miércoles, 3 de noviembre de 2010

Pagando cuentas...

Es imposible (y hasta un poco triste) llegar a los treinta sin tener el corazón roto o, en su defecto, haber roto corazones a lo largo de una vida.
No es cuestión de gracia o de risa, pues vulnerar a un ser humano, además del karma que uno carga, lentamente va mermando la capacidad de amar.
Y por partida doble que nos rompan el corazón, aparte de rompernos la madre y el esquema, nos deja con chichones muy difíciles de olvidar.
El Karma es cuestión moral, uno puede creer en ello o simplemente ir por la vida actuando de acuerdo a su institnto sin pensar en las consecuencias.
Cuando el destino nos alcanza y nos presenta la factura de lo que debemos, sentimos que el universo no basta para escondernos de tan nefastas consecuencias. Ahí sí nos encomendamos a todo lo encomendable para salir lo menos raspados posible.
Ay, pero somos humanos finalmente... y a nadie le gusta sufrir, a nadie le gusta sentir pesados los párpados.
De golpe me ha llegado el destino, me presentó una factura que había endosado hace mucho tiempo... creí que jamás me cobrarían lo que debía.
Pero no.
La vida es y sigue, en cualquier modalidad; como el lugar común de un río que fluye sin detenerse...
Te deseo de todo corazón que tu felicidad sea eterna, gozoza... Tal y como lo mereces.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Vaya que si la vida nos pasa factura ! En mi caso te puedo decir que me libre y escape muchas veces del llamado ''diablo'' ''destino'' ''karma '' o lo que sea, y me ha pegado en donde me ha dolido más, nunca he sido un hada de la felicidad, pero sin duda en estos meses conoci en carne viva la depresión y perderme el respeto al grado máximo. Pero como también dicen nada es por siempre, poco a poco mi alma vuelve a mi cuerpo y me siento mejor día a día ...
Besitos !!
Dulce Veneno
=)