La primera vez sentí nervios.
Llevo 8 meses y se sigue sintiendo como la primera vez. No sé bien a bien por qué. Quizás porque esto es una vuelta de 180 grados en mi vida. Porque no hay zona de confort, porque no había expectativas, ni experiencia ni nada en mi vida que pudiera darme una idea de lo que esto iba a ser.
Bueno, al menos no del lado del que estoy ahora...
Comencé llevando a Mateo a los scouts a la edad de 6 años. Ya lo llevaba a la biblioteca de CU, a la feria del libro, a museos, a tomar chocolate a Coyoacán y teníamos un gato en la casa, ¿qué más "Dana" podía ser? Lejos quedarían las idas al estadio Azul y los taquitos en Las Cebollas al final de cada partido, al fin que la ilusión se había quebrado un poco con la perdida del torneo de clausura 2013, así que el llevarlo a los scouts sería el precio que pagaría por terminar yéndole al Cruz Azul, dejándome sola con mis Pumas
Total que lo llevé durante algunos años. Yo había sido scout durante mi niñez y adolescencia y lo dejé por falta de recursos y exceso de ocupaciones (no, no trabajaba de cerillito -aunque hubiera sido bueno), por lo que sentía que volvía a vivir muchas experiencias y quería ser parte de todo eso. Sinceramente me estaba planteando volver y ser parte de la administración o de la dirigencia pero, no terminaba de convencerme o animarme. Tal vez lo que me gustaba era el jefe del grupo.
En el inter, nos mudaríamos de casa, estaría embarazada de Alondra, caeríamos en una crisis económica, yo regresaría a trabajar y finalmente, Marmota y yo nos separaríamos.
No le duró más el encanto, pues estaba pronto a abandonar la sección menor y crecer lo aterraba, así que decidió no volver más. Ouh, ok.
Pasó el tiempo y le llegó el turno a Alondra.
Acudimos a otro grupo, uno que parecía estar escondido entre árboles y con una actitud cálida, sin pretensiones ni egos desbordados. Era la más pequeña, se lastimó horrible la segunda vez que acudió y a la tercera, ya estaba trepada en el autobús para ir a un campamento con toda la provincia. Su energía, su amor por los scouts, su seguridad, su constancia me llenaban de alegría pero, sin el apasionamiento de mis años con Mateo. Llegaba, la dejaba y me retiraba del local, dejando que fluyera libre y sin mi mirada expectante. Traté de pasar desapercibida, no volver a cometer los errores que tuve con Mateo, no ilusionarme ni tratar de invadir un espacio que no era el mío.
Honestamente no sé que pasó. De una charla en broma con las otras mamás queriendo molestar con que abriera la sección menor (porque no había), de Alondra diciendome que "por qué la mamá de fulana sí se va a asociar y tú no", de ver que la mamá de fulana tomaba la promesa sin sentirla, unicamente para poder ir a los campamentos con su hija, de ver al hermanito menor de un scout andar ahí de revoltosito con las secciones mayores y la abuela diciendo que sentía feo que él quería entrar a los scouts pero que no había sección menor... Ay, la neta no sé. Sólo sé que a finales del 2025 el jefe de grupo me dijo "Si tú quieres, abro la sección menor. Tú vas a decidir cómo organizarte, cómo trabajar, yo te voy a ayudar".
No me dijo "ay, ándale, es que no hay nadie.", tampoco me doró la pildora ni nada. Una pura y simple demostración de confianza hacia mi persona. Eso fue oro molido para mí. Yo, la que vengo arrastrando tanto dolor personal por no sentime valorada en el trabajo y de repente, alguien quien no me conoce al 100, me propone comenzar un proyecto.
Así que el 10 de enero del 2026, me vestí con mi camisola amarilla, mis pantalones azules y mil dudas dentro de mi cabeza. No tenía idea de si irían niños, si habría alguien o si iba a aguantar los nervios. Me recibieron con mucha alegría y pensé que todo era coser y cantar. Pero, no.
Ser scouter no es improvisar con el tiempo de los niños que ponen su confianza en uno; no es divertirlos con las cosas mundanas que viven todos los días, es llevar un metodo, es en verdad preparar a la niñez para la vida. ¿Cómo iba yo a prepara a alguien para la vida con dos horas a la semana? Eso sonaba muy sospechoso.
Y poco a poco mi instinto, mi experienia como mamá,y mi nerdismo me fueron ayudando a darle forma a una manada de lobatos y lobeznas que cada semana me hacen sentir que todo vale la pena: los nervios, el no conocer a nadie cuando voy a los cursos, el estar en el foco porque soy la nueva, la inexperta, la entusiasta simplona, la que todo mundo le da consejos sin pedir. La que llegó a la fiesta cuando ya todos estaban ambientados y se pone a bailar y a disfrutar como loquita, mientras la ven raro. La que tiene una manada chiquita pero que acude a todos lados con ella, la que desfiló con mucho orgullo, la que levanta un campamento sin experiencia, lo desmonta y lo vuelve a montar, la manada que canta fuerte, la que duerme junta hecha bola en una sola casa de campaña, la manada de los hermanitos menores... la que en su primer evento de provincia (ayer sábado 08/08) les ganó a todas las manadas. Manadas más numerosas, con dirigentes souts "de toda la vida", manadas que no son nuestra Manada y que por ello, no ganaron.
Estoy muy feliz por el triunfo de mis niños, me siento honrada con poder llevar los mismos colores que ellos y poder ayudar a dejar el mundo en mejores condiciones. ¿Suena idealista?, pues lo somos. ¿Suena bobo y nerd?, díselo a la cara a los miles de jóvenes que portan en su lado izquierdo la promesa de cumplir sus deberes, para con Dios y la Patria. La promesa de ser y hacer siempre lo mejor, la promesa de estar siempre listos para servir.
Yo lo estoy.