domingo, 21 de febrero de 2021

 No hay forma de escribir esta entrada sin tener apachurrado el corazón.

Sentir un escalofrío que te recorre la espina dorsal mientras escuchas estas palabras "Él ya no está con nosotros", recordar de golpe todos los momentos que estuvo en tu vida, que tú estuviste en la suya. La familia que deja, la esposa, las hijas, los nietos y bisnietos con los que te hermanas en dolor. Porque es dolor de pérdida, de no querer creer que te arrancan pedazos de tu vida así de repente, que es inexplicable, que nos muestra momento a momento lo frágiles que somos y lo necesitados de consuelo y de amor divino para no sucumbir ante el mismo dolor.

Quiero abrazar a mi papá, a mi abuela Ofe, a mi tía, a mis primas, a toda la familia que hoy queda en silencio mientras unimos el corazón para despedir a mi tío Erasto. Mi tío que me cantaba "Las mañanitas" con su guitarra, que me hacía repelar cariñosamente, únicamente para hacerme pensar diferente.

Se me acabó la infancia de golpe. 

Se me acabó la inocencia y tal vez un poco de esperanza en poder vencer este maldito virus. 

Mañana amanecerá y pido a Dios que el enemigo nos de tregua en algún momento.

Amén.

viernes, 16 de octubre de 2020

YO, MAMÁ.

 No se si estamos sumergidas en una neblina de contradicciones o es que tan solo el dolor lo enterramos muy profundamente para que no salga a atacarnos como fiera en medio de la noche, sin embargo, el resultado de no poner un alto y sanar dicho dolor nos ha conducido a más problemas y más generaciones de mujeres vulnerables, asustadas o incompletas.

Hablo de ser mamá, hablo de ser hija, hablo de ser mujer.

Mientras escribo esto, tengo al lado mío a una niña que está literalmente con el cabello suelto, revuelto, con su pijama y playera blancas con manchas de cátsup y chocolate y unas pantunflas de unicornio sin cuerno. Para mí, es la imagen más hermosa del mundo. Para los condicionamientos del pasado (o sea, lo que opinan mi mamá, mi abuela, mi bisabuela...), esto es inaceptable. Y al no corresponder a sus ideas, de inmediato hay un rechazo hacia la vaga de mi hija y su aún más vaga mamá, que parece ser la peor madre del mundo por no seguir la línea al pie de la letra.

Ese rechazo duele y te madrea cuando tienes 5, 15, 22, 40 años y así se puede seguir una, hasta el final de sus días. Y si tuvimos descendencia, se los heredaremos en automático hasta el día del juicio final, dejando a generaciones de mujeres anuladas y sometidas por la falta de empatía, de amor y aceptación de las mismas mujeres de la familia y por ende, de la sociedad en general.

¿Y quién gana esta guerra? Podría decirse en automático que los hombres, pero no es tan sencillo.

Gana quien ve en la carencia de amor propio de una mujer la oportunidad de ventaja y negocio; gana quien se nutre del dolor y ansiedad de aceptación de una mujer que no supo ser valorada ni amada desde niña. Entonces tenemos una horda de insumos que nos quieren meter el amor propio y la autoaceptación mediante maquillaje, ropa, revistas y modelos femeninos nada sanos, nada útiles y completamente innecesarios, ya que lo que necesitamos en realidad es terapia, contención y auto aceptación para seguir adelante por la vida, sintiéndonos orgullosas de nosotras mismas, sanando a la niña herida y mucho más importante: dejando de cargar en nuestros hijos esas cadenas de tortura y dolor.

Por ello, doy gracias por las experiencias dolorosas que me han abierto más los ojos y que me permiten ver la belleza en las manchas de catsup, chicle en el pelo y la falta de vergüenza de mi niña.

Gracias, porque sanando yo, la ayudo a que sus cimientos sean verdaderos y fuertes. La ayudo a alcanzar todo el potencial que trae en sí misma y que saldrá para que haga lo que ella quiera hacer de su vida, sin necesidad de sentir que debe complacerme.

Así que dejaré esto por aquí e iré a revolcarme en el pasto donde ahora corre descalza, a disfrutar su risa y sus juegos. Sintiendo paz y tranquilidad de ser ella y nada más.

Así acepten y abracen a su niña interior. Sánenla, recupérenla, ámenla.

¡El despertar es maravilloso!

viernes, 9 de octubre de 2020

LO COTIDIANO.

 Estos días que regresé a la oficina han sido días de volver a adaptarse a una realidad que yo me resisto a llamarla "nueva", pero que en sí es diferente y que ya ha marcado sus cambios en todos nosotros. No se si aún haya alguien afuera que piense que todo es como siempre y que nada ha cambiado, para mi y mis ratitas maldosas ha sido todo un show de cambio, adaptación y resignación.

Las cosas que me sorprenden en positivo son por ejemplo mi gusto adquirido por hacer burbujas de jabón por las tardes; como si en esas delicadas esferas multicolores se fueran condensadas mis tristezas, esperanzas, pensamientos y deseos y partieran hacia cada destino que mentalmente le impongo. Si llego a casa y Alo no me pide que salgamos a lanzar burbujas, yo soy quien tiene que jalarla de la manga y urgirla a que deje el tedio del encierro y se una conmigo a esa diversión "pero poquito, mamá", me advierte. Seguro tiene mil cosas más interesantes que hacerle compañía a su filosófica madre, pero ¿qué quiere?, uno no escoge a sus padres ni a las mañas que éstos se carguen (no cierto, Evita u.u).

Por otro lado, mi muy puberto Matius da muestras de estarse amargando un poco antes de siquiera llegar a los 15 años, edad permitida para azotarse y tirarse al drama por cualquier cosa y considerarlo ya "una crisis juvenil" más que un "berrinche de niño chiquito" y lo observo volverse más irónico y sarcástico en su humor, cosa que en el fondo me gusta pero me preocupa enormemente que crezca pensando en que la vida no es sino un montón de circunstancias hiper cagadas, donde lo mejor que uno puede hacer es pitorrearse de ellas y dejar que el espíritu decaiga un poco, para luego rescatarlo con una frase ingeniosa y plasmarlo en un blog... ups.

Y en esa combinación de tedio e ironía, ambos chamacos me traen ya de bajada.

Por ejemplo, Mats sucumbió (¡por fin!) a la Pottermanía, se leyó los siete libros en mes y medio y luego adoctrinó a su hermana mediante las películas; al rato ya jugábamos dentro del mundo mágico de Harry y sus amigos lanzándonos hechizos para hacernos invisibles (buenísimo para meterme al baño a llorar, comer chocolate y revisar mis mensajes), creando pociones mágicas y escogiendo a nuestro personaje. Cuando yo dije que pedía ser Luna Lovegood, Alondra me contestó "no, tú eres nuestra elfina doméstica"... ¡zork!. 

Y bueno, no hablemos de Mateo que como ya les adelanté, está pasando por una fase "chistosa" y obvio, su blanco favorito es su mamá.

Está bien; no puedo ni quiero ser tan rígida o educarlos en valores para un mundo que tal vez ya no esté para cuando regresen al exterior. Honestamente en este momento voy siguiendo mis instintos y también dejándome llevar por la corriente del Mediterráneo, mientras ellos cotorrean y se divierten, se pelean y se bufan al mismo tiempo. Tal vez esto es lo que tanto esperé y soñé cuando la familia se modificó: tener una identidad como familia, algo que nos identificara solo a los tres. Y quien sabe, igual y hablar de caca y sus colores primarios sea lo nuestro.

Disfruten a la familia que ustedes eligieron y déjense envolver por su atmósfera; también sean flexibles cuando lleguen miembros nuevos. 

Feliz Viernes, casi normal.



miércoles, 23 de septiembre de 2020

CUARENTONA EN CUARENTENA

 Los treinta... 

Recuerdo cuando hace 10 años estaba muy sacada de onda por cumplir justo treinta y convertirme en una "doña treintona". Claro que había razones personales para sentirme así: ya era mamá, ya estaba "amarrada", a cargo de una casa y bastante aislada del mundo. Sentía que todos mis amigos seguían y seguían en la fiesta y la soltería y a mi ya se me habían acabado los bailes y las desveladas.

Sin embargo al cumplir 36 años, la vida me demostró que nada está escrito en definitivo y me sacó de la inercia, zona de confort, etc. y sin querer, me reinventó en un híbrido de Melanie Griffith en "Working girl" Andy de "El diablo viste a la moda" y "Doña Lucha", haciendo todo por amor a sus hijos.

Esa recta final de los treinta fue bastante educativa e ilustrativa, ¿eh?, como ya se los he platicado y creo que por ello no siento tanto el dejar el tercer piso, pues las lecciones las sufrí pero las aprendí y de la diversión, me basta con la fiesta que traigo por dentro y que se manifiesta con mis niños, con mis papás y hermano (manque sea vía Whats'app), con él, con mi banda virtual y mis primas. Ya la temporada de cacería terminó, la temporada de pesca también y tan tán, se acabó. Se me aplacan todos.

Jajaja, muy probablemente seguirán las lecciones, pero también están ya los cuidados, el caltrate, las mastografías, el "yo hubiera sido go-go dancer, pero  me chingué la rodilla", el bajarle al café y meterle a los vegetales, la leche de soya y las cremas para las patas de avestruz por las noches. 

Dicen que los cuarenta son los nuevos 20´s y que a las mujeres no les da la mentada crisis de los 40 que les da a los hombres... pienso que efectivamente no nos da, porque somos más seguras, más fregonas, ,más libres y lujuriosas que nunca y eso se notará definitivamente en todas nuestras acciones, pero sobre todo en la expresión de felicidad al dormir, sabiendo que has dado batalla y aún habrá muchas posibilidades de re inventarte constantemente. 

¿Esto lo sabían las abuelas?, probablemente. Mi muy querida abuela Luisita antes de morir me dijo que siguiera siendo feliz, que fuera feliz con las decisiones que estaba tomando en ese momento. Que no me arrepintiera de nada porque luego los remordimientos pesaban más que los años. Ella sabía lo que traían los años y me transmitió su conocimiento, lo cual agradezco enormemente. Gracias abuela, gracias mamá, gracias papá... fuente perfecta...fuente perfecta...fuente perfecta.


Adiós, mis thirty, flirty and triving, hola cuarentona, coquetona y buenona... ¿o como era?

jueves, 10 de septiembre de 2020

Indochina

 Mi vida se compone de muchos silencios y malos entendidos mezclados con confusiones y desprecio. No en ese orden, naturalmente, sin embargo el hecho de estar a dos semanas de cumplir CUARENTA AÑOS, me arrastra a profundizar en lo que habrá para mi en el mundo, pasando dicha fecha.

Sorprendentemente cada vez tengo más en común con mi mamá, lo cual me da miedo y gusto y confusión y un sentimiento de "ewwww" al comprender más cosas de ella que sucedieron mientras yo adolecía de juicio y sentido práctico de la vida (ayer).

Uno de esos episodios tiene que ver con la película francesa "Indochina", protagonizada por Catherine Deneuve (¡diosa!)y Vincent Perez (¡puuuuuuutssssss!), donde en medio de la guerra de independencia de dicho territorio, ellos dos se entrelazan en una especie de triángulo amoroso con la hija adoptiva de Catherine. Nada que Corín Tellado no nos hubiera platicado antes, sin embargo en la época a la que me estoy refiriendo, Corín no hubiera podido describir que yo a los 14 años era una cosita escurridiza, planita y rellenita desproporcionadamente, que se le notaban todavía los cachetes de la infancia pero con un corazón que llameaba ardientemente por Ovidio, por Badillo, por Juan Paco Pedro de la mar laralaralara y los que se fueran acumulando, mientras que mi muy jóven mamá de ¡33 años! los hacía suspirar a ellos.

"Tu mamá es muy guapa", "¡Qué jóven es tu mamá!" "Parecen hermanas" eran comentarios comunes en la boca del galán en turno y para mi eran una mezcla de tortura y orgullo. Yo se los platicaba a mi  mamá como quien se practica un hara kiri, un tanto para espiar su reacción y otro tanto para sacar el veneno de mi alma. Ella, como cualquier mamá cuerda y madura, me decía "pues tú diles que así como está ella, así me voy a poner". Eso no aliviaba mi malestar, pero al menos me daba esperanzas de poder dejar en algún momento el capullo de oruga al que estaba condenada en ese momento.

Sobra decir que a los 33 años no me puse como ella me lo prometió.

Ni alcancé un nivel de madurez como el que ella tenía en ese momento, con hija adolescente e hijito de 5 años.

Al contrario, los 33 me encontraron escribiendo mis andanzas en éste apestoso blog, más regordeta de lo esperado y con un Matius de tan solo 6 años, con el que andaba de arriba pa' bajo como hermana mayor/hermano menor.

Sin embargo, a toda oruga le llega el momento en el que se convertirá en ya saben qué (no me hagan decirlo, es el cliché más sobado de la literatura) y no se, pero creo que ésta vez estoy a punto de lograr llegar al nivel de Catherine Deneuve, donde voy decidida por la vida en mis manos, llena de orgullo por mí misma, por mis caídas, por mis tropiezos, por mis errores y dolores y mis horribles cortes de pelo fallidos que han acompañado cada cambio.

Siento una sensualidad recorriendo mis venas, una cosquilla en mi panza solamente de imaginar el sabor de una fruta, el aroma de un nuevo perfume o el descubrir intereses bastante disparatados, cuya única finalidad es llenarme de experiencia... ¡aaaaasu!

Y qué exquisito es saberse una mujer con cuarenta años que no necesita aparentar menos (aunque, cof...cof... si aparento) y ver que el mundo sigue esperándola con más ganas que nunca (y bueno, con una pandemiecita algo prolongada y mortal), ansioso de verla eclosionar y treparse rápidamente a la ola, consciente de su suavidad, de su encanto y experiencia, emulando al agua que todo lo vence porque a todo se amolda pero sin dejar de observar su esencia.

Total, a este punto pueden decir lo que gusten y yo seguiré andando con mi aire garboso de avestruz en tacones y drogas, pensando en lo hermoso que es la vida, en lo bello que es crecer y sobre todo, lo tranquilizante que es el hecho de que Papita apenas tenga 5 años y pueda ser todo lo irresitible y coqueta que quiera ya que para ese momento, su mamá estará más preocupada por  su cadera ortopédica, hacerle la vida de cuadritos a la nuera y con la abosluta certeza de que él la observa y mira con el deleite con el cual la miraba a sus 39 años... justo dos semanas antes de cumplir 40.

Sí, queridos menos 5 lectores de siempre... no es Arjona quien me tiene sonriendo.

viernes, 4 de septiembre de 2020

LA VIDA DESPUÉS DE TI ( segunda y última parte)

Cuando él se acomodó en nuestras rutinas de locura, en verdad sentí que muchas cosas iban a mejorar y otras tantas necesitarían terapia familiar.

No fue fácil para Chico Mayor aceptar que su papá tenía pareja y que su santísima madre también. Sus celos se dispararon a niveles impresionantes y fueron muchos los momentos donde terminamos tristes, sin embargo con el tiempo fue aceptando y comprendiendo las cosas y no dudo que en el fondo también nació un cariño hacia él.

En cambio, Chica Menor lo disfrutó muchísimo pues aprovechó bastante bien la situación de sentirse doblemente agasajada y consentida; al ser más jóven la pareja de su padre, se siente como si ella fuera una amiga grande que le dedica tiempo y atención y eso es padrísimo; yo recuerdo que me encantaba estar con mis primas mayores porque me hacían sentir importante y me prestaban sus barbies y adoré sus fiestas de 15 años de cada una de ellas.

Creo que para emparejarse hay que saber amar. Y suena a cliché y es horrible y eso ya nos lo dijo José José muchas veces pero es cierto: amar es querer la felicidad del Otro entendiendo que nosotros a veces estamos en el cuadro y a veces no. El Otro es un ser independiente y tiene una vida que se compone de varios aspectos. Podemos estar o no incluídos y visceversa. Pero generalmente nos gana el apego y lo confundimos con "amor". Nace el mueganismo, nacen los celos, nace la desconfianza, nace la idea de que el Otro debe satisfacer mis necesidades (todas). Y si el Otro se va... morimos.

Y bueno, tantito peor si "el Otro" es una mamita trabajadora que cuyo trabajo fue-de nuevo es- muy absorbente. Las prioridades siempre estuvieron claras, pero el corazón no siempre quiere obedecer a la razón. Lo mismo pasaba de éste lado, pero creo que al final no supimos manejar tantas voces, tantos sentimientos diferentes, tantos obstáculos y tanto apego.

Se que el amor está ahí. Ojalá pudiéramos simplemente quitarnos todos los personajes que somos a la vez y encontrarnos en medio del camino, tomarnos de la mano y andar juntos, con todo nuestro pasado, con todas nuestras responsabilidades... (voy a llorar)

En fin... la vida es lo que es.

Una se levanta, deja de postear estupideces en sus redes sociales, prepara el desayuno, se pone pestañas postizas (porque es lo único que deja ver el cubrebocas) y se va a trabajar por y para sus ratitas maldosas.

El camino es diferente, la realidad es diferente y yo también.

viernes, 14 de agosto de 2020

LA VIDA DESPUÉS DE TI (parte 1)

Lunes 10 de agosto...

El 99% de las cosas que me propuse cumplir para ese día quedaron rebasadas por la realidad. ¿Qué tan difícil era dormirse temprano el día anterior, dejar tres trapos listos, el menú del desayuno planeado y poner el despertador? No mucho, al parecer. Un chingo, para la muy desvelada, exhausta y mal portada Dana, quien no contenta con tener ansiedad crónica, se dio el lujo de empezar a ver una serie sueca cuya trama eran las familias compuestas: Pareja recién formada, cada uno con hijos de su anterior pareja, las cuales estaban seriamente resentidas y enojadas y un bebé en común en camino. Lo de hoy.

Bueno pues corte a:maratón de capítulos a horas antes de que el hijo mayor iniciara formalmente la secundaria en línea y con ello se fuera al diablo la estrategia del Plan DF3, con el consabido caos al día siguiente. 

Seeeee, se que eso se oye feo y reprobable; que el hecho de escribir sobre ello para regodearme es aún más irresponsable, que el pelo engominado del Matius a cámara lucía estrellitas y brillitos porque olvidé comprarle su muy varonil gel para machos y sólo había gel rosa de princesas de Alo y que con eso ya tiene para querer abandonar la secundaria para siempre y querer irse a vivir con su papá. 

Pero, ¿saben? antes de que me condenen, quiero decir algunas cosas en mi defensa...

¿Por qué me enganché a la serie? ¿Qué había en eso para mi?

Todo, amigos... absolut...no, esperen, el bebé no.

Ustedes recordarán al sujeto conocido como Marmota, quien seguirá llamándose así porque "el padre de mis hijos" solo lo menciono cuando estoy enojada con él (o sea, uno se separa para que ya no le duelan las chingaderas del otro, pero resulta que si tienen hijos en común, es imposible dejar de convivir con él). Así que terminas acostumbrada a hablar con él casi a diario, a preguntar cosas como "¿tú sabías que a Mateo le gustaba Fulanita?, ¿tú le diste permiso a Alondra para que se hiciera un tatuaje cuando cumpla 18?, ¿se fue a tu casa la rata de peluche?, porque aquí no está y tu hija está histérica con que no puede dormir." y a preguntar casual si su nueva novia te puede pasar la receta de su panqué de plátano con arándanos.

 Obviamente se lee fácil, chido y hasta inspiracional para una novela así leído de corridito, pero en el camino hubo lágrimas, dolor, humillación, engaño, resignación, terapias, gritos, en fin, mierda y media.

Llegar a este punto no ha sido nada fácil y menos cuando tienes la responsabilidad económica, moral y afectiva de las personas más importantes en tu vida. Parte de dejar de escribir en el blog fue por la velocidad con la que vivía las tragedias una tras otra tras otra. Ya nada quedaba para querer compartir y mucho menos reír. La vida se puso demasiado seria y un día de repente pareció que el cielo despejaba y entraba a la tierra un rayito de sol (pausa dramática para poner la canción "Osito de Felpa" de Julio Jaramillo... perdón).

Ese rayito de sol entró al desmadre de mi vida como entra a la montaña rusa un niño con el estómago retacado de golosinas: con la mayor ilusión de diversión pero que tarde o temprano termina vomitando.

Y vaya que hubo vómito... pero eso será contado la próxima semana.

Por lo pronto, en la libreta de los recados del refri hay una nota con rojo y mayúsculas que dice "NECESITO GEL SIN BRILLITOS".

Siempre hay un motivo para seguir adelante...

viernes, 7 de agosto de 2020

Los insomnes.

 

Apuesto a que tú también escuchas voces que salen de los rincones más extraños de tu habitación.
Un ronroneo que sólo la presencia del refrigerador en la cocina consigue tranquilizar tus ansias locas de salir a la calle en medio de la noche a buscar gatos para quedártelos... ¿a que si?
Por más que tomes tus tés relajantes o hagas tus assanas, la inquietud, el insomnio y los tres pesos de cordura que todavía te quedan, hacen que pases la noche más infernal de tu vida, a perpetuidad.


No lo sé, para estos momentos voy por mi 3era taza de té y mi rivotril. Un corto alemán en Amazon y ya está, veré si consigo pegar pestaña, que a dichos de mi mamá, me está sentando fatal la ruptura.


Bah, peor siempre ha estado la pobre Violeta.

Pero se que no es así...

viernes, 24 de julio de 2020

Cangrejadas.


Como está bien aburrida la cosa, me voy a arrancar a contarles la historia de mi primer amor... ah caray, de tanto que no venía por aquí no me había percatado que no solo les he platicado del primero, sino que ya llevo el segundo, tercero, primer marido, último flee... ¡UNA CHULADA!.

Ta bien, entonces como ese chisme ya se lo saben, mejor les contaré como es que volví a los siempre necesarios, nunca bien ponderados A N T I D E P R E S I V O  S.

Estaba yo muy correctita en la parte que me corresponde de la oficina (los conocedores ya se saben  el chuncherío de post-its, stabilos pastel, plumas fuente, flechitas, y ene mil libretas que se encontraban ahí en mi escritorio), tecleando alegremente el organigrama que prácticamente justificaba mi existencia en esa compañía, contestando mil mails, mintiendo impúdicamente sobre cómo ya estaba el pago de equis proveedor y  aguantando los cuestionamientos de mi jefe acerca de... ¡todo! cuando de repente sentí un dolor en el pecho  que se fue extendiendo hacia mi brazo izquierdo llenándome de angustia y pensamientos funestos. Se me fue el color, me comenzó a doler la cabeza rápidamente y neta sentí que ahí iban a quedar los restos de la que fuera la participante número 67 del concurso de Spelling Bee Contest del año de 1990. Una verdadera pérdida para la humanidad, lo sé.

Quisiera poder decirles que en cuanto mis compañeritos godínez notaron el cambio en mi color y  actitud (pues de pasarme el día gritoneándole a mi auxiliar y llevándome de a chiflidos de arriero con el contador Solares, quedé completamente en silencio) llamaron prestos al 911 como lo marcan mis protocolos de Seguridad, pero la cosa es que estamos tan al tope de trabajo que si se nos petatea algún miembro de la tribu lo más seguro es que lo notemos cuando preguntemos a la hora del pastel de Chelita de contabilidad "oigan, ¿y Willi el de las copias no va a venir a cantar las mañanitas?", o sea, el horror.

Pedí el baumanómetro colectivo de los contadores (es que ya se que parece chiste, pero en serio que es anécdota) y de mala gana me lo ofrecieron, no se les fuera a descalibrar y luego cómo le hacen a la hora del cierre de mes. Mi presión estaba en 190/100... igual y sí, igual y no. El punto es que me pusieron en un Uber directamente a la clínica, a 100 kilómetros por minuto para que rompiera el umbral de la media hora de distancia, no lo fueran a tipificar como accidente de trabajo.

Llegué a la clínica y bueno, ¿qué les puedo contar que ustedes no sepan ya sobre el sistema de salud de nuestro país? Como no traía cita, pues me atendieron de lujo, me dijeron que iban a enseñarme resiliencia al permitir que llorara un poco más de lo que ya estaba llorando de miedo y desesperación y que para fortalecer mi carácter, no me asegurarían que recibiría la ayuda y me dejarían para que urgencias me atendiera. Claro, solo en caso de que colapsara ahí mismo; de no hacerlo, tendría que regresar el lunes con cita y en mi horario.

Pues nada, ahí estaba hecha bolita en las bancas, llore y llore y con miedo a morirme en las bancas del IMSS.

Total que entré a consulta, la doctora que me atendió estaba en medio de una batalla campal con su ex marido, su hijito de 4 años y la señora que lo cuida por las tardes... comenzó a preguntarme que qué rayos hacía ahí y, no se cómo explicarles, pero me sentí completamente estúped, con mis lagrimitas lily ledy y mis problemas de a tres varos.

Me explicó que había sufrido un ataque de pánico y me diagnosticó (nuevamente) Transtorno Generalizado de Ansiedad y Depresión.
Cámara... chochos por aquí, chochos por allá, cambio de vida y terapia.

Eso fue el 06 de marzo y luego se desató la pandemia.

Lo que más me resistí a aceptar de esta situación fue mi incredulidad ante algo que consideré en ese momento una debilidad... ¿cómo es posible que la persona que debe infundir valentía, resistencia y autoeficacia al par de ratitas maldosas que sigue viviendo en mi casa, esté cayéndose de pánico y ansiedad? No se suponía que mi cerebro me jugara en contra, se suponía que juntos alcanzaríamos el nirvana de las mamitas trabajadoras, pero ex esposa comprensiva, pero novia, ¡pero nada!

Fue, ha sido, sigue siendo algunas veces un golpe a mi ego y a mi paciencia y descubrir la fortaleza para enfrentar el día a día en medio de ésta situación global no ha sido fácil. La leche escasea y el amor se escurre como agua por las rendijas de esta gran ciudad sin que aparentemente pueda hacer algo para detenerlo.

Sin embargo, algo del desparpajo de Dana la veinteañera de repente se asoma y nos regala unas carcajadas y algunas licencias poéticas para poder sobrevivir en medio de este mar de paxil, clonazepam, paredes pintadas con gis, recortes de papeles multicolores y crayones partidos cubiertos de resistol.

Es, como siempre digo, un día a la vez.

Un día bastante pinche y apestoso a la vez, jajaja... not.

lunes, 20 de julio de 2020

Sanar...




Me curé de la sorpresa inesperada de ser madre escribiendo en el blog que tienen frente a sus oclayos.

Me curé del miedo a ser mamá primeriza con todas las cagadas que ello conlleva, escribiendo (y comiendo helado de chocolate, pa’ qué más que la verdad).

Me curé de la primera infidelidad de Marmota, escribiendo.

Me curé de la depresión postparto de Papita, escribiendo.

Me curé de la bancarrota, escribiendo.

Me curé del terror ante el inevitable regreso a la vida laboral como abogada, escribiendo.

Me curé del sentimiento de culpa por dejar a mis hijos en la escuela y de perderme los primeros pasos de Papita, escribiendo.

Me curé de la noticia del hijo extramarital de Marmota, escribiendo.

Me curé del trauma del temblor del 2017, escribiendo.

Me curé de un divorcio… escribiendo.

Y aquí estoy nuevamente de frente, como la mayoría de ustedes: adaptándome para sobrevivir ante lo inesperado, con el corazón un poco roto, la cartera vacía, el de Coppel tocando a mi puerta, mis hijos convertidos en orugas gorditas de tanto comer y reptar, el trabajo en una sospechosa incógnita, con miedo a morir, llena de deudas, culpas por no haber previsto tantas cosas y escribiendo.

Es verdad, vivimos un cambio muy rudo y ha habido gente maravillosa que lo lleva muy bien y habemos otras que simplemente hacemos lo que podemos con lo que tenemos.
Tengo la tentación de quejarme, de dejarme ir con todo mi dolor y embargar a mis menos cinco lectores ¿de siempre? con tedio y flojera. Pero siento que no es justo ante las diversas circunstancias tan difíciles que muchos viven también.

Así que en la medida de lo posible intentaré rehacerme nuevamente escribiendo; porque ya no es solo un deseo mío, ya no es solo mi cosquilla de explorar paisajes literarios o llevarlos a ustedes de la risa al llanto como otras veces…

Cuando tenemos muchas responsabilidades encima, mucho dolor acumulado, pocos recursos orgánicos y una mamá que te pide que te cuides por lo que más quieras, que te dice que vas a volver a brillar, que volverás a amar, que volverás a sonreír… no queda más que hacerle caso y decir “Sí, si voy a volver a escribir, mami, te lo prometo”.

Y comenzar a hacerlo.


sábado, 5 de enero de 2019

BACK TO BIZ, EVERYBODY!


Llevo dos semanas donde:
  • ·         He dormido más de 12 horas seguidas.
  • ·         He estado en pijama durante 7 días...seguidos.
  • ·         He abrazado y besado a mis hijos en horas impensables y he vuelto a reconectar con todos y cada uno de sus hobbies y manías.
  • ·         He vuelto a ver mis películas navideñas y también he descubierto que a “Nothing Hill” ya la consideran un “clásico de oro”.
  • ·         He comido como un cerdito premiado.
  • ·         No he revisado formalmente mi correo.
  • ·         He peleado y reconciliado con mamá y papá millones de veces.
  • ·         He disfrutado la vida como hacía mucho que no lo hacía…

El año antepasado, justo cuando finalizaba 2017  y comenzaba 2018 sufrí un ataque muy personal, muy íntimo, muy desesperante y desgarrador. Todo lo que me importaba en ese momento se vió seriamente amenazado y recuperarme de ese golpe no fue nada fácil.
Fue remar contra corriente, poner a prueba mi valor y fortaleza, pero sobre todo, fue lidiar con la desilusión y el conocimiento de que verdaderamente existe la maldad en el mundo, que hay gente mala que no soporta la felicidad o simplemente la existencia de otro ser humano y se empeña en aplastar si razón.
Pero también reconocí que existen los amigos verdaderos que sin importar lo bajo que una ha caído, su mano siempre estuvo (espero que lo esté siempre) para sacarme del bache, animarme y plantarme frente al espejo para mostrarme la persona que verdaderamente soy, la que ellos ven y quieren. A todos ustedes ¡GRACIAS! por haberme cobijado y darme el valor para amarme de nuevo.
Y bueno, la cosa fue mejorando, fue mejorando…
Sip…
¡Definitivamente terminé mi año personal mejor de lo esperado!
Ahora, a tres días de que terminen mis deliciosas vacaciones puedo decir que estoy emocionada por estrenar mi agenda con nuevos proyectos, estoy nerviosa y preocupada por los que se quedaron en holding debido a mi break navideño, estoy agradecida por la oportunidad de haber podido tomar un descanso, respirar nuevamente, poner en perspectiva mi vida y darme cuenta de las cosas a las que definitivamente daré prioridad este año.
He decidido viajar ligero, no comprometerme con lo que no creo, no esperar a quien no espera, no complacer si ello me causa estrés, no presionar, no pelear, amar intensamente…
Verdaderamente estar presente en todos los minutos del día y volver a confiar en mis alas.
Gracias a todos los que hacen posible mi camino diario, gracias por esos mensajes, llamadas, fotos, momentos vividos y promesas de lo que está por venir.
De corazón deseo que todos nosotros logremos o felicidad, o aprendizaje con cada lección que tomemos.
Y basta de retos estúpidos y de reeducar a la gente en las redes sociales.
El éxito se impulsa desde nuestro interior; el valor como persona nos lo damos con el oro de nuestro corazón.
Si no, ¿¡qué esperan para ir a terapia!?
Feliz año, queridos menos cinco lectores de siempre.
Amen.
Con todo su corazón.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Lanzándote al vacío con las herramientas de 1996


Cuando era súper joven y súper bella, tenía nula confianza en mí.
Ahora, con casi cuarenta y una belleza que no me envidia  ni mi vecina setenteañera, trato de ir abriéndome paso en la vida como se lo abre la típica compradora novata en una barata de Liverpool: a madrazo limpio.
Y me siento contenta de ser quien soy, neta. Me gusta la sensación de poder decir esto y aquello y de pedir y compartir cosas que en 1996 ni siquiera imaginaba.
Y entonces ¿por qué de repente una se siente insegura y vulnerable?
Porque alguien ajeno a tu ecosistema llega y te cimbra. Te cuestiona y replantea tu existencia entera. Y no me refiero a mis marmotitas preciosas, las cuales a decir verdad se encuentran más allá del bien y del mal (no, ¡pobres!, qué friega cargar con el estigma de “vine a cambiar la vida de mamá”. CERO). Me refiero al tipo de persona a la que le respondes los mensajes en medio de la película más chida jamás vista por ti hasta hoy  (porque te la has pasado entre “Peppa Pig, el musical” y “Peppa Pig, una aventura en la Bolsa de Valores”, también “…el musical”) y no te importa.
La  que te hace ir a trabajar en vivo al día siguiente, después de una noche de mensajear y tontear y reír y bobear como cuando era 1996 y el “inútil bueno para nada” en turno te hablaba a tu casa desde un teléfono público de tarjeta para decirte que sin ti, la sopa de fideo es todo menos sopa y que porfa, no cambies, bebé.
¡Qué bonito, oigans!
El problema es que neta, neta… ya perdiste la práctica.
Y te quieres comer todo de un bocado (aunque técnicamente ya lo hiciste) y ahora no sabes cómo meter reversa para unir los puntos de algo que tenías estructurado y simplemente ya no está, dejándote más fría que un pingüino en Cuernavaca porque, ¡oye! … es 2018 y pasaste 11 años en la banca y juras que tus tips para ligar extraídos de tus “15 a 20” aún están en onda y que está padre escribir cartas kilométricas hablando de tus sentimientos, esperar una larga llamada para comentar el punto o simplemente no sabes si tienes “permiso” para salir con alguien más porque no se habló de una exclusiva y más que nada, porque aunque eres una fregona para los contratos, los del amor y relaciones personales nunca te han salido tan buenos y terminas pagando las cláusulas de salida más caras de todo tu historial amoroso.
Yo lo único que sé es que más allá de aterrarme por salir herida, mostrarme vulnerable, romper esquemas o terminar haciendo el ridículo al ponerme intensa, me da miedo quedarme en el limbo sin respuestas, en completo silencio y sin haber aprendido la lección… y luego terminar herida, expuesta, con los esquemas rotos, haciendo el ridículo por ponerme intensa ante una situación que, piedad, no tengo ni idea de cómo abordar.

Seguiremos informando…

jueves, 4 de octubre de 2018

ESTAS... SOOOON... LAS MAÑANIIIITAS QUE CAN...TAAAABAN PARAMIIII...OK, NO.


En estos momentos mi casa está silenciosa, la tengo solo para mi y dejo ir la mente por recuerdos y pensamientos que intentan trascender a mi plano consciente, pero 17 tazas de café les ponen muy ruda la cosa y finalmente se rinden, desdeñosos. Saben que en cuanto ponga la cabeza en la almohada aparecerán mágicamente y danzarán durante toda la noche, haciendo más oscuras mis ojeras y menos claras mis ideas innovadoras que debo presentar mañana: poner las hojas recicladas de manera horizontal, armar turnos para llevarse la mascota del corporativo a casa el fin de semana, proponer tener una mascota en el corporativo para llevársela a casa el fin de semana… ¡innovadoras, pues!
Pero hoy estoy tranquila, estoy serena… estoy feliz de haber recibido un cumplido por parte de muyimportantedirectordefinanzas (“…¡Y luego Dana se le fue al pescuezo con la cuestión del Programa de Protección Civil y no lo dejó terminar!”), estoy contenta de tener un día en calma, sin amenazas de clausura y/o despido; donde llegué a mimar a mis ratas bebés, a sobarles sus raspones, a escuchar del gran terremoto que barrerá con toda la civilización y sucederá en las costas de Guerrero (alguien sigue haciendo catarsis con el tema y/o está viendo demasiado “De Toxo Moroxo”), a ponerles mantitas en el suelo y revolcarnos entre sus peluches, escuchar canciones donde los pollos usan paraguas para no mojar sus alitas y entender que la vida es el aquí y ahora y no promesas de momentos que no van a existir.

Cambio el café por una copa de vino, esto se está poniendo denso…

Cumplir años para una gran mayoría es cumplir metas y de donde yo vengo, es una gran presión esa cuestión.
No está padre comparar tus logros con los de los demás porque un séptimo lugar en el concurso de Spelling Bee no es lo mismo que el primero. No siempre dura el maquillaje y la sonrisa de “hago lo que puedo, con lo mejor que tengo de mi” a veces no es suficiente para explicar a un púber el por qué los papás de sus amiguitos sí viven juntos (él la engaña, ella come pastel frente a su refri mientras postea en Facebook MIIIIIIIIL frases pendejas) o por qué a ellos sí se los van a llevar a Disney. (era tan fácil cuando podías subsanar tus carencias maternales con idas a la Feria del Libro o una tarde de guerritas con globos de agua, cuando toda su carita gritaba “¡eres lo máximo!”), ni alcanza para hacerle entender a Papita que su mami no puede llevarla a la escuela en pants y pantuflas “como la mamá de Miranda” *Mirada de reproche.
Y una se tiene que levantar de esos madrazos, ¿saben?
Seguir adelante, con la cabeza súper en alto, caminando en los mejores tacones que se tienen y manteniendo la actitud de Belindaganandocomosiempre porque no te puedes dar el lujo de pensar que tu vida es como una película, bajar los párpados, dejar rodar las lágrimas y pensar que alguien vendrá a recoger los pedazos que quedan de ti para armarlos pacientemente. *Spoiler Alert: nadie vendrá, pero eso ya lo sabías.
La película de mi vida es esa donde la protagonista se muda con sus hijitos a una buhardilla arriba de la casa de sus papás, que duerme muy tarde y despierta muy temprano, que malabarea sus pocas habilidades culinarias para dejar listos cuatro menús diarios, uniformes, súper medio sano, colegiaturas al día, disfraces de perrito y que se la vive corriendo, contestando mil y un llamadas y mensajes excepto el que ella espera, con 16 libros nuevos sin leer, pintando maquetas de violines, globos terráqueos, inventando recetas de cocina con camarones, manejando histérica por el segundo piso, llegando tarde a todos lados, incluso a la felicidad godinezca de partir el pastel de Chelita de Contabilidad, recibiendo regaños de la Alta Dirección, retorciéndose los dedos de nervios por lograr sus objetivos, sufriendo estreñimiento físico, mental y emocional ante la avalancha de peticiones que no logra satisfacer al 100%, incluídas –of course- las propias.
Pero también es la película donde mi bendito déficit de atención me juega a favor y olvido rápido ofensas, descuidos, regaños, sinsabores, decepciones y amarguras y vuelvo por más diamantina para seguir brillando, jajaja.
Es la película donde mi abuela Ofe de ochenta y tantos años me hace una comida por mi cumpleaños y van mis papás, mis tíos y vuelvo a esos momentos tan especiales de mi infancia. Donde mi hermano me sigue bromeando como cuando éramos jóvenes y solteros, a pesar de encontrarse a un océano de distancia. Es la película donde mis amigos y personas que quiero tener cerca me arropan, me llaman, me dicen “qué chido que el día que tú naciste, nacieron todas las flores”… jajaja, not.
Mi película no es una chick flick, evidentemente… sospecho que es una mezcla de cine sueco y “El Indio” Fernández y eso está bien. Aprender a vivir con mis rarezas, aceptar mis limitantes y amarme con todo mi costal de temores y sinsabores me hacen ser la partícula revoltosa que terminó inconsciente de vodka, canciones rancheras y muuuuchas risas el viernes pasado.
Al final, la felicidad, la alegría, el placer, lo prohibido, lo dulce y lo salado están ahí y todo se vale para nutrir este enorme mounstro grandioso que es uno.
Eso y ponerse tacones bien altos para presumirlo.








domingo, 2 de septiembre de 2018

A MANERA DE EXPLICACIÓN...


Déjenme les confieso (¡pero déjenme, chingau!) que hace casi un año, cuando retorné a la casa paterna y puse de cabeza el mundo de mis hijos, intenté comenzar un absurdo proyecto llamado “Bullet Journal”. Y digo “absurdo” porque en realidad soy una persona súper desorganizada que intenta parecer lo contrario mediante mil malabareables post –its dejados por todos lados, únicamente para crearme ansiedad por no cumplir con mis metas.
Pero bueno, dentro de todo ese rollo craftybulletjournaletteroso en el que me metí, hubo algo que sí pude descubrir sobre mí. Una especie de hechizante dualidad (y no, no me refiero a encontrar sexy a Scarlett Johansson, querido pervertido) que al parecer enmarca a la perfección el cambio que a la fecha estoy viviendo…

Resultase ser que amo a dos Elenas y las dos Elenas son a la vez ángel y demonio, presente y pasado, antes y después…

Cuando en tercero de secundaria descubrí que a Poniatowska le iba a dedicar mi juventud en tratar de emular un poco de su prosa; sin querer (ella) se adentró en mi almita adolescente tocando puntos que me hicieron ser parte de quien soy ahora: chispeante, alegre, saltarina, inocente y un poco ingenua. Había sopa de haba mezclada con arreglos florales, faldas amplias de corte largo y el cabello largo y sedoso como una virgen. De hacer el amor solo se pensaba que era entre encajes y algodones y un ligero rubor de betabel. Y entonces “La Flor de Liz” y “De noche vienes” y “Luz y luna: las lunitas” y con la inocencia del primer amor desesperado, te amo; conciertos en CU… la delicia.

Pasó el tiempo… la vida fue haciendo su obra en mí y yo en ella.

Pero entonces llegó “la otra Elena”, hechicera herida por la desgracia, quien arrojó sus maldiciones en mi corazón todavía pueril haciéndolo –literal- añicos…
De Elena Garro aprendí a comprender la sensualidad con una mezcla de venganza y sangre.
Las tardes que viví a su lado dieron voz y forma a mi duelo. Fue la fuerza necesaria para sacarme de mi sorpresa, del shock.
 Me obligó a “enmujerarme” (cualquier cosa que eso signifique… sip, también eso), me volvió sombría, más sarcástica, más ávida de conocimiento personal sin el toque rosa con el que me había asomado a la vida en un principio.
Y lloraba, pero no por los adioses.
Lloraba de miedo cada vez que descubría algo nuevo en mi ser. Tantas formas de ser yo, tantos matices que existían en mí y todos eran encantadores y peligroso, pero no podía abrazarlos todos porque no encajaban con esos algodones y lazos con los que fui tejiendo una red segura que al final no logró contener mi ranazo.
Y así como de niña se me cruzaban los cables cada vez que algo me impresionaba, así tal cual se me cruzaron con la literatura de Elena Garro… nunca hubo tardes más deliciosas, dramáticas, escandalosas y atrevidas que las que viví gracias a su influencia.  Parecía que me poseía y me martirizaba a su antojo cuando me ponía en esas encrucijadas que de por sí ya me había puesto la vida. Me atenazaba para destruir mi tranquilidad de pequeñoburguesa, de “niña –no tan- bien”.
Era como si me retara diciéndome “no te atreves a llegar a donde yo” y en serio, no me atrevía. Jamás hubiera podido robarle el dinero a un hombre o tratar de desprestigiar hasta la náusea a mi ex marido.
Pero me dejaba desorientada, deprimida y catatónica.

Volví a fumar… volví a seducir sin desearlo, sin quererlo realmente; solo por el puro placer de escuchar mis pasos alejándose en la calle y una carcajada estruendosa en mi mente, que ya para ese momento era un callejón oscuro y silencioso.

¿Ya ven por qué dejé de escribir?

Con una Elena aprendí a dar brincos alrededor de la vida; con la otra aprendí a descender al infierno.

Hasta que alguien consiguió darme una buena bofetada de cordura y volví al redil, no mansa pero sí tranquila. No belicosa ni sanguinaria, simplemente en paz.
Han vuelto las risas, han vuelto los rubores de betabel pero también las tardes ambarinas y lejanas…
Creo que he vuelto un poquito.

Ya hasta canto sin pena “…¡pon…tus manos otra vez…entre las mías! ¡Ven…y dime que me aaaaamas!”

¡Jajaja, oso miiiiiil!


lunes, 13 de agosto de 2018

¿Hay alguien ahí?

Vuelvo a enfrentarme a este espacio en blanco, con más miedo e incertidumbre que nunca pero con la necesidad de encontrarme y consolarme una vez más.
Hace días medio exponía mi  necesidad de volver a escribir; vi a mis amigos asomar la cabeza cual suricatas y externar su apoyo de manera inmediata: ¡wooow... muchas gracias, querido menos cinco lectores de siempre!
Aquí andaré contando lo de siempre y, como le decía a mi amiga Laura (quien me dio un golpe de realidad “impressionanti”): esto no se acaba hasta que se columpia la gorda!

viernes, 13 de octubre de 2017

EL CAMINO NO SE ACABA...

PARTE I
Ese día suprimí muchos sentimientos y emociones porque vi que había gente menos afortunada que yo: compañeros que no lograban contactar a sus familiares, gente en crisis... yo no quise sumar al desastre; no tenía derecho puesto que mis hijos estaban de inmediato con su papá, mis papás estaban afortunadamente a salvo a pesar de las putas y carajas instalaciones de todas las putas y carajas instituciones  del Gobierno Local y Federal, mi hermano en Alemania -completamente ajeno al drama-, mi ángel de la guarda a salvo... mi corazón y lagrimales se cerraron, yo no tenía derecho a sentir dolor. Todo en mi estaba "bien".

Tardé 5 horas en regresar a casa; venía sudando de nervios e incertidumbre por lo que pudiera encontrar  a mi paso. Todos mis defectos me golpearon en la cara al mismo tiempo: falta de previsión, de madurez, de economía, de cuidado traducido en: falta de gasolina, no traía suficiente pila en el celular, no había comido, no había ido al baño, traía tacones, no traía efectivo...
Manejé con un cuidado que me avergonzó completamente: así debería de manejar siempre. Los motociclistas de los que tanto me quejo ahora pasaban raudos, con una desesperación y  pala o pico a la espalda. Aprendí a hacerme a un lado y dejarlos pasar. Aprendí a ser paciente. Aprendí a respetar la vida de todos los que manejaban a mi alrededor.
Saber que ni la ciudad que amo ni la gente que vivimos aquí volveríamos a ser los mismos me dió mucho miedo y tristeza. Yo, una mujer temerosa de los cambios, estaba por entender -de un putazo- que ya nada sería igual.
Llegué a casa de noche, a oscuras y con el estómago y la vejiga sin control. Di gracias a Dios por ver a mis hijos, asustados pero enteros. Escuché sus experiencias con el corazón hecho pasa, vi el pantalón de Mateo roto por el esfuerzo que hizo al saltar para ponerse a salvo hecho bolita en su patio, vi a Alondra arrullar a sus muñecos y decirles "ya, ya, ya... no pasha nara" y al momento, correr hacia mi por el ruido de las ambulancias... aún no supera ese miedo que le da escucharlas.
Al día siguiente desperté (muy tarde), mi cuerpo no respondía; la luz del sol mostraba mis libros volcados en el suelo o revueltos en sus libreros; avisé que no iría a trabajar: mis hijos necesitaban contención, mi casa necesitaba ser revisada y yo necesitaba quitarme la culpa por haberme encontrado lejos (muy) de mis hijos. Obvio, me dijeron que no ("eres el área legal; debes revisar tus procesos de Protección Civil, saber que todos están bien, dar instrucciones precisas... pon orden).
¡En verdad estaba enojada! ¡La puta vida pudo acabar en un instante y yo debía revisar piedras ajenas! ... Lección de vida #48: La vida sigue.
Pero yo no quería entenderlo ni asimilarlo.

PARTE II
Duré con enojo, insomnio y descontrol durante una semana.
Pasó mi cumpleaños sin pena ni gloria: nada me llenaba, no sentí que mereciera cosas y atenciones habiendo gente sufriendo. Me sentía culpable de los regalos que ya me había comprado, me sentía estúpida estrenando ropa, bolsas o zapatos mientras gente había perdido todo, mientras gente buscaba gente y todo el país contenía la respiración para poder escuchar un apenas perceptible respiro debajo de tanta soberbia y estulticia humana convertida en escombros.
No estaba lista para vivir de nuevo porque estaba aterrada con la idea de la muerte.
Y así pasó otra semana de insomnio y ansiedad, hasta que mi jefa tomó cartas en el asunto y me llevó a un spa para ayudarme a relajar. Ese día me abandoné a las manos de Silvia y decidí que era momento de soltar...

PARTE III
En el 19S no solo cayeron edificios cambiando el panorama y el vivir de la ciudad, también dejó al descubierto la cantidad de situaciones de riesgo y grietas que había en el matrimonio formado por Marmota y yo.
Y así como es de impensable regresar a vivir a un edificio a punto de caer, así de impensable es regresar a una relación que estaba fracturada desde hace mucho tiempo; exáctamente por el mismo riesgo de colapsar y crear un desastre.
Para volver a construir es necesario derrumbar, limpiar el terreno y preparar mejores cimientos, más fuertes y mejor planeados.
A veces uno planea, construye y edifica sin haber tanteado el terreno; lo hacemos con las mejores intenciones y nuestras mejores herramientas. Estoy segura que la mayoría de la gente honesta  construye con la idea de que perdure para siempre, pero no tomamos en cuenta que no podemos controlar todas las circunstancias que rodean a la vida y a la naturaleza.
En honor a todos los años felices, a todas las lecciones aprendidas y por encima de todo: los dos hijos hermosos que tenemos en común, es que hasta aquí dejo las explicaciones y detalles.
En 2007 inauguré éste blog con la noticia de que me casaba y que estaba esperando al Matius. Hoy, 10 años más tarde, cierro este ciclo, este blog y esta etapa de mi vida con un profundo agradecimiento por lo vivido, una tristeza por todo lo que no fue y una muy fuerte certeza de que lo bueno no está por venir, sino que siempre ha estado, está y seguirá estando presente en mi vida.
Estoy lista para sanar.
Estoy lista para perdonar.
¡Estoy lista para vivir otra vez!

HASTA SIEMPRE, QUERIDOS MENOS CINCO LECTORES DE SIEMPRE.
RECUERDEN QUE VENIMOS A ESTA VIDA PARA SER...
Dana.




sábado, 5 de agosto de 2017

Vacaciones de Terror (y no, no actuó Pedrito Fernández)


¡Playa! ¡Vacaciones!... ¡Mis hijos!

Vamos, que un pre púber y una muy hiperactiva Papita en su mero apogeo de los "Terribles 2" no son lo que se dice un glamoroso cocktail de vacaciones; no es precisamente un "sex on the beach" o una "cubana" muy "elodea"...
Amo a mis hijos, de veras que si... Casi diez años de ejercer el oficio lo comprueban, solo que en situaciones donde hay demasiadas expectativas de todo tipo, terminas llevándote unos muy buenos descalabros.
Explico:
Salir de vacaciones me era muy necesario; ya estaba ganándome la despedida a pulso con mi rebeldía y mis desencuentros laborales. Yo solita supe ponerme en la "congeladora" durante 5 días y con ello garantizar otros meses de postearles fotos de mi escritorio en 5 diferentes filtros.
Comprar un paquete "all inclusive" no era precisamente mi idea puesto que mi mami me enseñó a viajar de mochilazo, en autobuses apestosos con niñas que ponían su piecito sobre mi torta de huevo (chiste local, no vale la pena guglearlo), así que creí que sería buena idea llevar a los peques en un viaje no tan primitivo pero dejando espacio para la "aventura"... Oh dios, si hubiera sabido que la bendita "aventura" sería manter sujeta a Papita durante el vuelo, me hubiera conformado con llevarlos ¡a Chapultepec!
No quiero asustarlos con mis historias de terror de maternidad en vacaciones, estoy segura que la mayoría de la gente hace las cosas bien, en orden y manteniendo el peinado perfecto en todo momento... pero ese no es mi caso: yo traté de mantener el bling bling para 4 mugrosas fotos en feisbuk y uno que otro recuerdo memorable en la mente de Matius y Alo, that's all. De ahí pa'l real todo fue en picada y vi como una a una de mis expectativas se iba esfumando frente a mis miopes ojos. ¿Por dónde empezar? Simplemente desde empacar la ropa de una beibi que sugiere sus propios looks y que no se siente a gusto si no complementa su atuendo con una bolsita (¿de quién habrá heredado eso?), pasando por el típico "no puedes llevarte tantos libros de 'El diario de Greg', Mateo" hasta mi brote de locura al querer lucir hermosa y sofisticada en vacaciones sin detenerme a pensar que aquello era ridículamente imposible, no way, José; niet!; ni maiz palomas que eso fuera a ocurrir.
Esas fantasias donde yo me veía envuelta en un "sarong", con unos altísimos "wedges", lentes oscuros, el cabello en un perfecto 'bun' y luciendo una tono de piel parejo se vieron rotas al instante cuando me di cuenta que para ello necesitaría o volver a nacer o por lo menos dos niñeras y una asistente personal para poder aplacar a mis hijos, los mismos que ya corrían cuales caballos desbocados en la playa mientras yo sólo atinaba a gritar "¡por el amor de dios, pónganse bloqueador!"... Ya estaba oyendo los chillidos al otro día de "mami me arde". Y claro, ni hablar de las cejas levantadas del público conocedor cada vez que bajábamos a desayunar y Alondra invariablemente se tiraba el chocolate/jugo/ponga aquí el líquido que guste/ encima de la ropa limpia. Hasta ese punto no se me ocurrió pensar en lo que mi pre adolescente pensaba o sentía; hice exáctamente lo que prometí no hacer nunca jamás pero ya era muy tarde, Matius se exasperaba cada vez más ante la energía incontenible de su hermana y las oxidadas prácticas maternales de su torpe mamá.
Entonces lo vi claro (y con dolor, no les voy a mentir): sólo algunos podrían ser felices en su totalidad en esas vacaciones. Alguien necesitaría sacrificarse por el equipo o aquello sería una pesadilla total...
Me amarré el cabello en mi eterna cebollita, me dejé las chanclas todoterreno, me resigné a cargar con TODO lo que las mamás cargamos siempre que hay peques de por medio (las curitas, el repelente, el bloqueador, la toalla, los trastecitos para la arena, la gorra, el libro, las pastillas para el dolor de estómago, para el dolor de cabeza, los dulces, las galletas, el muñeco de peluche, la cartera, la ropa seca, mis dos celulares...), me unté toneladas de bloqueador y paciencia y dejé ir mi persona en pos de la felicidad de mis hijos.
Claro que quería leer un libro a la orilla del mar y sentir que la brisa se llevaba mis preocupaciones, mis tristezas, mis miedos y sinsabores. Claro que esperaba poder realizar una assana en la arena, lucir atlética corriendo en la playa o bajando a cenar con los "adultos" en lugar de sentirme eternamente en la mesa de los "niños".
Tal vez habrá un día, un momento, un lugar donde pueda cerrar los ojos y escuchar las olas del mar romper tranquilamente... y muy probablemente unas lágrimas de tristeza rueden sobre mis mejillas al querer volver a esos momentos en los que mis niños revoltosos me aventaban arena y reían a carcajadas, mientras chapoteaban en el mar.

P.D. Olvidé comentar que durante el viaje, enfermé de gripa.

"...You can't always get what you want"


jueves, 27 de julio de 2017

"Y YO GRITÉEEEEEEE: ¡AY, LA CULEEEEE (B) RAAAAA!"

Algo que pocos saben de mi es que me cagan los pasteles.
En verdad, los odio. No entiendo por qué tienen que ser tan pinches preciosos y perfectos y tener una pinta exquisita y deliciosa, ¡y luego termines llevándote la puta decepción de tu vida de lo dulces y corrientes que saben, chingao! ... (mamá: siempre sí voy a decir muchas groserias, ¿eh?).
Y bueno, perdón por lo anterior que dije porque justamente acabo de comer pastel ayer *emoticon de estupida* y sí estuvo rico *doble emoticon de estupida*, pero hablo en general... ok, me callo.
¿Saben? Ya me cansé de disculparme por todo lo que hago y por todo lo que no hago.
Por ejemplo, ya me cansé de disculparme por no tener tiempo de venir a escribir y también me cansé de disculparme por lo que escribo cuando llego a pasar por aquí.  Me queda claro que cuando tienes una responsabilidad en la vida, neta, ni aunque te quites la puedes evadir.
Y yo me acuerdo que me chocaba cuidar al Dr. Mitocondria cuando era un párvulo y yo solamente  quería jugar a las barbis y ponerles camisón transparente para irse a acostar con el Ken y nomás no se podía porque el niño lloraba y sentía yo tan feo que, ni modos, de plano orillaba al Ken a la esterilidad y me ponía a jugar carritos con él. A lo mejor era una tontería pero para mi, primero estaba mi hermano -aunque me chocara- y luego lo demás  (y entiéndase por "lo demás" a mi vida personal).
Lo mismo pasaba con los gatos que tuve.
De igual manera con Alo y el Matius.
Asumo con cierto recelo que me debo a la gente que depende de mi. Asumo que lo mio es cuidar gente. Asumo que mis necesidades deben pasar a segundo plano,  no por buena onda, sino por que no he aprendido a decir que no.
O que sí...
Ha habido pláticas que no me quiero chutar, opiniones que no he querido oír,  sonrisas que no he querido ofrecer y razones que no me hubieran gustado escuchar.  Y sin embargo, voy por la vida mirando con horror cómo me aborda la gente y espera que haga algo con todo lo que trae encima, sin preguntar siquiera si puede disponer de mi -siempre y ahora más que nunca- escaso tiempo.
Tengo que confesarles lo siguiente, queridos menos cinco confesores lectores de siempre (¿o ya en cuántos vamos?, ¿menos 6?): éste post lo estoy escribiendo en dos partes, en dos días diferentes, en dos moods diferentes. Estoy haciendo trampa, ya se...
Resulta que yo venía a contarles que tenía unos minutitos para poder escribirles mis andanzas por encontrarse Papita cuajada en el sueño más profundo (gracias benditas clases de natación), pero antes de elegir una entrada nueva, noté que tengo varias inconclusas... así que, como siempre, me entró el sentimiento de culpa por lo que se encontraba a medias y vine a concluir. ¡Y aquí me tienen!
Así que, honestamente no traigo la rabia que me hizo escupir los primeros párrafos de éste escrito, más bien tengo la serenidad de pensar por qué hacemos cosas que no queremos hacer y por qué no sabemos decir que no a algo que verdaderamente nos hace daño.
Bueno, pues pueden ser muchas cosas pero en mi caso es por miedo a que piensen que soy una mala persona. La más mala. La peor.
O sea, una culera. ¡Qué fuerte!
¿Que no quiso salir conmigo? R= Qué culera.
¿Que no pudo venir a cuidar las papas en la estufa? R= Qué culera.
¿Que deja a sus hijos por irse a trabajar? R= Qué culera.

Ya se, ahórrense las ganas de dar su opinión y sus consejos (porque soy culera, la neta) y mejor rían junto conmigo de toda la sarta de bobadas y sinsentidos que acaban de brotar en la pantalla. Por esta vez le echaré la culpa a las hormonas y al mal tiempo del verano que, neta... no entiendo qué rayos hago usando mis abrigos en pleno julio.
Besos de tortita para todos.
Adieu...


jueves, 13 de julio de 2017

Supermom ya no vive aquí.

Yo siempre lo he dicho pero nunca me hago caso: no puedes escapar de tu destino/dones/vocación...

Todo comenzó como una responsabilidad que fue adquiriendo tintes de "De ahora en adelante éste es mi trabajo y me debo profesionalizar. Es eso o pagaré terapia al Matius por el resto de mi vida". Así que temerosa pero segura de lo que debía hacer me dediqué a ser la súper mom del súper Mats: la mamita mas o menos proactiva en cuanto festival, romería o kermesse hubiera en la escuela, la mamita que se encargaba de que su hijito llevara la tarea muy bien hechecita, fuera aseado, alimentado y bien provisto de amor, atención, autoestima, actividades vespertinas extra escolares, visita a la biblioteca una vez por semana, tarde de juegos con algún amiguito, parquecito time tres veces a la semana y los fines de semana lo más tranquilo posible: sin afrentas entre su padre y yop que le generaran angustia o temor... puaj.
No conforme con ello, por las mañanas ésta súper mom tomaba cursos, terapia, café con otras moms y  una que otra licencia poética en aras de cumplir con los altos estándares paternales que ella misma se había fijado. El resultado era evidente: niño con excelentes calificaciones (de kínder), con un alto vocabulario (a sus 6 años), con alto poder de discernimiento (sobre si comía jamón o gelatina) y un sentido de responsabilidad muy elevado (no dejar morir de hambre a la Peluss vaciando croquetas en el croquetero). El orgullo de cualquier abuela...
Hasta que llegó la Papita y ¡PUM!, se le acabó lo súper.
Y bueno, por lo menos al Matius le tocó un periodo bastante bueno conmigo: cuando salía con él, eran de su exclusividad toda mi atención y cariños. Íbamos a museos y le explicaba con lujo de detalles, le leía 2 cuentos diarios para dormir  Hasta le rociaba con Lysol el baño público para que no enfermara de E colli y le cargaba buenas merienda en mis infaltables ziploc. Si, era una super mom, pero a la Papita aquello le suena como salido de otro planeta...
Para empezar, el tiempo que le dedico es de menos 2 horas a la semana, a diferencia del Matius que tenía tooodo mi tiempo para él. Cuando salimos generalmente olvido llevarle juguetes, cosa que la ha obligado a entretenerse con lo que tenga a la mano, que puede ser desde un encendedor hasta los pelos de su hermano mayor. Si vamos al cine, seguramente a media película comenzará a pedir "teta" y a tratar de desvestirme para que cumpla dicho fin. Y como no lo logra, comienza a armar un revuelo en la sala que va desde un chillido histérico hasta comer palomitas del suelo. Si la llevamos a nadar, es muy probable que salga sin calcetínes en par o envuelta en una enorme toalla porque a alguien se le olvidó echar su maleta a la cajuela. Toma café a sorbitos  (oh dios!) porque es muy macha pero también porque su madre inconsciente ha perdido los poderes de ser una super mom... y no es que me valga chetos su vida, es que simplemente solté la rienda de la aprensión y acepté que está bien ser una "mamá mediocre".
Esta vez mi tipo de crianza es más libre, casi rayando en lo irresponsable, pero se siente bien.
Se siente bien cometer errores y sentir que aún así lo estás haciendo bien.
Claro, el Matius es un niño  correcto y educado, pero también a él le solté la rienda y ya no es importante para mi el forzarlo a ser "el mejor" porque entendí que se trata de su vida, no la mía. Que cuando lo mantuve en un estándar de excelencia era porque yo venía arrastrando una baja autoestima que solo se sentía valiosa cuando los logros de mi hijo podían ocultar mis "fracasos" como mujer... y al final entendí que eso no es vida.
Que todo lo que uno necesita conservar a su lado, más vale dejarlo crecer con respeto a su individualidad y libertad sin importar el qué dirán.
...Aunque ello signifique que el DIF toque a tu puerta cada tres días a ver si todos "están bien".
Sí lo estamos... y mejor que nunca.


domingo, 7 de mayo de 2017

REGALOS DEL DIEZ DE MAYO... DE 2015.

¡NO, BUENO!
ESTE PROYECTO TENÍA DOS AÑOS ESTANCADO... YA NI ME ACUERDO DE QUÉ ERA EL LIBRO... NI SIQUIERA LO QUE ME REGALARON ESE AÑO (SEGURO ERA UN CUADRO HECHO DE SOPA.)

Todo sucede muy animadamente en mi cabeza, se los juro. Hasta había cambiado el tono de mis pensamientos gracias a la lectura de "Tokio Blues" de Haruki Murakami, con paisajes callados y limpios y la vista del monte Fuji tras ellos. En serio, de veras manitos...
Pero sigue sin haber un momento de absoluta calma para sentarme a escribir. Justo en este instante en el que trato de atrapar mis ideas con una red caza luciérnagas, el grito de Papita se deja sentir por toda la habitación. La maternidad es renunciar, ya lo sabemos y como en toda renuncia también existe la parte de compensación. Aunque no la pueda palpar en este preciso momento en el que quiero -necesito- escribir...
Pues qué les cuento, manitos. Resulta que ya viene, ya está aquí el 10 de mayo, el día en el que celebramos precisamente la maternidat y sus vericuetos; honestamente es lo mismo de cada año: bailecitos por aquí (con niños petrificados por el shock de saberse expuestos usando un trajecito de leoncito), discursitos ramplones por allá (como las primeras líneas de este panfleto) y muuuchos sentimientos encontrados.
Y como cada año, el mismo dilema de siempre: ¿qué voy a escoger de regalo?
La semana pasada, aprovechando que la vena sucio/capitalista a veces late bajo mi sien (y que los malditos y adictivos puntos amarillos valían el doble, debo añadir) nos fuimos muy campantes a "escoger mi regalo".
Si desde que me puse un poco de lipstick para no parecer "Drácula La Resurrección" hubiera sospechado que aquello no iba a terminar bien, seguramente hubiera sugerido que diéramos vuelta en U y terminar felices de la vida comiéndo sopes en la Bondojo... o en cualquier otra colonia popular que se respete...
Pero no, ahí me tienen muy abnegada yo, cual Sarita García en la película "El dia de las madres"...

OTRO ESCRITO OLVIDADO, PODRIDO Y VIEJO...

Y, COMO DICE U2: "...AND I STILL HAVEN´T FOUND WHAT I´M LOOKING FOR"...


Hay días en los que existir es casi tan pesado como cargar un trompo de plomo en el bolsillo esperando a que se convierta en una mariposa de papel. Negación del presente, de la realidad que hemos elegido, de lo que se supone escogimos para hacernos feliz. Todo es tan "tricky", ¿saben?
En el fondo, sabemos que nada se perderá para siempre, vivimos con un ritmo tan vertiginoso que ni siquiera tenemos la curiosidad de buscar esa palabra en el diccionario, notando que no volveremos a toparnos con ella en discursos posteriores, además ¿a quién se le ocurre escribir obviedades?
Pero sencillamente a veces necesito hacer un espacio, un alto... o en realidad es la vida quien me detiene en seco, obligándome a tomarme ese respiro porque asume que yo, ante mi vertiginosa carrera, no querré hacerlo... ¿y quién querría? Detenerse para rectificar no es lo que nos han enseñado, ¿cierto? Lo justo es continuar, continuar, continuar... hasta quedar exháust@s y amargad@s de tanto dar.
¿Lo ven? E-qui-li-brio.
Esa palabra, "equilibrio", me da qué pensar... es una ironía constante en mi vida porque, verán... yo nací bajo el signo de "Libra" que representa la balanza, la justicia, la igualdad, el equilibrio... No conforme con ello, me dediqué a la noble labor de la abogacía que -de nuevo- busca justicia para el representado y ya para rematar y juro que no se si es coincidencia o qué demonios, mi nombre, "DANA", que es de origen hebreo significa... justicia.
Y si mi vida es un caos (en el cual hay un orden aparente, nada más que aún no se deja encontrar)

TEN TU "ESTATE QUIETO" (ESCRITOS PERDIDOS Y ENCONTRADOS VOLÚMEN ..."N")

BENDITO DIOS NO TERMINÉ DE ESCRIBIR ESTA ENTRADA... CREO QUE ESTE TEMA DE LA MATERNIDAD CULPABLE Y DE LAS "MAMITAS TRABAJADORAS" NO TIENE FIN... EN FIN.


Después de lamentarme profusamente por la falta de tiempo y oportunidades gracias a mi licencia de maternidad, vino mi mamá y me puso en santa paz. Ya les he platicado los métodos nada usuales que tiene para hacer que gire el mundo y que gire bien, nada de mediocridades ni paparruchadas, pos qué se están creyendo, así que con la sutileza que el mismo Churchill le envidiaría, llegó, tomó a la Papita en brazos (al niño mayor no porque ya no se lo aguanta) y me dijo: "Mi reina, peor está la pobre Violetta. ¿Quieres que en vez de regalo de navidad del Palacio de Hierro te regalemos una bonita estancia en el psiquiátrico?", y pos con esos truenos ¿quién duerme?, con la misma eficiencia con la que lograba que fuera a la escuela a pesar de estarme muriendo de alguna enfermedad, me levanto y me obligo a reprogramar mis pensamientos, tomar aire, agarrar fuerza y comenzar de nuevo...
Y aquí me tienen escribiendo en martes (mi lunes para perdedores), con la "novedá" que el niño mayor, mi amado  Matius está malísimo de la panza y no va a la escuela... (fuck!).
Ja, la verdad es que amo que Mateo esté aquí conmigo. Es pequeño, es tierno, es buen conversador, es muy gracioso, es cariñoso... lo único que él necesita para ser feliz es una pelota y alguien con quien patearla. 
En realidad yo me metí en este rollo de la maternidad por él. Cuando lo traía en mi panza y juntos cruzábamos Avenida Reforma a la hora de la comida en busca de una banca donde comer nuestra tortita de milanesa, no pensaba en que al nacer me quedaría en casa con él y sería  full time mom; pensé que lo dejaría en alguna guardería y listo... casi nunca hablo de este tema...creo que haré una pausa para llorar...}



SPINSTERMANIFESTUM (ESCRITOS ATRASADOS...EN FIN...)

A la generación "Bridget Jones":

Recientemente vi -y juro que fue puritita casualidad- "El diario de Bridget Jones" cuando lo transmitían por cierto canal en donde las películas despiden un tufo a naftalina y no son consideradas ni clásicos, ni grandes obras. Tal como cuando me desilusioné al escuchar a Lady Gaga en VH1 clásico (¿clásico?, ¡por dios, si apenas es del año pasado!) mi ánimo no encontró un camino hacia lo agradable mientras miraba a  la anti heroína rechoncha que catapultó a la fama a una escritora de mala muerte, que lo único sensato que hizo en su vida fue el leer a Jane Austen (perdónala, señora) y medio arremedar su esencia, como si tal cosa fuera posible.
No conforme con tamaño sacrilegio, la avaricia hollywoodense se empeñó en masificar tal dislate ofreciéndonos no una, sino dos películas con alto contenido calórico y cero contenido per se.
Así, vimos desfilar en unos calzones abuelezcamente espantosos, a una actricilla texana (y el chiste del british accent se cuenta solo), que pretendía ser la nueva señorita Bennet (tuvieron el tino de ningunear al personaje bajo el nada poético apellido "Jones") y que al tiempo, sería disputada, como en un juego de suertes, por dos galanes evidentemente austinianos (¿qué digo austinianos?, ¡completamente sacados de la trama de la obra maestra de la literatura universal por exelencia llamada "Orgullo y Prejuicio"!).
Y aún así, todos caímos bajo su encanto... yo incluída.
Para la época en la que se estrenó la primera parte y mientras a Renné Zellweger era nominada al Oscar por tamaña actuación (de verdad que su solo presencia llenaba la pantalla), yo disfrutaba las mieles de tener 22 años y para nada cabía en mi universo ni Jane Austen, ni Bridget Jones ni el temor a ser una solterona treintona. La vida era agradablemente dulce, lujuriosamente bien dirigida y la posibilidad de casarme se encontraba asegurada, pues amaba y me amaban con esa certeza jurídica que da el tener 22, un cuerpo de prima ballerina (en mi imaginación, por supuesto) y un abrigo negro largo de Zara, de los primeros en ser comercializados y el cual iba pagando en cómodos abonos a mi santa madre.
Es decir, que nada de lo que aquella Miss Jones planteaba me preocupaba, a excepción, quizás, de la premisa de la película: ella escribía un diario. 
Pasó el tiempo y pasó el amor; llegaron nuevos aires, nuevos intereses y ¡de nuevo llegó el amor!
Esta vez era un amor aún más dulce por cuanto más incierto pues yo al muñecón, le llevaba 4 años.
Con esta diferencia de edad y otros honores más, tal como dictan los convencionalismos acudimos al cine a deleitar nuestro intelecto con la segunda parte del insufrible diario de la tal Jones.
Sobra decir que me pasé la película en el ácido pues el querubín recibió cierta cantidad de mensajes de texto a su celular que bastó para borrarme del mapa y prender las alertas... como que esta vez si estaba camino a convertirme en una rechoncha treintona y solterona, ¿eh?
Nada de eso pasó. La historia ya la conocen: llegó el MySpace, llegó la Marmota con su inexplicable amor, llegó el Matius y fuimos felices comiendo perdices...
Pero me he desviado del curso de la historia... conque "El diario de esa  tal Jones", ¿eh?...

*PAUSA DRAMÁTICA*
A riesgo de sonar pesada, que mis amigas solteras se enojen, que mi mamá me deje de hablar (por enésima vez en la vida) y que la misma vida me cobre la factura de mi descaro y me condene a una soltería perpetua (oh la lá, je vais etre une divorceé!) pienso que la película es una bazofia.


CON ESTE POST COMENZÓ LA HISTORIA DE MI REGRESO LABORAL... (ESCRITOS ATRASADOS VOLÚMEN YAPERDÍLACUENTA)

La semana pasada hablé sobre la nulidad que a veces experimento como parte del gremio de las "mamás que no trabajan". Expuse de manera álgida lo que se siente no ser tomada en cuenta como ente que aporta valor y que es indispensable en el desarrollo de la sociedad. Puse el acento en el hecho de que somos casi invisibles... y como siempre me pasa, el destino tenía que venir a darme réplica y decirme "¡¿Ah si, chulita? ¡Pues vas!"...
Y que me citan para una entrevista de trabajo. La primera en no se cuántos años... ¡qué horror!
Cuando recibí el correo pidiendo mi confirmación a la cita eran las 02:20 p.m. Minutos más tarde me encontraba de regreso del cole con mis dos críos, pensando en qué se estaba tramando en la novela de mi vida. Muchas cosas pasaron por mi cabeza, menos las que en realidad me pasaron y que me pusieron entre la espada y la pared.
Resulta que al revisar el control de tareas del Mats me encontré con un recado de la subdirectora de su escuela, citándome al día siguiente a la misma hora que tenía mi entrevista. Y dos horas después, la maestra de Español también me citaba para discutir asuntos de matemáticas conmigo.
Ya comenzaban los conflictos; la Dana mamá que no trabaja se estaba echando un round rudísimo con la Dana promesa ejecutiva; un auténtico "quienvive" donde no se sabe en efecto quién vivirá.


Thirtysomething...(BORRADOR DE UNA ENTRADA QUE SÍ ALCANCÉ A TERMINAR DEL MISMO NOMBRE...)

Advertencia: El o la que vaya con el chisme a Marmota... zapeada segura, ¿eh? 

Sí, he superado la barrera emocional del "¡Noooo, diooooos, ¿por qué a miiiiii?!" en la que me vi envuelta durante mucho tiempo. Estoy encarrerada y enfocada. Estoy "fluyendo" bien bonito... sigo comiendo como cerdito pero ahora en mis tópers. Estoy... feliz.

Como bien lo saben, hace diez años, más o menos cuando comencé a escribir mi día a día en éste blog, trabajaba en un lugar llamado "Back to Business". El personal eramos en su mayoría mujeres, salvo nuestro entrañable "compañerito" Joaco, que venía siendo como el hermano menor de todas nosotras. La cuestión aquí es que yo era soltera y mis compañeras ya eran mamás, así que vivíamos en dimensiones totalmente opuestas: yo vivía "La vida loca" (literal) y ellas iban al cine con sus hijitos; yo planeaba fines de semana salvajes en Querétaro, ellas picnics en el Parque Lincon. Yo tenía veintitantos y ellas treinta y pico... ¡ah... juventud!
Y por ese tiempo no entendí mucho (o nada) de las cosas que ahora me llegan de p*tazo...

El lugar donde ahora trabajo es un interesante laboratorio dividido en tres reinos: el Reino Legal, el Reino Contable y el Reino de Recursos Humanos. Y como en todo reino, no faltan las conspiraciones, las alianzas y los acuerdos, pero sobre todo los ¡jóvenes!. ¡Woooow, me sorprende trabajar con gente tan jóven!
Un día normal en la oficina es ver con ternura cómo llegan las asistentes al comedor y entre risas y cucharadas de Splenda, dejan escuchar la maravillosa fiesta que armaron ¡en miércoles! y que para nada les dejó secuelas, o admirar su maravilloso cutis, o mirar con envidia sus atrevidísimos looks que les quedan fantásticos. Después, a la hora de la comida me comparten algunos de sus secretos, sus amores, sus ligues, sus pensamientos, sus anhelos... ¿así era yo a su edad? Wow de nuevo, jamás hubiera sospechado hace nueve años que algún día yo sería la treintona que lleva a pasear al parque a sus hijos mientras las veinteañeras gozan del divino tesoro de la juventud... ¿y eso me duele? ... ¡Para nada!
Claro que las admiro.

o simplemente, responder a su asombro cuando me preguntan ¡¿En serio está casada, Lic.?!, ¡¿En serio tiene dos hijos!? Lo amo. Me hacen sentir jóven; por cinco segundos soy "una de ellas"...


Punto de quiebre. (ESCRITOS ATRASADOS VOLÚMEN ... ¿EN CUÁL VAMOS?)

DUELE VER QUE SIEMPRE TENGO LA INTENCIÓN DE ESCRIBIRLES, PERO CERO ENCUENTRO EL TIEMPO PARA TERMINAR LO QUE EMPIEZO... 


Sí,  señor ratero, sí  puede llevarse mi celular pero déjeme escribo el post de hoy porque si no, mis menos cinco malvivientes lectores de siempre abandonarán la página...
No se cuantos se alegrarán de leer estas líneas que me están doliendo como clavos ardientes; si ya decía yo, debí poner más atención a ese repentino subidón de ánimo del que acusaba hoy por la tarde.
Claramente debí comparar mi inesperada energía de las dos de la tarde (cuando francamente a esa hora ya estoy subiendo y bajando a ver si ya está la comidita y gusgueándole al chef Don Armando una que otra frutita o escamoteándole unos totopitos, la neta) con aquella situación en la que me atasco de comida sin el menor empacho y al final término hiper dañada del estómago, con suero y mi hermano David regañandome al teléfono.


"HABLA CON LA PARED" (ESCRITOS ATRASADOS VOLÚMEN TRES)

RELEER ÉSTE POST REALMENTE ME HA HECHO LLORAR...
COMPLEMENTA EL VOLÚMEN UNO).



Es tan simple que me asombra el no haber pensado en ello antes...
Hola, soy Dana y debo aceptar que padezco de distimia desde hace mucho, muchísimo tiempo. Que en éste mismo blog he hablado -tal vez en serio, tal vez no- al respecto. Que me he reído de mi padecimiento (me niego a decirle enfermedad) y que de ella brotan a veces cosas buenas y a veces cosas malas, es cierto. Que en ocasiones la he podido tener a raya sin la necesidad de medicamentos, es verdad. Que a últimas fechas los acontecimientos de mi vida la han disparado a niveles que me hacen temer una recaída... lamentablemente sí.
Tener una condición mental como la distimia (una especie de "ligera" depresión... que en realidad no es tan ligera) a veces me hace sentir avergonzada de mi misma. ¿Cómo es que una mujer como yo, con mucha salud, amor, cariño, inteligencia y suerte puede tener algo como eso? En realidad no es cuestión del mundo exterior sino de la sinapsis de mi cerebro. Y entender de fisiología para dejar de sentirme abochornada debería ser suficiente, pero a veces no lo es. A veces sentir que no eres suficiente es suficiente para deslizarte por la pendiente de la desolación, con pocos vuelos de vuelta.
Y cuando estoy en ese brete, generalmente siento que nadie me comprende. Y me dejo ir poco a poco como el río; desaparezco del mapa. Me enconcho. Me blindo. Funciono pero no existo...

QUIERO SER UNA ORUGA PARA SIEMPRE U.U (ESCRITOS ATRASADOS VOLÚMEN II)

OTRO ESCRITO ATRASADO DE HACE UN AÑO...
ESTE TEMA NO DEJA DE TENER VIGENCIA EN MI CABEZA...
COMO EL ANTERIOR, NO ESTÁN EDITADOS.
ENJOY!


Me dan repelús; su sola presencia basta para ponerme mal y sin embargo, hay tanta vibra de cambio y fenómenos naturales trascendentales detrás de sus horribles aleteos que creo que las mariposas son los seres más sobrevalorados de la creación. Tan solo muy por debajo de los políticos priístas, incluído el copetón. (Ya, PGR, no me censures)
Pero ¡bueno!, en vista de que a Kafka no le ha hecho justicia la Revolución y hasta que no se pruebe lo contrario, aquel bichejo seguirá siendo el ejemplo perfecto del cambio y los cursis seguirán mentando las metáforas de la metamorfosis hasta que llegue el Diablo y los chupe y los escupa lejos, muy lejos de éste reino y yo tendré que acogerme a ese bendito ejemplo para poder escribir el post de hoy porque, aunque no es viernes, los clamores generales ya llegaron a oídos de mi mamá, quien me acaba de hablar para decirme que no joda, que qué me estoy creyendo, que si para esto me mandó a la primaria, que si ya nunca más pienso escribir ¿o qué?, ¿me mando sola?. Chale...
Queridos menos cinco olvidados como últimos niños de la guardería lectores de siempre: Digo adiós.
Sip, ésta es la última Gatería que escrib...¡pérense!, ¡dejen les explico!... ¡no avienten sus tomates todavía!.
Respiro... el impulso de ser honesta parece querer brotar espontáneamente, cual vómito de quinceañera borracha:
Cuando comencé a escribir éste blog iba de salida de la etapa de mi vida conocida como "La Soltería".
Estaba a dos minutos de convertirme en esposa de Marmota (que en realidad parecía una Marmota: era gordito y pachón. Hoy no llega a suricata de lo largo y flaco que está mi pobre marido) y a ocho de volverme una mamá.
Ciertamente en ese momento tomé una decisión que creí que sería la mejor: Botaba la chamba en la consultoría de RH que hasta entonces me vió dar mis pininos en el competitivo mundo corporativo y me encerraba en casita, para que Matius no sufriera, para que estuviera bajo mi exclusivo cuidado las 24 horas del día, los siete días de la semana...
En realidad me dió terror imaginarme el día a día de una madre trabajadora con su chilpayate envuelto en un cobertor Baby Mink de los Avengers, caminando bajo la lluvia mientras dejaba al crío en sepa dios dónde, dando el alma en el trabajo y perdiéndome los mejores años de su infancia. Y en realidad tomé muy en serio mi chamba: cada festival, curso, plática, fiesta infantil, tarde de playground, parquecito time, película sosa para niños, pijamada, halloween, piñata, scouts, fucho... todo, todo me lo chuté en nombre del amor de mi hijo. Lo traje pa' rriba, pa'bajo, en carro, en avión, barco, camión, etc, etc, etc. Me consagré al Mats y me sentía tranquila de no tener que abandonar mi casa para estar al pendiente de él. Hasta ahí creía que la vida era eso y que yo jamás regresaría a una oficina.
Por ese entonces mi depresión se iba agudizando lentamente. Y escribir se convirtió en la catarsis perfecta para explicarme a mi misma el por qué si estaba donde había elegido, lloraba sin darme cuenta mientras cambiaba pañales o mientras hacía el arroz. El encontrar la parte graciosa de situaciones que tal vez no lo eran me sirvió muchísimo (¡oigan, ocho años en la autoterapia..., no es cualquier cosa!) y éste blog se convirtió en un todo para mi. Era la prueba de que no me había ganado la depre y que mi cerebro furulaba alegremente.
Pero... todo tiene un final.
Ahora debo volar hacia nuevos retos literarios, una nueva narrativa, temas diferentes y sobre todo, dejar salir a la mujer que, sin ser soltera o sin dejar de ser madre, ha descubierto que es mucho más de lo que imaginó y esperó de sí misma y de la vida.
Ahora entiendo tanta autocensura y tanto silencio en éstas semanas que los dejé abandonados: es difícil aceptar que estuviste equivocada tanto tiempo, secuestrada por tus propios miedos. La vida es como es; probé quedarme en casa y luego la misma vida me recetó la prueba que siempre quise evadir.
Qué sabia es la vida.
Qué fuerte es hacerte pedacitos nomás por miedo a volar.