocho años, poniendo en evidencia a la gente que tenía al "Capulinita" por monumento nacional a la literatura.
Pero bueno, yo no tengo la culpa de que mis padres fueran tan jóvenes y entusiastas con mi educación y con ello me apartaran del sentido común.
En resúmen, Mafalda potencializó la insanidad mental de la que actualmente gozo y me dió la excusa perfecta para psicoanalizarme.
Con los obvios resultados, sobra decir.