domingo, 9 de agosto de 2026

Scout de corazón

 La primera vez sentí nervios. 

Llevo 8 meses y se sigue sintiendo como la primera vez. No sé bien a bien por qué. Quizás porque esto es una vuelta de 180 grados en mi vida. Porque no hay zona de confort, porque no había expectativas, ni experiencia ni nada en mi vida que pudiera darme una idea de lo que esto iba a ser.

Bueno, al menos no del lado del que estoy ahora...

Comencé llevando a Mateo a los scouts a la edad de 6 años. Ya lo llevaba a la biblioteca de CU, a la feria del libro, a museos, a tomar chocolate a Coyoacán y teníamos un gato en la casa, ¿qué más "Dana" podía ser? Lejos quedarían las idas al estadio Azul y los taquitos en Las Cebollas al final de cada partido, al fin que la ilusión se había quebrado un poco con la perdida del torneo de clausura 2013, así que el llevarlo a los scouts sería el precio que pagaría por terminar yéndole al Cruz Azul, dejándome sola con mis Pumas 

Total que lo llevé durante algunos años. Yo había sido scout durante mi niñez y adolescencia y lo dejé por falta de recursos y exceso de ocupaciones (no, no trabajaba de cerillito -aunque hubiera sido bueno), por lo que sentía que volvía a vivir muchas experiencias y quería ser parte de todo eso. Sinceramente me estaba planteando volver y ser parte de la administración o de la dirigencia pero, no terminaba de convencerme o animarme. Tal vez lo que me gustaba era el jefe del grupo.

En el inter, nos mudaríamos de casa, estaría embarazada de Alondra, caeríamos en una crisis económica, yo regresaría a trabajar y finalmente, Marmota y yo nos separaríamos. 

No le duró más el encanto, pues estaba pronto a abandonar la sección menor y crecer lo aterraba, así que decidió no volver más. Ouh, ok.

Pasó el tiempo y le llegó el turno a Alondra. 

Acudimos a otro grupo, uno que parecía estar escondido entre árboles y con una actitud cálida, sin pretensiones ni egos desbordados. Era la más pequeña, se lastimó horrible la segunda vez que acudió y a la tercera, ya estaba trepada en el autobús para ir a un campamento con toda la provincia. Su energía, su amor por los scouts, su seguridad, su constancia me llenaban de alegría pero, sin el apasionamiento de mis años con Mateo. Llegaba, la dejaba  y me retiraba del local, dejando que fluyera libre y sin mi mirada expectante. Traté de pasar desapercibida, no volver a cometer los errores que tuve con Mateo, no ilusionarme ni tratar de invadir un espacio que no era el mío.

Honestamente no sé que pasó. De una  charla en broma con las otras mamás queriendo molestar con que abriera la sección menor (porque no había), de Alondra diciendome que "por qué la mamá de fulana sí se va a asociar y tú no", de ver que la mamá de fulana tomaba la promesa sin sentirla, unicamente para poder ir a los campamentos con su hija, de ver al hermanito menor de un scout andar ahí de revoltosito con las secciones mayores y la abuela diciendo que sentía feo que él quería entrar a los scouts pero que no había sección menor... Ay, la neta no sé. Sólo sé que a finales del 2025 el jefe de grupo me dijo "Si tú quieres, abro la sección menor. Tú vas a decidir cómo organizarte, cómo trabajar, yo te voy a ayudar".

No me dijo "ay, ándale, es que no hay nadie.", tampoco me doró la pildora ni nada. Una pura y simple demostración de confianza hacia mi persona. Eso fue oro molido para mí. Yo, la que vengo arrastrando tanto dolor personal por no sentime valorada en el trabajo y de repente, alguien quien no me conoce al 100, me propone comenzar un proyecto. 

Así que el 10 de enero del 2026, me vestí con mi camisola amarilla, mis pantalones azules y mil dudas dentro de mi cabeza. No tenía idea de si irían niños, si habría alguien o si iba a aguantar los nervios. Me recibieron con mucha alegría y pensé que todo era coser y cantar. Pero, no.

Ser scouter no es improvisar con el tiempo de los niños que ponen su confianza en uno; no es divertirlos con las cosas mundanas que viven todos los días, es llevar un metodo, es en verdad preparar a la niñez para la vida. ¿Cómo iba yo a prepara a alguien para la vida con dos horas a la semana? Eso sonaba muy sospechoso.

Y poco a poco mi instinto, mi experienia como mamá,y mi nerdismo me fueron ayudando a darle forma a una manada de lobatos y lobeznas que cada semana me hacen sentir que todo vale la pena: los nervios, el no conocer a nadie cuando voy a los cursos, el estar en el foco porque soy la nueva, la inexperta, la entusiasta simplona, la que todo mundo le da consejos sin pedir. La que llegó a la fiesta cuando ya todos estaban ambientados y se pone a bailar y a disfrutar como loquita, mientras la ven raro. La que tiene una manada chiquita pero que acude a todos lados con ella, la que desfiló con mucho orgullo, la que levanta un campamento sin experiencia, lo desmonta y lo vuelve a montar, la manada que canta fuerte, la que duerme junta hecha bola en una sola casa de campaña, la manada de los hermanitos menores... la que en su primer evento de provincia (ayer sábado 08/08) les ganó a todas las manadas. Manadas más numerosas, con dirigentes souts "de toda la vida", manadas que no son nuestra Manada y que por ello, no ganaron.

Estoy muy feliz por el triunfo de mis niños, me siento honrada con poder llevar los mismos colores que ellos y poder ayudar a dejar el mundo en mejores condiciones. ¿Suena idealista?, pues lo somos. ¿Suena bobo y nerd?, díselo a la cara a los miles de jóvenes que portan en su lado izquierdo la promesa de cumplir sus deberes, para con Dios y la Patria. La promesa de ser y hacer siempre lo mejor, la promesa de estar siempre listos para servir.

Yo lo estoy.

miércoles, 5 de agosto de 2026

Si ya saben cómo soy...

Recientemente leo mucha quejadera de mi forma de proceder y pienso: es que nadie ha pedido las cosas de la manera en que me gustaría que me las pidieran pero, ¡oye!, yo no vuelvo a mencionar que vengo con instrucciones.

Y para haber vivido muchas cosas durante 45 años, creo que es justo creerle -¡por fin!- a mi criterio.

No quiero volver a pasar por la desagradable situación de hacerle el favor a la gente de no lidiar conmigo, poniéndome blandita, facilita, o suprimiendo partes bien importantes de mí, que no son necesariamente las mejores, o siquiera buenas, solo porque esa gente no tiene las herramientas emocionales, o la voluntad -es que qué pinche flojera da ser autocrítico; mejor echarle la culpa al otro- para entenderme. Son mis cosas y punto. Así se acepta a la muchacha o le mandamos a otra. 

Creo que pasa con muchas chicas: somos "demasiado" y ni siquiera la palabra "buenas" viene detrás de esa. No quiero enfrascarme en una batalla de sexos, de mujeres vs hombres, de filosofía barata de gurús de la masculinidad ni chicas Cosmo, no. Quisiera hablar desde la experiencia de no buscar más a la pareja ideal ni que busquen en mí a su pareja ideal, amable público conocedor.

Oh, wow, no supe cómo salió esto último pero es exactamente lo que quiero decir. No busquen en mí nada de lo que ustedes creen que desean, necesitan, demandan, pues los deseos (y no me refiero al DESEO) no van a coincidir con la realidad, a menos que tengamos los mismos objetivos de trabajo personal. Y que justo por ello, terminan decepcionados y mentando madres. 

Ya no basta con ser buenas personas, se requiere que hagan trabajo espiritual y como a la gente lo que menos le gusta es mirarse hacia adentro, déjenos a los que ya caminamos ese sendero y olvídense de que cumplamos con sus ideas mafufas del amor. 

No, no, no, no me pregunten si ya llegué, si ya me fuí, si ya comí, si ya cagué. Eso, para mí, quedó en la secundaria. Eso es amor de manual y francamente es de risa.

 Olvídense de que los tenga presentes 24/7 en mi cabeza: soy Directora Jurídica, soy madre de dos entes que orbitan en su propio universo, sobrepienso muchísimo, tengo mil cosas en la cabeza, tengo muchas cosas que leer, tengo padres que empiezan a requerir ciertos apoyos, tengo una gatita en la oficina y una en la casa, soy guía scout de niños -no jóvenes, no jóvenes adultos, ¡niños!-, y sí, vivo hasta el carajo. Me levanto temprano, mi jefe me odia, la ciudad no coopera y yo ya no tengo la tolerancia y paciencia necesidad de agradar de hace años. Y no es queja, la verdad. Amo cada pelusita que forma mi vida.

¿Suena egoísta? No necesariamente, folks. Solo les estoy diciendo que cuando he querido compartir mi vida, he sido jalada hacia el ideal ajeno, hacia los deseos un tanto infantiles del pretendiente, a su apego ansioso. Y miren, yo también he estado ahí, tampoco es que me haga la mega macha pero, hoy por hoy eso ya no es sostenible para mí. Me costó trabajo personal llegar al punto de no culpar a mis papás, de aceptarme con todos mis matices, de ser responsable de mi felicidad.

He entendido que necesito tiempo, cuidados, mimos, salidas, entendimiento ciego, autocrítica, dormir en el momento que me da sueño, desaparecer de la faz de la tierra y que no se me esté preguntando si estoy bien. No puedo con la responsabilidad de cuidar un cactus, menos la de cuidar un vínculo 24/7 tal como quisieran o se imaginan en su ideal romántico.

Como dice mi Chepe Chepe: 

Eso que tú me pides es imposible
Yo sé que no he nacido para rey
Ni para príncipe
Tú quieres admirarme
Te has confundido
No sirvo para estar en un altar
Ni ser tu ídolo
Recuerda cuántas veces te lo dije
Cuántas veces te advertí
Soy así
Así nací y así me moriré
Con todos mis defectos
Ya lo sé
Nunca te engañé, nunca te mentí
Nunca lo negué
Soy así
Y sé muy bien que nunca cambiaré
Y acepto mi destino tal cual es
Nunca te engañé, nunca te mentí
Nunca lo negué

¡Y ya!

Mi corazón vive muy feliz en un hotel de paso, con su baño tibio (¡tibiooo! jajaja),  con sus libros y sus horarios complejos, sus pinturas, su música, con sus ups and downs, sus silencios, sin sentir remordimientos por ser como soy. 

Recuerden cuantas veces se los dije, cuantas veces lo advertí...

domingo, 26 de julio de 2026

Update necesario.

Llegar a teclear estos signos gráficos significó dejar a una púber llorando de dolor de costillas, pestañas y corazón en mi cama, chillando por mi atención y nada más que mi atención, sortear el ametrallado de preguntas/comentarios random del joven que vive en mi casa y que se encuentra jugando videojuegos al lado de mi escritorio, lo que supuso ponerle un másking en la boca y advertirle que llevo dieciocho años maternándoles y que necesito 10 minutos para mí. Esto, mientras tengo el WA repleto de mensajes scouts de todas las manadas de México que están en el Rally Nacional de Manadas, al cuál no acudí porque sigo teniendo un trabajo impredecible, hijos que cuidar, gatos que alimentar y un complejo sistema de micromanagment que no ha podido prescindir de mí. 

Bueno, con esto quiero decir que la vida desde que abrí el blog ha fluído de maneras curiosas, radicales a veces y siempre con un mismo objetivo: que mis hijos sean felices conmigo, yo ser una buena mamá para ellos.
Estas letras son testigos de que no siempre lo he conseguido de manera permanente, al cien, super wow y sin dolor. Bien al contrario, es un camino acuoso por la cantidad de lágrimas con las que lo hemos ido pavimentando. Y aún así, en éstos minutos que estoy escribiendo esto, experimento una hermosa calma, paz y completitud. 

Estoy feliz de aceptar lo que no puedo cambiar: el no poder tomar el café en calma, sin interrupciones, el seguir sintiendo que no tengo el suficiente tiempo para leer, escribir, pintar o simplemente ver doscientos tiptops de carritos coreanos llenos de peluches. A cambio, tengo una nena que se está convirtiendo en una joven con una visión muy diversa de la vida, cuyos colores rosa, morado y azul los lleva con orgullo a todas partes y me ha hecho su lugar seguro para poder ser y crecer en todos los sentidos. Me siento muy feliz de que hay en ella la semilla de una feminidad orgullosa de serlo, de una admiración, gratitud y curiosidad por la vida. Me encanta que no claudica en lo que cree, ni en lo que le gusta. Ya sé, ya sé, lleva mi rebeldía en su cabello largo y suelto, mi encanto en la sonrisa con la que se burla de todo lo que no casa con ella. Por otro lado, el joven Matius es el chico del año con su calma y buen corazón. De repente empezó a crecer y no dejó de hacerlo. Con su uno ochenta y cabello largo y chino, está listo para unirse a la Facultad de Psicología en Ciudad Universitaria. Por supuesto, estoy muy orgullosa de él, estoy feliz de que su fuerza de voluntad lo ha puesto en donde ha apuntado y no se suelta del baobab para nada.
Y yo... ok, me he quejado sistemáticamente de la maternidad, de las responsabilidades, del trabajo y de la falta de tiempo y ahí voy y me inscribo a los scouts. A dirigir la manada de lobatos del grupo de Alo. No solo eso, me comprometí a full y estoy tomando todos los cursos habidos y por haber. Estoy muy orgullosa de mí, no lo voy a ocultar. Me siento feliz de poder usar mi uniforme, de sentirme poderosa con mi pañoleta y mi silbato, lista para dirigir y hacer fuertes a los niños a mi cargo. Me ha quedado claro que lo mío es el cuidar, guiar, dirigir. Ya no voy a luchar contra eso, lo abrazo con todo mi ser.
Servir se ha convertido en una manera suave de poder vivir en paz conmigo y con mi alrededor.

Y de mi experiencia en los scouts, seguiré platicando más adelante. Si algo he aprendido es que he intentado cerrar este blog ene mil veces y la vida siempre me da motivos para regresar.

En fin.

lunes, 18 de mayo de 2026

Who knows? Who cares?

 Me pareció correcto que, durante 17 años, escribir se tratara de la explicación que yo le daba a la vida que estaba transcurriendo en esos momentos. 

Mis personajes eran basicamente las personas que viven, trabajan, ríen y pelean conmigo. Sin embargo, cuando comencé a omitir información importante (NOVIOS), me quedó claro que no estaba siendo congruente ni feliz.

Así que dejé de escribir, porque el amor era el motor de este blog. 

Y cuando se acabó el amor en mi corazón y llegaron los amantes, entonces sí que la vida se revolvió lo suficiente como para sentir que no queda nada que valga la pena escribir sobre mí.

Y no es pesimismo, fatalismo, estupidez.

Es que llegué a un punto en la vida donde no es necesario explicarme la vida, ni justificar, ni exponer ni nada en un espacio que me queda pequeño :(

Mi hermosa Gatería, tan llena de balbuceos del Matius, de Papita, del Dr. Mitocondria, de sus hijitos, de mis papás, de mis abuelos, de mis tías y primos. 

Llevo diez años en un lugar que me ha transformado y que no deja de hacerlo. Y en ese inter, la vida también cambió y mis paradigmas y pensamientos radicales se suavizaron o simplemente se esfumaron.

El Matius está por entrar a la Universidad... ¿se acuerdan cuando les dije aquí que estaba embarazada?

La Papita está casi por entrar a la secundaria (un año le falta) y es la chica más rebelde que he tolerado. 

Claro, porque es mi hija.

La Marmota vive feliz (eso espero) con su pareja, mis papás siguen en lo suyo, la familia crece, el tiempo encanece mi cabello, mi maestro favorito ya supo que me gustaba en la universidad, mis mejores amigas están en pareja, con hijitos, con gatos... 

Y yo soy una supernova cargada de mucha información, responsabilidades y capacidades.

No he logrado aún romper el techo de cristal de las madres autónomas pero, lo intento con todo mi corazón todos los días.

No viajo, no voy a restaurantes ni conciertos. Las lecturas se han ido diluyendo un poco y los kilos aumentando y sinceramente, hoy tengo muchas ganas de llorar.

Pero me aferro al ejercicio básico, a lo único que conozco y que me salva a pesar de mi reticencia: la escritura.

Cada día menos wow, cada día más insulso. Sin rumbo, sin estilo, sin mucho glamour. 

Probablemente escribo como una jubilada en birkenstocks y una cebolla a media nuca.

Quizás me muera con todo el contenido de mi talento bajo las uñas y un destello de viveza en el ojo izquierdo. 

Afortunado aquel que me amortaje, pues presenciará la contracción poderosa de ésta supernova.

Alejo estos pensamientos, estoy consciente que lo peor que puedo hacerle a mis hijos sería morirme.

Aunque muera de ganas hoy.

Aunque muera por despedirme de éste lugar.