viernes, 20 de diciembre de 2013

Os pido Posada.

Miren, francamente iba a deprimirlos por ... mmm ... centesimovigésimoséptima vez consecutiva (mi vida, otrora TAN perfecta, ahora es muy triste) pero pienso que, si de por si son menos cinco, con mis escritos depres serán menos dos o cero. Y como el ráting es el ráting, mejor será que me esnife una raya de optimismo y ponga mis deditos a trabajar, que de y por esto vivo.
Con que estamos ya muy navideños, ¿no?
Seguro que ya andan usando sus suéteres de renos y santacloses o andan en el Metro Pantitlán en hora pico con sus largos abrigos Muy berry y mitones neoyorquinos. Qué bien, la navidad -como el amor- está en el aire y todos nos trepamos en el trineo de la felicidad, fa la la la lá...
Da gusto ver cómo los espíritus de las navidades pasadas se dan vuelo visitándo a cada uno de nosotros, donde en un espejismo fantastico podemos vernos en retrospectiva, no para aprender una lección moralista, sino para darnos cuenta que en dichas navidades pasadas aún cabíamos en esos fabulosos jeans que ahora se encuentran arrumbados en el fondo de nuestro clóset, esperando una oportunidad -que jamás llegará- para volver a brillar en la pista de baile.
Y qué decir de ese ánimo pícaro y juguetón que se palpa en cada oficina de éste mundo, donde los empleados, intoxicados por la época (o el alcohol disfrazado de "taza de té verde") se deshiniben y dejan atrás el pudor frente a la plana mayor en el baile de fin de año de la compañía, tirando por la borda su  reputación al ritmo de "...Voy a cantar suaveciiiiiito...". Una joya que seguirá perpetuándose de generación en degeneración.
Pero no olvidemos lo que ocurre en la colonia -o bueno, en el fraccionamiento-. Nunca falta la vecina buena onda -o recién llegada- que ofrece su casa para dicho jolgorio sin pensar en el aquelarre que se convertirá lo que se supone es una representación religiosa.
No sospecha que las vecinas han suspirado aliviadas y maliciosas, a sabiendas que quien pone la casa está poniendo a dorar su alma en el infiernito llamado "maledicencia pública". No adivina que tras esas sonrisitas benévolas se encuentran escondidos los más negros pensamientos y actuares y jamás podría imaginar que lo que ella calculaba como "petit comitè", se transformará en un gentío peor que el de los bailes de algún cantante grupero... (no sabría yo decirles, ¿verdad?)
Y de repente, sin decir "agua va", la muchedumbre iracunda se deja sentir en su salita de 2x2 y como si se tratara de "Titanes del deshielo", la horda de mamuts (o sea, doña Pancha y demás comitiva) se dan vuelo con el baile, la comilona, el descorche y el ora pronobish. Fatal.
La buena vecina verá como sus buenas intenciones han quedado hechas añicos, como los restos de las piñatas (que ella apoquinó) y para colmo descubrirá que sus hijitos han sido amarrados en su propio cuarto y sus juguetes han sido saqueados.
Pero bueno, doña Pancha y compañía se han puesto la divertida de su vida en eso que nosotros seguimos empeñados en celebrar: las famosas posadas. Seguro que alguno de ustedes también se encuentra muy apresurado para asistir a alguna, así que seré breve: ¡Respeten la casa ajena, chihuahuaaas!
Feliz viernes posadero, queriditos...


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