jueves, 10 de septiembre de 2020

Indochina

 Mi vida se compone de muchos silencios y malos entendidos mezclados con confusiones y desprecio. No en ese orden, naturalmente, sin embargo el hecho de estar a dos semanas de cumplir CUARENTA AÑOS, me arrastra a profundizar en lo que habrá para mi en el mundo, pasando dicha fecha.

Sorprendentemente cada vez tengo más en común con mi mamá, lo cual me da miedo y gusto y confusión y un sentimiento de "ewwww" al comprender más cosas de ella que sucedieron mientras yo adolecía de juicio y sentido práctico de la vida (ayer).

Uno de esos episodios tiene que ver con la película francesa "Indochina", protagonizada por Catherine Deneuve (¡diosa!)y Vincent Perez (¡puuuuuuutssssss!), donde en medio de la guerra de independencia de dicho territorio, ellos dos se entrelazan en una especie de triángulo amoroso con la hija adoptiva de Catherine. Nada que Corín Tellado no nos hubiera platicado antes, sin embargo en la época a la que me estoy refiriendo, Corín no hubiera podido describir que yo a los 14 años era una cosita escurridiza, planita y rellenita desproporcionadamente, que se le notaban todavía los cachetes de la infancia pero con un corazón que llameaba ardientemente por Ovidio, por Badillo, por Juan Paco Pedro de la mar laralaralara y los que se fueran acumulando, mientras que mi muy jóven mamá de ¡33 años! los hacía suspirar a ellos.

"Tu mamá es muy guapa", "¡Qué jóven es tu mamá!" "Parecen hermanas" eran comentarios comunes en la boca del galán en turno y para mi eran una mezcla de tortura y orgullo. Yo se los platicaba a mi  mamá como quien se practica un hara kiri, un tanto para espiar su reacción y otro tanto para sacar el veneno de mi alma. Ella, como cualquier mamá cuerda y madura, me decía "pues tú diles que así como está ella, así me voy a poner". Eso no aliviaba mi malestar, pero al menos me daba esperanzas de poder dejar en algún momento el capullo de oruga al que estaba condenada en ese momento.

Sobra decir que a los 33 años no me puse como ella me lo prometió.

Ni alcancé un nivel de madurez como el que ella tenía en ese momento, con hija adolescente e hijito de 5 años.

Al contrario, los 33 me encontraron escribiendo mis andanzas en éste apestoso blog, más regordeta de lo esperado y con un Matius de tan solo 6 años, con el que andaba de arriba pa' bajo como hermana mayor/hermano menor.

Sin embargo, a toda oruga le llega el momento en el que se convertirá en ya saben qué (no me hagan decirlo, es el cliché más sobado de la literatura) y no se, pero creo que ésta vez estoy a punto de lograr llegar al nivel de Catherine Deneuve, donde voy decidida por la vida en mis manos, llena de orgullo por mí misma, por mis caídas, por mis tropiezos, por mis errores y dolores y mis horribles cortes de pelo fallidos que han acompañado cada cambio.

Siento una sensualidad recorriendo mis venas, una cosquilla en mi panza solamente de imaginar el sabor de una fruta, el aroma de un nuevo perfume o el descubrir intereses bastante disparatados, cuya única finalidad es llenarme de experiencia... ¡aaaaasu!

Y qué exquisito es saberse una mujer con cuarenta años que no necesita aparentar menos (aunque, cof...cof... si aparento) y ver que el mundo sigue esperándola con más ganas que nunca (y bueno, con una pandemiecita algo prolongada y mortal), ansioso de verla eclosionar y treparse rápidamente a la ola, consciente de su suavidad, de su encanto y experiencia, emulando al agua que todo lo vence porque a todo se amolda pero sin dejar de observar su esencia.

Total, a este punto pueden decir lo que gusten y yo seguiré andando con mi aire garboso de avestruz en tacones y drogas, pensando en lo hermoso que es la vida, en lo bello que es crecer y sobre todo, lo tranquilizante que es el hecho de que Papita apenas tenga 5 años y pueda ser todo lo irresitible y coqueta que quiera ya que para ese momento, su mamá estará más preocupada por  su cadera ortopédica, hacerle la vida de cuadritos a la nuera y con la abosluta certeza de que él la observa y mira con el deleite con el cual la miraba a sus 39 años... justo dos semanas antes de cumplir 40.

Sí, queridos menos 5 lectores de siempre... no es Arjona quien me tiene sonriendo.

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