viernes, 21 de febrero de 2014

QUIERO SER ASTRONAUTA.

Recuerdo el año del '88 no sólo por ser el año en el que Miguel De la Madrid salió por la puerta trasera y dejó el país (no en manos de mi amado padre, como él mismo me aseguró. Ver Gatería 18/11/2011) sino por ser el año en el que me aliené gracias al olimpismo.
Sí, queriditos míos, tengo que confesar que #soyDeLasQue lloran en las ceremonias de apertura/clausura de los JO, la que se sabe récords, tiempos, fechas y hasta lo que desayunan los atletas; la que se obsesiona con cada detalle del país anfitrión, lee su historia, trata de conocer su música y sobre todo, de procurar poner un poco de su ahorro personal para -ya si no viajar- al menos para comprar un libro de algún autor local.
Recuerdo perfectamente 1988 por ser el año en el que canté por quince días consecutivos la tonadilla pegajosa de canal 5 "Seúl, Seúl, Seúuuuuuul.... ¡ochentayocho!" mientras bailaba como panda gordito alrededor de mi casa y con mi leotardo rosa "Cannon mills", me echaba marometas en la cama de mis papás, cual Daniela Silivas compitiendo por el Oro en el "all around" de la gimnasia artística. ¡Alienada, pues!
Tal vez la cosa hubiera quedado en mera anécdota de café, pero el destino quiso que ese mismo año se celebraran en Calgary, Canadá, los Juegos Olímpicos de Invierno... Así que, cada tarde en compañía de mi  sacrosanta madre, nos recetábamos la transmisión de las competencias: veíamos a las patinadoras sobre el hielo sufrir las caídas en cada Triple Axel, Salchow o Loop que intentaban, mientras en mi cabeza loca ideaba la manera de sentir esa emoción y adrenalina que me provocaba ver a Alberto "La Bomba" Tomba al bajar de la montaña en sus esquíes, (y la cual logré resolver -parcialmente- al ponerme mis patines de baleros e impulsarme con dos escobas por todo el patio) .
Aparte de pensar que era guapo y se parecía a Mijares (C'mon!, era una párvula!), para mi Alberto Tomba representaba lo que a los ocho años suponía debía ser una carrera, una profesión o el ideal de una vida: la de enorgullecer a tu país. El ver cómo sonreía mientras sonaba el "Fratelli d'Italia" y la medalla áurea colgaba de su pecho, me dió en la madre. A esa edad quedé impresionada con la sensación de querer darle un motivo de orgullo a mi país, a mis papás, a mi familia ¡a quien fuera, chingao! Ese sentimiento -poderosísimo-  de realización personal a través de la fama, me duró hasta los primeros minutos de la clase de Historia, en primero de secundaria.
Cuando el profesor -que a las claras se veía que era un Mr. Nobody en potencia- pidió que dibujáramos nuestra meta en la vida, no dudé en dibujar un podio olímpico, con la bandera de México en primer lugar (¡oh dios, escrito se ve peor de lo que fue!) y mucho confetti alrededor.
Saliva le faltó al profesor para terminar de decirme que aquello era imposible, pues debía gustarme un deporte y practicarlo desde chica (y no, el patinaje de patio no contaba), que para destacar de manera intelectual debía ser muy inteligente (y a juzgar por mi dibujo, no se veía claramente que lo fuera) y un largo etcétera, etcétera, etcétera...
Mutis en clase.
Sí, obviamente duele que te rompan las ilusiones, tanto a los doce como a los 33 años...
Obviamente sabemos que no se tocaron las notas del "Himno Nacional Mexicano" por mi causa, ¿verdad?
También está documentado que no existe -ni existirá- una competidora llamada Dana Juárez. Ni en Olimpiadas de Verano ni de Invierno.
Pero sí sabemos que cada uno de nosotros tuvo un sueño, un ideal que hacía palpitar su corazón y que a veces era lo único que nos sostuvo en tiempos de incertidumbre y zozobra.
Todos soñamos de chicos con algo que colmó nuestras fantasías infantiles de dulces esperanzas y hubo otros -como yo- a los que les dijeron "Uy mi'ja, eso es imposible"
Algunos de nosotros tenemos hijos, sobrinos o primos chiquitos y es maravilloso escuchar sus "Cuando yo sea grande..."
En la total inocencia, el Matius me ha llegado a preguntar: "Mamá, ¿qué quieres ser cuando seas grande?"
A veces mi adulta enojada quisiera contestarle un "¡Pues tu mamá!".
Pero -afortunadamente- siempre sale al quite esa Danita-pandita, que llena de ilusión le contesta: "¡Tal vez sea esquiadora. O astronauta!"
Crecer duele y ser adulto más. Pero no está bien que dejemos atrás nuestra capacidad de reinventarnos o de sorprender por el solo hecho de ver cómo aumentan las velas (y las deudas) en nuestro pastel.
Hoy, ustedes y yo seamos valientes y demos un paso más para hacer sentir orgullosos al niño que alguna vez fuimos...
En la vida habrá muchos Profesores de Historia que les tratarán de frenar en su camino pero, con fe en ustedes mismos, se que nos veremos todos en la cumbre...

¡Porque el Slalom Gigante nos estará esperando!



Avisos Parroquiales: La Gatería felicita previamente a menos una de sus menos cinco lectores de siempre, la queridísima "Nené", la única, original e irrepetible Carmen Pimentel.
¡Feliz cumpleaños, amiga!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Eres un amorTete!!! M hiciste llorar!! Justo cuando la depresión esta haciendo añicos mi salud fisica y mental , apareciste!! Te quiero mil gracias x todo

Dana dijo...

De nada, te quiero mucho también y deseo que seas feliz,tanto en tu cumple como en la vida ;)