jueves, 8 de mayo de 2014

¡MADRES!

Está bien, no les echaré el rollo de siempre, ese que reza: "¡No manitos, figúrense que tenía la entrada perfeeeecta, el escrito perfeeeecto para el post de la semana pasada pero ps a) mi gato se lo comió. b) se cayó el sistema. c) me cayó Hacienda de sorpresa!" Pregonaré la verdad con la mayor serenidad de la que pueda ser capaz porque ustedes se lo han ganado, la neta. Ustedes y sólo ustedes (acuérdense que son menos cinco, tampoco es que se emocionen) han demostrado fidelidad y paciencia y eso amerita premio.
Por ello, aquí les vengo a ofrecer mi corazón en carne viva, poniéndome de a pechito para que, como dicen las madrecitas santas a las que estamos próximas a celebrar, "aprendan en cabeza ajena, no cometan los mismos errores que una"... 
Corre video teip:

Estaba un día la Danis... bobeando alegremente en la computadora cuando de repente topéme con la clásica evidencia que ninguna esposa puede soportar. Sí, neta. Ya saben cual. Aunque tampoco es que fuera taaaan evidente, lo cierto es que ello dañó mi autoestima por un lapso aproximado de una semana. La misma semana en la que duran los "Te juros".
Cuando una amanece sintiéndose menos amada que de costumbre, la pila baja. Tal vez en cerebros más sofisticados y/o desarrollados aquello no sea cosa común, pero para una chavita (ejem, ejeeeeeem) acostumbrada a mimos y a dormir entre algodones, ser la número dos en la escala de afectos de la pareja es... triste. Y miren, lo digo abiertamente y sin temor a la censura, pues se que el principal aliciente de situaciones comprometedoras en la vida conyugal es el secreto, el "que no se entere el presidente". Por eso y no por ardor (porque finalmente una también coopera y también omite) es que este post es amargosamente dulce...
Si, porque mientras yo lloraba por los rincones cual muñeca fea al más puro estilo de "Camelia la Texana", había un hombre al cual yo le importo por encima de cualquier otra mujer. Un hombre al que no le interesa si un día amanezco más pálida de lo habitual o si mi humor está para soportar simplezas. Este hombre piensa (por ahora) que soy la mujer más maravillosa del mundo y que no hay ni habrá (repito: por ahora) otra como yo.
Por supuesto me refiero al Matius, mi hijo adorado que sin esperar fidelidad o sinceridad, está del lado de su madre y se muere en la raya con ella.
Sin que derramemos lágrimas inútiles (afortunadamente ni me gustan las telenovelas) las mujeres que somos madres sabemos que no hay amor más sincero que el de un hijo. E incluso cuando la relación con los mismos está del cocol, ello significa cuán profundo debe ser la necesidad de ese amor en uno y otro por cuanto más profunda es la brecha que separa esos corazones.
Si bien es cierto que los primeros años son amores que tapizan hojas con sopa y bailan al ritmo de "los pollitos cantan pío, pío, pío...", no por ello son banales o condicionados.
Uno ama lo que es por lo que es. Punto.
No espera a cambiarte, lo que existe es lo que se ama por el hecho de ser. Y en cambio, a veces como padres y madres llegamos a pensar "Si tan solo se comiera las coles... Si tan solo le gustaran las matemáticas... Si tan solo fuera más güero..." O sea, ¡no mami, no!
Ahora comienzo a comprender en qué fallamos como adultos: esos altos estándares que fijamos en los demás esperando a que con ello suplan en NOSOTROS las carencias propias son la mierda con la que empezamos a pudrir nuestra felicidad.
Por ello es que, aprovechando la ocasión, pido a mis menos cinco lectores de siempre que hagan exámen de conciencia y se ubiquen en el espacio que les corresponda:
a) Si son padres o madres: Es preferible que antes de haber sido padre o madre, usted cuente con la certificación del Instituto Nacional de Psiquiatría que lo acredite como sujeto enteramente apto para ejercer la paternidad/maternidad responsable, ello con el fin de asegurar que no transmitirá a su prole miedos, culpas, rencores hacia sus progenitores (los suyos de usted), expectativas personales frustradas y ese gusto estúpido por cantantes que tiendan a "componer" canciones a los meros barones de estupefacientes. Así mismo, en dicha acreditación se especifica que usted se compromete a respetar la individualidad de su hijo, las manifestaciones que de ella deriven y su compromiso a defender a capa y espada la libertad de su crío, de tal forma que usted tiene la obligación moral de entregar a la sociedad a un ser humano apto para el engrandecimiento y progreso de la misma. De no ser así, será sancionado penalmente, sus calzones serán exhibidos en el asta bandera del zócalo capitalino y sufrirá el destierro.
b) Si aún no son padres o madres Favor de leer con detenimiento el párrafo anterior y no olvidar cargar sus condones siempre, pues ser padre o madre ES un trabajo al que se le debe dedicar la mayor seriedad y compromiso posible pues no se trata de echar chamacos al mundo nomás porque sí.
*Pausa para respirar...
Pues si, m'ijitos, así las cosas, ¿cómo ven? Tampoco es que yo haya quedado amargada, sorprendida, vilipendiada, vapuleada y maltratada de por vida. Ni tampoco es que ahí murió la flor y ahora ando soltera viviendo la vida loca (aunque lo consideré por un nanosegundo... perdón)
Una elije y espera con el corazón en la mano que esa elección sea la más inteligente. Y luego se percata del corazón y ¡chin, qué contradicción! 
Elijo sacudirme la tierra y sobarme el raspón. Seguir adelante amando como hasta ahora.
Solo que yo voy por delante, con un caballerito a mi lado y otro admirando mis pasos, agradecido de ese privilegio y esa nueva oportunidad.
Por su bien, que así sea.

Feliz diez de mayo. Amen a sus madres, amen a sus hijos... tal como son.

sábado, 26 de abril de 2014

¡SALVEMOS A LAS BUBIS! (Empezando por las mías...)

Escena 1: Danita, 13 años, rellenando su corpiñito con algodón Zuum para contrarrestar la falta de bubilidad y evitar bullying por ser más plana que la tabla del ocho.
 El tema de las mamas, teclas, bubis, senos, tetas, chichis, bolas ____________ (ponga aquí la acepción de su preferencia) es inagotable, da para varias teorías -edípicas todas- y no deja indiferente a hombres ni a mujeres. Lejos de tomarnos en serio este tema (que lo es, en su contexto adecuado) será mejor abordarlo con humor pues ya ha causado grandes traumas en mi vida y en la de muchos más. Además, siento que ya he adquirido demasiada seriedad a causa de los sponsors y eso no va con éste blog. 
Como les decía, durante mi adolescencia el tema de moda entre chicos y chicas era el tamaño de los senos y debido a ésto, algunos descarados se la pasaban mirándonos nuestro frente, con esa delicadeza propia de los chavos hormonosos que babeaban ante las más "desarrolladitas" y se desternillaban de risa, señalando con su dedito a las que como yo, carecíamos del favor de la Madre Naturaleza en cuanto a madurar nuestras manzanas. Terrible.
No se -y pienso que pronto lo averiguaré- por qué si biológicamente los padres pasan antes por la adolescencia que los hijos y conocen de primera mano las cuitas juveniles, no tienen el tino, la chispa o la idea de advertir a los carentes jóvenes de cosas tan sencillas como la burla por no tener desarrollados los senos o alguna otra pifia propia de la edad. ¿Es acaso un mandato el guardar silencio sepulcral acerca de la propia adolescencia? ¿No hubiera sido más fácil un "Ay Ruperta, ya eres toda una damita y ... pues aunque aún no tengas ni media copa, pronto tus botoncitos retoñarán. Tú no te apures, chula; es normal que aún seas tan plana como "La de ocho" del Ovaciones". O sea, ¡esa información le habría ahorrado a la Rupert una buena terapia!
Pero como todo en la vida, las Rupertas del mundo tuvimos que aprender a la mala, como es y seguirá siendo hasta que alguien cambie la manera de abordar con los jóvenes el tema de la sexualidad.
El no tener los pechos protuberantes como los de algunas compañeritas me orilló a desarrollar otras protuberancias en otras partes de mi cuerpo, como las neuronas por ejemplo, pues sin ser necesariamente la más aplicada, sí empezó a caerme el veinte que tal vez un par de tetas jalan más que una carreta pero que un par de neuronas bien aprovechadas podían jalar hasta al buey más resabio.
Dejé de preocuparme por mi talla 32 B y dejé que el mundo rodara...
Escena 2: Dana, veinteañera, bailando encima de las mesas del "Carlos 'n Charlie's" en su viaje de generación y moviendo sus "lolas" al ritmo de "Procura coquetearme más"
Llegó el día de la reivindicación y fui la más feliz. 
Aunque me hube de autosugestionar durante varios años acerca de que no necesitaba ese tipo de atención en cuanto a tener un 90-60-90 y que con mi sentido del humor tenía de sobra para conquistar, cualquier mujer experimenta un momento de debilidad, autocompasión y necesidad de ser admirada por su figura o por su físico y yo no fui la excepción. Así que el día en el que ¡por fin! escuché un finísimo "¡qué tetomas!", mi reacción fue la de sonreir (procurando que el barbaján no me mirara, ¡no fuera a pensar que le estaba dando entrada!) y sacar el pecho con orgullo; ya no volvería a pasar desapercibida con mi 36 B por la vida.
Escena 3: Dana se convierte en "señora bonita y ociosa" y comienza a ir al gym, a comer sano y dejar por la paz los asaltos de media noche a la despensa.
Y entonces mis bubis comienzan a desaparecer... ¡otra vez!
Puuuuuu... esto no es posible, en verdad que alguien me ayude. ¿De verdad es TAN necesario que al bajar de peso también los senos bajen? O sea, ¿cómo me explican que las conejitas de Playboy sean tan flacas pero que presuman de tremendos pechugones? Ahhhhh, ¿dicen que son silicones?
No bastan razones del tipo: "Ay, pues qué tiene, la moda es estar flaca y plana. Ve a la Kate Moss..." o: "Bueno, vélo por este lado: podrás correr sin peso extra." o el peor de todos: "Al fin que ya tienes marido". 
Yo quiero mis bubis de vuelta. 
Y me atrevo a asegurar que algun@s más... ¡también!

Feliz fin de semana, queridos. 
Etiquetas: Yo tetona... jajajaja. #Ash


viernes, 18 de abril de 2014

Letras, lágrimas y recuerdos: Adiós a García Márquez.

El genial escritor Gabriel García Márquez se ha ido en busca del mar de Macondo, en una travesía que le llevará la eternidad; siento un hueco en la panza, una tristeza que hormiguea despacito en la cumbre de mi ombligo; como una fina lluvia de grises mojando un campo rosáceo y amarillo. Como el color de las mariposas que ya no volverán...
Comencé a leer a García Márquez cuando tenía 12 años, sobre una mesa de tule y cuatro sillas de palma alrededor. 
Era 1992 y husmeaba en el desván de la abuela Ofelia. 
Eran "Doce cuentos peregrinos", uno para cada año de mi vida. Aquello debía ser una bonita coincidencia, una señal, la llave del destino; porque la fuerza, esa nunca la encontré. Yo creo que no venía. 
La vida me llevó hacia otros autores, sobre todo a los brazos de Poniatowska, de Paz, de Fuentes... de éste último recuerdo haber saboreado el orgullo chilango de una ciudad, que si bien ya no era transparente, si ofrecía una embriaguez de pertenencia, decadencia y lustre cultural como no se ha visto en otra parte (aunque tampoco es que viaje mucho, vous sais...) y de nuevo la misma vida me trajo de regreso a García Márquez.
 Habían pasado otros doce años desde los últimos "doce" y ni con toda la sabiduría de tortuga vieja hubiera entendido que aquel encuentro que conjugaba la magia de enamorarse de a mentis y el beber ávidamente de un amor, no estaba hecho para perdurar en el mundo de los razonamientos. Al menos, no en el de los míos.
Leímos juntos "Cien años de soledad" y parecía que nos faltarían diez décadas más para decirnos todo lo que no dijimos al final. Era conmovedor mirarnos al atardecer mientras discutíamos hipótesis, personajes, tramas y sobre todo, cuando rubricábamos nuestras cartas con frases "macondinas". Escucharnos salpimentar nuestras conversaciones con dichos y piropos de algún personaje, pero sobre todo, filtrar dulces sentimientos del papel a nuestros tibios labios.
Sí, caray. Con "Cien años de soledad" me enamoré caprichosamente de la eternidad del ocaso, de la permanencia del amor en la tierra y de los calores de una selva que absorbía los temores.
Y al igual que Macondo, "lo nuestro" también tenía fecha de caducidad. Así que, paralelamente al pueblo donde todas las casas exhibían turpiales, canarios, azulejos y petirrojos, aquello terminó con un ciclón que barrió toda lógica y esperanza. Es cosa natural. No grata, pero natural.
La memoria, si es como la mía, guarda pedazos de recuerdos, imanes, chicles envueltos en papelitos de colores, trozos de cuerda y páginas de historia. De repente, cuando la levedad del ser es insoportable, abro el ropero, abuelita, y acaricio esos "tesoros" de rato en rato. Algunos hasta los escribo y ustedes y yo somos cómplices de mi nostalgia.
Por ello es que duele tu adiós en este plano existencial, Gabrielito.
Eres como el escribano que día a día nos llenó de verde y de palabras calientes como panes recién horneados, alimentando nuestras almitas buenas y hambrientas de amor.
Una existencia de nudo gordiano que dejará huérfanas distintas pasiones y que como aves de Macondo cantaremos tristes tu partida.
Allá lejos, en la ciénega y el mar cenizo, aguardarás nuestras miradas y nuestras confidencias. A partir de este momento sabemos que nuestros recuerdos ya son más tierra y hojarasca que carne y presente.
Se llora a los muertos y se llora lo inasible. 
Consolémonos en la espera de otros cien años de soledad.


miércoles, 16 de abril de 2014

VACACIONES CAMPIRANAS (O: "En verdad estoy dando el viejazo")

Hace muchos años, cuando aún se veía un solo dígito sobre mi pastel, mi mamá gustaba de vacacionar en el Rancho de SU santísima madre, la mera mera matriarca de la familia Salazar, familia famosa por sus métodos pedagógicos... ya he escrito al respecto y creo que hemos engrosado lo suficiente las carteras de los loqueros por ello, vous sais!
En dichas vacaciones yo sufría. Sufría porque era una chamaquita malcriada, pesada, sabihonda y melindrosa como la que más y todo lo que se refería a salir de mi zona de confort, me disgustaba: si la cosa se trataba de ir al río, quitarse la ropita y nadar pues yo protestaba porque no me gustaba que me vieran personas desconocidas, lloraba porque el agua estaba fría y porque la poza del lugar tenía muchas piedras. Además de que me cansaba de tanto andar de milpa en milpa.
Si se trataba de la hora de la comida, mi mamá pasaba las duras y las maduras conmigo pues en mi melindre, no toleraba el sabor de los huevos de gallina recién paridos (¿o se dice recién puestos?), ni comprendía por qué en vez de tomar mi chocomilk debía beber leche recién ordeñada sin un saborizante artificial. Y ya en el paroxismo de mi chocantez, las primitas tenían que consolarme si de repente la tele a blanco y negro no agarraba bien la señal de las caricaturas, única referencia de "mi mundo" en el que podía refugiarme ante tan extrañas e incómodas circunstancias.
Sí, en verdad era una plasta. A mis siete, ocho, nueve años era una plasta hecha y derecha...
Pero como todo lo que sube, baja (a mi no me vean, eso lo dijo Newton), mis humos de damita elegante se me han ido bajando con cada madrazo que la vida me ha obsequiado y precisamente el vacacionar en el rancho ha ido adquiriendo otros matices que lejos de desagradarme, me han hecho reflexionar. 
Este fin de semana tuvimos la fortuna de que nos invitaran a una comida en el rancho. Antes hubiera puesto miles de pretextos, pero con los años, la nostalgia se ha instalado en mi y fue inútil negarme a ir; quería volver a mirar esos paisajes llenos de colinas y senderos multicolores (que en caso de éstas fechas, aún están teñidas de dorado pues están a la espera de las benditas lluvias de mayo) y también quería respirar el aire colmado de olores dispares, desde el aroma a tierra húmeda hasta el de corral de animales.
Así que me dispuse a viajar lo más ligera posible, cero ropa rara, cero comida especial, cero pretensiones.
Solo de llegar al pueblo, aquello comenzaba a parecerme mejor de lo pensado. Es una dicha poder desconectarse de la cotidianidad, de los mismos grises de siempre, de la cháchara inútil de los noticiarios... 
Al llegar a la casa ya nos estaba esperando la comida deliciosa del campo. Qué bendición tener una familia tan amable, tan solícita y dispuesta a agasajar a una tan solo por el simple gusto de agradecer mi intervención en un asunto legal.
El primer día, Matius y Marmota se la pasaron correteando cuales animalitos por todo el campo. El buen Matius ha demostrado ser de una madera muy superior a la de su madre al no poner los mismos "peros" que yo esgrimía a su edad. Tranquilamente comió y bebió lo que se le puso enfrente y se solazó con las diversiones de los niños del campo. La Marmota agarró su jarro de pulque y poco a poco se iba poniendo rosita y muy divertido; para él el campo tiene connotaciones diferentes a las mías, pues aunque pasó parte de sus vacaciones infantiles en la sierra de Oaxaca, sus recuerdos parecen más dulces que los míos.
Al día siguiente quise ir al Manantial y a la poza, pero el itinerario de mis hospitalarios anfitriones era claramente diferente y ello ya no fue posible. Pasamos de la mesa de almuerzo a la iglesia para bendecir los ramos y de ahí, nuevamente a la mesa donde el ágape consistió en mole con guajolote y tortillas de maíz azul hechas a mano... ¿cómo pude perderme de esto tanto tiempo?
Como todo lo que nos sucede a diario, siempre existe el espacio para reconsiderar nuestras conductas pasadas, no tanto para recriminar y esperar inútilmente a que el pasado cambie, sino para darle nuevo sentido a nuestro presente, de tal suerte que la vida se vea enriquecida a partir del momento posterior a la experiencia. 
Y yo estoy más que dispuesta a darle una segunda oportunidad, tercera, cuarta ¡las que se necesiten! para entender que una solo está de paso en este mundo y que el negarnos la felicidad -cualquiera que sea la forma en que se presente- por prejuicios e ignorancia es acortar la vida amargamente.

Feliz SS. queridos, espero que en estos días les llegue su felicidad. Ábranle la puerta y déjense envolver por la experiencia.


viernes, 28 de marzo de 2014

NUEVOS AIRES

Sí, sí, ya se. No es necesario que retaquen el mail con mensajes del tipo "Llevas dos semanas sin escribir", "¿Qué te estás creyendo?" y mi favorito: "Dana, soy tu mamá... ¿estás bien? Llevas dos semanas sin escribir"
¡Oish, péeerenme!
Si no había podido sentarme a escribir es porque literalmente no me he podido sentar... at all. 
Traigo, como quien dice, el trasero molido.
Y es que resulta que ya llegó el día en el que la vejez (que no la madurez) me ha alcanzado y es necesario poner orden en mis hábitos nutricionales y aeróbicos, por lo cual convencí (más bien rogué hasta la humillación) a una de mis amigas de camioneta grande (mi "nueva" pandilla, luego les platico) para acompañarme al gym. Aplausos para mi... ¡clap, clap, clap!
PERO, como nadie tiene la habilidad para complicarse la vida como yo, decidí que no sólo iba a cambiar de hábitos sino también de domicilio. Y no sólo eso, también tomaría un mini curso de Programación Neuro Lingüística, ¡cómo no, con mucho gusto!. Pa' que el cambio sea radical, pa' que se sienta desde el interior y derrame su luz sobre el exterior... (Ok, lo confieso: también estoy practicando Yoga y ando UN POCO en esa onda de la paz interior. Sólo un poco, lo suficiente para no perturbar mi chamagosísisima alma)
Y bueeeeno, no dejaría de ser yo si no me metiera en problemas, ¿cierto?. La cosa es que nada más cambiar mi zona de confort, todo se comenzó a mover en mi. Y no todo fue agradable. Y no todo fue tan fácil como parecía (Ya lo había dicho Coldplay...)
La primer semana fue un calvario: levantarme temprano para dejar listas a las Marmotas, salir corriendo al gym, medio pedalear la bici, medio menear el cuerpecito al ritmo de "¡Pásamelas, pásamelas!" (¿A qué se habrá referido la rola? ¿A unas charolas con refrescos? ¡Porque las pedía muy insistentemente!), medio estirar mi cuerpo con tal que mis asanas no me hicieran parecer un gusano enfermo en vez de un bello gato y por supuesto, echarme un naproxenito para poder moverme decentemente los días siguientes. 
Esta semana mi entrenamiento ha sido más intenso: la Marmota tuvo a bien no contratar mudanza y ¡ahí nos tienen!, "volando" los muebles con la habilidad de un auténtico mecapalero de la Merced, acomodando y desacomodando la sala, creando "ambientes", pintando, lijando y pegándo de chiflidos para emular a Pedrito Infante... una gloria, queriditos; pa' qué más que la verdad. Claro, también hubo sus bemoles en esto de la mudanza, pues la regla en casa es "Cada quien se hace responsable de sus cosas", que traducido a idioma marmota significó: "Tú cargas tus propios libros". Por supuesto, terminé con los huesos escapulares hechos pinole pero la Marmota terminó con unos rizos envidiables al recibir una... pequeña descarga eléctrica al acomodar una lámpara. Ay, ¡una electrocutadita de nada! 
Y por supuesto, la parte que más me gusta de todo esto: el notar que salir de lo conocido es saludable.
De probar la sopa de col que no me gusta pero también de agradecer que ese alimento es bueno con mi panza. De llevar a mi cuerpo al extremo de sentir dolor con solo tres minutos de spinnin, pero aguantar hasta el final porque mi corazón lo agradece.
Y sobre todo, de dar gracias a la máxima deidad existente por la hermosa oportunidad de aprender que la única constante en mi vida es... el cambio.

Feliz fin de semana, queridos menos cinco lectores de siempre.








viernes, 14 de marzo de 2014

Caaaaaambio de canal... (45 de 13245930)

¡Quietos! ¡Quietos que el día aún no termina y estoy por sentarme a escribir de una manera muy diferente!
O más bien, con un mood muy diferente.
Alguna vez leí este pensamiento: "Start where you are. Use what you have. Do what you can."... y sucedía que sí le tomaba sentido, sí checaba con mis pensamientos PERO era inoperante en mi, por la simple y sencilla razón de sentirme incapaz de empezar donde me encontraba sin haber resuelto cosas, situaciones, modelos ya aprendidos y gastadísimos.
Creí que hacer uso de mis habilidades (cualquiera que estas sean; creánme, a veces siguen siendo un misterio para mi) eran una ofensa, un atentado contra el status quo que me había impuesto. Algo así como castigarme por ser tan buena en algo y no poderlo aplicar en la cotidianeidad (y no, no se puede bailar "hoky poky" como una master y pensar que se puede vivir de ello) 
Y ya no se diga el "hágalo como pueda" como una respuesta a un mundo cada día más demandante.
En resúmen: que me he sentido una impostora, hiciera o no hiciera cosa alguna. Y, lo sabemos, no hay nada peor que vivir con una eterna duda sobre la eficacia de nuestro proceder en el día a día.
-Tampoco ayuda a paliar dicha duda haciendo encuesta permanente, debo agregar-.
Agréguenle al carrito de compras el hecho de sentirme mala madre el 84% de las veces en las que la inexperiencia ha quebrado mi espíritu y tenemos un coctel de fracaso bastante peligroso.
¡Pero esto se acabó!
(O se volvió a acabar, que yo no tengo la culpa de ser perfectamente distímica y reciclar dudas y problemas existenciales para volverlos a poner de moda en mi mapa personal)
Empezar donde uno se encuentra es perfectamente sano. No funciona regresar al punto de partida para ponerle moños, pintarlo con colores diferentes y tratar de cambiar el pasado para tener una posibilidad de .00000004 de cambiar el futuro. Por eso: empieza donde estás. Hay maneras de soltar un pasado doloroso, una mala decisión o una culpa feroz. Me costó darme cuenta lo imposible y desgastante que es tratar de cambiar o entender cosas que están más allá de los límites del tiempo...
Empiezo donde estoy: treintona, con un hijito a punto de entrar a la primaria (¡A la primaria...Dios...! ¡Llevo escribiéndoles desde que lo llevé en mi vientre y ahora entrará a primaria!), con un marido al que seguramente le seguiré sacando canas y sonrisas y una red amorosa de familia, amigos, menos cinco lectores usuales, colegas y compañer@s de ruta.
Usaré lo que tengo, así sean las habilidades más piñatas que me pude procurar y con ellas labraré un presente diferente. Qué importa si ello implica morir en la raya tratando de hacer lo que mejor se hacer (que sinceramente es bien poco, la neta)
Y finalmente: haré lo que pueda sin lastimar mi ser con comparaciones odiosas o expectativas imposibles; soy la mejor versión de mi y de mis errores he hecho un blog. ¿Qué más se le puede pedir a la vida?
Estoy realmente emocionada... un nuevo panorama se ha abierto de pronto; las nubes se empiezan a alejar y tímidamente mi vida da un nuevo giro y con ello, la oportunidad de crear, de reinventar, de mejorar...
Es increíble como un cambio de look, de shampoo, de trabajo, de pareja, de alimentación o hasta de casa pueden generar en un@ la fantástica sensación de "This is it!".
Qué importa ganar o perder con los cambios, si lo más divertido se trata de jugar.
De arriesgar y de aprender.

Feliz viernes/casi sábado, queriditos...

P.D. Inauguramos sección: "¡Porque lo digo yo!" en relación a temas de maternidad, hijos, educación y demás miscelánea, en atención a las peticiones que me han hecho llegar al respecto.
Muchas gracias por sus correos y/o comentarios.



viernes, 7 de marzo de 2014

INSPIREISHON TIME!

Epifanía, aparte de ser el nombre de una comadre de mi abuela, es lo que se conoce como "una revelación gozosa e inesperadamente inspiradora". (¿Qué quieren?, ¡la definición de la RAE era espantosa!)
Tiene varias connotaciones religiosas, pero como en este blog sabemos que nuestro lugar en el infierno está prácticamente asegurado -velis nolis-, lo tomaremos en un sentido puramente metafórico, así las buenas conciencias están contentas y nosotros también. Sí, "nosotros", porque ustedes y yo vamos en el mismo barco, derechito a la ver...no.
En fin; conque la epifanía, ¿no? Y ¿cómo funciona?
Se supone que uno se encuentra regodeándose de lo lindo en la estoicidad de la vida, viendo las vacas pastar o a los vagoneros pregonar cuando de repente ¡EPIFANÍA! Aparece la revelación...
Tal cosa puede significar que de un momento en el que estaban prácticamente sorbiéndose los mocos, ustedes descubren que hay algo que más allá en su cotidianidad, un "plus" que nunca notaron y que en un instante les ha sido revelado. Puede ser que les vino una idea brillante para un negocio de venta de corcholatas al mayoreo o la imagen de ustedes mismos respondiéndose ESA pregunta que no dejaba de dar vueltas en su cabeza y la cual archivaron por considerarla imposible de resolver.
La revelación de saber que podemos expandir nuestra mente o nuestras ideas o de resolver nuestros problemas con solo seguir sencillos pasos es algo equivalente a un orgasmo mental.
No inventen, ¡qué delicioso es sentir que nuestra mente es infinitamente poderosa y truculentamente precisa!
Pero bueno, no todo es tan mágico como parece.
Para llegar al punto epifánico-orgásmico se necesita que "algo" habite el Penthouse de tu cuerpo. Exácto, el cerebro.
Si, queridos menos cinco (¡Oigan, deberíamos hacer una película que se llame "El club de los menos cinco"! ¡Guau, eso sí que fue epifánico!) lectores de siempre, si quieren recibir ese chispazo, lo primero que se necesita es una mente bien provista de conocimiento e información; de conceptos, vaya.
Cuando uno se encuentra trabajando febrilmente sobre un tema, necesariamente tiene que pasar por un proceso de información, nada produce nada. No esperen a que mágicamente les llegue la caravana de inspiración y les regale cubetas llenas de ideas.
Ejercíten la imaginación. Déjense llevar por sus impulsos creativos, no se trata solamente de seguir las reglas. En el arte de crear se necesita la transgresión. Es imposible ser políticamente correcto, estrictamente moralino, perfectamente bien peinado y planchado y pretender ser una mente libre e imaginativa para crear.
Neta, aléjense de gente tóxica que solo pretende acallar la melodía de su mente, de su ser. Si son criticados, vilipendiados o exhibidos por dicha gente, piensen en lo tristes, grises y anodinos que son por no permitirse salirse de sus convencionalismos.
La creación no se limita a escribir libros, ni a resolver ecuaciones perfectas, ni mucho menos a construir casas y edificios. Va más allá de haber estudiado una carrera, de ser la más aplicada del salón o la "honoris causa" de la casa. Se trata de querer hacer más de lo ya conocido. Dígase de una sopa o de una pintura... ¡hasta en el sexo se dan las epifanías!
Un@ mism@ es su propia obra. Conózcanse, estúdiense, ámense... diversifíquen su ser y su quehacer día a día y sobre todo, respeten el esfuerzo de otros por trascender.
Quiero leerlos la próxima semana (ya saben dónde:  lafillechiat@yahoo.es) y que me cuenten lo creativos y epifánicos que se pusieron en este fin de semana...

¡Noooo, no me hablen de su salto del tigre! Por favor...



viernes, 28 de febrero de 2014

Pa' no dejar...

Cuando el Matius se encuentra "de vacaciones" el último viernes de cada mes, me entran ganas de acurrucarme a su lado, comerme los dulces que deja a la mitad y sentir esos mini bracitos que poco a poco se van haciendo más y más largos. Tanto, que al rato habrá que comprar -¡otra vez!- el maldíto uniforme (cof, cof)
En esas andanzas nos sorprendió esta hora, cuando más bien ya estoy recibiendo los clamores de amor/odio/indiferencia que La Gatería les provoca y fíjense, no tengo tema que desmenuzar.
Mejor.
Así no me comprometo a contarles nada personal que luego andarán usando a beneficio suyo bajo el supuesto "si ella lo hace, yo por qué no". No se hagan, la otra vez escuché a una señora en el súper que animádamente platicaba con otra sobre el contenido de éste blog y el impacto que le causó una entrada en la que les hablo de buscar su propia felicidad a costa de lo que sea. "De lo que sea", afirmaba categóricamente con los ojos (maquilladísimos) bien abiertos y las cejas (tatuadísimas) bien alzadas... ¡ay dios!
¡Claro que les estoy mintiendo, queridos menos cinco lectores de siempre!
En primera, este apestoso blog no pasa de 3 visitas al mes y en segunda, jamás se me ocurriría plantear el asunto de la felicidad personal de esa manera.
Ya aclarado este malentendido, sí voy a decir dos que tres cosas que sí son ciertas:
1.- Sí me gusta pensar en que la felicidad se debe alcanzar a costa de lo que sea, siempre y cuando "lo que sea" se refiera a obstáculos personales y no de índole familiar, pues bajo este supuesto se han escrito muchas canciones que las señoras de supermercado han llevado a los primeros lugares de popularidad; canciones como "...oye cucú, papá se fue..." o la sufridísima rola que dice más o menos "Díle a tu mamáaaaa, que yo la quiero mucho y también a ti..." Don't f*ck me!
2.- En caso de que las señoras de supermercado hablaran de éste blog, me gustaría que lo hicieran en términos de socarronería y no como una guía imprescindible de vida, pues es sabido que nadie tiene la verdad absoluta (y no, no hablo del "Nadie" que dejó ciego al Cíclope. Oh cielos, la anterior frase suena más a albur de barrio que a una clara referencia a la Odisea) 
Y ya entrados en confianza, me les voy.
El día de hoy puede pasar como un viernes anodino, donde lo único rescatable es el pan con nutella que estoy pronta a engullir.
Disfruten su fin de semana, queriditos...

P.D. Por si han quedado con una ligera sensación de "¿qué pedo con ésta vieja?", hago valer la advertencia inicial. Claramente les dije que hoy no había tema qué desmenuzar y ¡miren! no me equivoqué.
Chau, chau.

viernes, 21 de febrero de 2014

QUIERO SER ASTRONAUTA.

Recuerdo el año del '88 no sólo por ser el año en el que Miguel De la Madrid salió por la puerta trasera y dejó el país (no en manos de mi amado padre, como él mismo me aseguró. Ver Gatería 18/11/2011) sino por ser el año en el que me aliené gracias al olimpismo.
Sí, queriditos míos, tengo que confesar que #soyDeLasQue lloran en las ceremonias de apertura/clausura de los JO, la que se sabe récords, tiempos, fechas y hasta lo que desayunan los atletas; la que se obsesiona con cada detalle del país anfitrión, lee su historia, trata de conocer su música y sobre todo, de procurar poner un poco de su ahorro personal para -ya si no viajar- al menos para comprar un libro de algún autor local.
Recuerdo perfectamente 1988 por ser el año en el que canté por quince días consecutivos la tonadilla pegajosa de canal 5 "Seúl, Seúl, Seúuuuuuul.... ¡ochentayocho!" mientras bailaba como panda gordito alrededor de mi casa y con mi leotardo rosa "Cannon mills", me echaba marometas en la cama de mis papás, cual Daniela Silivas compitiendo por el Oro en el "all around" de la gimnasia artística. ¡Alienada, pues!
Tal vez la cosa hubiera quedado en mera anécdota de café, pero el destino quiso que ese mismo año se celebraran en Calgary, Canadá, los Juegos Olímpicos de Invierno... Así que, cada tarde en compañía de mi  sacrosanta madre, nos recetábamos la transmisión de las competencias: veíamos a las patinadoras sobre el hielo sufrir las caídas en cada Triple Axel, Salchow o Loop que intentaban, mientras en mi cabeza loca ideaba la manera de sentir esa emoción y adrenalina que me provocaba ver a Alberto "La Bomba" Tomba al bajar de la montaña en sus esquíes, (y la cual logré resolver -parcialmente- al ponerme mis patines de baleros e impulsarme con dos escobas por todo el patio) .
Aparte de pensar que era guapo y se parecía a Mijares (C'mon!, era una párvula!), para mi Alberto Tomba representaba lo que a los ocho años suponía debía ser una carrera, una profesión o el ideal de una vida: la de enorgullecer a tu país. El ver cómo sonreía mientras sonaba el "Fratelli d'Italia" y la medalla áurea colgaba de su pecho, me dió en la madre. A esa edad quedé impresionada con la sensación de querer darle un motivo de orgullo a mi país, a mis papás, a mi familia ¡a quien fuera, chingao! Ese sentimiento -poderosísimo-  de realización personal a través de la fama, me duró hasta los primeros minutos de la clase de Historia, en primero de secundaria.
Cuando el profesor -que a las claras se veía que era un Mr. Nobody en potencia- pidió que dibujáramos nuestra meta en la vida, no dudé en dibujar un podio olímpico, con la bandera de México en primer lugar (¡oh dios, escrito se ve peor de lo que fue!) y mucho confetti alrededor.
Saliva le faltó al profesor para terminar de decirme que aquello era imposible, pues debía gustarme un deporte y practicarlo desde chica (y no, el patinaje de patio no contaba), que para destacar de manera intelectual debía ser muy inteligente (y a juzgar por mi dibujo, no se veía claramente que lo fuera) y un largo etcétera, etcétera, etcétera...
Mutis en clase.
Sí, obviamente duele que te rompan las ilusiones, tanto a los doce como a los 33 años...
Obviamente sabemos que no se tocaron las notas del "Himno Nacional Mexicano" por mi causa, ¿verdad?
También está documentado que no existe -ni existirá- una competidora llamada Dana Juárez. Ni en Olimpiadas de Verano ni de Invierno.
Pero sí sabemos que cada uno de nosotros tuvo un sueño, un ideal que hacía palpitar su corazón y que a veces era lo único que nos sostuvo en tiempos de incertidumbre y zozobra.
Todos soñamos de chicos con algo que colmó nuestras fantasías infantiles de dulces esperanzas y hubo otros -como yo- a los que les dijeron "Uy mi'ja, eso es imposible"
Algunos de nosotros tenemos hijos, sobrinos o primos chiquitos y es maravilloso escuchar sus "Cuando yo sea grande..."
En la total inocencia, el Matius me ha llegado a preguntar: "Mamá, ¿qué quieres ser cuando seas grande?"
A veces mi adulta enojada quisiera contestarle un "¡Pues tu mamá!".
Pero -afortunadamente- siempre sale al quite esa Danita-pandita, que llena de ilusión le contesta: "¡Tal vez sea esquiadora. O astronauta!"
Crecer duele y ser adulto más. Pero no está bien que dejemos atrás nuestra capacidad de reinventarnos o de sorprender por el solo hecho de ver cómo aumentan las velas (y las deudas) en nuestro pastel.
Hoy, ustedes y yo seamos valientes y demos un paso más para hacer sentir orgullosos al niño que alguna vez fuimos...
En la vida habrá muchos Profesores de Historia que les tratarán de frenar en su camino pero, con fe en ustedes mismos, se que nos veremos todos en la cumbre...

¡Porque el Slalom Gigante nos estará esperando!



Avisos Parroquiales: La Gatería felicita previamente a menos una de sus menos cinco lectores de siempre, la queridísima "Nené", la única, original e irrepetible Carmen Pimentel.
¡Feliz cumpleaños, amiga!

viernes, 14 de febrero de 2014

L'amour.

Puede que sea un cliché el que casualmente coincida el retorno de La Gatería con esta fecha, donde millones en el mundo se dan besitos esquimales, franceses y hasta polacos (El mundo, eterno socarrón)
Tal vez así está dispuesto en la agenda estelar de la constelación de Alfa Centaury, tal vez sea solo el natural cauce de mis sentimientos, que poco a poco van encontrando alivio.
El amor es cosa seria, chicos. Hay mucha teoría, poca práctica y generalmente todos salimos reprobados en algún punto de la carrera universitaria amorosa. Porque no somos perfectos, lo sabemos, y porque somos poco profesionales para hacer bien nuestro trabajo. Chambones, pues.
Pero a pesar de esta afirmación, yo estoy equivocada. Nadie, chaparritos y chaparritas somos lo suficientemente doctos para señalar categóricamente quién sí y quién no sabe amar. Es puro instinto. Es pura gana de ser uno con el todo.
Para mi Matius el amor es escuchar a su madre trajinar en la cocina con la batidora, pensar con cierta desilusión "es que prepara chiles rellenos para papá" y luego sorprenderse gratamente con que eran unos panquekis para su merienda.
Para mi amar es notar el complejo sistema satelital que mis acciones han desarrollado y sentir de regreso la onda amorosa que ello me proporciona.
Amar también es sentir dolor ante la inmediatez de lo finito; es comprender -de putazo- que el agua no puede contenerse pues se hiede y hay que permitir que fluya, como la vida. Ojalá la vida fuera como los 15 libros que se encuentran empezados en mi baño-biblioteca: que cuando la trama se pone densa, cambio de lectura para alejar el sinsabor momentáneo. Obviamente no es así y los capítulos más dolorosos de la vida no admiten ser dejados para otra ocasión, tal vez para cuando uno tenga 79 años y la morfina se encuentre en dosis mortales en el cuerpo.
Este tiempo aprendí que hay que amar el dolor, sostenerlo, mirarlo a los ojos y sonreir. Hay que amar a lo que nos causa dolor y tener esperanza ante la posibilidad de la luz venidera. 
De tales experiencias también se alimenta el amor, es cierto. Hay que encarar con valentía el porvenir y seguir amando, hasta que duela pues es verdad que cuando más duele el dar (que es el epítome del amor) es cuando se perfecciona dicho sentimiento.
No queridos, no los quiero entristecer pues hay que celebrar con gozo y alegría el hoy, el momento amoroso y dopamínico que estamos viviendo en este día.
Porque así somo, ¿si o no? Nos encanta hacerle al drama en días específicos, llámese día del amor, de la amistad, de la bandera, del ejército y hasta del gato. No, chicos, no se si coincida con el día del Presidente, pero casi.
Qué este día esté pintado de corazones para ustedes y no se olviden que antes que nada, el primer amor de su vida debe ser el amor a ustedes mismos.
Gracias por su apoyo sincero en los momentos críticos que viví, sus palabras, condolencias y abrazos fueron un bálsamo para mi. No lo olvidaré, como tampoco olvidaré a la persona que con infinito amor me entregó a mi Amore, quien a su vez cooperó para que el Gran amor de mi vida se encuentré retozando en estos momentos con la Peluss.
Gracias, Chivis...

En el cielo, en la eternidad, en las estrellas... ahí está el amor también.


 

sábado, 18 de enero de 2014

Solo un poco más...

Ok, es momento de sincerarse y aceptar que ni en un millón de años mi vida volverá al mismos punto en el que se encontraba un año atras y que oficialmente me han dado la bienvenida al club de los "Tristes por siempre".
Y mientras la tragedia te empuja al abismo, una debe sonreír, sonreír, sonreír...¡payasito! pues no le puedes romper el encanto a una casa del árbol o a un partido entre la escuadra de Rusia y la del Toluca, simplemente por no saber guardar las proporciones.
La realidad es esta, queridos menos cinco comprensivos lectores de siempre: hay tres personas en extremo cercanas a mi, que se encuentran luchando por su vida.
A la primera se le fue sumando la segunda y luego la tercera... no es fácil pensar en gatitos o dulces o globos a punto de reventar. Es más,  no atino a hilar alguna idea para el cumpleaños de mi Matius.
Y en este limbo personal me ha pillado el tiempo y se me ha echado encima con muchas cuestiones que resolver y muchos sinsabores por sortear.
El cuerpo, la salud, la buena alimentación, los "hubiera" médicos... todo es un bucle en el tiempo, todo apunta hacia una espiral decadente e imparable.
Y yo quisiera envolverme en periódico como a los aguacates para madurar a la velocidad de la luz y poder entender (de una buena vez) de qué se trata este rollo llamado vida.
Nada me llena, mi propia existencia me empieza a pesar...
Y luego esta el hecho de que no compartes la alegría de nada.
Dices que si, pero en realidad el dolor y la preocupación se fusionan en una bola que tapa tus conductos de la felicidad,  tal como lo haría una bola de pelo en la tubería de tu baño.  Y claro, se borra tu sonrisa y pone a tus ojos en alto.
Es cuando gruñes porque el vecino tose dentro de su casa. O porque sus maleducados perritos no callan su ladrido frente al 122 de Hacienda del Conejo, o porque la alegria de los noviecitos es un insulto a tu insensible sensibilidad.
Nadie nos diseñó para mirar estoicamente como un ser amado se consume frente a nosotros.
Estamos hechos para que nuestro corazón se desgarre y querramos transfundir nuestra sangre desesperadamente hacia el cuerpo que parece irse apagando poco a poco.
Tampoco estamos hechos para bajar los brazos con franca resignación. Ni para entender los misterios de la vida sin agitar un poco el puño hacia el cielo.
No estoy hecha para dejar ir a quien  hasta hace poco formaba parte de la base de mi pirámide.
Ni para entender que la vida es un eterno aeropuerto colmado de llegadas y partidas.
Todas siempre dolorosas...

viernes, 10 de enero de 2014

Zzzz...

Termina la Royal week, afortunadamente.  No más carreras mortales por conseguir un tren o una bici o una lata de lombrices. Para el próximo año haré caso omiso a la adicción que tiene la Marmota por las compras de último momento. Es horrible tener que pelear por un Xbox en vez de hacerlo por un suéter de cashmir en oferta, aunque la cara de sorpresa del Matius valga cada jalón, cada rasguño obtenidos en la rebatinga. Anyway...
Por el momento me entretengo buscando casa y auto; es lo de hoy, muchachos. Les dije que venían cambios...
Como cada año,  gusto de amenazarlos con modificar el tono de La Gatería, pero lamentablemente carezco del humor ácido y chabacanón que requiere la ocasión,  así que por hoy dejemoslo así.
Como compensación les mostraré lo wue los reyes magos me trajeron en cssa de mis papás y en mi casa.
Besos, queridos menos cinco lectores de siempre, disfruten su finde!

viernes, 3 de enero de 2014

Pistolazo de salida.

Dicen los que saben que los gatos producen una sensación de bienestar y procuran calma.  Yo puedo decir que si eso es cierto, entonces la Peluss adivina mis estados emocionales y se aparece en momentos inesperados,  como en este instante en el que ya me está dando el cuarto para las doce y no he escrito la PRIMERA entrega del año de éste, su blog de pacotilla. ¡Vaya manera de empezar el año!
Reflexiono un poco acerca de los comienzos... Es por todos ustedes sabido que yo tengo pánico vital; soy como ese personaje de literatura infantil llamado "Ardilla Miedosa" que procura llevar una bitácora segura y predecible y cuyas variantes le provocan terror. Es por eso que los comienzos son algo que en definitiva, me causan inseguridad. Fracasos, pérdidas, sobresaltos... todo cabe en el saco de mis temores.
Por ello es que -a tres días de haber iniciado el año- me he procurado mi "Kit de motivación" consistente en la consabida agenda anual (Esta vez es una suerte de cuaderno/agenda/"Diario de Bridget Jones" con tintes medio "Osho"/ la rú!), el primer libro a leer en este año (Sucumbí a la euforia "Moccia") y una caja tamaño familiar de Diazepames (Quisiera mentirles y decir que compré "Mazapanes", pero mi religión me lo prohibe). Veremos como es que un cuaderno con todas sus hojas nuevas, un éxito juvenil y los dulces de siempre empujan a mi ánimo por la cuesta de lo desconocido.
Siento una inmensa ansiedad por lo que depara el devenir de los días marcados en el calendario. De hecho en mi discurso de año nuevo no atiné a hilar idea sensata alguna, solo pude desear lo básico y creo que ni eso (Bueno, hasta mi sobrino pequeño fue más elocuente que moi) y yo culpo a lo escamada que me ha dejado este 2013. Es estúpido,  lo se.
Es como cuando te han roto el corazón y de repente quedas con el temor de entregar tu amor a la persona equivocada,  o como cuando en la secu te gustaba un individuo y lo perseguías y acosabas hasta que al fin te pedía ser noviecitos y luego una ya no sabía cómo comportarse el primer día del noviazgo ("¿Le llevaré torta de jamón o de aguacate?").
Pero pues ni modo de sucumbir a una especie de hibernación emocional.
Deberé sacudir el letargo y los temores, deberé fortalecer estómago y corazón a fin de soportar las embestidas del futuro y deberé poner en práctica las enseñanzas de los ene mil cursos de autoayuda que he tomado en el Instituto Patrulla.
De todas maneras, si llego a reprobar las lecciones de la vida, estoy segura que la misma me las volverá a poner a prueba. Hasta que ya, fin.
Nelson decía (¿Como que cuál "Nelson"? ¡Pues Mandela, ni modos que Nelson Ned!): "Siempre parece imposible, hasta que se hace".
Chuck Pallaniuk añadiría que "Parece dificil ser fuerte, hasta que llega el momento en el que ser fuerte es tu única opción" y yo agregaría que "Ni modos que regrese por donde vine"...
Asi que entre filosofía chabacana, pastillas de diazepam y pelos de gato, mi año le lleva 3 dias de gane a mi fuerza de voluntad y ustedes han perdido 4 minutos leyendo mis sinsentidos de siempre.  Esperemos que la próxima semana sean 15...
Tápense bien, que aparte de incierto, este año viene ¡helado!
Cui cui, los quiero.

martes, 31 de diciembre de 2013

¡VÁMONOS YENDO! (Pa' luego regresar)

Un olor dulzón proveniente de la cocina comienza a intoxicar los espíritus siempre curiosos de la casa.
Susurros, pláticas quedito y carcajadas francamente empachadoras se pueden escuchar desde todos los rincones de mi hogar. Si, creo que todos nos sentimos emocionados por pasar la última noche del año de manera bulliciosa, pues de tal mamera el próximo año nos encontrará muy animosos.
La escencia femenina de mi familia se ha imantado a la cocina; claro, nadie guisa el pavo relleno como Evita,  nadie prepara el agua hervida como yo...
Son esas pequeñas bendiciones que yo agradezco en esta fecha, el aprendizaje (a jalones y estirones), la rebeldia siempre latente en mi corazón pero que se aplaca y se templa en las adversidades y mi algarabía juguetona que me hace pensar: si, tal vez el pasto en otro lado sea más verde, pero este es mi pasto, es mi espacio, es mi vida y yo la estoy construyendo paso a paso,  con la frente en alto y contando con el cariño de todos ustedes, mis queridos menos cinco festojosos lectores de siempre.
Tenemos el 2014 por delante y ¿saben qué?  Recibámoslo con los brazos abiertos, aunque mañana nos quejemos del aumento de los impuestos...
¡FELIZ NOCHE VIEJA, QUERIDITOS MIOS, NOS LEEMOS EL PRÓXIMO AÑO!

martes, 24 de diciembre de 2013

Yingol bels

¿Saben? Hoy pasé gran parte de mi día buscando un lugar de estacionamiento, un espacio para poder pasar entre dos tráilers, un kilo de buenas pechugas, mi identidad debajo de capas de cebolla, un balón de la champions league y esos años despreocupados que se han ido escurriendo poco a poco, sin saber a bien a dónde han ido a parar.
Gracias a la máxima deidad existente por mi poca tolerancia al alcohol,  pues con pensamientos tan funestos, no me extrañaría terminar pidiendo posada en La Europea más cercana, exigiendo mi "panalito" (Poca tolerancia pero chequen lo bien que les manejo el argot etilico, eh? Ahí nomás! ).
Pienso que en realidad, a mi no me gusta la Navidad...
O sea, ese ritual post moderno que nos empeñamos en llamar navidad.
Para empezar,  ponerse de acuerdo sobre cómo, dónde y con quién celebraremos dicha fecha ya es señal del suplicio que será el resto de la festividad. Los que estamos emparejados generalmente nos echamos un  volado para sortear el 24 y el 31 de diciembre.
Empiezan las negociaciones desde abril: "Ay Ruperta, me choca ir a tu casa en Nochebuena, tu papá siempre me echa de habladas... Pues tú que te dejas... No, pues si..." Y bueno, ya decidida la sede, pareciera que lo siguiente en la lista es buscar la Sidra Santa Clós para brindar, aunque sea nomás de puro pretexto, pues quiero ver a algún borrachín que se respete, sostener con orgullo su vaso de unicel con fondo rosita y pararse a arrullar al niño. ¡Jamás!
Ya con sidra en la mano, trépense todos al vocho y a manejar durante cinco horas para trasladarse de Coyoacán a Iztapalapa, mientras todos cantan villancicos clásicos del tipo "Que triste se ve mi arbolito, el heno que cuelga son lagrimas tristes y llora porque tu te fuiste y juntos lloramos nuestra soledad" o ... (Jajaja, estoy gugleando "canciones tristes de navidad" y el buscador -bien lindo- me sugiere "depresión,  terapias, grupos de auto ayuda..." Ternura!) "Por esa y muchas cosas más, etc..."
Fuck!
Ya todo el repertorio navideño nos hemos chutado, ya estamos asándonos con nuestros sueteres de lana, la mitad de la cena ha sido engullida y por fin, hemos llegado a Belén... ¿Qué sigue? ¡Arrullemos al niño! Pero al Matius, que seguramente a estas horas ya andará todo hiper, buscando en qué gastar su energía malsana, no le hace que lo amenacemos con que "Santa" no le traerá nada si se porta mal (Y ni se porta bien, la mera verdad. Lo que sucede es que su padre y yo no nos pusimos de acuerdo y ps mejor que reciba una beca para estudiar a las marmotas en su hábitat natural. #PosMeSalto)
Ok, respiremos...
Aun falta el abrazo, el intercambio de regalos,  la cena... esto va demasiado rápido y para cuando me quieran dar cuenta, estaré otra vez formada en una fila interminable de "abrazables", diciendo cosas que -irónicamente- la logística de la fecha me ha impedido sentir.
Y entonces vendrá esa sensación inexplicable en el estómago,  ese nudo en la garganta, esas lagrimas que se me salieron el sábado,  al darme cuenta que el Mustang que Santa le trajo al Matius hace dos navidades (y que estuvo arrumbado pues "no tenemos tiempo, cielito... Hoy no, chiquito...Pesa mucho, cuando venga papi, ¿si?) ha dejado de quedarle...
Cielos, la vida se evapora rápidamente, rápidamente. Y pareciera que uno la ve pasar mientras se encuentra formado en una fila interminable de turnos que no llevan a nada, pensando que allí sí se encuentra la felicidad. 
Por eso no entiendo la Navidad.
Al menos, no la de este año...

No les puedo mentir, esta vez no hay "Pero hay que ver el lado feliz...", #LoSientoMiAmor.
Sólo les deseo paz espiritual y muchos regalos de amor.
Feliz Navidad, queriditos...



viernes, 20 de diciembre de 2013

Os pido Posada.

Miren, francamente iba a deprimirlos por ... mmm ... centesimovigésimoséptima vez consecutiva (mi vida, otrora TAN perfecta, ahora es muy triste) pero pienso que, si de por si son menos cinco, con mis escritos depres serán menos dos o cero. Y como el ráting es el ráting, mejor será que me esnife una raya de optimismo y ponga mis deditos a trabajar, que de y por esto vivo.
Con que estamos ya muy navideños, ¿no?
Seguro que ya andan usando sus suéteres de renos y santacloses o andan en el Metro Pantitlán en hora pico con sus largos abrigos Muy berry y mitones neoyorquinos. Qué bien, la navidad -como el amor- está en el aire y todos nos trepamos en el trineo de la felicidad, fa la la la lá...
Da gusto ver cómo los espíritus de las navidades pasadas se dan vuelo visitándo a cada uno de nosotros, donde en un espejismo fantastico podemos vernos en retrospectiva, no para aprender una lección moralista, sino para darnos cuenta que en dichas navidades pasadas aún cabíamos en esos fabulosos jeans que ahora se encuentran arrumbados en el fondo de nuestro clóset, esperando una oportunidad -que jamás llegará- para volver a brillar en la pista de baile.
Y qué decir de ese ánimo pícaro y juguetón que se palpa en cada oficina de éste mundo, donde los empleados, intoxicados por la época (o el alcohol disfrazado de "taza de té verde") se deshiniben y dejan atrás el pudor frente a la plana mayor en el baile de fin de año de la compañía, tirando por la borda su  reputación al ritmo de "...Voy a cantar suaveciiiiiito...". Una joya que seguirá perpetuándose de generación en degeneración.
Pero no olvidemos lo que ocurre en la colonia -o bueno, en el fraccionamiento-. Nunca falta la vecina buena onda -o recién llegada- que ofrece su casa para dicho jolgorio sin pensar en el aquelarre que se convertirá lo que se supone es una representación religiosa.
No sospecha que las vecinas han suspirado aliviadas y maliciosas, a sabiendas que quien pone la casa está poniendo a dorar su alma en el infiernito llamado "maledicencia pública". No adivina que tras esas sonrisitas benévolas se encuentran escondidos los más negros pensamientos y actuares y jamás podría imaginar que lo que ella calculaba como "petit comitè", se transformará en un gentío peor que el de los bailes de algún cantante grupero... (no sabría yo decirles, ¿verdad?)
Y de repente, sin decir "agua va", la muchedumbre iracunda se deja sentir en su salita de 2x2 y como si se tratara de "Titanes del deshielo", la horda de mamuts (o sea, doña Pancha y demás comitiva) se dan vuelo con el baile, la comilona, el descorche y el ora pronobish. Fatal.
La buena vecina verá como sus buenas intenciones han quedado hechas añicos, como los restos de las piñatas (que ella apoquinó) y para colmo descubrirá que sus hijitos han sido amarrados en su propio cuarto y sus juguetes han sido saqueados.
Pero bueno, doña Pancha y compañía se han puesto la divertida de su vida en eso que nosotros seguimos empeñados en celebrar: las famosas posadas. Seguro que alguno de ustedes también se encuentra muy apresurado para asistir a alguna, así que seré breve: ¡Respeten la casa ajena, chihuahuaaas!
Feliz viernes posadero, queriditos...


miércoles, 11 de diciembre de 2013

DEJA DE LLORAR, CHIQUILLLAAAA (Deja de lloraaaar)

Hoy, mientras cocinaba un rico pulpo Pol a la Dana, unas lagrimillas estúpidas casi cortaban la emulsion de coliflor que tenia reservada.
Ya saben, de esos dias (o semanas, o años) que uno amanece mas perceptiva (u ociosa) que de costumbre, en los que el inconsciente se manifiesta y todos los recuerdos salen atropelladamente,  como cuando rompes una piñata y que, si no estás preparad@, te caen con saña y sin miramiento, (¡exácto,  como cuando te caían las jícamas y cañas en la cabeza!), asi cayeron algunas memorias dolorosas.
Y miren, la cosa no es que recuerdes cosas tristes, llores, eches a perder tu comida y ya; el chiste es que un@ solucione aquellos sentimientos de dolor que dichos recuerdos han desatado. O sea que, mamita, pónte a trabajar.
Lo primero que sentí al recordar aquellos mentados momentos fue tristeza, obvio. Y mis lagrimitas ya se asomaban y la garganta ya se me estaba cerrando y ya sentía esa opresión en el pecho, esa falta de aire...
Y me dije tal como mi mamá alguna vez me dijo: "Si vas a llorar, llora. O si no, te "doy" una razón para que llores". Tan linda mi amá.
Y pos que me suelto. Todo de manera instintiva y primitiva, cero racional.
Primero, conecté con mi niña interior (la que en ese momento era la que recibía el dolor por las ofensas del pasado) y luego lloré y lloré y me interné en ese dolor que quemaba mi ser. Me sumergí en mis sentimientos de injusticia; maldije la envidia, el dolor, la ponzoña que me corría por mi alma.
Mi teoría,  hasta ese punto, era que una vez que conoces a alguien y le procuras cariño,  atención y amor, no puedes dar marcha atrás y olvidarlo. Específicamente si es un niño. Específicamente si yo era la niña y en algún punto de tu vida me quisiste y te importé y luego te fuiste y jamás volviste. (No manchen, si que me estaba azotando gacho) Y seguí con mis teorías y mis negociaciones; no me explicaba que me sintiera tan abandonada, tan ofendida,  tan lastimadaHASTAQUEMEDICUENTAQUEEEEEE....¡Con un demonio, ya tengo 33 y ya no soy esa niña ofendidaaaaa!
JA JA JA...
U.U
Crecer implica que tu cuerpo va mutando de forma, se va adaptando a las condiciones de vida que le vas procurando (con un poco de ayuda de la naturaleza) y se va convirtiendo en tu vehiculo para conocer el mundo. De repente, te miras al espejo y encuentras redondeces, protuberancias y canas donde nunca las hubo. Tu cuerpo sabe que no hay marcha atras, que nunca te volverán a quedar esos jeans que usabas en secundaria o que los zapatitos de bebé son para colgar en los microbuses...Tu cuerpo crece y lo sabe...y también deberia saberlo tu mente.
O sea, que me tiré al drama espantosamente por equis situación que ofendia a mi niña interior y la padecí -por breves minutos, ejem, ejem.- con tal intensidad que por un instante se me nubló la conciencia y casi tiro por la borda mis años de terapia.
Darse cuenta de que el cuerpo cambia es fácil,  lo difícil -y que es donde uno debe ponerse a trabajar- es educar a la mente para que entienda que aquellas situaciones dolorosas del pasado son el tronco donde una cachorro ha sido encadenado. Y, si ponemos atención,  nos percataremos que  el cachorro ha crecido y lo ha rebasado...
Tal como nuestro doloroso pasado.

Enjugándonos las lagrimitas, procedamos ahora a cortar la cebolla.
A ver si ésta sí me hace reir...

martes, 10 de diciembre de 2013

U TURN.

No se que está sucediendo con la vida del dia de hoy.
Lo que parece un martes cualquiera (o en nuestro caso, un "lunes para perdedores"), de repente se ha tornado inquietante.
Ya alcancé a otear el caos mental que está por venir: la estructura de mi vida ha rotado unos 145 grados en los ultimos días y yo se que, sin mi rutina, lo unico que alcanzo a salvar en la crecida del río es mi sentido del humor.
Y como si "el universo estuviera conspirarando contra mi" (en lo que parece ser una ofensiva tipo "D day") el equilibrio danagatil ha comenzado a oscilar rápidamente.
06:00 A.M.
Despertador  sonando; mi sensual brazo estirándose para alcanzarlo y delicadamente estrellarlo contra la pared. Mala señal pues esto es tarea de la Marmota, quien mitad galantería mitad narcolepsia de mi parte, cada mañana realiza dicha operación.
Pero esta mañana dicha Marmota no se encuentra en casa y yo debo enfrentarme al primer round del dia: alistar al Matius, con el extra de ducharme y ponerme cara para llevarlo a la escuela (es lo malo de no confiar en la belleza natural, ¡chihuahuas!)
07:15 A.M.
Dana e hijito trepados en la camioneta -noten que vivo a escasos 10 minutos de la escuela- y yo ya vengo totalmente absorta en la consabida histeria matutina y colectiva, dialogando conmigo misma mientras no se qué carámbas canta el Matius atrás..."tengo que pagar la colegiatura, tengo que hacer el super, que el  niño no olvide el lunch...que agarre bien su maquetita que no entregó ayer...¡pero cómo la va a entregar si no fue a la escuela!...no olvidar su justificante médico...que no se me olvide darle su medicina...¿le dejé de comer a la Peluss?...este ruido no lo traia ayer, debe ser el clutch...no puede ser el clutch porque es automático...¿o no?...ay ese babas ya se quedó en medio,  qué bueno, por pasarse el alto...¿si le dejé de comer al gato?... adiós mi  cielo, besitos, pórtate bien... ¡No le di su medicina!  FUCK!
07:35 A.M.
Ejercicios de respiración...inhalo....exhalo... Creo que después de todo, me merezco un café.
Momento de debilidad número 21
¡Epa, qué sucede! Estoy en el Starbucks de siempre, clamando por un poco de normalidad en mi día y me encuentro que han cambiado a los baristas. Estos nuevos muchachitos no saben que si me dan el machiato con leche normal y un solo shot de cafeína,  acabaré por irme a la barranca, ¡maldiciendo eternamente mi intolerancia a la lactosa! Y para colmo-y esto es lo espeluznante-, se llevan de a cuartos con las personas que están delante de mi. Oigan, apenas el jueves vine, no es posible que en un fin de semana las cosas cambien radicalmente...oh, esperen...
Hago un recuento rápido de los últimos dias...
Si, las cosas sí cambian. El universo (el mismo que me asusta con sus conspiraciones arbitrarias) está en continuo movimiento.
Y parece que yo nomás no aprendo la lección, ¡caray!
Casi concluyendo el año,  la vida me ha mandado a extraordinarios  otra vez y ¡miren que yo se del tema!
Reflexiono un momento: ¿que tal que las cosas siempre han sido como son y yo he tratado de adaptarlas a mi realidad? ¿Es esto cierto? Y si lo es ¿de qué manera lo voy a enfrentar?
Ni mil cafés bien preparados me van a devolver la paz interna ni el confort.
Es hora de moverse al ritmo y timin del universo.
¿Será ésta la prueba final? ¡Cómo saberlo!
Con suerte, quizás alcance a graduarme este año...
Feliz martes, queriditos míos.
....
¿Si le dejé comida a Peluss...?

miércoles, 4 de diciembre de 2013

viernes, 15 de noviembre de 2013

Mommy Dearest.

Si tuviera una cámara de video pegada a las escamas, algo así como EdTV o una mamarrachada al estilo "kardashian", sabrían del verbo "Saber" que he intentado escribir algo decente desde las ONCE de la mañana. Y como verán, aún sigo intentandolo, pero ps ya casi es sábado y no es posible que no escriba nada. Precisamente hoy, viernes de Gatería.
Whatever...
El tema a eludir es el de la maternidad y es que ¡no manchen! es bien complicado desmitificar lo que se supone es el estado ideal de toda mujers.
Y es que justo en este momento, parece que hay un boom de chicas que han decidido ser mamás y ello me ha puesto a pensar en lo que yo sentí cuando me entregaron al Matius envuelto en sarape y los días (y años) siguientes a dicho evento.
No fue fácil, déjenme decirles.
En el momento que escribo esto, ya pasaron casi seis años de la primera noche de Matius en casa, con cólico, pañal sucio y llamada de media noche al pediatra incluído. A decir verdad me encuentro viviendo el momento que tanto soñé: el de ver a mi hijo súper independiente, sano y en la escuela.
Aunque suene horrible (y precisamente por eso lo escribo) el primer año (y el segundo y el tercero) sí son una prueba muy dura en la vida de toda madre primeriza.
Y es que, aparte la sociedad no nos la pone fácil, déjenme decirles.
Parece que en el instante que has concebido los reflectores te acompañaran día y noche, habrá un empleado del INEGI afuera de tu casa permanentemente para encuestarte desde el horario de las mamilas, hasta pipí, popó, caca y el respetable público se adjudicará el honorable papel de criticar todas tus decisiones en cuanto a la crianza del beibi.
Neta, es una presión que no vieran. Es un exámen profesional interminable pues si te vas por el camino de hacerle caso a todos, terminarás con el hígado hecho puré y el matrimonio pendiendo del hilo más delgado.
Ah, porque eso sí, a la nueva mamá se le habrá de exigir hasta que sude sangre mientras que al "feliz papá" se le pondrá en un pedestal para luego llevárselo en hombros a dar la vuelta olímpica...durante tres años.
Yo recuerdo con mucho cariño esos momentos donde las peleas entre Marmota y yo no parecían tener fin y el nubarrón de pensamientos tóxicos se posaba en mi cabeza, haciendo jocoque la leche que haría feliz (y colicoso) al Mats.
Y también me encanta recordar lo fácil que era salir de paseo, con carreola, bambineto, pañalera, cobertor, juguetes...¡la casa a cuestas! y la hora de amamantar, en plena calle, con la horda de curiosos mirando mis túngentes pechos rebosantes de leche, también es de mis memorias favoritas.
O qué tal que justo cuando las carnes están volviendo a su lugar, mientras un enorme olán se cuelga de tu cintura (no, no soy "Vivendum") y tu ropa sexy siguen siendo los "mommy pants", de la nada (y parece que hasta te huelen) salen de todos lados esas exóticas y bellas mujeres, de ropa ajustada y largas y blondas cabelleras que te hacen sentir menos que una papa. No, corrijo, ellas no te hacen sentir tal cosa... ¡es tu marido el que no deja de salivar y hace que te sientas una papa. Él y solo él!
Incluso las mismas mujeres que ya son mamás se ponen muy rudas con las nuevas. Se ponen en su papel de "No mames, es facilísimo"
Y nadie, nadie te dice que no, que ser mamá no es algo sencillo. Que no se va a acabar en un año o dos o tres pues el puesto dice en letras pequeñas "para toda la vida", pero que si lo tomas con humor, que si tienes la fortuna de conseguirte unas orejeras bien grandes y peludas para no escuchar aquellos consejos "bienintencionados" y sacas de tu interior esa fortaleza para sacarte del bache, la maternidad será una etapa hermosa y saldrás airosa.
Feliz viernes y disfruten sus antojos maternalosos.

viernes, 1 de noviembre de 2013

SHITTY MOMENTS O "LOS CINCO MINUTOS EN LOS QUE NO ME QUIERO"

Aquí me tienen de nuevo, como casi cada viernes, dispuesta a recetarles su dosis de gatería semanal y... ¡no estoy contenta!
Estoy en un momento muy gloomy, muy procrastinador en donde me he pasado la mañana deambulando por toda la casa, sin atinar a cual tarea dar prioridad.
Como otras tantas veces mi escritorio está vomitando pendientes y mi casita está hecha un pequeño chiquero. Pero yo ya estoy agotada, misteriosamente. A esta hora, en la que debo ir por el Matius al cole, ya me encuentro ¡cansadísima!
Son los "shitty moments".
Momentos en los que tu ser no se encuentra alineado con tu luna en Acuario y tu Venus se encuentra un tanto cuanto eclipsada por un muy castroso Saturno. O algo por el estilo.
Son los momentos en los que aparece un nudo en la garganta, el cual no sabes si es por causa de tu maldíto reflujo o porque tienes atorados sentimientos que piden ser expulsados de tu cuerpo decadente, entorpeciendo las tareas, las rutinas, los pensamientos positivos y productivos. Es el instante en el que valen madre tu autoestima, tu seguridad, tu confianza y se apodera de ti un enorme hueco en la panza que no deja que el diafragma baje para que puedas respirar.
Y te asfiixas, claro.
Pero no mueres.
¿Y por qué no mueres en un "shitty moment"? Ah, pues porque ALGO debes aprender de ti mism@ en ese preciso lapsus brutus. Ni más ni menos.
Y entonces empieza el cuestionamiento. Uno a uno de tus pensamientos debe ir pasando al frente, presentarse, decir su nombre y qué carajos hace en tu cerebro (aparte de atontarte)
Cuando todos hayan pasado lista, deberás evaluar lo que ellos han dicho y ¡atacar!
Deberás atacar cada uno de las cuentas pendientes que tienes contigo mism@. Abordar de frente ese sentimiento mierdoso que únicamente estás pulverizando tu ser, mirarlo fijamente y decirle ¡chao!
Es que no es justo, queridos menos cinco lectores de siempre; no es justo que de por sí nuestro entorno es como es y encima uno le anda cargando fruta a la piñata.
Yo lo confieso: estaba en mis cinco minutos en los que me quise tirar al drama porque mis demonios ya venían por su calaverita. Estaba a punto de mandar todo al cuerno porque literalmente me sentía físicamente impedida siquiera para encender la compu y venir a escupirles esto.
Fueron cinco minutos en los que no supe qué ponerme para ir a una fiesta (pues según yo "nada" me queda) en los que dudé en fumarme o no un cigarrín (cosa que no hice) o tomarme un café (cosa que me puso de peor humor pues ni el café me salió bien) y en los que, neta neta, dije que yo era un desastre.
Y antes de seguirme por el camino del mal consejo, mejor respiré muy hondo y vine a compartírles estas líneas, por si en algún punto de sus felices y perfectas vidas (esa soy yo en mi último minuto "shitty") ocupan unos pensamientos de ánimo, sí se puede.
Comper, queridos. Ya me siento mejor.
Feliz viernes, los quiero!

viernes, 25 de octubre de 2013

A dieta.

Desde hace unos cuántos meses he subido de peso. Ok, ok, en específico, desde hace 29 meses...
La razón... supongo que es una mezcla de ansiedad mal encausada,  ausencia de voluntad y adicción a los carbohidratos y al azúcar.
Cuando tu vida social se ha visto acaparada por las fiestas infantiles de los compañeritos de tu hijo, el panorama gastronómico no es muy halagüeño: cupcakes atiborrados de melcocha, helado, botanas, dulces de piñata que nunca se terminan, lo que te empacas en la comida más lo que tu hijito no se comió y que tú terminas comiéndote "para no hacerle el feo a la anfitriona". Es imposible mantener el paso, sobre todo cuando cojeas de la pata "¿Qué vamos a cenar?".
Pero entonces ¿qué pasa cuando la ropa ya no te queda? Literal, ya no te cierran los pantalones y aunque tu esposo se dedique al negocio de la ropa, no hay poder humano que le haga entender que lo que está de moda (al menos en tu clóset) son los "mommy pants" y que porfas, se discuta con una cantidad considerable porque ya es imposible salir a la calle sin parecer la piñata de la fiesta.
¡Ay dios!
Claro, no es que me esté tirando al drama sin saber lo que conlleva seguir en la senda del malcomer; creánme, con un hermano doctor (y enojón, además), las consecuencias e información en general están a la orden del día, pero ¿por qué cuesta tanto seguir una dieta saludable? Y no solo para bajar el volúmen y posar como ninguna en los calendarios de taller mecánico, sino para que tu organismo dure unos considerables cuarenta años más.
Supongo que lo más recomendable en este momento sea que deje de escribir y me ponga a hacer unas 50 sentadillas y luego me coma un tazón de lechuga con arándanos.
No se, algo habrá que hacer para mejorar la calidad de vida y así deje de quejarme.

¡...Nos leemos la siguiente semana!

Encuentros (nada) gratos.

Ya supimos en qué acabó la navidad, ya nos hemos mentalizado en que comeremos recalentado hasta marzo (siguiendo la consigna de " huevo con pavo, pavo con huevo y pavo a huevo"), ya las huestes consumistas se alistan para otro maratón de compras sin parar, rogándole a la máxima deidad existente que les coopere con las 148 mil mensualidades SIN intereses a las que acaban de vender su alma y también ya estamos pensando -escribiendo- el speech de agradecimiento de fin de año (¿Qué quieren?, para muchos es su momento "Oscar's") Estamos, pues, en la euforia de la vacación.
Pero entonces yo tengo un niño que anda caracoleando por la casa, viendo que se come, viendo en qué malgasta su energía malsana, en qué nuevo problema se mete... ¡y eso que es el Matius y ustedes lo conocen! Saben que es un niño muy tranquilo y bien portado... la mayoría de las veces.
La otra parte del tiempo,  el Matius se mete a su cuarto, agarra sus libros de Ardilla Miedosa, se pone a colorear, juega con sus carritos, pisa la cola de Peluss ("fue un accidente, mamá") o se tira al drama escuchando " The thieving macpie" en su iPad. Y de cuando en cuando, lo escucho suspirar por un poco más de emoción y pues tengo que mover mi aterido cuerpo para sacarlo a pastar (frase de Kry). Pero ayer cuando puse un  pie en la calle, jamás imaginé que aquello no acabaría de manera tranquila...
Ayer acabando la sesión futbolera en el parque, lo llevé a ingerir comida cero sana, pidiéndo a Dios que en algún momento a las papitas fritas les cambiaran el nombre a "verduras" y atenuando mi culpabilidad decidiendo agua en vez de soda. Buena jugada, ¿eh?
Terminando de engullir nuestros alimentos, decidí que una vueltita por la tienda que es parte de tu vida era una buena manera de bajar la comida (¡hasta las rodillas, en mi caso!) Y pues nada, entre racks de ropa sobrevaluada y aspiraciones equivocadas, me encontré cara a cara, frente a frente con... -pausa dramática- un ex novio.
Oh-oh... ¡cállate,  de qué me hablas!
El asunto hubiera terminado ahi, con una inclinación de cabeza a modo de cortesía y cada quien en su camino pero, parece que yo le debía dinero o algo peor porque en ese momento me retuvo y ya no hubo manera de correr.
Imaginen la escena: Dana, ex reina de belleza en la universidad (wink, wink), hecha una facha (as usual), con pants, cero maquillaje (¡Ps cómo! Venia del parque) y con digamos...unos...¿qué les gusta...cinco kilos de más?, encontrándose al que ella juró y perjuró era el amor de su vida (en esa época, en esa época... no le brinquen todavía), escuchando un "Ay, qué milagro, como has cambiado,  se ve que ya no eres la misma..." en ese tonito malintencionado, ya saben, del tipo "Tssss..." ¡Catástrofe!
Y si, "catástrofe", porque en primer lugar ningún caballero que se respete deberia interceptar a una vieja conocida y espetarle un "Cómo has cambiado" si dicha dama viene en compañía de su hij@. O sea, ¿qué le pasa? 
Pero como mi mamá me educó muy bien, le obsequié una sonrisa espléndida,  mostré mi mejor humor y orgullosamente le respondí que en efecto, he cambiado... todos lo hacemos... hasta tú,  chulito.
Ahí hubiera acabado todo... si el sujeto hubiese tenido más luces y cuatro pesos de decencia,  pero no;  insistió e insistió ante la mirada curiosa de mi hijito, tratando de llegar al punto que lo tenia tan herido: "tu cabello ha cambiado, nunca quisiste usarlo tan largo, nunca te gustaron los pants, ¿desde cuando sales sin maquillaje a la calle?" Hasta llegar a la parte más dolorosa -por su parte-: "Dijiste que nunca querrías tener hijos"... Atención, seguridad: tenemos un 4/32, señora golpeando a sujeto con su bolso...
Claro que golpearlo hubiera sido fácil (en una de esas, hasta el Matius lo hubiera pateado). El problema es que un orgullo herido o un corazón maltrecho no responde a más violencia. Con todo el aplomo que me quedaba, le respondí seriamente lo mucho que sentía el saberlo tan amargado, tan sin contento. Le ofrecí una sincera disculpa si aún consideraba detestable mi decisión de cortar cualquier relación con él (el corazón NUNCA se equivoca) y amablemente me despedí.
¿Saben? Con todo lo desagradable que fue aquello, aún me quedó cabeza y corazón para sentir pena por la gente que no logra reponerse a las adversidades de la vida, llámese corazón roto,  pérdidas,  reveses de fortuna, etc. y necesitan ese desahogo final (espero jamas volver a topármelo de nuevo) para sacar el veneno del cuerpo. Aún sigo creyendo que para combatir el veneno, necesitas el antídoto con iguales propiedades. Irónico,  ser veneno y antídoto al mismo tiempo. 
El Matius y yo caminamos en silencio; yo con el ligero temor por las -lógicas- preguntas, pues estoy convencidísima que los niños si tienen desarrollado ese séptimo sentido de darse cuenta de aquellas cosas que los adultos les ocultamos, pero en su lugar, comenzó a cantar "Last xmas, I give you my heart.." y tranquilamente, con el ataredecer de fondo, nos fuimos manejando de vuelta a casa...

viernes, 18 de octubre de 2013

SOY CONFIANZUDA.

Algo que siempre me han reprochado mis amistades más cercanas es el hecho de ser irremediable, inconsciente y estúpidamente confianzuda.
A ver, pérense, no estoy diciendo que soy de las que se trepan rápidamente al carro de algún (os) extraño (s) o de aquellas que se quitan los calzones enfrente de una pandilla de hombres malolientes ¡SIN SIQUIERA COBRAR!. No, nada de eso.
Me refiero al hecho de ser un tanto cuanto "amoldable" a ciertas situaciones sociales.
Por ejemplo, cuando llegas a alguna fiesta y sólo conoces al que te está invitando.
Y me molesta que, como no conoces ni te conocen, entonces las horas que permanecerás ahí, te la vives en el celular candycrusheando o facebookeando, encerrada en tu ostra mientras el resto convive. No es mi estilo, lo siento. Me incomoda mucho que al notar que nadie me es conocido, tenga que colgarme del único ser viviente que sabe al menos mi nombre; pero me incomodan más las miraditas de lástima (¡aaaaay, ya saben cuales, no se hagan!) del resto de los invitados que me lanzan por mi inevitable condición de "new kid in town".
Por eso es que me gusta socializar, entrar en materia luego luego, no dejar que el silencio incómodo se apodere de toda la concurrencia.
Primero con miradas y sonrisas amistosas, luego con la primera frase amable, risas de asentimiento, preguntas no comprometedoras y ya al final, carcajada con golpe en la espalda y la frase "¡Eres a toda madre!"
En ocasiones mi tozuda timidez me lleva a socializar TAL VEZ un poco más de la cuenta
Les juro que no me paso de la raya, no estoy indagando si son naturales u operadas o si se encuentran embarazadas.No me pongo a cantar a grito pelado ni a reir sin sentido, como una histérica. No me trepo a los sillones en una imitación a Gloria Trevi. No me esfuerzo demasiado para ser agradable a los demás. Simplemente es tratar de pasar el momento lo menos incómodo posible.
¿Eso es ser confianzuda?
Pues aparentemente sí. Nunca voy a olvidar esos comentarios que las amigas de mi prima Lluvia  le soltaron al final de la reunión (que tuvo lugar en Querétaro) a la que -sin ser previamente invitada (por casualidad yo estaba vacacionando con mi prima)- me vi en la necesidad de ir, ¡ni modo que me regresara el D.F. en ese momento!
Y justo eso le dijeron: "Sí nos cayó bien tu prima, pero es muy confianzuda"...
Rayos, directo a mi herida infantil del rechazo, diría mi psicóloga.
Y como ese, otros cuantos episodios más.
Ahora entiendo algunas miradas perplejas que me regalan las personas que voy conociendo al instante. Piensan que es "too much" de mi parte. Creen que me paso de "confiancitas"... Es triste.
¿Pero  saben qué? ¡Es todo un arte eso de sociabilizar con extraños-no-tan-extraños, queridos menos cinco confianzudazos lectores de siempre! Es todo un fuck'n arte el encontrar cierto clima amistoso en una reunión donde eres una rara avis que ha caído por error en ese escenario.
No es ser "confianzuda" es ser inteligente para amoldarte a la situación y disfrutar lo mejor posible.
¡Qué importa que no nos conozcamos! ¿Ello nos forza a poner jeta toda la reunión y entonces mejor ser catalogada de grosera? ¡Porque si quieren, puedo ser la mula más mula del mundo y todos vamos a llorar!
Se instalarme en la pose "The world is not enough" y levantar la ceja, barrer a la gente con la mirada, hacerla menos, soltar risitas burlonas... (nada más de escribirlo, siento que ya me estoy mortificando)
¡No me busquen porque me encuentran! ... ¡Porque me encuentran, dije!

Ya por último: sí, lamentáblemente así soy, así nací y así me moriré (tal vez hasta me aviente la última plática con el sepulturero); sépanselo de una vez. Les sonreiré y les platicaré mucho, haré bromas y trataré de que pasemos un momento agradable. Tal vez me convierta en el centro de atención y no precisamente porque me sienta muy salsa. Es porque el pasar un buen rato es tarea de todos, tal como sacar una empresa o un país adelante. Es misa de varios obispos, es mole de varias cucharas...
Así que vayan dándole una pulida a sus habilidades sociales y no se burlen de las personas que intentan hacer su mejor esfuerzo en la reuniones...
¡Porque es muy difícil, maldíta sea!
...
Ya, adiós.
...
Está bieeeen... ¡Feliz viernes, queriditos míos!

viernes, 11 de octubre de 2013

"MARIOBROSÉENME" LA VIDA, MARIO BROS.

¡Buenos días mis amores! ¡¿cómo me los trata la vida, las lluvias, el tránsito, la pareja, el amors, los impuestos?!
Sí... bueno, gracias por compartir, ¿eh? Un placer...
Estaba escuchando reciéntemente a la "Reina de la radio" (ya saben quién es, porfas, no me hagan admitir públicamente que escucho a Martha DBayle...) y me quedé pensando en un tema que hasta se antojo medio "twilightzonezco": el vivir la vida con las mismas reglas y estrategias cual si jugaras un videojuego. ¡Órales!
O sea, ¿cómo? ¿Se trata de ir por la vida dando brincos y pegándole a las paredes esperando que salgan monedotas de oro? ¿O que -en el mejor de los casos- agarre mi Gremlin II súuuper tuneada  y choque impunemente a todos los que circulamos sobre Periférico? Esto último es el puro vacilón, c'mon! todos sabemos que es imposible alcanzar altas velocidades en esta ciudad... en fin.
Nada de eso, queriditos y enajenadísimos menos cinco videolectores de siempre, se trata -básicamente- de que así como le echamos la galleta (y la lana) al "Candy Crush" y en nuestro cerebrín empezamos a idear una buena manera de acabar con la maldíta gelatina, igualmente y con la misma intensidad y la misma motivación podamos vencer la gelatina ¡pero de nuestra desidia! y rápidamente comencemos a "subir de nivel" en nuestra vida.
Suena bien, ¿no? A quién no le gustaría sentir que en vez de invertirle y perderle en la vida, uno se va llenando de poderes, trucos y atajos que le harán el Chucho Cuerero, ya no del "Age of Empires" o de "Ninjas Gaiden 2", sino de la misma vidurria; la de uno, pues.
PERO, PERO, PERO, PERO...
Aquí vale la imperiosa e inevitable vuelta de tuerca: para empezar a gozar de las bondades de dicha teoría lúdica, lo primero es que te gusten los videojuegos y ¿qué creen?: que las arcadias y yo nop nop nop nos llevamos... 
Todo comenzó en el año en el que una muta de niña obediente a puberta del demonio: viaje familiar al Cancún de principios de los noventa, cuando aún era posible ir patinando sobre la zona hotelera y apreciar ¡AL MISMO TIEMPO! la vista de la playa y de la Laguna de Nichupté. Una joya que -ahora si- nuestros hijos jamás podrán imaginar.
Pues nada, que en esa época conocí de la mano de mis "adorables" primos Beto y Gabriel al famosísimo juego de Mario Bros. Aplausos.
A pesar de encontrarnos en tan paradisiáco lugar con alberca las 24 horas y una verdadera jungla pidiendo a gritos ser explorada (cosa que no hacíamos pues aunque era muy atrayente la idea, lo cierto es que la casa de mi tía Clarita era un lugar muy gustado de recreo para el jaguar) todos los niños nos encerrábamos a jugar dicho videojuego. "Nos encerrábamos" es una idea bastante laxa porque en realidad a mi no me dejaban jugar. Mis primos acaparaban la consola un día sí y el otro también y a pesar de mis ruegos -y de que ya habían acabado el juego mil veces- nomás no me dejaban apretar los botoncitos. "Ay, pero si te matan luego luego", argumentaban mis primitos. ¡Y era cierto! Oficialmente era, no una papa, ¡sino un reverendo nabo! para los juegos de video. Y claro, cómo no me iban a matar "luego luego" -¡maldítos champiñones del mal!- si yo me ponía híper nerviosa, me bloqueaba y finalmente, desistía de jugar.
Después de esas vacaciones invitaron a mis padres a una boda allá por Peñón de los Baños (o sea, bien lejos). Mi abuela me había dado una moneda, para dulces según ella. Fuí a la tienda y justo ahí, en ese lugar alejado de dios, la civilización y el transporte público (estábamos haciendo tiempo en lo que pasaba un taxi), se apareció una "maquinita" de Mario Bros. Tardé en darme valor para acercarme a ella, me cercioré de que no hubiera niños alrededor y cuando finalmente me atreví a echar mi moneda... que me llama  mi mamá para treparme al taxi... Ni hablar de la moneda perdida y del juego no jugado.
Segundo intento: Dana caminando sobre Insurgentes rumbo a su clase de ballet. Local con "maquinitas". Una moneda en su bolsillo. No hay "moros en la costa"... el corazón le late desaforadamente, ¿se atreverá a jugar en las "maquinitas"? ... Nop, pasa de largo y echa su moneda en un dispensador de pelotas rebotonas. Tiene 11 años, ¿como pa qué quiere una pelota? No importa, ha dejado pasar su oportunidad...
Y ya por último: hace dos semanas que andábamos en el cine, la Marmota y el Matius entran al local de videojuegos y ahí me tienen acompañándolos, muy mona yo... Me dije: "Esto debe ser superado ¿no crees, Dana?" y ¡zaz! que me planto frente al _____ (ponga aquí el nombre de la consola que guste porque yo no tengo ¡ni idea!) y ¿qué creen que me pasó?
Me congelé, la verdad. No pude ni siquiera entender qué personaje era yo, con cual botón saltar, con cual otro sacar el poder... mejor vino el Matius y me quitó de en medio...
Si la teoría de "la vida como un videojuego" es cierta, ¡pta madre, ya estuvo que fracasé!
Aunque -aquí siempre tratamos de encontrarle el lado amable a la bestia- quizá sea exáctamente lo que necesito para entender esos miedos, ese congelamiento y esa tendencia a desistir cuando me enfrento a situaciones que velis nolis, me sacan de mi zona de confort...
Ello será un camino más que recorrer, un aprendizaje más que asimilar, una experiencia nueva que les llegaré a platicar, un madrazo más que sobar...

Los quiero chaparritos, ¡feliz viernes!