jueves, 24 de septiembre de 2015

HOY CUMPLO 35 AÑOS...

Definitivamente no tengo los mismos ojos con los que veía al mundo a los quince años...
Si alguien (la típica gitana de feria gringa, maybe) me hubiera predicho que a los 35 me encontraría cuidando niños (los míos, exclusivamente) y casada (iba a escribir amarrada, pero dado que Marmota es un poco susceptible, dejémoslo en cazada), me hubiera reído tan fuerte (con esas carcajadas que solo me salen con mi prima Lluvia) que hasta lágrimas hubieran salido de la incredulidad...
Así que pulso "PLAY" en la lista "ONE LINE" de Edgarbage, en mi sesión de Spotify para crear ambiente y comenzar a discernir qué han pasado durante estos "últimos" veinte años y mirar si debo reír o llorar...
Hace 20 años, cuando probablemente ese mismo Edgarbage estaba cantando alguna jalada en el kínder, yo estaba cumpliendo quince años con torpeza adolescente y una timidez casi paranoica. Pensaba que entrar a la UNAM era una cosa buenísima, que la carta del entonces rector Sarukhán era la llave mágica a un reino donde sólo existían intelectuales en miniatura o sus némesis, los quarterback preparatorianos (de preferencia, estos últimos) y que todo serían fiestas y ligues y luego la Universidad, donde seguirían más fiestas (pero con Trova) y ligues (pero con maestros) y luego la vida adulta, donde seguramente la fiesta, diversión y ligues seguirían ad náuseam.
Ah, l'esprit de l'adolescence!
Pues bueno, con quince años y veinte libros leídos (es un supón, la verdad es que pueden ser más... o menos) estaba lista para darle el primer mordisco al mundo...
En resúmen, la vida sucedió: decisiones y amores fallidos, un lapso breve como homeless, amor a los gatos, más libros, una adicción a la coca...cola, pensamientos suicidas y una romántica estancia en el paraíso de los antidepresivos; la Uni, los amigos, la bohemia, las despedidas, los abrazos y promesas de "para siempre", los adióses, la aventura de lo desconocido, los tacones, las bolsas caras, los bueños vinos, la primera vez de muchas primeras veces, el poder; entonces: chico conoce chica, chica queda pregnant, chico se casa con chica, chica decide encarnarse en la piel de María Montessori, chica decide criar y despedirse del mundano mundo, chica cambia...chica ya no es TAN chica.
Chica cumple 35...
Y así, mientras este breve momento transcurre en soledad, mientras me tomo lo que queda de mi primer café matutino y escucho las respiraciones acompasadas de mi dulce Papita (oh si, lo olvidaba en el recuento: chica queda pregnant again...chica conoce chica), pienso con emoción que cumplir años es la oportunidad perfecta para meter la cabeza en el horno y darle vuelta a la perilla, pero también es la ocasión ideal para agradecer lo que día a día me ofrece la vida (all inclusive).
Cierto, ya no tengo la misma energía que a los 15 (y que tampoco era que digamos mooooy proactiva ¿eh?) y tampoco tengo espacio en mi agenda como lo tuve a esa edad (es que nadie me invitaba a salir, pa´qué más que la verdad). Se que mis "noches salvajes" han tomado una ligeríiiisima variante y si ahora me llegara a gustar alguna otra persona, contendría las ganas de coquetearle y me contentaría con mirarlo a través de mis gafas oscuras (de diseñador, ¡obvio!...tengo 35), porque la vida en pareja es bestialmente buena, pero la vida familiar lo es aún más... (¡mírenme, no pensaba eso a los 15 cuando le "bajé" el novio a mi ex amiga Alejandra!).
No puedo creer que he llegado a la edad en la que puedo decir "Hace 20 años..." y platicar alguna anécdota que ya no tiene que ver con papillas o bailecitos ridículos donde yo estoy vestida de princesa *Sniff.
He llegado a los 35 sin ganas de comerme al mundo porque me basta con una pequeña rebanada donde quepan mis hijos, mi Marmota, mi gato, mis papás, mi hermano, mis amigos, mis libros y ¡MILLONES DE PLANES POR REALIZAR!
¿O qué? ¿Acaso luzco como una mujer que está dispuesta a diluirse en los "hubiera"? Ja, ja, ja.
Feliz cumpleaños a mi, si, a mi. La que oserva y se azota por cualquier cosa, pero la que también quiere seguir experimentando y disfrutando el amanecer y los días grises, la que se puede envolver en su edredrón cual Juan Escutia y lanzarse al vacío de tristeza inexplicable para luego resurgir con bríos nuevos.
La que esto escribe, la que hoy escucha "One Line" de PJ Harvey y sonríe... 
(Sí, Edgarbage, eres el más nasty de mis amigos e inexplicablemente hoy has tenido un protagonismo ramplón en mi muy humilde blog, pero gracias por crear esa fabulosa lista musical)

Así la vida...así mis 20 años atrás...
Do you remember the first kiss?

Stars shooting across the sky
To come to such a place as this
You never left my mind

I'm watching from the wall

As in the streets we fight
This world all gone to war
All I need is you tonight

And I draw a line

To your heart today
To your heart from mine
A line keep us safe

All through the rising sun

All through the circling years
You were the only one
Who could have brought me here

And I draw a line

To your heart today
To your heart from mine
One line to keep us safe

And I draw a line

To your heart today
To your heart from mine
And pray to keep us safe

Watch the stars now moving

Across the sky
Keep this feeling
Safe tonight



Weeeey.... ¿¿¿¿¿¿¿neta, "Desesperado" de José José????????

viernes, 18 de septiembre de 2015

...

Primer café de la mañana: Me voy a disculpar con los menos cinco lectores de siempre (que a éstas alturas ya deben ser menos 6) por ser tan inconstante, tan huevas para asomarme por éstas ventanas a escribir mis desgracias y hacerlos reir. Prometo que ordenaré mi escritorio de todas las mugres que vienen a botar, desde los calcetínes de Marmota hasta los tópers del lunch del lunes, pasándo por las croquetas sin abrir de la Peluss... seguramente por eso está chillando, la muy ruidosa. Sí, eso haré. Yo me debo a mis lectores y son ellos los que merecen que me pula en mis habilidades gerenciales para poder librar CADA viernes una batalla contra la estulticia y entregar mi colaboración. ¡Ay, qué lindo suena!
Segundo café de la mañana: Mmmm... picar, picar, picar. La vida en esta casa es un eterno picar. Dietas, leche de almendras, el khale, la quinoa... papillas, la zanahoria, el arroz orgánico, la chía. Es demasiado.
Tercer café de la mañana: ¿Escribir? Ja, ja, ja, ...

Cuando comencé a escribir tenía sólo un dígito en mi credencial de la vida. 
Los primeros intentos por trascender los atesora mi mamá junto a mis dientes de leche y mi primer trenza; dice que le hacían mucha gracia mis cuentitos y hasta mis cartas a los Reyes Magos.
Observaba la vida, en verdad me ponía a pensar en "qué pasaría si..." (una vez me imaginé quedándome a vivir en una instalación del Museo Rufino Tamayo. Pensé que eso sería una cosa hermosa, durmiéndo bajo las serpentinas de colores que colgaban del techo y ¡hasta visualicé el espacio que tendría mi cocinita combo!)
Posteriormente escribía cuentos bajo la influencia de Borola Tacuche: quería que mi voz sonara con ese tonito arrabalero con el que me imaginaba que hablaba, con esa precisa claridad para arrancarme carcajadas. No se.
En secundaria llegué a colaborar en el periódico escolar (el muy prestigioso "Águila") bajo el seudónimo de "La tía Fulana" y en mi último año fui -durante un breve tiempo-  jefa de redacción. 
Y finalmente (y digo finalmente porque hasta ahí dejé de escribir de manera "masiva") intenté hacer una revista, "La chica panqué", que adquirió su nombre de mi (primer) apodo en la secundaria: "Panquecitos".
Básicamente eran ocho hojas tamaño oficio donde prácticamente me fusilé un ejemplar de "Eres Niños". Con todo y tests.

Todo apuntaba a que me dedicaría a escribir. Todos lo dábamos por hecho.

A veces, aún con toda la moustrosidad de eventos felices que pasan en mi vida, me cuesta trabajo venir a escribir... En mi muy interior (ese lugar donde guardo las palabras, los aromas, las miradas, los largos abrazos y mis momentos) siento que no merezco escribir.
¿Por qué?
Pues... no lo se.
Cuando te quedas en casa picando pepinos y recogiendo pares de calcetínes, es muy fácil poner tu vida en perspectiva al mismo tiempo que pones una carga de ropa en la lavadora. Y también es muy fácil ver los talentos de las demás personas y negar el tuyo por el simple hecho de que no lo dice un título universitario colgado en la pared del estudio de tus papás.
Yo no elegí dedicarme a escribir, elegí defender la justicia.
Y luego elegí crecer primero a un niño y ahora a una niña.
¿Cuáles serán los talentos que adornarán mi tumba? 
Tal vez ese rimbombante epitafio sólo estará grabado en dos corazones.
Y tal vez en un momento menos oscuro de mi vida -uno donde vea la luz en mis pepinos picados- ello sea suficiente.

Mientras tanto, "a veeeer... ahí viene el avion-citooooo..."