Escribo esta última entrada (del 2025, pérense) mientras una cubeta de pollo KFC me está esperando en la mesa, junto a las uvas que me dejó mi mamá y la coquita que me llegó en un pedido de pozole del lunes. Los niños que viven en mi casa no se encuentran precisamente en mi casa: andan retozando (y seguramente, desquiciando) en la casa de su papá y su madrastra. Y no me voy a disculpar por lo último que acabo de escribir.
Mis papás salieron de su casa muy guapos y perfumados, con dos bolsas de comida para repartir "la abondanzza" que los caracteriza. Los entiendo y amo; con mucho orgullo reconozco que el haber podido trascender mis berrinches de décadas con ellos, es de los mayores logros de mi año (y de mi vida).
Claro que todos se alejaron preocupados cuando vieron que eran las 15:00 horas y yo seguía en pijama. No solo pijama, sino con ojeras, con una tos de perro checoslovaco en invierno y pañal (porque toso y mi suelo pélvico me pasa factura de dos embarazos). Ya sé, soy el sueño dorado. Ni yo me esperaba terminar así en una noche vieja. Pero, el cuerpo de infarto se acaba, los matrimonios no son para siempre, los hijos no son chiquitos eternamente, los papás tienen su vida y yo no le he puesto mucha atención a la mía ultimamente.
Sé que en el post pasado dije que estaba tranquila por la manera en que se estaba cerrando el año. Así es, lo confirmo. Estar sola en la víspera de año nuevo no es una tragedia. Creo que es lo correcto: pasar el año nuevo con la persona más importante en mi vida, consintiéndola, amándola, cuidándola. El estar "en todos lados todo el tiempo" es agotador y, aunque la mayoría de las veces lo he hecho con gusto, pocas ocasiones he podido disponer de tiempo incluso para sentarme y disfrutar una comida. Este es el evento más poderoso de mi año, por lo que veo. Ni siquiera la noche en la que comí gomitas alegres con un famoso actor de Televisa se le iguala. Me gusta la idea de saber que no traicioné nada de lo que creo, me gusta el hecho de estar frente a esta pantalla, escuchando los éxitos de High energy que se quedaron sonando desde mi última conexión en la oficina, imaginando a Danita chiquita, que bailaba sola en el patio de alguna casa de Neza, en el Edomex, cerrando un año de mucho trabajo como mamá (¿cómo olvidar que inauguré el año en Urgencias con la Papita o las sesiones maratónicas de terapia con el Mats?), como abogada, como estudiante, como hija, como amiga y hasta como ex pareja.
Antes de las 00:00 horas, cerraré los ojos y daré gracias por todo lo vivido:
Gracias por todos y cada uno de los desafíos que me mantuvieron en movimiento, por las lecciones aprendidas, por las personas que llegaron, las que se fueron, las que han permanecido, los besos, los abrazos largos, los cafés, la música, los gatitos, las caras nuevas, el amor, la vida.
Y pediré con mucho fervor salud para poder seguir jalando mi carreta cuesta arriba, con todo lo que trae siempre adentro.
Deseo que ustedes tengan un bonito festejo de año nuevo y que, en donde estén y con quien estén, sepan que yo estaré pidiendo por ustedes... Ya estará de Dios que pida que les llegue abondanzza o un saco estiercolero...
Jajajaja...!
Feliz año nuevo!
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