lunes, 18 de mayo de 2026

Who knows? Who cares?

 Me pareció correcto que, durante 17 años, escribir se tratara de la explicación que yo le daba a la vida que estaba transcurriendo en esos momentos. 

Mis personajes eran basicamente las personas que viven, trabajan, ríen y pelean conmigo. Sin embargo, cuando comencé a omitir información importante (NOVIOS), me quedó claro que no estaba siendo congruente ni feliz.

Así que dejé de escribir, porque el amor era el motor de este blog. 

Y cuando se acabó el amor en mi corazón y llegaron los amantes, entonces sí que la vida se revolvió lo suficiente como para sentir que no queda nada que valga la pena escribir sobre mí.

Y no es pesimismo, fatalismo, estupidez.

Es que llegué a un punto en la vida donde no es necesario explicarme la vida, ni justificar, ni exponer ni nada en un espacio que me queda pequeño :(

Mi hermosa Gatería, tan llena de balbuceos del Matius, de Papita, del Dr. Mitocondria, de sus hijitos, de mis papás, de mis abuelos, de mis tías y primos. 

Llevo diez años en un lugar que me ha transformado y que no deja de hacerlo. Y en ese inter, la vida también cambió y mis paradigmas y pensamientos radicales se suavizaron o simplemente se esfumaron.

El Matius está por entrar a la Universidad... ¿se acuerdan cuando les dije aquí que estaba embarazada?

La Papita está casi por entrar a la secundaria (un año le falta) y es la chica más rebelde que he tolerado. 

Claro, porque es mi hija.

La Marmota vive feliz (eso espero) con su pareja, mis papás siguen en lo suyo, la familia crece, el tiempo encanece mi cabello, mi maestro favorito ya supo que me gustaba en la universidad, mis mejores amigas están en pareja, con hijitos, con gatos... 

Y yo soy una supernova cargada de mucha información, responsabilidades y capacidades.

No he logrado aún romper el techo de cristal de las madres autónomas pero, lo intento con todo mi corazón todos los días.

No viajo, no voy a restaurantes ni conciertos. Las lecturas se han ido diluyendo un poco y los kilos aumentando y sinceramente, hoy tengo muchas ganas de llorar.

Pero me aferro al ejercicio básico, a lo único que conozco y que me salva a pesar de mi reticencia: la escritura.

Cada día menos wow, cada día más insulso. Sin rumbo, sin estilo, sin mucho glamour. 

Probablemente escribo como una jubilada en birkenstocks y una cebolla a media nuca.

Quizás me muera con todo el contenido de mi talento bajo las uñas y un destello de viveza en el ojo izquierdo. 

Afortunado aquel que me amortaje, pues presenciará la contracción poderosa de ésta supernova.

Alejo estos pensamientos, estoy consciente que lo peor que puedo hacerle a mis hijos sería morirme.

Aunque muera de ganas hoy.

Aunque muera por despedirme de éste lugar.

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