domingo, 17 de mayo de 2015

LA PIEZA FALTANTE

Hace cosa de un mes, salí debajo de mi piedra para ir "de tiendas", como se decía en la muy próspera década de los 90. Iba consciente de dos cosas: mi cuerpo no estaba en su mejor momento y el hecho de compartir la salida con las marmotas no iba a ser precisamente halagadora: un esposo ansioso por verme embutida en cada modelito recién llegado de Colombia (gracias, Studio F, por deformar la visión de la moda) y en los que obviamente no quepo; un niño con una clara propensión a aburrirse en cuanta tienda fuera a ser arrastrado y una bebé que no me permitiría olvidar que antes de mi, está su hora de siesta y de "titi".
Pus bueno, a ver en qué carambas terminaba aquello...
En cuanto llegamos a Perisur mi cabeza comenzó a punzar: en cada parada que realizamos hubimos de toparnos con hermosas mujeres altas, delgadas, cabello planchado y liso cual baba de nopal, maquillaje adecuado, ropa ceñida, lindos tacones y un aironazo que provocaban con sus súper mega pestañas postizas tipo Ambar Ramos. Todo un sueño. Yo, claro, iba con mis "mommy pants" a falta de entrar en otra cosa, huaraches y el pecho cruzado cual "adelita", con el rebozo elástico que me regaló Axelita; pelo amarrado en indefinido molote y cero maquillaje porque no me dio tiempo ni de pasarme el lipstick.
¡Aquello era un complot contra mi! ¿Cómo era posible que en el día que paseaba con mi familia (y en el que parecía una homeless) me tuviera que encontrar con todo aquello que no era? ¿Acaso era un castigo por ser tan vanidosa en mi juventud que ahora tenía que pagarlo con sangre? ¿Era necesario que MI marido estuviera volteando como búho exorcizado ante el desfile de aquellas bellezas?
*Espacio para tomar aire...
No, no, no y no. Nada de conspiraciones universales ni cosas chuecas, estaba viviendo en carne propia el fenómeno psicológico llamado "La pieza faltante" (The missing tile) o lo que es lo mismo "andas viendo en otros lo que crees que te falta a ti".
Según la teoría (y el documental que vi en Yutub) la gente se concentra en notar sus carencias en lugar de vivir plenamente con lo que cuenta. Un calvo añora el pelo de la gente que lo rodea en lugar de ser feliz por el simple hecho de estar vivo. Así que lo que mi muy retorcida mente notaba era la guapura/frescura/hermosura de las muchachas y aún más, lo que me ofendía en gran medida era el hecho de sentir que yo ya no estaba guapa ni atractiva; al menos no después de haber hecho aparecer mágicamente un bebé y sus subsecuentes cuatro primeros meses. Era para morirse de rabia...
No les voy a mentir, no pude concentrarme en mis cualidades ese día, ni siquiera pude pensar en esa posibilidad; me quedé apabullada por el sentimiento de "soy menos" y yo creo que estuvo bastante intenso pues mis chicos mejor me llevaron a la librería "El Péndulo" para que se me pasara el berrinche y ya no pensara en mi apariencia física. ¿Que si funcionó? Un poco, a medias. El hecho de que en mi reciclaje mensual de bolsas aparezcan más aquellas que son de cierta librería amarilla con nombre de libertador hindú puede darles una idea de qué es lo que me preocupa más por cultivar... si yo ya lo se, no puedo ser una belleza ultra producida, nunca lo he sido en su totalidad porque nunca me ha interesado, tonces ¿a qué venía tanto drama aquel día en el centro comercial? Pos sabe... pero una cosa si es segura: por si las dudas, la Marmota me regaló un certificado de regalo para arreglarme el pelo y las uñas y las cejar y bla, para probar si aquello es lo que necesito.
Yo creo que pensó: "¡Ay San Conejo de las Conchas, ayúdame! ¡¿Qué haré con esta mujer?!...
Por lo pronto, Marmota, dejar de voltear según tú "discretamente" a ver a las modelos colombianas de Studio F...



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