viernes, 19 de junio de 2015

Del "Luke: Soy tu padre..." al "Dile a tu mamá...que yo la quiero": issues paternos.

¡Buenos días, ojitos (de vidrio) y pestañitas (postizas)!
El día de hoy comienza temprano con una cálida y húmeda bola de pelo de la Peluss esperando ser pisada por mis ingenuos y adormilados pies descalzos (quisiera saber qué piensa Peluss al respecto) y un Matius híper activo que inexplicablemente se levanta temprano, justo hoy que no pienso llevarlo a la escuela. Exácto, hoy es el festival del día del Padre y precisamente el suyo se encuentra de viaje. Así que obedeciendo a toda lógica aristotélica, el hijo se queda en casa "pa no sufrir" la ausencia paterna mientras medio colegio se desgañita cantando "Hoy tengo que decirte, papá". Lo se, Mom rocks, right?
¡¿Qué onda con los asuntos paternos?! 
Mientras medio mundo se vuelca para reverenciar a las mamis en su día, la otra mitad se encuentra dispuesta a ignorar el día del Padre pues parece que todos tenemos una onda no resuelta con nuestros papás. Esta idea se me hace un tanto radical pero las estadísticas de banqueta no ayudan mucho *carita triste. Dichas encuestas afirman que el 87% piensa que su papá es un ser de otro planeta y el 13% restante afirma no haberlo conocido. 
Y bueno, no puedo hablar por los papás del mundo pero sí de los de mi generación y en especial del mío, mi amado Netzita, que tampoco me la puso fácil pero que con astucia (de mi parte) y un poco de terapia he podido recontextualizar mi relación con él, afirmando que mi papá es de otro planeta pero que su amor es incuestionable.
Los papás de mi generación son producto del priísmo más recalcitrante, del voto duro, de la defensa cánida del peso y de la bonanza aparente que trajo el salinismo. Tales padres sentían que el triunfo en la vida era tener su televisión a colores y su videocasetera Beta, un Topaz GLX y tener a sus hijos inscritos en colegios "de paga" para que aprendieran inglés y fueran "alguien" en la vida, no como ellos que casi casi tuvieron que hacerse a mano.
Los viernes por la tarde jugaban al dominó y llegaban a casa al sábado siguiente, mientras los hijos veían caricaturas comiendo cereal frente a la tele y la madre los esperaba histérica, con el rodillo en una mano y los tubos en la cabeza.
Escuchaban en secreto los cassetes con los chistes de Polo Polo (¡Páseme el volúmen III, compadre!) y se consumían junto a sus cajetillas de cigarros mientras Gonzálo Farfán intentaba meter goles para el América.
Si bien nos iba, el domingo nos llevaban a Chapultepec y ello dependía de qué tan bien nos hubiéramos portado con nuestra mamá en la semana, cabr...estos, hijos de la ching... En fin.
¡Eran bien cotorros, la neta!
"Paternidad" significaba para ellos el tener un aceptable nivel económico para sus crías y que mamá se ocupara del resto. Era un "No molesten a su padre que viene cansado de tanto trabajar" mientras la infancia discurría entre juegos de pelota y vidrios rotos, peleas con los vecinos y fiestas improvisadas con sanduichitos de jalea.
Pero en ese esquema no se ajustaba mi papá...
Para empezar, como bien lo saben, mis papás se casaron muy jóvenes y es obvio que a los 19 años (ni a ninguna edad) se está listo para ser padre. Así que con toda la euforia juvenil pero con las responsabilidades de una decisión "adulta", se embarcó junto a Evita en la aventura de sus vidas, remando en cajeta pero con la intención de darle a su nenita lo mejor de ellos.
De día trabajaba en la cocina de la Central Camionera de Taxqueña, por la tarde se iba a la en ese entonces ENEP Aragón a darle al Ius Abutendi. Por las noches llegaba a calmar mi inexplicable llanto, meciéndome en sus brazos hasta conseguir que me quedara dormida y así empezar de nuevo. *Pausa para enjugar una lagrimita traicionera.
Y bueno, como en toda historia hay partes oscuras pero la terapia las ha ido matizando poco a poco, así que sólo les diré que en mi infancia tuve momentos muy felices con mi amado padre: me construyó un columpio, me llevaba a Chapultepec (en eso sí coincidía con la mayoría de padres de aquella época), jugaba conmigo al beisbol, me hacía "teatro" con mis muñecas *otra lagrimita traicionera* y sobre todas las cosas siempre me hizo sentir lo importante que era (soy) para él.
Tal vez he cuestionado sus métodos o sus procederes, pero procuro que los momentos luminosos sobresalgan por encima de todo aquello que pudiera empañar la buena imágen que tengo de él. Nadie es perfecto, nadie puede dar lo que no tiene y aún así, se que él ha hecho todo lo posible para darme lo mejor de si...
Un día en el que Marmota y yo esperábamos a que el Matius terminara su actividad con los scouts, me percaté que él y mi papá no se parecen en nada. Aparentemente había escogido a alguien que fuera lo opuesto a mi papá contraviniendo la teoría de que toda mujer escoge como pareja a alguien parecido a su padre. Tal  cosa me causó curiosidad pero analizándolo fríamente me di cuenta que nop, ellos tienen algo en común y -sin que escuchen los violines, vean caer corazones o se salga la miel por la pantalla- ello es que ambos me aman tal y como soy... ¿O qué pensaban... que iba a decir que a ambos les gusta el chupe?...
Se que estos asuntos paternales seguirán y se perpetuarán hasta que alguien decida romper los patrones; por mi parte estoy satisfecha con el hombre que escogí como padre de mis hijos con todo y que en momentos cruciales se encuentre ausente; se que sus ausencias no están cargadas de malas intenciones y las mismas me han permitido demostrar mi propia fortaleza...
Sip, esa también ha sido una enseñanza de mi papá...
FELIZ DIA DEL PADRE, QUERIDOS MENOS CINCO PATERNALES LECTORES DE SIEMPRE...!
P.D. Luke, pudo ser peor.

viernes, 12 de junio de 2015

Mi mamá.

Mi mamá es una mujer sorprendente.
Me dio la vida cuando tenía 19 años y desde el primer momento en sus brazos me sentí a salvo.
Me enseñó a ser feliz con lo que tenía y vivía en el momento. A su lado nunca sentí anormal el hecho de vivir con mi abuela paterna -aunque ello no fuera de su total agrado- y no tener todas las cosas que luego descubrí "eran comunes". Mi mamá me llevaba a sus clases en la Universidad y luego me dejaba corretear en Chapultepec bajo los árboles. Ahora se que su vida conmigo no fue fácil (sin carro, sin laptops, sin internet, sin dinero extra para caprichos del momento) y aún así me dio todo lo que tenia: su tiempo, dedicación, energía... De todo lo cotidiano que había, ella lo volvió una aventura.
Siempre ha querido más de la vida para mi y mi hermano, el Doctor Mitocondria; para ello se esforzó en trabajar y ser mamá de tiempo completo. No solo nos enseñó a trabajar por el dinero sino por pasión: para ella el Derecho es una necesidad orgánica tanto como respirar. "¿Tu mami es abogada?" eran preguntas que siempre me enorgullecía contestar (ahora no tanto porquen son el preámbulo para asesorias payless). Nunca faltó a ningún festival escolar mío o de mi hermano, nos transmitió su vena científica y librepensadora, nos llevó de viaje, nos llevó a museos, nos enseñó a leer con criticismo y aguante, nos dio lo mejor de ella... 
Luego le crecimos y pues ni modo, vinieron los descalabros y sinsabores de sus ingratos y malagradecidos hijos. 
Ella en lugar de victimizarse y preguntarnos "¿En qué les fallé?" ha preferido ser más lista y soltarnos dos que tres madrazos metafóricos (y también literales, ¿por qué no?, dejaría de ser una Salazar...), pero ni por ello hemos sentido que su amor ha cesado. Es súper generosa, la verdad .
Ahora que ya no vivo con ella, creí que la vería tejiendo chambritas o haciéndose pato en su casa, (que no lea esto último porque seguro me va a madrear -metafórica y literalmente- hablando) pero nop, la verdad es que sigue siendo una abeja afanosa, litigando y dando sus clases de Maestría en Derecho. ¡Así de fregona es ella!
Como mamá pienso que ha hecho una tarea excelente: no solo nos dio una familia, casa, comida, una carrera universitaria para mi y para el Doctor Mitocondria, nos ha dado su ejemplo y obvio, cuando sea grande yo también quiero ser como ella (sin las clases, porque la neta, yo no les tengo paciencia a "los jóvenes").
En fin, que esta semana estuvimos de manteles largos celebrándole sus 50 y tantos años y si ahorita me leen desde la comodidad de su laptop (or any gadget) sépanse que todo es gracias a esa Evita hermosa que me alentó desde chiquita a escribir, primero cuentos y fabulitas, posteriormente azotes adolescentes y espero que alguna vez un libro. No pierde la fe en mi o en mi hermano. No pierde la fe ni en la humanidad.
Si hubiera más gente como ella seguramente yo tampoco lo haría... pero no soy lo suficientemente buena como ella.
Ojalá algún día lo sea...
Feliz cumpleaños, mamáaaaaaaa!!!

P.D. (Sí papá, tú también vas a tener tu reseña...)

viernes, 5 de junio de 2015

CRÓNICAS GATUNAS VOL. I

No tengo la menor idea de qué hora será; supongo que es una de esas tantas horas "inadecuadas" (como las llama "Ella"), en la que se me ocurre pedir mi alimento. ¿Qué quieren que haga?, no puedo abrir la bolsa yo solo... esperen... ¿les ha dicho ya que soy un "él" y no una "ella"? Oh si, su obsesión por tener una "ella"... jajaja... disculpen el atrevimiento pero ¡es tan gracioso!. Así es, soy un "él", con todo en su lugar. Cuando lo descubrió, se puso muy triste pero su histeria pudo más y aquí me tienen, padeciendo pacientemente a que me nombre "La...". En fin, mientras sirva de comer...
Me manifiesto vehementemente para hacerme notar, es un sonido largo y profundo, no me cuestiono de donde sale, simplemente sucede y yo soy feliz con el resultado: se para rápidamente, furiosa y desvelada a hacer lo que mejor se le da, darme de comer y si tengo suerte, quizá consiga que me haga un cariño. Ya no lo hace tan a menudo, no desde que llegó esa otra "Ella". Ahora entiendo al niño, sí, la pasábamos mejor antes. Tenía tiempo para nosotros, tenía tiempo para mi.
Aún así, se que no está dispuesta a abrir la puerta para dejarme ir, se que me ama y se que me necesita, ¡bien!; a pesar de ser una casa un tanto incómoda (¡no te subas a la mesa!, ¡no te subas a los sillones!, ¡bájate de la cuna!, ¡deja de rascar las sillas!) podría decirse que la paso bien. Poco trabajo, buena comida y aún así me doy el lujo de hacerme ovillo en la sala, dejando parte de mi en sus "hermoooosoooos" sillones púrpura. Ya lo había dicho "El Otro", que no escogiera un color tan complicado porque mis pelos se notarían más, ¿y qué hizo "Ella"? Su santísima gana, como siempre... en eso nos parecemos... quizá por eso nos llevamos tan bien (¿TAN?)
"El Otro" no me cae ni bien ni mal, la cosa es con "Ella"... "El Otro" de vez en cuando está de mi lado y a ratos parece que se exaspera ante mi estulticia. Oye, yo tampoco entiendo qué sucede cuando a "Ella" le da por azotar trastes, cosas, libros... yo no provoqué eso, ¿cierto?. Si "El Otro" me dejara a cargo de "Ella", le enseñaría cómo tratarla para obtener exáctamente lo que se quiere: el secreto es dejarla pensar que "Ella" tiene el control, la que decide cuando te quedas y cuando te vas, la que dicta cuando quiere mimos y cuando debes alejarte lo suficiente para dejarla con sus pensamientos. Lo dije, en eso nos parecemos... 
Si "El Otro" lo entendiera, a lo mejor "Ella" no azotaría tan seguido trastes, cosas y libros y no se percibiría tanto la atmósfera chillona y pegajosa que últimamente se respira. Le daré un recordatorio de tales reflexiones cuando duerma y le caiga encima "por sorpesa"... jajaja... es imposible no reírse cuando le doy recordatorios de este tipo: en medio de la noche, cuando más profundo se encuentra dormido y yo simplemente le caigo encima "sin querer queriendo". Soy muy buenito.
Bah, esto se está poniendo denso y yo no persigo la gloria eterna, simplemente quiero volver a su regazo, como antes, cuando se tumbaba a leer un libro o ver películas raras de gente rara hablando en un idioma raro. Recuerdo que en esa época hasta me llamaba para que me aupara en su panza y desde esa envidiable altura les recordaba a "Todos" quién es el que mandaba. 
Pero, como cantó alguna vez Luis Miguel, "Ya nunca más"...
No importa, soy paciente, tengo tiempo de sobra (tengo siete vidas)... se que cuando la otra "Ella" crezca un poco más podré ponerla de mi lado. Se cómo hacerlo, soy adorable. Ninguna se me resiste y entonces "Ella" volverá a mirarme con esos ojos hambrientos de ronroneos y al tiempo que me acaricie el lomo me dirá: ¿ERES MI GATITA BEBÉ?, ¿ERES MI GATA PELUSS?...
Y yo, magnánimo como soy, le concederé el placer de sentir que le pertenezco, que estoy allí para ella... y todo volverá a ser como antes.
Sí, con todo y su histérica manera de pensar que soy una "ella" y no un "él".
¿Y qué importa? El amor no siempre es perfecto.
Feliz viernes, menos cinco gatunos lectores -de "Ella"- de siempre...