domingo, 13 de febrero de 2022

Otro post más de maternidad...

 ¿Cómo puedo planear cosas diferentes, enriquecedoras e importantes para mi crecimiento personal si primero tengo que resolver la logística de la cotidianidad? 

Es desgastante estar viendo quién puede recoger a los niños, quién puede quedarse con ellos cuando se enferman, cuando se suspenden las clases presenciales, cuando debo salir a la oficina... Es desgastante pedírselo a la persona que tiene la obligación de hacerlo en primera instancia! 

Y con esta monserga cada semana, es imposible para mí pensar en un proyecto personal a largo plazo.

De otra manera: dejarlos solos e independientes, que se cuiden entre ellos y se atiendan provoca que entre en la categoría de "Mala madre" y no solo eso, las criaturas comienzan a sospechar que ese es un filón de oro para poder hacerse de sus chantajes y rabietas.

Hoy estoy escribiendo de esto porque la vida se me nubla cada cada comienza la semana y yo siento ahogarme en un mar de clases virtuales, clases presenciales, home office, office attending, trabajos en cartulinas, pastelitos de corazón, chingo de mails sin leer y una situación nacional caótica. 

Me abrazo solita, no estoy pudiendo 😢

miércoles, 2 de febrero de 2022

EHMM... SÍ...

Hablar.

Escribir.

De ambas, prefiero la segunda.

No es cosa rara que la primera vez que acudí a terapia, le dije a Isa que mejor le mandaba por escrito mi historia, después de haberme pasado los primeros 20 minutos en un catatónico silencio.


Siempre he sentido que me explico mucho mejor por escrito puesto que así no se notan mis torpes balbuceos, o no me suelto a llorar sin poder expresar mis sentimientos. Pero papá Freud dice que no, que el habla "...pone el material del yo en una conexión firme con los residuos de las percepciones visuales, pero más particularmente auditivas.". Ok, te concedo eso, flaco.


Pero, ¿entonces qué va a pasar con mis sentimientos introvertidos que no pueden ser expresados por culpa de mi timidez galopante?

Es cierto, queridos menos cinco lectores de siempre (¿todavía siguen aquí?), saben que soy tímida como la tímida violeta (algún día daré el contexto de mi frase, lo prometo) y que si me ponen el micrófono en la mano, lo más seguro es que lo deje caer y no precisamente en señal de rebeldía (ñam, Obama!)

Así que seguiré callando y viviendo con mi voz en off; escribiendo de esto y aquello y simplemente dejando que el mundo ruede.

(No puede ser, ni siquiera pude terminar decentemente esta entrada, ¿qué diablos...?).