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domingo, 7 de mayo de 2017

"HABLA CON LA PARED" (ESCRITOS ATRASADOS VOLÚMEN TRES)

RELEER ÉSTE POST REALMENTE ME HA HECHO LLORAR...
COMPLEMENTA EL VOLÚMEN UNO).



Es tan simple que me asombra el no haber pensado en ello antes...
Hola, soy Dana y debo aceptar que padezco de distimia desde hace mucho, muchísimo tiempo. Que en éste mismo blog he hablado -tal vez en serio, tal vez no- al respecto. Que me he reído de mi padecimiento (me niego a decirle enfermedad) y que de ella brotan a veces cosas buenas y a veces cosas malas, es cierto. Que en ocasiones la he podido tener a raya sin la necesidad de medicamentos, es verdad. Que a últimas fechas los acontecimientos de mi vida la han disparado a niveles que me hacen temer una recaída... lamentablemente sí.
Tener una condición mental como la distimia (una especie de "ligera" depresión... que en realidad no es tan ligera) a veces me hace sentir avergonzada de mi misma. ¿Cómo es que una mujer como yo, con mucha salud, amor, cariño, inteligencia y suerte puede tener algo como eso? En realidad no es cuestión del mundo exterior sino de la sinapsis de mi cerebro. Y entender de fisiología para dejar de sentirme abochornada debería ser suficiente, pero a veces no lo es. A veces sentir que no eres suficiente es suficiente para deslizarte por la pendiente de la desolación, con pocos vuelos de vuelta.
Y cuando estoy en ese brete, generalmente siento que nadie me comprende. Y me dejo ir poco a poco como el río; desaparezco del mapa. Me enconcho. Me blindo. Funciono pero no existo...

viernes, 13 de noviembre de 2015

FRANCIA Y LO QUE NO ES JUSTO.

A Francia me ligan menos cosas de las que yo en realidad quisiera.
Nunca me enamoré bajo la luz rosada de sus atardeceres parisinos ni me propusieron matrimonio a las orillas del Sena. Mis perfumes favoritos no vienen de 31 rue Cambon y obviamente mis hijos no vinieron vía cigüeña desde París... pero mi historia y la de media humanidad (y eso es un cálculo muuuuy somero) tiene una deuda grande con Francia: libertad de expresión.
El día de hoy éste Blog estaba dedicado a la Feria del Libro (que irónicamente está dedicada a Francia) pero como señal de respeto hacia los acontecimientos que viven en estos precisos momentos, dejaré esta imagen aquí.
Encierra todo aquello que no está bien, no solo en Francia sino en el mundo. Donde creo que somos más las personas que queremos un mejor lugar para vivir...

sábado, 18 de enero de 2014

Solo un poco más...

Ok, es momento de sincerarse y aceptar que ni en un millón de años mi vida volverá al mismos punto en el que se encontraba un año atras y que oficialmente me han dado la bienvenida al club de los "Tristes por siempre".
Y mientras la tragedia te empuja al abismo, una debe sonreír, sonreír, sonreír...¡payasito! pues no le puedes romper el encanto a una casa del árbol o a un partido entre la escuadra de Rusia y la del Toluca, simplemente por no saber guardar las proporciones.
La realidad es esta, queridos menos cinco comprensivos lectores de siempre: hay tres personas en extremo cercanas a mi, que se encuentran luchando por su vida.
A la primera se le fue sumando la segunda y luego la tercera... no es fácil pensar en gatitos o dulces o globos a punto de reventar. Es más,  no atino a hilar alguna idea para el cumpleaños de mi Matius.
Y en este limbo personal me ha pillado el tiempo y se me ha echado encima con muchas cuestiones que resolver y muchos sinsabores por sortear.
El cuerpo, la salud, la buena alimentación, los "hubiera" médicos... todo es un bucle en el tiempo, todo apunta hacia una espiral decadente e imparable.
Y yo quisiera envolverme en periódico como a los aguacates para madurar a la velocidad de la luz y poder entender (de una buena vez) de qué se trata este rollo llamado vida.
Nada me llena, mi propia existencia me empieza a pesar...
Y luego esta el hecho de que no compartes la alegría de nada.
Dices que si, pero en realidad el dolor y la preocupación se fusionan en una bola que tapa tus conductos de la felicidad,  tal como lo haría una bola de pelo en la tubería de tu baño.  Y claro, se borra tu sonrisa y pone a tus ojos en alto.
Es cuando gruñes porque el vecino tose dentro de su casa. O porque sus maleducados perritos no callan su ladrido frente al 122 de Hacienda del Conejo, o porque la alegria de los noviecitos es un insulto a tu insensible sensibilidad.
Nadie nos diseñó para mirar estoicamente como un ser amado se consume frente a nosotros.
Estamos hechos para que nuestro corazón se desgarre y querramos transfundir nuestra sangre desesperadamente hacia el cuerpo que parece irse apagando poco a poco.
Tampoco estamos hechos para bajar los brazos con franca resignación. Ni para entender los misterios de la vida sin agitar un poco el puño hacia el cielo.
No estoy hecha para dejar ir a quien  hasta hace poco formaba parte de la base de mi pirámide.
Ni para entender que la vida es un eterno aeropuerto colmado de llegadas y partidas.
Todas siempre dolorosas...