lunes, 21 de septiembre de 2026

Fortachona y Cuarentona.

Me dicen que soy fuerte.

Qué puedo con todo lo que se me pone enfrente.

Qué no me rindo, que no suelto la responsabilidad.

En mí opinión, soy una mujer que teme a las consecuencias. Que jamás contradijo los mandatos maternos y los paternos, los elevaba a rango constitucional tan sólo por la necesidad de ser vista y amada por "Pá".

Y si ustedes me pagaran la terapia, podría decirles con franqueza que muero por soltarlo todo. Que mis ganas de meterme un gabbazo y no despertar en 36 horas no suena exagerado. Que no sé de dónde sale esa electricidad que me hace aferrarme a sostenerlo todo, aunque no me sostenga prácticamente nada: ¡el peso de todo un metrobús confinado a mi dedo meñique!

Mi papá está enojado conmigo porque ayer le pedí que parara con sus comentarios sarcásticos sobre cualquier cosa que yo decía. Normalmente lo dejo pasar, me río con algunos de sus chistes, escucho sus disparates y a veces lo defiendo de la "neura" de mi mamá. En mi mente, por supuesto. A la mamá se le da el avión siempre.

Pero ayer ya no estaba aguantando la asfixia de hacerme chiquita para caber. Parecía que no habían sido suficientes 45 años dejándolo ganar y creer que no tengo pensamientos rosas, que no deseo un amor bonito, que los vestidos hampones no me maman, que soy una... Cursi. Y exploté. Suavecito, obvio.

Y, tal como rezan todos los libros de psicología, cuando el límite molesta, es porque alguien se beneficiaba de la falta de ese límite. 

Y aquí es donde digo que ahora entiendo por qué piensan que soy fuerte: porque no hago ruido mientras cargo. Porque nadie conoce el interior de mi corazón cuando se encuentra amando, sintiendo, deseando, sosteniendo; resistiendo estóicamente a que llegue mi hija con una sonrisa enorme y un ramo ídem de flores amarillas, regalo de su padre.. quién pasó a dejárselas a mi casa, acompañado de su pareja. Es necesario aplicar anestesia para no tocar mi humanidad, para razonar las emociones de no ser el objeto del afecto de alguien que regala flores amarillas (o whatever) just because,  de tener un papá que no puede con la emotividad de su hija, al grado de elegir negarla y de ver con ojo clínico el origen de mi fortaleza y que ésta no es ninguna virtud.

Es supresión emocional en estado puro.

Las chicas que pueden solas son fuertes.

Las chicas fuertes no lloran.

Las chicas solas no deben llorar.

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