domingo, 7 de mayo de 2017

QUIERO SER UNA ORUGA PARA SIEMPRE U.U (ESCRITOS ATRASADOS VOLÚMEN II)

OTRO ESCRITO ATRASADO DE HACE UN AÑO...
ESTE TEMA NO DEJA DE TENER VIGENCIA EN MI CABEZA...
COMO EL ANTERIOR, NO ESTÁN EDITADOS.
ENJOY!


Me dan repelús; su sola presencia basta para ponerme mal y sin embargo, hay tanta vibra de cambio y fenómenos naturales trascendentales detrás de sus horribles aleteos que creo que las mariposas son los seres más sobrevalorados de la creación. Tan solo muy por debajo de los políticos priístas, incluído el copetón. (Ya, PGR, no me censures)
Pero ¡bueno!, en vista de que a Kafka no le ha hecho justicia la Revolución y hasta que no se pruebe lo contrario, aquel bichejo seguirá siendo el ejemplo perfecto del cambio y los cursis seguirán mentando las metáforas de la metamorfosis hasta que llegue el Diablo y los chupe y los escupa lejos, muy lejos de éste reino y yo tendré que acogerme a ese bendito ejemplo para poder escribir el post de hoy porque, aunque no es viernes, los clamores generales ya llegaron a oídos de mi mamá, quien me acaba de hablar para decirme que no joda, que qué me estoy creyendo, que si para esto me mandó a la primaria, que si ya nunca más pienso escribir ¿o qué?, ¿me mando sola?. Chale...
Queridos menos cinco olvidados como últimos niños de la guardería lectores de siempre: Digo adiós.
Sip, ésta es la última Gatería que escrib...¡pérense!, ¡dejen les explico!... ¡no avienten sus tomates todavía!.
Respiro... el impulso de ser honesta parece querer brotar espontáneamente, cual vómito de quinceañera borracha:
Cuando comencé a escribir éste blog iba de salida de la etapa de mi vida conocida como "La Soltería".
Estaba a dos minutos de convertirme en esposa de Marmota (que en realidad parecía una Marmota: era gordito y pachón. Hoy no llega a suricata de lo largo y flaco que está mi pobre marido) y a ocho de volverme una mamá.
Ciertamente en ese momento tomé una decisión que creí que sería la mejor: Botaba la chamba en la consultoría de RH que hasta entonces me vió dar mis pininos en el competitivo mundo corporativo y me encerraba en casita, para que Matius no sufriera, para que estuviera bajo mi exclusivo cuidado las 24 horas del día, los siete días de la semana...
En realidad me dió terror imaginarme el día a día de una madre trabajadora con su chilpayate envuelto en un cobertor Baby Mink de los Avengers, caminando bajo la lluvia mientras dejaba al crío en sepa dios dónde, dando el alma en el trabajo y perdiéndome los mejores años de su infancia. Y en realidad tomé muy en serio mi chamba: cada festival, curso, plática, fiesta infantil, tarde de playground, parquecito time, película sosa para niños, pijamada, halloween, piñata, scouts, fucho... todo, todo me lo chuté en nombre del amor de mi hijo. Lo traje pa' rriba, pa'bajo, en carro, en avión, barco, camión, etc, etc, etc. Me consagré al Mats y me sentía tranquila de no tener que abandonar mi casa para estar al pendiente de él. Hasta ahí creía que la vida era eso y que yo jamás regresaría a una oficina.
Por ese entonces mi depresión se iba agudizando lentamente. Y escribir se convirtió en la catarsis perfecta para explicarme a mi misma el por qué si estaba donde había elegido, lloraba sin darme cuenta mientras cambiaba pañales o mientras hacía el arroz. El encontrar la parte graciosa de situaciones que tal vez no lo eran me sirvió muchísimo (¡oigan, ocho años en la autoterapia..., no es cualquier cosa!) y éste blog se convirtió en un todo para mi. Era la prueba de que no me había ganado la depre y que mi cerebro furulaba alegremente.
Pero... todo tiene un final.
Ahora debo volar hacia nuevos retos literarios, una nueva narrativa, temas diferentes y sobre todo, dejar salir a la mujer que, sin ser soltera o sin dejar de ser madre, ha descubierto que es mucho más de lo que imaginó y esperó de sí misma y de la vida.
Ahora entiendo tanta autocensura y tanto silencio en éstas semanas que los dejé abandonados: es difícil aceptar que estuviste equivocada tanto tiempo, secuestrada por tus propios miedos. La vida es como es; probé quedarme en casa y luego la misma vida me recetó la prueba que siempre quise evadir.
Qué sabia es la vida.
Qué fuerte es hacerte pedacitos nomás por miedo a volar.



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