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sábado, 13 de septiembre de 2025

IT COMES THE FALL...

 Ella se encontró parada sobre sí misma, con la pantorrilla izquierda doliente del calambre maldito que la atacó a media noche. Sonriendo al espejo, tímidamente, mirando las verruguillas de sus ojos, las manchas cafetosas que se comenzaban a apoderar de su rostro y los ojos bien chiquitos, cansados de mirar el panorama siempre en gris.

Que sus días han tenido colores varios, es un hecho.

Están pintados del rojo de su sangre mensual, del azul de los pensamientos de la ratita menor y los negros de la ratita mayor. Tiene el amarillo de las veces que ha reventado la yema sin querer y el morado de las causas que protege. No hay emoción violenta, pues ha aprendido a gestionar la forma en que el mundo estúpidamente le contesta a todas y cada una de sus peticiones. Está centrada en el "aquí y ahora", está definitivamente casada con el "resuelve en chinga y luego averigüas/te sobas/lloras/te alimentas". Así ha pasado la vida desde hace nueve años. Así han sido cada uno de sus días y en esa mezcladora gigante en la que ha convertido su vida, se van filtrando relaciones románticas fallidas, estrés, ascensos, aterrizajes forzosos y mucha, muchísima renuncia. "Qué monserga", alcanza a mascullar cada que la vida le trae un caudal de situaciones que malabarear. "Lo voy a escribir en el blog", se promete cada que una idea medianamente brillante le cruza por la cabeza. Sin embargo, poca monserga queda sin atender y nada de ideas alcanzan a quedar plasmadas en el blog. La vida no alcanza, la vida de la mujer sobre la cual estoy escribiendo, cada día se vuelve la casa de la loca de los gatos, llena de tiliches e interminables cosas por hacer.

Esa mujer soy obviamente yo y el 01 de septiembre la vida me volvió a poner un sacudidón (a nivel de cancha, tampoco se espanten). Yo creo que la muy bitch dijo "esta vieja está muy cómoda, como que no trae suficientemente llenas las manos, ¿qué es eso de que ya le están alargando las citas de la terapia?" y ¡sopas, perico!, el primer día de clases de los niños que viven en mi casa fue el día en el que se me recetó un señor putazo, pues me di cuenta que ya no soy la cándida treintona que enfrentó sola al mundo hace 9 años, solo que yo sigo en las mismas y ya no quiero/puedo.

Fue poético e inspirador ser la chica joven con dos ratitas chiquitas abriéndose paso en el mundo  y resolviendo, pero ahora que soy "grande", esa falta de estructura y recursos ya no se ven chidas. 

Veo que mis congéneres han ido avanzando y logrando metas materiales muy merecidas, veo que otras tantas han alcanzado estabilidad y un cutis envidiable a causa de su balance hormonal y mental; incluso el padre de las criaturas ha vuelto a rehacer su vida, muy tranquilo, muy ecuánime y yo, la mamá todoterreno, sigue luchando porque sus llantas se atascan en el lodo de la maternidad, la domesticidad y los gatos, la litigada, la gestionada y la puercada (porque soy abogada del "Porno Rosa", acuérdense).

Alondra entró a quinto de primaria en la misma escuela donde el Matius cursó kínder y parte de la primaria. Para ella, es la 6ta escuela que cursa desde que es bb. Para mí, regresar a ese lugar tan conocido, siendo una mujer diametralmente opuesta a la que fuí mientras los sueños (que luego supe que eran más bien pesadillas) del Mat se enredaban en sus pestañas es una locura. Porque no hubo espejo, punto de comparación del antes y el después mientras no regresara yo al pasado. Me fui como hilo de media en la vida, me trepé  a los niños en el coche y nos fuimos en chinga a recorrer cada etapa de su vida. Fue una madriza, queridos menos cinco lectores de siempre, una auténtica putiza de "tope, frena, acelera". Ni la pinche Rosa Gloria Chagoyán hubiera podido (con esas piernotas) correr como he corrido yo, llevandome de corbata a Alo y Mat. No sé, estoy muy triste. Siento que me he dedicado a sobrevivir y mi cuerpo y mente ya no pueden más. Siento que mi gestión ha dejado muchísimo que desear y que no logré lo que yo sentía que estaba destinada a lograr. Siento que verdaderamente fallé a todos y cada una de las metas y expectativas que creí que iba a alcanzar y eso me quiebra. Mientras estoy escribiendo esto, una familia está firmando lo que parece ser un contrato de promesa de compraventa de un bien inmueble (mi maldita tendencia a parar la oreja cuando escucho la palabra "contrato de usucapion") y claro que pienso en lo genial que sería que mis ratas se sintieran tan seguras y felices en la serie de viajes, lugares, situaciones que se merecen...

Respiro. 

Intento hacer el groundind que el sr. Lehmann me enseñó la vez que me estaba dando un ataque de ansiedad.

Dejaré de martirizar a mi corazón porque este día lo tengo libre, ya que las ratillas se encuentran en sus diversas actividades (el uno, en sus clases de inglés del Celex, la otra, con los scouts, haciendo toallas sanitarias reusables para las niñas de escasos recursos).

La siguiente vez que escriba, seguramente estaré en el mismo lugar, con la misma gente. Y nada, a veces la vida se trata de entender y aceptar que no se es tan súper.

Y vivir con eso.


martes, 7 de mayo de 2024

Adelante, corazón...

 ¿Dónde está esa chica?

Todos se están preguntando “¿en dónde está esa chica?” y la chica les responde:

Estoy viviendo mi duelo. Atravieso una crisis y mi forma de afrontar las crisis es esconderme en mi madriguera de gatita salvaje, lamiendo mis heridas, curando mi corazón roto y fortaleciendo nuevamente mis patitas cansadas de brincar de sobresalto en sobresalto.

Había demasiado ruido en mi cabeza.

Dice Andrea Echeverri: quiero desintoxicarme, cortar esta dependencia antes que sea tarde.

Aclarado lo anterior… ya viene el 10 de mayo, gente. Aquella fecha donde los hijos rinden tributo a las mamás (las suyas, las ajenas) y yo estoy aterrada. Me purga celebrar y que me celebren el día de las madrecitas… argh, no lo aguanto.

Pero acá las cosas las están facilitando bastante. Matius ya no me va a bailar el ratón vaquero porque la UNAM está falta de recursos y porque en su primer año de prepa… ¡exentó todas sus materias! Y la escuela de Papita se está volviendo woke y en vez de celebrar el día de las mamacitas, va a celebrar “el día de la familia”… perfeeeecto, así le puedo endilgar la monserga a su papá y ¡vámonos! A chiflar a la loma.

Qué importante es dejar los convencionalismos, aunque mis tías piolín alcen la vista al cielo y digan que se están perdiendo los valores. Mi maternidad está hecha sí, de cuadros hechos de sopa, pero también de canciones de Kanye West, de dibujos incomprensibles (para el público) con técnicas mixtas, de pelos de gata en mis abrigos y de mucho amor por mis dos bellakos inocentes que me han aguantado en ésta y otras crisis donde el mundo prácticamente se me estaba desbarajando.

Tener compasión de las madres que maternan  con el corazón roto es la nueva resistencia porque no está fácil, chavos… la neta tener la cabeza bien puesta para hablar de condones rotos, niños que gustan y que ya piden besitos en la mejilla, un jefazo que pide lo imposible en temporada de elecciones ¡y luego tener el chingado corazón roto!... ´ta cabrón, gente.

Y aquí va la parte dos: mi mamá mía de mi… ha sido el refugio que nunca imaginé encontrar. Voallorar, pérenme tantito…

Cuando le dije que ps que todo había valido chetos, me miró con compasión, se llevó la mano al corazón y me dijo que lo sentía mucho. Me dijo textual: lo siento mucho, se cuánto querías que funcionara. Y yo lloré y ella me dijo lo que siempre me decía desde que estaba en la secundaria y los vatos no me hacían caso por fea: Tú estás muy bonita, ya llegará el indicado. Besitos.

Todos dicen eso, “ya llegará el indicado”. Mi corazón no se consuela con eso pero entiendo que lo que menos desean es dejarme en desolación y agradezco su intención.

Por el momento solo quiero seguir en mi madriguera, algún día mi lengüita rasposa se cansará de lamer la cicatriz y entonces saldré de ahí, como una marmota cuando termina el invierno.

(La de a devis, no La Marmota, jajaja).

miércoles, 28 de febrero de 2024

Rompieron un cristal, pero no mi voluntad.

Estoy cansada de perder.
De perder y de que me arrebaten. 
De que me arrebaten y de que yo no quiera conservar. Estoy harta de fingir que no pasa nada cuando me pasa todo un río de problemas,  sentimientos y dolores bajo mi puente. Estoy cansada de querer gritar lo mucho que me duele perder, ser robada, ser víctima y que la voz de la consciencia mundial (esa estúpida, estúpida voz) me diga que "cuando dios te cierra una puerta, el diablo te abre una ventana para que te vayas de cuernos y sigas batallando en el infierno".
Estoy asqueada de tener que encontrar un "para qué" de todas las putas pérdidas que experimento.
Estaba en negación, ahora estoy en franco enojo.
Estoy harta de tener que minimizar mis pérdidas o mis sufrimientos porque alguien más ha perdido más o la pasa peor que yo o la chingada. ¿Qué puuutas cosas nos enseñaron en lugares como el catecismo, la clase de ética nicomáquea y los retiros espirituales en la Mariápolis? 
Estoy enojada conmigo misma porque con las pérdidas, me pierdo a mí misma... ¡a mi, chingadamadre, a la única persona que jamás debería soltar de la mano! Y me enfurece saberme tan herida, tan vulnerable, tan perdida y sin encontrar. Tan llena de dolor y no poder bajar la guardia porque hay que seguir operando y nadie va a venir a rescatarme, excepto yo. Y cómo hacerlo si estoy más alejada de mi misma que de la talla que tenía a los 23 años.

Con la penúltima pérdida se fueron ocho años de trabajo, sin embargo, sé muy en el fondo (y por eso me hierve más la sangre) que esto sí tiene un "para qué ", aunque me tenga que morder la cola para aceptarlo...

Sucedió para entender de una buena vez que ya no soy ni volveré a ser esa Dana-Bambi de 35 años, la cual regresaba a casa con culpa, directo a amamantar y revisar tareas de fracciones. La que acumulaba información en lo que aprendía a aplicarla, la que no sabia mucho de la industria y que por ende si fracasaba, tenía todas las disculpas a su favor pues era una aprendiz, una auxiliar.

Lo que he estado lamentando es esa pérdida de aquella etapa y tengo miedo a tomar consciencia y darme cuenta que SOY una mujer de 43 años con la experiencia y madurez suficientes para rehacerse, para aceptar que da miedo crecer y aprender a putazos pero, que a veces es la manera en la que sí o sí se terminan por asimilar las verdades.

Ok, respiro... ya me siento mejor.
No hay computadora, USB ni Drivers que se comparen con la Pentium (¿Lentium?)que tengo en la cabeza... 
Se que la tendré que resetear varias veces cada que no quiera jalar y que en el último de los casos, le ponemos el motor de la licuadora y ¡agárrense mis plebes! porque de que volamos en infinitum, volamos en infinitum.

Y bueno, no fue en el 2000 sino 24 años después pero, finalmente se cumplió lo que la pitonisa Natalia Lafourcade predijo: "...ya no soy, ya no soy la infantil criatura, la inocencia se acabó".

Sí, se acabó.
Porque a Bambi le temblaban las patitas y a mi... a mí no me tiembla nada.