jueves, 8 de diciembre de 2011

Achúuuuuuuuuuuu!!!

En la sesión de ayer, el clóset fue un tema importante.
Decía la psicóloga que el clóset representa el inconciente y que cuando uno enferma de gripa -la cual, según los preceptos de la medicina alternativa o algo así, significa "confusión mental"- lo más recomendable es limpiar el clóset pues de ésta manera se ordenan los pensamientos y la gripa se disipa.
A ciencia cierta no lo se y creo que no lo comprobaré pues me siento muy cansada y muy triste por estar enferma de un virus que se, es inevitable contraer y máxime si en casita vive muy feliz y quitado de la pena una persona que es foco contínuo de infecciones.
Y bueno, finalmente y dejando de lado mi perpetua lucha adolescente contra los consejos sabios de mi madre, no me queda más que darle puntos y reconocerle méritos cuando ella bien afirmaba en ese entonces (con tonito de "te lo dije" y "¿qué vas a saber más que yo?") que yo me enfermaba de la gripa o de la panza cuando debía enfrentar retos importantes: llámense exámenes, truenes con el novio en turno -los cuales, por cierto, llegában a mi casa para platicar con mi mamá y ponerse a llorar... jijiji... ¡lo juro!- o decisiones que marcarían el rumbo de mi siempre extraviada y dispersa vida.
O sea, que aunque me estoy haciendo guaje y lamentándome de lo lindo por cuanto rincón me brinda un poco de sombra, hay tela de donde cortar y en mi caso se que hay cosas que no pueden esperar más y que el enfermarme no es más que una llamada de atención de mi cuerpo para que ponga orden ¡IPSO FACTO! a lo que me ronda en la cabezota.
¡Porque aparte mi gripa es bien estúpida! O sea, no es una gripa bonita donde te traen caldito de pollo y tecitos herbales a la cama, ni hay quién está haciéndome piojito y hablándome chiqueadito :"¿Quierech mách chopita?", ni siquiera es la gripa donde estoy tumbada en camita con chingos de cobertores, que harían  palidecer de envidia a los saunas de Tacubaya (me han contado).
No es la gripa donde estoy vestida como indigente de viaducto, con pants, sudadera cafetacvbosa, abrigo y gorro orejero, a decir de guantes muppetosos y bufanda en colores rastas, con mis omnipresentes -y apestosas- pantunflas rosas peluche. Y menos es la gripa que te da el pretexto de desconectarte del mundo y decir: "puedes rodar sin mi y no pasa nada" (#ayajá, cálmate "salvadora del mundo mundial"). Quiero decir, no es la gripa donde puedo delegar funciones y responsabilidades para poder dormir tranquilamente un rato sin el apuro de: despierta al niño, baña al niño, viste al niño, alimenta al niño, prepara la mochila de natación del niño, lleva al niño a la escuela y regresa a tu casa a resolver todo el caos matutino que deja el niño en tus escasos 10 metros cuadrados... Y luego vuelve por el niño, para que las siguientes seis horas la misma rutina se repita con sus muy cuestionables variables.
Y si busco un poco de consuelo, se que me voy a dar un portazo en la nariz, porque inevitablemente, la vida de los demás va corriendo paralela, perpendicular o simplemente en sentido bien opuesto a la mía. Y que no es que eso esté  bien o mal; es que he llegado un tanto cuanto tarde y ya han repartido las fichas de admisión. Y claro, yo no alcancé por estar papaloteando.
Como siempre me sucede cuando me enfermo de una estúpida gripa.



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