viernes, 22 de julio de 2011

¿Por qué a mi?

No se si la bestia del apocalipsis ya ande por éstos rumbos, pero lo que es yo, no he visto la mía desde hace dos semanas. Me la he pasado de episodio surrealista en episodio surrealista y la verdad es que no entiendo nada de nada. Ahora sí requiero de curanderas, oshos, brujos de Catemaco y trabajadores de la limpieza de auras, para que me explíquen qué coños pasa conmigo.
La semana pasada (específicamente el jueves) al estacionarme de reversa en el garage de mi casa, tumbé impunemente el tubo del drenaje del piso superior. Y no sólo eso, por un pelo de rana estuve a punto de llevarme la bomba de agua.
Pero yo no me di cuenta, yo no lo sentí, yo no lo alcancé a "vibrar". Y tuve que ir con todo el dolor de mi corazón, a pedirle al vecino Don Ruco -el mismo al que le atropellé un perro de nombre Fluffy- que si por favor me podía ayudar. Para nada contemplé a la Marmota, no manchen, no me fuera a regañar.
Y bueno, supongo que me vio francamente desesperada pues hizo caso omiso a los gruñidos del Fluffs, para ir a ayudarme en tamaña emergencia.
Ya somos amigos y mi hijo lo adora. Comen higos juntos y le enseña a Mateo la importancia de saber usar herramientas. No sean malpensados, don Ruco es efectivamente ruco.
Bueeeeno, pensé que al haber sufrido un percance así mi suerte cambiaría y que mi vida volvería a su estúltico lugar de siempre.
Yo no se qué carajas cuentas estoy pagando (bueno, en cierto punto sí sabré) pero el chiste es que el sábado, camino al baby shower de mi amiga Danny Fernández topéme de frente con el destino. O con mi ex novio Jorge, pa ser más precisos. ¡Cháaaan-cháaan! #Escándala!
Aquello fue una escena sacada de la mismísima "Eterno resplandor de una mente sin recuerdo" pues yo francamente no pude aguantar las ganas -toda nerviosa y tembleque, cual vil colegiala- de saludarlo y preguntarle por su retoño. Y ps ya, parémosle de contar. Por cierto, no le conté a Marmota, no me fuera a regañar.
Total que después de un buen rato en caos vial, arribé a la fiestiki únicamente para darme cuenta que la vida aún tenía sorpresas para darme.
Con treinta años y contando casi treinta y uno, el saber que -fuese cierto o no- fungiste como "el gusto secreto" del chico popular/guapito del salón, cuando tú misma te considerabas "la mopet number one", es algo que no tiene explicación alguna. Ni razón de ser, ni lógica aristotélica. Pero cuando ves las botellas de ron y tequila... ahhhh, entonces todo tiene sentido.
Así fue. Confesión amorosa de un hombre entrado en licores, que sin soltar mi mano (y sin dejarme participar en los juegos de medir la panza de la mamita) se la pasó asegurándome que le gustaba muchísimo en la secundaria. Pero muchísimo... Bla!
Porrrr supuesto, de eso ni hablar con la Marmota, no me fuera a regañar.
Ay dios, como decía Raúl Velasco, aún había más en mi noche.
Al sacar mi camioncita del estacionamiento ¿por qué no? le di un ligero rayón a un Mazda
Mil quinientos pesos y que le consiga el portaplacas (WTF!) Ni una palabra a la Marmota, no fuera... ya saben.
No conforme con eso, claaaaaro, tenía que faltarle agua al radiador. Párate en Puente de Alvarado a las 21:00 hrs, busca un lugar iluminado y con gente... ¡Puts!, lo único iluminado y con gente es un changarro donde asegún venden tacos, pero hay muchas muchachas de vestiditos cortos color fucsia ¿A caso son porristas?
Me bajé, con taconcitos y todo, a levantarle la tapa al cofre. El taquero ligador que nunca falta me hizo favor de regalarme agua, quitar el tapón del radiadoreitor e invitarme un refresco. Ahí si hablé con Marmota, pero ps de qué servía. A esa hora orbitábamos en galaxias diferentes...
Me aguanté como las machas, me tragué mi orgullo y emulando a la Cristi Pacheca, me dispuse a hacer labor de investigación con las "señoritas de vestidos cortos y tacones largos".
Son la neta, de veras. Solidarias como las que más a la hora de maldecir a los hombres. Muy comprensivas cuando se trata de entender a la madre de familia sufriendo percances "por culpa de esos pendejos".
Cero cooperativas cuando les pedí que me pasaban algunos "tips" de belleza. Ni hablar de intercambiar números.
Para ésto ya eran las once de la noche y mi hijo soñaba con "Witsi witsi araña" muy lejos de mi.
Las ganas de llorar aparecían a cada instante, más que nada por mera estúpidez de no revisar mi coche antes de salir, de no poder compartir tantos sinsabores y sobre todo, de que mi ánimo estaba pero si hasta el tope y de repente, los chingadazos de la vida aparecían sin decir "agua va" (y tan carente que estaba mi radiador de ella).
Supongo, quiero pensar, que éstas son las malditas pruebas que te pone la vida. Como para ver si estás listo para pasar de año (?)
Lo único que quiero saber, antes de graduarme de la Scuola di Vita, es si de casualidad soy el amor imposible de algún compañerito de clase.
Creánme que no me quiero ir de éste mundo sin saber semejante información porque es bien feo enterarse de esas cosas cuando ya nada puede hacerse.
(Ni te emociones, Roger.)





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