lunes, 25 de octubre de 2021

Santo Domingo.

 ¿Cuándo iba a imaginar que los domingos estarían llenos de masa para hotcakes, niño-oruga en su capullo hasta las 14:00 p.m., una pelota de "buncheems" impactando mi ojo a velocidades sorprendentes para objetos que no están destinados a ser golpeados por un bat de baseball (¡pero qué batazo de hit el de Alondra, la neta!) y cambios de macetas? ¡Y todavía hay gente que se atreve a criticar la maternidad ajena!.

A eso súmenle el improvisar disfraces de piratas, adornos de calaveras, una niña que berrea porque quiere llevar un pan de muerto familiar a la ofrenda de su escuela, un niño que prefiere ver videos de cocina a los de sus amiguitas en Tik Tok (o eso parece) y una casa que se niega a conservar el orden y la limpieza por dos segundos... (de los tambaches de ropa sucia ni hablamos), en serio, yo no sé qué haría con mi vida si tuviera tiempo para planteármela.

Cada vez siento que mi espacio personal se ve reducido a solo un chance de postear una foto con linda musica y decir "heeeey, what's up you!" y eso a medias, toda correteada por la agenda de un par de criaturas lindas y hermosas pero jodonas como ellas solas.

Bueno, bueno... tampoco es para tanto.

Digo, la vida ya se encargó de abrirme un hueco que solía ser el "tiempo de pareja" y por ahí de repente me escapo para ver mi serie sueca, la serie danesa a la que todavía no le agarro la onda y leer dos páginas seguidas de mis libros de buró.

A veces se gana cuando se pierde, ¿no?


miércoles, 20 de octubre de 2021

Miércoles de intolerancia a la realidad.

Hoy sentí una insatisfacción muy puntual mientras hacía la fila en el área contenciosa del Instituto de la Propiedad Industrial. Fue la insatisfacción de estar precisamente existiendo en ese momento sin un propósito trascendental: solo esperando a que las habilidades motoras y cognitivas de los sujetos remunerados para tomar mis  documentos y sellarlos alcanzaran su máximo cenit y me atendieran sin dilación.

Era eso o pasar la vergüenza de ser regañada por Alondra al recogerla tarde -tardísimo- de la escuela.

El trauma de ser el último niño de la guardería es algo que no se quita nunca, tal como lo es el ser la única niña de primero que no sabe abrocharse las agujetas, o la que no alcanza a comprar en la cooperativa a tiempo, o la que nunca escogen para las obras de teatro, o a la que le endilgaban responsabilidades afectivas desde edad temprana y por ello desarrolló codependencia. Hablo de mi, por supuesto. ¿De qué hablas? ¡Alondra es una súper estrella!.

Hay días así, ¿no? Trabajas durísimo en construir un castillo de arena y sin más, llega la gran ola de Hokusai y se lo lleva.

Castillos de arena de ilusión por un aumento, castillos de arena de lograr que tu pibe coma las verduras, castillos de arena de querer encontrarle un significado dhármico en medio de un bajón emocional.

Ya una no sabe si son las hormonas, si es la falta de oxigenación por el cubrebocas, si es la dosis equivocada del xanax... Hablando del cubrebocas: de niña se me hacía super cool traer cubrebocas. Me encantó ir al dentista y no haber conocido jamás su cara completa porque siempre traían el cubrebocas, a excepción del Dr. Jordan de la clínica Pablo Funtanet porque nunca se lo ponía ¡wooow!, era muuuy guapo. Me dejé enlatar la boca sin quejarme pues no quería que pensara que aparte de dientona, era una puberta llorona (lo sigo siendo, Doctor, solo que en el cuerpo de una señora de cuarenta y uno). Cuarenta y uno, caray!

¿Qué habrá sido del doctor Jordan?, ¿Los jóvenes siguen diciendo "¡te debrayaste!"?, ¿Quién vivirá ahora en las casas que habité?, ¿Se me quitarán las ganas de adoptar un gato?, ¿Sigues mirando a la luna como yo?

Sip, son las hormonas.

Sale, bye.


domingo, 17 de octubre de 2021

Escritos de madrugada.

 

Son las 23:43 del sábado y según Facebook, un día como hoy de hace dos años me encontraba muy contenta de la mano del que en ese momento era el amor de mi vida versión 2.0, disfrutando de una tostada de pata y unos pulques (not).

Pero después de dos años, el 16 de octubre me encuentra dejando -¡por fin!- dormidos a los niños que viven en mi casa, molidísima después de un día completo de padecerlos y aquietarlos con un poco de pizza y jugo. La madre del año, ya sé.

Y mi mente divaga… cuando tuve la edad de Alo mis papás tenían 26 y 25 años respectivamente, acabábamos de mudarnos a la Avenida Insurgentes y todo el día se la pasaban escuchando “Antología” de Silvio Rodríguez, Inti Illimani (desde esa época ya coreaba aquello de “el pueblo unido jamás será vencido… de pieeee cantar, que vamos a triunfar, avanzan ya banderas de unidad y tuuuuú vendrás marchando junto a mí y así verás tu canto y tu bandera florecer…” or something like that.) y ya cuando recordaban que una infante vivía en ese depa, ponían a los hermanos Rincón y su “Niño Robot” o ya de perdis, a “Cri-Cri”. Leía a Mafalda y cuando quería hablar de ella con mis amiguitas de la primaria, no entendían cómo eso tenía que ver con “Rosa Salvaje”. No sentía que pertenecía a algo.

Cuando tuve la edad del Matius, mis papás tenían 33 y 32 años respectivamente, aún vivíamos en Avenida Insurgentes y la adolescencia me tenía podrida. Seguía sin encontrar mi lugar en el mundo, a excepción de las horas en la Biblioteca de la escuela o en mi clase de Danza, donde era la única niña que usaba zapatillas de Ballet y las demás usaban las que vendían en “Casa Rosita”, en el mercado de San Cosme. Lo escribo porque nadie me dio un premio por eso, ni mis bonos subieron por saber hacer “pliés” antes de saltar y caer sin hacer ruido. Nop, nada.

Y es entonces que me encuentro escribiendo esto en una madrugada que solía estar intoxicada de “quemaditos” de Matusalem y muchas risas grabadas. Escribir a veces exorciza y hoy como que se antoja echarse un padre nuestro para acallar demonios que no dejan disfrutar de la soledad de la noche con sabor a café.

No siento que encuentro mi lugar en el mundo aún, sin embargo creo que la tranquilidad de un par de respiraciones acompasadas e inocentes son más de lo que puedo desear por el momento.

A la lista de "Cosas ya de por sí raras en mi" yo le añadiría: 'Escribo'.

¿Algún día me atreveré a escribir para acabar de una maldita vez con esta urticaria?

Como dicen Los Bunkers: “Lo intento todo para ser mejor de lo que fui, no hay nada nuevo bajo el sol, y escombros de un amor que pueda recoger. No tengo nada que esconder”…

Mejor, capaz que Hacienda está leyendo esto y se le ocurre una bendita auditoría emocional, jajaja.

Abur!

miércoles, 22 de septiembre de 2021

¡OTOÑO! LAS HOJAS SIEMPRE CAEN EN OTOÑO... PERO EL ÁRBOL SIGUE DE PIE.

 Hoy entra el otoño en mi ciudad.

Quisiera que su entrada fuera tan radical como lo es en Boston, con los árboles ofreciendo una gama de pantones envidiables y el aire está crispy y el café aromático...

No es cierto, estoy idealizando... como siempre.

El otoño es mi parte favorita del año. Soy una chica otoño totalmente (nací a dos días de que entra el otoño en el hemisferio de éste lado del mundo) y me encanta serlo: seria, tímida, calmada, cálida y luego medio wild y azotada, como los aires otoñales. Que cada año entro en alguna crisis que tira mis hojas, pero no a mi, el tronco. Yo sigo de pie.

Con el otoño viene mi cumpleaños y con ello mucha felicidad. Me gusta celebrar la vida y me gusta celebrar mi vida. Me gusta sentirme positiva, me gusta sentir que hay una oportunidad de tomar un punto de partida que me haga tomar decisiones más asertivas y más felices.

Estoy contenta, estoy super emocionada y no importa que no pase nada, para mi estará pasando todo.

¡Ya quiero que sea viernes!

Bienvenido otoño!!

Bienvenida alegría y felicidad y lecciones dolorosas pero necesarias que al final, liberan.

Al final, el aire otoñal se lleva las penas y trae semillas de virtud, de paciencia, de amor propio y felicidad.

💝🍁🍂🍁🍂🌰☕

Amo al otoño y amo que hoy me sienta muy feliz.

domingo, 19 de septiembre de 2021

¿DÓNDE ME VAN A ENCONTRAR LOS 41'?

 Definitivamente no en Cancún, ni en una cita romántica, ni brincando de la Quebrada en Acapulpo, ni siquiera en Gandhi de Av. Juárez, escogiendo mis regalos como en años anteriores.

Me encontrarán despertando a las 05:30 a.m., tomando una ducha, tal vez depilando las suculentas (por las espinas) en caso de elegir un vestido, preparando el lunch de Papita, el almuerzo de Mateo. Tomando el primer café de la mañana y dando gracias de que será viernes, que las colegiaturas están pagadas y que estoy en casa junto a las ratitas más maldosas de todo el condado, esperando a que abran sus ojitos y me digan "Mami, ¿Qué vamos a desayunar?".

Definitivamente me pondré súper guapa, llevaré a Papita a la escuela, llegaré al trabajo y dejaré que me consientan con palabras muy lindas del tipo "el día en que tú naciste, nacieron todas las flores".

Recibiré los what's de mis tías, la llamada de mi abuela Ofe, los posteos de mis amig@s, posiblemente el mensaje de mi ex marido y de ciertos galanes que están haciendo la ronda.

Estaré realmente contenta de haber llegado a los 41 con una larga lista de obstáculos superados:

  • COVID FREE.
  • JUNTO A MI FAMILIA, A PESAR DE LAS ADVERSIDADES DE SALUD.
  • CON UN TRABAJO QUE ME ENCANTA Y QUE ME PERMITE SOLVENTAR LAS NECESIDADES DE MIS HIJOS.
  • CON CALMA DE ESPÍRITU, AQUELLOS ATAQUES DE IRA SE HAN IDO APLACANDO.
  • ACEPTANDO LO QUE ES Y NO LO QUE YO QUISIERA QUE FUESE.
SANANDO EL CORAZÓN...

Aceptando que no toda la gente está preparada para entender mi particular forma de ser, ni para aguantar el ritmo de mi vida ni de mis tiempos llenos de pendientes/quehaceres/tareas.

Entendiendo que la pasión no es amor, que amar no es dolor, que estar soltera no es estar sola.

Disfrutando mi compañía y mi persona sin culpa.

Amando cada cosita de mí que me hacen ser la partícula cumpleañera más revoltosa del mundo.

Los 41 me encontrarán contenta, positiva (excepto de covid y de embarazo, jajaja) y curiosa.

Lista para ponerme los patines y seguir avanzando pacíficamente en el camino de la vida.

¿Vienes conmigo?

miércoles, 8 de septiembre de 2021

COSAS (muy) CAGADAS

 Hace cosa de un mes me tocó ir a hacerle los honores a un compromiso comercial de mi papá; se trataba de acudir a una entrevista laboral en conocido banco para empresas, de esos que ni en sueños me darían una tarjeta para deberles una batería de un coche que ni mío era (chiste privado, ya saben).

Pues total, que ahí voy yo con cara de "pero después del numerito, pá', me lanzo a mi oficina porque blablabla". 

Sobra decir que mi papá ha tenido las mejores intenciones del mundo para colocarme en trabajos decorosos, seguros, que permitirían que a los 67 años me bajara de la nómina para gozar de mis rentas en Venecia, Italia (¿pues cuál otra, chula? N. de la R.), pero yo he sido tan rebelde que no, mis trabajos me los consigo yo y aunque termine vendiendo pepitas afuera del metro, jamás de los jamases me acusarán de nepotismo nivel mickey mouse.

EL PUNTO ESSSSS.... no haré más enredos, lo diré sin tapujos: ¡QUÉ PINCHE ARRASTRADA ME DIERON!

Me preguntaron conceptos TAN básicos de Derecho Mercantil y Civil que hasta gracia les hacían mis expresiones faciales de "¡p*ta madre, no me acuerdo!".

La nenita preciosa (que en realidad es una abogada fregoncísisima y ultra jóven) no daba crédito a lo que estaba presenciando; ya en el último giro de la entrevista me decía toda desesperada (harrrrta de tanta burrez, yo creo) "pues si quieres explícalo con tus palabras"... 

¡Oh Dios! Me avergüenza decirlo pero no pasé el examen.

Aquella prueba me hizo pagar las horas invertidas en el "Nacho´s" en vez de haberlas pasado bebiendo de las aguas del saber; esos conceptos que cuando los aprendes, te sientes cada día más abogado me fallaron a la mera hora (ah, pero si me hubieran preguntado la definición de islas, cayos y arrecifes, se habrían llevado una GRAN sorpresa y ahorita estaría estrenando oficina en lugar de emocionarme porque ponen carteles bonitos en mi pared). Lo siento, Ulpiano, te fallé.

Me estoy riendo de nervios, la realidad es que en ese momento me preocupé bastante por mi alzheimer jurídico: cómo era posible que no recordara tales conceptos tan básicos.

Total que la abogada terminó su quizz, se despidió super amable (tal vez sintiendo penita ajena por la cuarentona que estaba dejando atrás -LITERAL- y sonriendo porque seguiría siendo la mera mera de esa Unidad) y en eso llegó SEÑOR DIRECTOR a conocer a la famosa "Danita"... virgen del perpetuo socorro, una vergüenza más para la colección paterna.

Muy educadamente me dijo que claramente no estaba calificada para ESE trabajo en específico, pero que qué gusto conocerme, que bonito currículum (?), que jóven y qué guapa (doble ?) y que "seguramente en santosea donde trabajes, te ha de ir super". Pues sí, señor, muchas gracias. Al menos ahí aún me respetan aunque no pueda recitar los preceptos fundamentales en latín, ya que es más importante que no clausuren el restaurante por los ene mil puntos que se deben cumplir, jum!

Salí de la oficina de reclutamiento con la Marcha triunfal de Aida sonando en mi cabeza (¿qué otra me quedaba?) rápidamente tomé un uber que me dejó a la puerta del H.H.H. Grupo Tintorera, que para esos momentos no sospechaba que albergaba a una abogada a la que en ese día, en un elemental ejercicio de conocimientos jurídicos, la dejaron más sabia, más agradecida y con sed de venganza futura.

Es cierto, nada como un buen madrazo para salir de tu zona de confort.

(Especialidad: ahí te voy.)


AVISOS PARROQUIALES:

1.- Me enfermé de la panza y por eso cambió el ritmo circadiano de este respetable blog.

2.- Estoy a nada de cumplir 41 años, sniff.

3.- El temblor, si... Eso será tema de otro post... Post estos!




sábado, 17 de julio de 2021

VALIENDO PA' PURA MADRE

Les voy a cambiar la celebración de fin de curso por mi breve historia sobre lo que fue este año escolar para mis criaturas, con la esperanza de que volteen hacia sus adentros y tengan 5 minutos de reflexión.

Un periodo antes de que terminara el curso escolar, me metí al classroom del Matius para ver en qué andaba mi adolescente de 13 años, qué tal lo estaba llevando en la recta final de su primer año de secundaria. Dios santo...

A raíz de la pandemia, la incertidumbre laboral y económica se hicieron ultra presentes en casa al grado de tener que decidir qué hijo continuaría con su educación en colegio particular y qué hijo iría a conocer las mieles de la escuela oficial. Alondra fue el tributo seleccionado y pasó de saludar a sus compañeritos conocidos desde maternal a ser la niña más callada del aula virtual. 

El cambio fue rudísimo pero apelando a la resiliencia que la caracteriza (wey, ¡se aferró a esta vida desde que mi placenta ácreta la quería expulsar a los 4 meses, no juegues!), logró salir airosa del ultimo año de kínder, lista para todo.

Volviendo al Matius, bueno, lo obvio: tareas sin entregar, poca participación en clases, pérdida de ritmo y materias al borde del truene. Sobra decir que el colegio JAMÁS me envió una nota al respecto. Ni su tutor, ni el padre rector (sí, sí...estudia en un colegio católico y no diré más) tuvieron la curiosidad de mandar un recadito, un papelito que me dijera que mi hijo se estaba descarrilando y que ellos no iban a meter las manos. Ah, pero que no dejara de aprovechar los descuentazos de reinscripción; esas circulares pendejas nunca dejaron de aparecer en mi correo.

 Nos pasamos largas noches estudiando, completando resúmenes, tareas, maquetas, cuestionarios. Me salió lo María Montessori, lo Ann Sullivan, la tía Jo March y hasta algunas frases de mi maestro fav de la uni que todavía recuerdo... Volver a recorrer el tortuoso camino que significó mi primer año de secundaria no hizo las cosas más fáciles pero ni modo, ahí estaba el objeto de mi afecto tratando de salvar el último trimestre, a punta de libretazos y "¡con una chingada, Mateo!" a diestra y siniestra porque la pasive voice no es lo suyo ni lo será, pero el pinche riñón que doné para pagar las colegiaturas no lo iba a entender así.

PÉSIMA IDEA...!

El clásico error de todo padre es creer que el hijo hará las cosas por el padre y premiará el sacrificio de sus progenitores con buenas calificaciones. Así nos lo inculcaron a nosotros, pero  en realidad no funciona así (spoiler alert: nunca lo será)

No sabía que todavía me faltaba descender más al infierno cuando una tarde se acerca Mateo y me pide hablar a solas. Trago en seco, pienso rápidamente todos los posibles escenarios, respiro hondo y pienso: ¿en qué momento pasé de comprarle legos y jugar futbol con él a las crisis de la adolescencia?. 

Nadie te prepara para escuchar a tu hijo decir que ya no quiere vivir.

Escuchar como se le rompe la coraza y comienzan a brotar las confesiones dolorosas, las lágrimas purificantes, el miedo, la desesperación, la soledad. Es entonces cuando realmente comienzas a VER los rasguños, los lápices mordidos, los huequitos en la pared, los papeles revueltos en el escritorio, los ojos pidiendo ayuda, comprensión, contención. No son las calificaciones, no es la adolescencia, no es el divorcio de sus padres, no son las estrecheces económicas, no es la falta de amigos, no es su mamá hecha un caos, no es su hermana jodona... es mi maravilloso hijo acudiendo a mi, buscando ayuda, confesando que ya no puede más con el dolor sordo que oprime su pecho, pidiendo ir con el psiquiatra.

Definitivamente en esta entrega de diplomas él no ganó el de "Aprovechamiento y conducta", ni yo gané el Certamen "La madre del año", sin embargo ambos ganamos la satisfacción de aprender más uno del otro.

¿Que si estoy orgullosa de él? Absolutamente. 

Para mi Matius ha superado ya todas mis expectativas. El hecho de confiar en mi, el hecho de abrir su corazón, de reconocer su dolor y pedir ayuda me hacen sentir un orgullo muy cabrón. Ahora se que he crecido a un ser humano que antepondrá su salud mental y la de los demás a cualquier prejuicio, dificultad o desafío que se le presente. Se que ha aprendido que el camino no siempre será fácil, pero que definitivamente tiene herramientas para enfrentarlo y que no va solo.

Su torpe, obtusa y necia madre irá siempre a su lado.

Recogiendo los treceavos, quintos, decimonovenos y primeros lugares en su vida.





jueves, 10 de junio de 2021

BREAK POINT

 Hoy por la mañana hablaba con mi bestie (que no bestia) Luis Angel, sobre lo paralelo de nuestras vidas.

Él, soltero empedernido, empresario en año sabático y con miras a dar un giro en su vida de manera padrísima, sin ninguna atadura.

Yo, full time mom, godín y con tanto peso encima (literal).

Entre broma y broma, salieron algunos verdadazos que dolieron como golpe de resortera. No lo voy a negar: entre ser una persona soltera con la edad y posición correctas,  y ser una persona con un ex marido y dos hijos -el uno, adolescente y con principio de depresión, la otra, una cabrita sin muchas ganas de ser pastoreada-, ¿quién en su sano juicio elegiría alegremente lo segundo?.

Pero ahí está el detalle.

Yo no elegí tener la posición en la que ahora me encuentro.

No me casé para divorciarme, no me convertí en madre para no poder pasar tiempo con mis hijos y que por consiguiente, se crashearan de manera tan triste por la actual situación mundial, ni tampoco era mi sueño estar luchando por su bienestar sola. Nudo en la garganta...

Y si, estoy demasiado consciente que aunque no elegí tales situaciones, puse de mi parte (o no) para que al final terminara sucediendo la vida de esa forma.

¿Y?

El juicio social cae como una guadaña muy afilada sobre las personas que se quedan lidiando con el problema y justifica y perdona a aquellos que abandonan.

Pero ya basta de seguir cargando con esto.

Ya basta de sobre responsabilizarme por todo. 

Estoy cansada de poner buena cara a todo lo mierdoso que está sucediendo en mi corazón porque honestamente siento que ya llegué al límite de entender mis circunstancias sin quejarme, sin alzar la voz, sin señalar a nadie, sin decir "¡La vida apesta...ya no puedo más!".

No se en qué momento me dejó de parecer comprensible esta pandemia, no sé cuando dejé de poner atención a los detalles de Alo, a las necesidades emocionales de Mateo, a mi cansancio mental y emocional por estar entendiendo, justificando, tragando las lentejas de equis, zeta y ye.

Y el desahogarme y señalar y mentar madres tampoco va a revertir nada de lo que sucede dentro de mi, de mi casa y a mi alrededor.

Solo sirve para darme cuenta que la reciprocidad es solo una palabra compleja en un concurso de deletreo y que no necesariamente aplica en todas las relaciones personales que he cultivado. 

Igual tampoco las supe cultivar.

Igual karma is a bitch.

Todos están demasiado ocupados en sus asuntos y eso está bien. 

He estado para cada persona que me ha requerido en su momento y no me arrepiento de eso; no reniego del amor, cuidados, ternura, amistad que he dado. 

Solo es que quiero fijar un punto de partida también. Alcanzar algo, sentir que poco a poco escucho nuevamente mi voz; darme ese respaldo que le he dado a los demás. ¿Sí lo merezco, no?

Después de todo, si he creído en la gente para que alcance su cenit, si he visto en los demás tantas cualidades sin destapar, si he podido perdonar tantas afrentas de corazón, si he puesto los intereses superiores de las criaturas que viven en mi casa por encima de los míos, si he dejado que mis ilusiones se marchiten por conservar las de alguien más, ¡chingao!, ya es tiempo de dejar de temer y emprender el viaje... nuevamente.

Este es mi punto de partida. Sí, otra vez. Sí, vamos a la carga nuevamente. Sí, sí duele ver la diferencia de distancia y velocidad entre los cambios de vida en una persona soltera y una persona con dos criaturas. 

Pero dolería más haberse quedado en el mismo lugar nuevamente, esperando a que alguien se decida a elegirme con todo y mi casa a cuestas...


This will be an everlasting love
This will be the one I've waited for
This will be the first time anyone has loved me...


Y ESA SERÉ YO.





lunes, 31 de mayo de 2021

Ideas derretidas

 Estoy esperando en la fila del banco.

¡Qué rebelde, estoy escribiendo en mi celular y nadie se atreve a decirme nada!... Bueno, en realidad estoy afuera del Banco, poniendo a prueba mi paciencia, mi hidratación y mis melanósidos que, por ser una belleza morena, espero tenerlos por miles.

Las personas hemos perdido el sentido de todo: del tiempo, de la vida, de la decencia, de la humanidad, de la vergüenza y lo sé y lo afirmó categóricamente porque detrás de mí se encuentra un señor como de sesenta y tantos años, usando su celular SIN audífonos y por el ruiderajo, sospecho que está viendo "tik toks" de ______(inserte aquí el nombre de la chichoncita y/o policía municipal de Ecatepec mamado del momento) bailando alegremente alguna cancioncilla pegajosa, mientras sus protuberancias se mueven "sin querer" (bendita juventud inconsciente).

Y no conforme con compartir con los compañeros de fila su muy respetable manera de matar el tiempo de espera (hablemos los estúpidos que escribimos ideas en un blog), se acaba de poner a grabar él mismo un video, haciendo un bailecito de una canción que dice algo como "ra tu tá, raca taca tá". Le echa enjundia, le echa sabor, nos causa una envidia su desmadre y soltura para mover el bote, amén de la circunstancia que lo tiene tan contento en medio de este caos, en medio de este calor: seguramente es de los miles de sesentones que ya recibieron la vacuna.

Es la venganza de las generaciones de antaño contra los cuarentones que tratamos de mantener a flote la economía con decisiones tan pendejas como gastarse la quincena en el shein, en el Amazon o ¡peor!, pagando colegiaturas de humanos que en su momento también nos pintarán un dedo medio por nuestra falta de savoir vivre.

El fin de una era, sin duda.


P. D. Y aquel cuarentón que no haya sucumbido a sacar su cuenta de tiktok, que tire la primera piedra. 

viernes, 14 de mayo de 2021

WITH A LITTLE HELP FROM MY FRIENDS

 No me ha gustado ponerme la piel de víctima en ninguna circunstancia.

Lo que me ha sucedido en la vida, más lo que yo he provocado en ella, es una combinación de decisiones propias y ajenas que se sustentan en mis creencias, en mi contexto personal y en lo que mi angelito de la guarda alcanza a concientizar en mi.

Y de ahí pa´l real... pos todo es bajada.

Es cuando te topas con lobos caperucientos que te hacen cuestionar el tamaño y su utilidad, con pepes grillos buena onda que dejan que te des unos besitos inocentes en el antro y luego te sacan a la fuerza de ahí, a sabiendas que vas a necear y a tirar de patadas (ok, eso me lo acabo de inventar, pues en aquella ocasión, "Pepa Grillo" también andaba tirando besitos a diestra y siniestra y no se veía con ganas de censurarme), es cuando conoces a la oruga azul de Alicia en el País de las Pesadillas y te invita a preguntarte "¿Quiheeeeen.....heeeeeereeeessss...thuuuuuuú?" (y a descubrir que es una mentirosa, pues "10 centímetros es la estatura perfecta" es el peor engaño de todos los engaños de la infancia).

Hasta que sientes la primer estocada, volteas hacia arriba para ver de dónde proviene y lo sabes... ¡oh vaya que lo sabes!..., es un daño perverso, un daño que no tiene parangón. La ejecución de un plan maestro que cimbró tu ser al grado de hacerte olvidar hasta tu película favorita.

Es real, te han convertido en una víctima.

Y luchas, (en parte porque eres una trucha belicosa y en parte porque tu instinto te dice que debes recuperar oxígeno y estabilidad) luchas contra el concepto de victima porque tu formación universitaria te ha dicho que la víctima nunca recibe justicia, que no hay abogado estrictamente capaz de resarcir el daño causado al sujeto pasivo, que las víctimas son personas que pudieron evitar al sujeto activo cambiando las circunstancias de modo, tiempo y lugar (Profesor Martínez: ¿es neta su teoría del "hubiera"?) y porque tú, morena de fuego altanerapreciosayorgullosa, tal vez te lo buscaste.

Cha-le.

¿Qué sigue? Bueno, si son de mis menos cinco lectores de siempre, sabrán que una llorada y un corte de pelo arreglan casi todo; sin embargo, permítanme hacer una declaración:

    SE VALE PEDIR/RECIBIR AYUDA

Si, queriditos... dejemos de cargar con las consecuencias de las agresiones que nos han infligido los sujetos activos de nuestras vidas y extendamos la mano a quienes con cariño y amor quieran cuidar nuestros raspones y moretones. 

Olvidemos el orgullo estúpido de charro borracho y dejemos que el amigo fiel y cariñoso nos cargue en medio de la tormenta, mientras echas tus brazos a su cuello para no desfallecer.

Esto no te convierte en una mala persona, al contrario.

Esto te ayudará a recuperar a la excelente persona que siempre has sido.

Bonito viernes, queriditos.



domingo, 28 de marzo de 2021

REFLEXIONES COVIDIARIAS

MI LADO LUMINOSO HABLANDO:

Gracias a la máxima deidad existente por mantenerme fuera de peligro durante mi padecimiento de COVID.

Por no dejarme sucumbir ante la ineficacia de las políticas de salud pública, engrosando la lista de "los trescientos mil y contando...".

Porque mi hermosa Alondra está recuperada y ya da negativo.

Porque sigo conservando mi trabajo.

Porque tengo amor, amigos, jefa, compañeros y familiares que se preocupan y ellos me han levantado el ánimo durante este tiempo.

Porque sigue latiendo mi corazón sin necesidad de un respirador...


MI LADO OSCURO HABLANDO:

😒 OK, NO DIRÉ NADA ESTA VEZ...

(Sólo díganle a la señora que escribe que por favor deje de escuchar "Solo soy un polaco enamorado")



domingo, 7 de marzo de 2021

BIEN POSITIVA

Si hubiera hecho todo lo que se me indicó desde el día uno de mi nacimiento, desoyendo a mi voz interior y cerrando la ventana de la percepción, tal vez me hubiera ahorrado muchos momentos vergonzosos y el episodio donde me subí al escenario en una fiesta ajena para que Cepillín me cantara el "Happy birthday" (y donde todo mundo me abucheó), nunca hubiera sucedido.

Si hubiera sabido manejar esa voz interior y mantener abierta "manque" fuera con un palo a la ventana de la percepción, seguramente estaría terminando un posgrado en Georgetown University y Mateo y Alondra no serían "Mateo y Alondra", sino Mathew & Lark, respectivamente.

Pero como ha sido la inercia la que ha regido mi vida, heme aquí tecleando como si no hubiera un mañana porque... ejem, tal vez no lo haya.

Había estado pasando por un periodo muy triste, muy incomprensible para mi; viviendo duelo tras duelo y tratando de seguir adelante con la vida, tomada de la mano de mis hijos y pidiendo al cielo que le permitiera a mi cabeza un poco de calma y silencio ante la serie de pensamientos obsesivos que llegan cuando estás superando una ruptura amorosa. Tal es así que un día de hace no poco tiempo, mientras escuchaba el disco "Sound of a Woman" de Kiesza, me recargué en un rincón de mi minúsculo apartamento y comencé a llorar. 

Lloré muchísimo y no podía identificar la causa del llanto. ¿Lloraba porque aún me dolía la injusticia con la que terminó la relación?, ¿lloraba por las pérdidas familiares recientes?, ¿por la situación en general?.
Y de repente me llegó la certeza de que era un llanto de iluminación. Lloraba y en mi corazón sentí esperanza, un renacer ante mis nuevos objetivos y sobre todo, un llanto de temor ante Dios por el futuro de mis hijos. En ese rincón, en ese momento yo le pedí a Dios que no me dejara morir pronto, porque no podía hacerle eso a mis hijos. 

No sabía que mi cuerpo ya estaba conociendo a su nuevo huésped: El Covid.

Al día siguiente comencé a sentir malestar de gripa y lo atribuí a que el fin de semana nos habíamos zampado un cargamento de "paletas, paletitas de a peso" y la temperatura en la ciudad de México se había descolocado bastante. Le mandé mensaje a mi jefiux de que tenía un poco de temperatura, que ojalá el poli no me fuera a regresar al día siguiente porque pinche uber sale bien caro y porque sueldo al 60% (y para ver si me decía "quédate en casa, Danis bebé, no te arriesgues").

Llegó el día siguiente, vi a los super RH haciéndose pruebas y formé mi ficha únicamente para ganarle una torta de chilaquiles de la Condesa al contador Solares, ya que estaba segura que no tenía nada... 

Cuando di positivo sí sentí que el mundo se detuvo para mi. Me sentí el "Impostor" de la Nave al que han expulsado mediante votación, volando a través del espacio sin rumbo ni dirección.
Sí pensé en el muy egoísta "¿por qué a mi, si me he cuidado tanto, si he sufrido tanto?".
Sí me enojé con Dios, con la vida, con la gente que me hubo lastimado.
Me enojé conmigo misma.

Llegué a casa, Alondra salió a recibirme con la misma alegría que yo sentía cuando mi papá llegaba temprano a casa. Y le pedí que no se me acercara... (solo de escribirlo, me siento quebrar de nuevo). Su carita, sus lagrimitas, su mirada de incomprensión... ver a la cara a mi papá como si hubiera yo matado a alguien, sabiendo que si lo había contagiado lo estaría exponiendo a lo más peligroso y mortal por su hipertensión, por su edad, por su condición fue completamente devastador para mi. ¿Por qué ese día no podía ser como todos los demás?.
¿Por qué yo, Dios?, ¿Qué va a ser de mis hijos y mis papás?.

Los primeros días fueron de verdadero tormento; lo anímico aniquiló cualquier dolor., estar lejos de mis ratitas ha sido lo más duro que he experimentado jamás.

O sea, cualquier otro azote previo se ha quedado corto con el dolor de no poder tocar esa piel aterciopelada de las mejillas de Mateo, ni aspirar el olorcito a quesito rico del cuello de Alito; todos los momentos donde me quejé de cansancio, aburrimiento, falta de motivación para jugar 5 minutos más, leer el 3° cuento de la noche, prepara esos hot cakes que ya no te salen de tan soso que encuentras hacerlos, se agolparon ante mi y se rieron de mi. Ese silencio en mi casa, esa soledad no era normal. Pero pide y se te dará... Y se me dió: Alito está convaleciendo conmigo, porque ella también dió positivo, ¡Zork!

Cuando le abrí la puerta, me abrazó y me dijo "¡qué bueno que di positivo, así te puedo abrazar, besar, morder y estar contigo todo el tiempo!".

Suspiro...

Hace tiempo pedí un amor incondicional sin saber que todo en mi vida ha sido estar rodeada de amor, unos incondicionales y otros que aún me tienen en terapia y chochos, pero amor al fin y al cabo.

Cuando por fin pude descongestionar mis sentimientos, pude darme cuenta de mi lugar en este mundo como madre, como hija, como hermana, como amiga, como ex compañera, como la mujer loca que se ríe sola y escribe dislates como terapia.

No elegí tener covid, no elegí contagiar a mi familia, no elegí la situación en la que me encuentro ahorita, pero sí elijo quien quiero ser en estos momentos: una mujer agradecida con lo que ha vivido, lo que ha aprendido y lo que se le ha presentado en un momento de crisis.

Porque, en términos orientales, la crisis es sinónimo de oportunidad.

Siempre hay una oportunidad....

domingo, 21 de febrero de 2021

 No hay forma de escribir esta entrada sin tener apachurrado el corazón.

Sentir un escalofrío que te recorre la espina dorsal mientras escuchas estas palabras "Él ya no está con nosotros", recordar de golpe todos los momentos que estuvo en tu vida, que tú estuviste en la suya. La familia que deja, la esposa, las hijas, los nietos y bisnietos con los que te hermanas en dolor. Porque es dolor de pérdida, de no querer creer que te arrancan pedazos de tu vida así de repente, que es inexplicable, que nos muestra momento a momento lo frágiles que somos y lo necesitados de consuelo y de amor divino para no sucumbir ante el mismo dolor.

Quiero abrazar a mi papá, a mi abuela Ofe, a mi tía, a mis primas, a toda la familia que hoy queda en silencio mientras unimos el corazón para despedir a mi tío Erasto. Mi tío que me cantaba "Las mañanitas" con su guitarra, que me hacía repelar cariñosamente, únicamente para hacerme pensar diferente.

Se me acabó la infancia de golpe. 

Se me acabó la inocencia y tal vez un poco de esperanza en poder vencer este maldito virus. 

Mañana amanecerá y pido a Dios que el enemigo nos de tregua en algún momento.

Amén.

viernes, 16 de octubre de 2020

YO, MAMÁ.

 No se si estamos sumergidas en una neblina de contradicciones o es que tan solo el dolor lo enterramos muy profundamente para que no salga a atacarnos como fiera en medio de la noche, sin embargo, el resultado de no poner un alto y sanar dicho dolor nos ha conducido a más problemas y más generaciones de mujeres vulnerables, asustadas o incompletas.

Hablo de ser mamá, hablo de ser hija, hablo de ser mujer.

Mientras escribo esto, tengo al lado mío a una niña que está literalmente con el cabello suelto, revuelto, con su pijama y playera blancas con manchas de cátsup y chocolate y unas pantunflas de unicornio sin cuerno. Para mí, es la imagen más hermosa del mundo. Para los condicionamientos del pasado (o sea, lo que opinan mi mamá, mi abuela, mi bisabuela...), esto es inaceptable. Y al no corresponder a sus ideas, de inmediato hay un rechazo hacia la vaga de mi hija y su aún más vaga mamá, que parece ser la peor madre del mundo por no seguir la línea al pie de la letra.

Ese rechazo duele y te madrea cuando tienes 5, 15, 22, 40 años y así se puede seguir una, hasta el final de sus días. Y si tuvimos descendencia, se los heredaremos en automático hasta el día del juicio final, dejando a generaciones de mujeres anuladas y sometidas por la falta de empatía, de amor y aceptación de las mismas mujeres de la familia y por ende, de la sociedad en general.

¿Y quién gana esta guerra? Podría decirse en automático que los hombres, pero no es tan sencillo.

Gana quien ve en la carencia de amor propio de una mujer la oportunidad de ventaja y negocio; gana quien se nutre del dolor y ansiedad de aceptación de una mujer que no supo ser valorada ni amada desde niña. Entonces tenemos una horda de insumos que nos quieren meter el amor propio y la autoaceptación mediante maquillaje, ropa, revistas y modelos femeninos nada sanos, nada útiles y completamente innecesarios, ya que lo que necesitamos en realidad es terapia, contención y auto aceptación para seguir adelante por la vida, sintiéndonos orgullosas de nosotras mismas, sanando a la niña herida y mucho más importante: dejando de cargar en nuestros hijos esas cadenas de tortura y dolor.

Por ello, doy gracias por las experiencias dolorosas que me han abierto más los ojos y que me permiten ver la belleza en las manchas de catsup, chicle en el pelo y la falta de vergüenza de mi niña.

Gracias, porque sanando yo, la ayudo a que sus cimientos sean verdaderos y fuertes. La ayudo a alcanzar todo el potencial que trae en sí misma y que saldrá para que haga lo que ella quiera hacer de su vida, sin necesidad de sentir que debe complacerme.

Así que dejaré esto por aquí e iré a revolcarme en el pasto donde ahora corre descalza, a disfrutar su risa y sus juegos. Sintiendo paz y tranquilidad de ser ella y nada más.

Así acepten y abracen a su niña interior. Sánenla, recupérenla, ámenla.

¡El despertar es maravilloso!

viernes, 9 de octubre de 2020

LO COTIDIANO.

 Estos días que regresé a la oficina han sido días de volver a adaptarse a una realidad que yo me resisto a llamarla "nueva", pero que en sí es diferente y que ya ha marcado sus cambios en todos nosotros. No se si aún haya alguien afuera que piense que todo es como siempre y que nada ha cambiado, para mi y mis ratitas maldosas ha sido todo un show de cambio, adaptación y resignación.

Las cosas que me sorprenden en positivo son por ejemplo mi gusto adquirido por hacer burbujas de jabón por las tardes; como si en esas delicadas esferas multicolores se fueran condensadas mis tristezas, esperanzas, pensamientos y deseos y partieran hacia cada destino que mentalmente le impongo. Si llego a casa y Alo no me pide que salgamos a lanzar burbujas, yo soy quien tiene que jalarla de la manga y urgirla a que deje el tedio del encierro y se una conmigo a esa diversión "pero poquito, mamá", me advierte. Seguro tiene mil cosas más interesantes que hacerle compañía a su filosófica madre, pero ¿qué quiere?, uno no escoge a sus padres ni a las mañas que éstos se carguen (no cierto, Evita u.u).

Por otro lado, mi muy puberto Matius da muestras de estarse amargando un poco antes de siquiera llegar a los 15 años, edad permitida para azotarse y tirarse al drama por cualquier cosa y considerarlo ya "una crisis juvenil" más que un "berrinche de niño chiquito" y lo observo volverse más irónico y sarcástico en su humor, cosa que en el fondo me gusta pero me preocupa enormemente que crezca pensando en que la vida no es sino un montón de circunstancias hiper cagadas, donde lo mejor que uno puede hacer es pitorrearse de ellas y dejar que el espíritu decaiga un poco, para luego rescatarlo con una frase ingeniosa y plasmarlo en un blog... ups.

Y en esa combinación de tedio e ironía, ambos chamacos me traen ya de bajada.

Por ejemplo, Mats sucumbió (¡por fin!) a la Pottermanía, se leyó los siete libros en mes y medio y luego adoctrinó a su hermana mediante las películas; al rato ya jugábamos dentro del mundo mágico de Harry y sus amigos lanzándonos hechizos para hacernos invisibles (buenísimo para meterme al baño a llorar, comer chocolate y revisar mis mensajes), creando pociones mágicas y escogiendo a nuestro personaje. Cuando yo dije que pedía ser Luna Lovegood, Alondra me contestó "no, tú eres nuestra elfina doméstica"... ¡zork!. 

Y bueno, no hablemos de Mateo que como ya les adelanté, está pasando por una fase "chistosa" y obvio, su blanco favorito es su mamá.

Está bien; no puedo ni quiero ser tan rígida o educarlos en valores para un mundo que tal vez ya no esté para cuando regresen al exterior. Honestamente en este momento voy siguiendo mis instintos y también dejándome llevar por la corriente del Mediterráneo, mientras ellos cotorrean y se divierten, se pelean y se bufan al mismo tiempo. Tal vez esto es lo que tanto esperé y soñé cuando la familia se modificó: tener una identidad como familia, algo que nos identificara solo a los tres. Y quien sabe, igual y hablar de caca y sus colores primarios sea lo nuestro.

Disfruten a la familia que ustedes eligieron y déjense envolver por su atmósfera; también sean flexibles cuando lleguen miembros nuevos. 

Feliz Viernes, casi normal.



miércoles, 23 de septiembre de 2020

CUARENTONA EN CUARENTENA

 Los treinta... 

Recuerdo cuando hace 10 años estaba muy sacada de onda por cumplir justo treinta y convertirme en una "doña treintona". Claro que había razones personales para sentirme así: ya era mamá, ya estaba "amarrada", a cargo de una casa y bastante aislada del mundo. Sentía que todos mis amigos seguían y seguían en la fiesta y la soltería y a mi ya se me habían acabado los bailes y las desveladas.

Sin embargo al cumplir 36 años, la vida me demostró que nada está escrito en definitivo y me sacó de la inercia, zona de confort, etc. y sin querer, me reinventó en un híbrido de Melanie Griffith en "Working girl" Andy de "El diablo viste a la moda" y "Doña Lucha", haciendo todo por amor a sus hijos.

Esa recta final de los treinta fue bastante educativa e ilustrativa, ¿eh?, como ya se los he platicado y creo que por ello no siento tanto el dejar el tercer piso, pues las lecciones las sufrí pero las aprendí y de la diversión, me basta con la fiesta que traigo por dentro y que se manifiesta con mis niños, con mis papás y hermano (manque sea vía Whats'app), con él, con mi banda virtual y mis primas. Ya la temporada de cacería terminó, la temporada de pesca también y tan tán, se acabó. Se me aplacan todos.

Jajaja, muy probablemente seguirán las lecciones, pero también están ya los cuidados, el caltrate, las mastografías, el "yo hubiera sido go-go dancer, pero  me chingué la rodilla", el bajarle al café y meterle a los vegetales, la leche de soya y las cremas para las patas de avestruz por las noches. 

Dicen que los cuarenta son los nuevos 20´s y que a las mujeres no les da la mentada crisis de los 40 que les da a los hombres... pienso que efectivamente no nos da, porque somos más seguras, más fregonas, ,más libres y lujuriosas que nunca y eso se notará definitivamente en todas nuestras acciones, pero sobre todo en la expresión de felicidad al dormir, sabiendo que has dado batalla y aún habrá muchas posibilidades de re inventarte constantemente. 

¿Esto lo sabían las abuelas?, probablemente. Mi muy querida abuela Luisita antes de morir me dijo que siguiera siendo feliz, que fuera feliz con las decisiones que estaba tomando en ese momento. Que no me arrepintiera de nada porque luego los remordimientos pesaban más que los años. Ella sabía lo que traían los años y me transmitió su conocimiento, lo cual agradezco enormemente. Gracias abuela, gracias mamá, gracias papá... fuente perfecta...fuente perfecta...fuente perfecta.


Adiós, mis thirty, flirty and triving, hola cuarentona, coquetona y buenona... ¿o como era?

jueves, 10 de septiembre de 2020

Indochina

 Mi vida se compone de muchos silencios y malos entendidos mezclados con confusiones y desprecio. No en ese orden, naturalmente, sin embargo el hecho de estar a dos semanas de cumplir CUARENTA AÑOS, me arrastra a profundizar en lo que habrá para mi en el mundo, pasando dicha fecha.

Sorprendentemente cada vez tengo más en común con mi mamá, lo cual me da miedo y gusto y confusión y un sentimiento de "ewwww" al comprender más cosas de ella que sucedieron mientras yo adolecía de juicio y sentido práctico de la vida (ayer).

Uno de esos episodios tiene que ver con la película francesa "Indochina", protagonizada por Catherine Deneuve (¡diosa!)y Vincent Perez (¡puuuuuuutssssss!), donde en medio de la guerra de independencia de dicho territorio, ellos dos se entrelazan en una especie de triángulo amoroso con la hija adoptiva de Catherine. Nada que Corín Tellado no nos hubiera platicado antes, sin embargo en la época a la que me estoy refiriendo, Corín no hubiera podido describir que yo a los 14 años era una cosita escurridiza, planita y rellenita desproporcionadamente, que se le notaban todavía los cachetes de la infancia pero con un corazón que llameaba ardientemente por Ovidio, por Badillo, por Juan Paco Pedro de la mar laralaralara y los que se fueran acumulando, mientras que mi muy jóven mamá de ¡33 años! los hacía suspirar a ellos.

"Tu mamá es muy guapa", "¡Qué jóven es tu mamá!" "Parecen hermanas" eran comentarios comunes en la boca del galán en turno y para mi eran una mezcla de tortura y orgullo. Yo se los platicaba a mi  mamá como quien se practica un hara kiri, un tanto para espiar su reacción y otro tanto para sacar el veneno de mi alma. Ella, como cualquier mamá cuerda y madura, me decía "pues tú diles que así como está ella, así me voy a poner". Eso no aliviaba mi malestar, pero al menos me daba esperanzas de poder dejar en algún momento el capullo de oruga al que estaba condenada en ese momento.

Sobra decir que a los 33 años no me puse como ella me lo prometió.

Ni alcancé un nivel de madurez como el que ella tenía en ese momento, con hija adolescente e hijito de 5 años.

Al contrario, los 33 me encontraron escribiendo mis andanzas en éste apestoso blog, más regordeta de lo esperado y con un Matius de tan solo 6 años, con el que andaba de arriba pa' bajo como hermana mayor/hermano menor.

Sin embargo, a toda oruga le llega el momento en el que se convertirá en ya saben qué (no me hagan decirlo, es el cliché más sobado de la literatura) y no se, pero creo que ésta vez estoy a punto de lograr llegar al nivel de Catherine Deneuve, donde voy decidida por la vida en mis manos, llena de orgullo por mí misma, por mis caídas, por mis tropiezos, por mis errores y dolores y mis horribles cortes de pelo fallidos que han acompañado cada cambio.

Siento una sensualidad recorriendo mis venas, una cosquilla en mi panza solamente de imaginar el sabor de una fruta, el aroma de un nuevo perfume o el descubrir intereses bastante disparatados, cuya única finalidad es llenarme de experiencia... ¡aaaaasu!

Y qué exquisito es saberse una mujer con cuarenta años que no necesita aparentar menos (aunque, cof...cof... si aparento) y ver que el mundo sigue esperándola con más ganas que nunca (y bueno, con una pandemiecita algo prolongada y mortal), ansioso de verla eclosionar y treparse rápidamente a la ola, consciente de su suavidad, de su encanto y experiencia, emulando al agua que todo lo vence porque a todo se amolda pero sin dejar de observar su esencia.

Total, a este punto pueden decir lo que gusten y yo seguiré andando con mi aire garboso de avestruz en tacones y drogas, pensando en lo hermoso que es la vida, en lo bello que es crecer y sobre todo, lo tranquilizante que es el hecho de que Papita apenas tenga 5 años y pueda ser todo lo irresitible y coqueta que quiera ya que para ese momento, su mamá estará más preocupada por  su cadera ortopédica, hacerle la vida de cuadritos a la nuera y con la abosluta certeza de que él la observa y mira con el deleite con el cual la miraba a sus 39 años... justo dos semanas antes de cumplir 40.

Sí, queridos menos 5 lectores de siempre... no es Arjona quien me tiene sonriendo.

viernes, 4 de septiembre de 2020

LA VIDA DESPUÉS DE TI ( segunda y última parte)

Cuando él se acomodó en nuestras rutinas de locura, en verdad sentí que muchas cosas iban a mejorar y otras tantas necesitarían terapia familiar.

No fue fácil para Chico Mayor aceptar que su papá tenía pareja y que su santísima madre también. Sus celos se dispararon a niveles impresionantes y fueron muchos los momentos donde terminamos tristes, sin embargo con el tiempo fue aceptando y comprendiendo las cosas y no dudo que en el fondo también nació un cariño hacia él.

En cambio, Chica Menor lo disfrutó muchísimo pues aprovechó bastante bien la situación de sentirse doblemente agasajada y consentida; al ser más jóven la pareja de su padre, se siente como si ella fuera una amiga grande que le dedica tiempo y atención y eso es padrísimo; yo recuerdo que me encantaba estar con mis primas mayores porque me hacían sentir importante y me prestaban sus barbies y adoré sus fiestas de 15 años de cada una de ellas.

Creo que para emparejarse hay que saber amar. Y suena a cliché y es horrible y eso ya nos lo dijo José José muchas veces pero es cierto: amar es querer la felicidad del Otro entendiendo que nosotros a veces estamos en el cuadro y a veces no. El Otro es un ser independiente y tiene una vida que se compone de varios aspectos. Podemos estar o no incluídos y visceversa. Pero generalmente nos gana el apego y lo confundimos con "amor". Nace el mueganismo, nacen los celos, nace la desconfianza, nace la idea de que el Otro debe satisfacer mis necesidades (todas). Y si el Otro se va... morimos.

Y bueno, tantito peor si "el Otro" es una mamita trabajadora que cuyo trabajo fue-de nuevo es- muy absorbente. Las prioridades siempre estuvieron claras, pero el corazón no siempre quiere obedecer a la razón. Lo mismo pasaba de éste lado, pero creo que al final no supimos manejar tantas voces, tantos sentimientos diferentes, tantos obstáculos y tanto apego.

Se que el amor está ahí. Ojalá pudiéramos simplemente quitarnos todos los personajes que somos a la vez y encontrarnos en medio del camino, tomarnos de la mano y andar juntos, con todo nuestro pasado, con todas nuestras responsabilidades... (voy a llorar)

En fin... la vida es lo que es.

Una se levanta, deja de postear estupideces en sus redes sociales, prepara el desayuno, se pone pestañas postizas (porque es lo único que deja ver el cubrebocas) y se va a trabajar por y para sus ratitas maldosas.

El camino es diferente, la realidad es diferente y yo también.

viernes, 14 de agosto de 2020

LA VIDA DESPUÉS DE TI (parte 1)

Lunes 10 de agosto...

El 99% de las cosas que me propuse cumplir para ese día quedaron rebasadas por la realidad. ¿Qué tan difícil era dormirse temprano el día anterior, dejar tres trapos listos, el menú del desayuno planeado y poner el despertador? No mucho, al parecer. Un chingo, para la muy desvelada, exhausta y mal portada Dana, quien no contenta con tener ansiedad crónica, se dio el lujo de empezar a ver una serie sueca cuya trama eran las familias compuestas: Pareja recién formada, cada uno con hijos de su anterior pareja, las cuales estaban seriamente resentidas y enojadas y un bebé en común en camino. Lo de hoy.

Bueno pues corte a:maratón de capítulos a horas antes de que el hijo mayor iniciara formalmente la secundaria en línea y con ello se fuera al diablo la estrategia del Plan DF3, con el consabido caos al día siguiente. 

Seeeee, se que eso se oye feo y reprobable; que el hecho de escribir sobre ello para regodearme es aún más irresponsable, que el pelo engominado del Matius a cámara lucía estrellitas y brillitos porque olvidé comprarle su muy varonil gel para machos y sólo había gel rosa de princesas de Alo y que con eso ya tiene para querer abandonar la secundaria para siempre y querer irse a vivir con su papá. 

Pero, ¿saben? antes de que me condenen, quiero decir algunas cosas en mi defensa...

¿Por qué me enganché a la serie? ¿Qué había en eso para mi?

Todo, amigos... absolut...no, esperen, el bebé no.

Ustedes recordarán al sujeto conocido como Marmota, quien seguirá llamándose así porque "el padre de mis hijos" solo lo menciono cuando estoy enojada con él (o sea, uno se separa para que ya no le duelan las chingaderas del otro, pero resulta que si tienen hijos en común, es imposible dejar de convivir con él). Así que terminas acostumbrada a hablar con él casi a diario, a preguntar cosas como "¿tú sabías que a Mateo le gustaba Fulanita?, ¿tú le diste permiso a Alondra para que se hiciera un tatuaje cuando cumpla 18?, ¿se fue a tu casa la rata de peluche?, porque aquí no está y tu hija está histérica con que no puede dormir." y a preguntar casual si su nueva novia te puede pasar la receta de su panqué de plátano con arándanos.

 Obviamente se lee fácil, chido y hasta inspiracional para una novela así leído de corridito, pero en el camino hubo lágrimas, dolor, humillación, engaño, resignación, terapias, gritos, en fin, mierda y media.

Llegar a este punto no ha sido nada fácil y menos cuando tienes la responsabilidad económica, moral y afectiva de las personas más importantes en tu vida. Parte de dejar de escribir en el blog fue por la velocidad con la que vivía las tragedias una tras otra tras otra. Ya nada quedaba para querer compartir y mucho menos reír. La vida se puso demasiado seria y un día de repente pareció que el cielo despejaba y entraba a la tierra un rayito de sol (pausa dramática para poner la canción "Osito de Felpa" de Julio Jaramillo... perdón).

Ese rayito de sol entró al desmadre de mi vida como entra a la montaña rusa un niño con el estómago retacado de golosinas: con la mayor ilusión de diversión pero que tarde o temprano termina vomitando.

Y vaya que hubo vómito... pero eso será contado la próxima semana.

Por lo pronto, en la libreta de los recados del refri hay una nota con rojo y mayúsculas que dice "NECESITO GEL SIN BRILLITOS".

Siempre hay un motivo para seguir adelante...

viernes, 7 de agosto de 2020

Los insomnes.

 

Apuesto a que tú también escuchas voces que salen de los rincones más extraños de tu habitación.
Un ronroneo que sólo la presencia del refrigerador en la cocina consigue tranquilizar tus ansias locas de salir a la calle en medio de la noche a buscar gatos para quedártelos... ¿a que si?
Por más que tomes tus tés relajantes o hagas tus assanas, la inquietud, el insomnio y los tres pesos de cordura que todavía te quedan, hacen que pases la noche más infernal de tu vida, a perpetuidad.


No lo sé, para estos momentos voy por mi 3era taza de té y mi rivotril. Un corto alemán en Amazon y ya está, veré si consigo pegar pestaña, que a dichos de mi mamá, me está sentando fatal la ruptura.


Bah, peor siempre ha estado la pobre Violeta.

Pero se que no es así...

viernes, 24 de julio de 2020

Cangrejadas.


Como está bien aburrida la cosa, me voy a arrancar a contarles la historia de mi primer amor... ah caray, de tanto que no venía por aquí no me había percatado que no solo les he platicado del primero, sino que ya llevo el segundo, tercero, primer marido, último flee... ¡UNA CHULADA!.

Ta bien, entonces como ese chisme ya se lo saben, mejor les contaré como es que volví a los siempre necesarios, nunca bien ponderados A N T I D E P R E S I V O  S.

Estaba yo muy correctita en la parte que me corresponde de la oficina (los conocedores ya se saben  el chuncherío de post-its, stabilos pastel, plumas fuente, flechitas, y ene mil libretas que se encontraban ahí en mi escritorio), tecleando alegremente el organigrama que prácticamente justificaba mi existencia en esa compañía, contestando mil mails, mintiendo impúdicamente sobre cómo ya estaba el pago de equis proveedor y  aguantando los cuestionamientos de mi jefe acerca de... ¡todo! cuando de repente sentí un dolor en el pecho  que se fue extendiendo hacia mi brazo izquierdo llenándome de angustia y pensamientos funestos. Se me fue el color, me comenzó a doler la cabeza rápidamente y neta sentí que ahí iban a quedar los restos de la que fuera la participante número 67 del concurso de Spelling Bee Contest del año de 1990. Una verdadera pérdida para la humanidad, lo sé.

Quisiera poder decirles que en cuanto mis compañeritos godínez notaron el cambio en mi color y  actitud (pues de pasarme el día gritoneándole a mi auxiliar y llevándome de a chiflidos de arriero con el contador Solares, quedé completamente en silencio) llamaron prestos al 911 como lo marcan mis protocolos de Seguridad, pero la cosa es que estamos tan al tope de trabajo que si se nos petatea algún miembro de la tribu lo más seguro es que lo notemos cuando preguntemos a la hora del pastel de Chelita de contabilidad "oigan, ¿y Willi el de las copias no va a venir a cantar las mañanitas?", o sea, el horror.

Pedí el baumanómetro colectivo de los contadores (es que ya se que parece chiste, pero en serio que es anécdota) y de mala gana me lo ofrecieron, no se les fuera a descalibrar y luego cómo le hacen a la hora del cierre de mes. Mi presión estaba en 190/100... igual y sí, igual y no. El punto es que me pusieron en un Uber directamente a la clínica, a 100 kilómetros por minuto para que rompiera el umbral de la media hora de distancia, no lo fueran a tipificar como accidente de trabajo.

Llegué a la clínica y bueno, ¿qué les puedo contar que ustedes no sepan ya sobre el sistema de salud de nuestro país? Como no traía cita, pues me atendieron de lujo, me dijeron que iban a enseñarme resiliencia al permitir que llorara un poco más de lo que ya estaba llorando de miedo y desesperación y que para fortalecer mi carácter, no me asegurarían que recibiría la ayuda y me dejarían para que urgencias me atendiera. Claro, solo en caso de que colapsara ahí mismo; de no hacerlo, tendría que regresar el lunes con cita y en mi horario.

Pues nada, ahí estaba hecha bolita en las bancas, llore y llore y con miedo a morirme en las bancas del IMSS.

Total que entré a consulta, la doctora que me atendió estaba en medio de una batalla campal con su ex marido, su hijito de 4 años y la señora que lo cuida por las tardes... comenzó a preguntarme que qué rayos hacía ahí y, no se cómo explicarles, pero me sentí completamente estúped, con mis lagrimitas lily ledy y mis problemas de a tres varos.

Me explicó que había sufrido un ataque de pánico y me diagnosticó (nuevamente) Transtorno Generalizado de Ansiedad y Depresión.
Cámara... chochos por aquí, chochos por allá, cambio de vida y terapia.

Eso fue el 06 de marzo y luego se desató la pandemia.

Lo que más me resistí a aceptar de esta situación fue mi incredulidad ante algo que consideré en ese momento una debilidad... ¿cómo es posible que la persona que debe infundir valentía, resistencia y autoeficacia al par de ratitas maldosas que sigue viviendo en mi casa, esté cayéndose de pánico y ansiedad? No se suponía que mi cerebro me jugara en contra, se suponía que juntos alcanzaríamos el nirvana de las mamitas trabajadoras, pero ex esposa comprensiva, pero novia, ¡pero nada!

Fue, ha sido, sigue siendo algunas veces un golpe a mi ego y a mi paciencia y descubrir la fortaleza para enfrentar el día a día en medio de ésta situación global no ha sido fácil. La leche escasea y el amor se escurre como agua por las rendijas de esta gran ciudad sin que aparentemente pueda hacer algo para detenerlo.

Sin embargo, algo del desparpajo de Dana la veinteañera de repente se asoma y nos regala unas carcajadas y algunas licencias poéticas para poder sobrevivir en medio de este mar de paxil, clonazepam, paredes pintadas con gis, recortes de papeles multicolores y crayones partidos cubiertos de resistol.

Es, como siempre digo, un día a la vez.

Un día bastante pinche y apestoso a la vez, jajaja... not.

lunes, 20 de julio de 2020

Sanar...




Me curé de la sorpresa inesperada de ser madre escribiendo en el blog que tienen frente a sus oclayos.

Me curé del miedo a ser mamá primeriza con todas las cagadas que ello conlleva, escribiendo (y comiendo helado de chocolate, pa’ qué más que la verdad).

Me curé de la primera infidelidad de Marmota, escribiendo.

Me curé de la depresión postparto de Papita, escribiendo.

Me curé de la bancarrota, escribiendo.

Me curé del terror ante el inevitable regreso a la vida laboral como abogada, escribiendo.

Me curé del sentimiento de culpa por dejar a mis hijos en la escuela y de perderme los primeros pasos de Papita, escribiendo.

Me curé de la noticia del hijo extramarital de Marmota, escribiendo.

Me curé del trauma del temblor del 2017, escribiendo.

Me curé de un divorcio… escribiendo.

Y aquí estoy nuevamente de frente, como la mayoría de ustedes: adaptándome para sobrevivir ante lo inesperado, con el corazón un poco roto, la cartera vacía, el de Coppel tocando a mi puerta, mis hijos convertidos en orugas gorditas de tanto comer y reptar, el trabajo en una sospechosa incógnita, con miedo a morir, llena de deudas, culpas por no haber previsto tantas cosas y escribiendo.

Es verdad, vivimos un cambio muy rudo y ha habido gente maravillosa que lo lleva muy bien y habemos otras que simplemente hacemos lo que podemos con lo que tenemos.
Tengo la tentación de quejarme, de dejarme ir con todo mi dolor y embargar a mis menos cinco lectores ¿de siempre? con tedio y flojera. Pero siento que no es justo ante las diversas circunstancias tan difíciles que muchos viven también.

Así que en la medida de lo posible intentaré rehacerme nuevamente escribiendo; porque ya no es solo un deseo mío, ya no es solo mi cosquilla de explorar paisajes literarios o llevarlos a ustedes de la risa al llanto como otras veces…

Cuando tenemos muchas responsabilidades encima, mucho dolor acumulado, pocos recursos orgánicos y una mamá que te pide que te cuides por lo que más quieras, que te dice que vas a volver a brillar, que volverás a amar, que volverás a sonreír… no queda más que hacerle caso y decir “Sí, si voy a volver a escribir, mami, te lo prometo”.

Y comenzar a hacerlo.


sábado, 5 de enero de 2019

BACK TO BIZ, EVERYBODY!


Llevo dos semanas donde:
  • ·         He dormido más de 12 horas seguidas.
  • ·         He estado en pijama durante 7 días...seguidos.
  • ·         He abrazado y besado a mis hijos en horas impensables y he vuelto a reconectar con todos y cada uno de sus hobbies y manías.
  • ·         He vuelto a ver mis películas navideñas y también he descubierto que a “Nothing Hill” ya la consideran un “clásico de oro”.
  • ·         He comido como un cerdito premiado.
  • ·         No he revisado formalmente mi correo.
  • ·         He peleado y reconciliado con mamá y papá millones de veces.
  • ·         He disfrutado la vida como hacía mucho que no lo hacía…

El año antepasado, justo cuando finalizaba 2017  y comenzaba 2018 sufrí un ataque muy personal, muy íntimo, muy desesperante y desgarrador. Todo lo que me importaba en ese momento se vió seriamente amenazado y recuperarme de ese golpe no fue nada fácil.
Fue remar contra corriente, poner a prueba mi valor y fortaleza, pero sobre todo, fue lidiar con la desilusión y el conocimiento de que verdaderamente existe la maldad en el mundo, que hay gente mala que no soporta la felicidad o simplemente la existencia de otro ser humano y se empeña en aplastar si razón.
Pero también reconocí que existen los amigos verdaderos que sin importar lo bajo que una ha caído, su mano siempre estuvo (espero que lo esté siempre) para sacarme del bache, animarme y plantarme frente al espejo para mostrarme la persona que verdaderamente soy, la que ellos ven y quieren. A todos ustedes ¡GRACIAS! por haberme cobijado y darme el valor para amarme de nuevo.
Y bueno, la cosa fue mejorando, fue mejorando…
Sip…
¡Definitivamente terminé mi año personal mejor de lo esperado!
Ahora, a tres días de que terminen mis deliciosas vacaciones puedo decir que estoy emocionada por estrenar mi agenda con nuevos proyectos, estoy nerviosa y preocupada por los que se quedaron en holding debido a mi break navideño, estoy agradecida por la oportunidad de haber podido tomar un descanso, respirar nuevamente, poner en perspectiva mi vida y darme cuenta de las cosas a las que definitivamente daré prioridad este año.
He decidido viajar ligero, no comprometerme con lo que no creo, no esperar a quien no espera, no complacer si ello me causa estrés, no presionar, no pelear, amar intensamente…
Verdaderamente estar presente en todos los minutos del día y volver a confiar en mis alas.
Gracias a todos los que hacen posible mi camino diario, gracias por esos mensajes, llamadas, fotos, momentos vividos y promesas de lo que está por venir.
De corazón deseo que todos nosotros logremos o felicidad, o aprendizaje con cada lección que tomemos.
Y basta de retos estúpidos y de reeducar a la gente en las redes sociales.
El éxito se impulsa desde nuestro interior; el valor como persona nos lo damos con el oro de nuestro corazón.
Si no, ¿¡qué esperan para ir a terapia!?
Feliz año, queridos menos cinco lectores de siempre.
Amen.
Con todo su corazón.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Lanzándote al vacío con las herramientas de 1996


Cuando era súper joven y súper bella, tenía nula confianza en mí.
Ahora, con casi cuarenta y una belleza que no me envidia  ni mi vecina setenteañera, trato de ir abriéndome paso en la vida como se lo abre la típica compradora novata en una barata de Liverpool: a madrazo limpio.
Y me siento contenta de ser quien soy, neta. Me gusta la sensación de poder decir esto y aquello y de pedir y compartir cosas que en 1996 ni siquiera imaginaba.
Y entonces ¿por qué de repente una se siente insegura y vulnerable?
Porque alguien ajeno a tu ecosistema llega y te cimbra. Te cuestiona y replantea tu existencia entera. Y no me refiero a mis marmotitas preciosas, las cuales a decir verdad se encuentran más allá del bien y del mal (no, ¡pobres!, qué friega cargar con el estigma de “vine a cambiar la vida de mamá”. CERO). Me refiero al tipo de persona a la que le respondes los mensajes en medio de la película más chida jamás vista por ti hasta hoy  (porque te la has pasado entre “Peppa Pig, el musical” y “Peppa Pig, una aventura en la Bolsa de Valores”, también “…el musical”) y no te importa.
La  que te hace ir a trabajar en vivo al día siguiente, después de una noche de mensajear y tontear y reír y bobear como cuando era 1996 y el “inútil bueno para nada” en turno te hablaba a tu casa desde un teléfono público de tarjeta para decirte que sin ti, la sopa de fideo es todo menos sopa y que porfa, no cambies, bebé.
¡Qué bonito, oigans!
El problema es que neta, neta… ya perdiste la práctica.
Y te quieres comer todo de un bocado (aunque técnicamente ya lo hiciste) y ahora no sabes cómo meter reversa para unir los puntos de algo que tenías estructurado y simplemente ya no está, dejándote más fría que un pingüino en Cuernavaca porque, ¡oye! … es 2018 y pasaste 11 años en la banca y juras que tus tips para ligar extraídos de tus “15 a 20” aún están en onda y que está padre escribir cartas kilométricas hablando de tus sentimientos, esperar una larga llamada para comentar el punto o simplemente no sabes si tienes “permiso” para salir con alguien más porque no se habló de una exclusiva y más que nada, porque aunque eres una fregona para los contratos, los del amor y relaciones personales nunca te han salido tan buenos y terminas pagando las cláusulas de salida más caras de todo tu historial amoroso.
Yo lo único que sé es que más allá de aterrarme por salir herida, mostrarme vulnerable, romper esquemas o terminar haciendo el ridículo al ponerme intensa, me da miedo quedarme en el limbo sin respuestas, en completo silencio y sin haber aprendido la lección… y luego terminar herida, expuesta, con los esquemas rotos, haciendo el ridículo por ponerme intensa ante una situación que, piedad, no tengo ni idea de cómo abordar.

Seguiremos informando…

jueves, 4 de octubre de 2018

ESTAS... SOOOON... LAS MAÑANIIIITAS QUE CAN...TAAAABAN PARAMIIII...OK, NO.


En estos momentos mi casa está silenciosa, la tengo solo para mi y dejo ir la mente por recuerdos y pensamientos que intentan trascender a mi plano consciente, pero 17 tazas de café les ponen muy ruda la cosa y finalmente se rinden, desdeñosos. Saben que en cuanto ponga la cabeza en la almohada aparecerán mágicamente y danzarán durante toda la noche, haciendo más oscuras mis ojeras y menos claras mis ideas innovadoras que debo presentar mañana: poner las hojas recicladas de manera horizontal, armar turnos para llevarse la mascota del corporativo a casa el fin de semana, proponer tener una mascota en el corporativo para llevársela a casa el fin de semana… ¡innovadoras, pues!
Pero hoy estoy tranquila, estoy serena… estoy feliz de haber recibido un cumplido por parte de muyimportantedirectordefinanzas (“…¡Y luego Dana se le fue al pescuezo con la cuestión del Programa de Protección Civil y no lo dejó terminar!”), estoy contenta de tener un día en calma, sin amenazas de clausura y/o despido; donde llegué a mimar a mis ratas bebés, a sobarles sus raspones, a escuchar del gran terremoto que barrerá con toda la civilización y sucederá en las costas de Guerrero (alguien sigue haciendo catarsis con el tema y/o está viendo demasiado “De Toxo Moroxo”), a ponerles mantitas en el suelo y revolcarnos entre sus peluches, escuchar canciones donde los pollos usan paraguas para no mojar sus alitas y entender que la vida es el aquí y ahora y no promesas de momentos que no van a existir.

Cambio el café por una copa de vino, esto se está poniendo denso…

Cumplir años para una gran mayoría es cumplir metas y de donde yo vengo, es una gran presión esa cuestión.
No está padre comparar tus logros con los de los demás porque un séptimo lugar en el concurso de Spelling Bee no es lo mismo que el primero. No siempre dura el maquillaje y la sonrisa de “hago lo que puedo, con lo mejor que tengo de mi” a veces no es suficiente para explicar a un púber el por qué los papás de sus amiguitos sí viven juntos (él la engaña, ella come pastel frente a su refri mientras postea en Facebook MIIIIIIIIL frases pendejas) o por qué a ellos sí se los van a llevar a Disney. (era tan fácil cuando podías subsanar tus carencias maternales con idas a la Feria del Libro o una tarde de guerritas con globos de agua, cuando toda su carita gritaba “¡eres lo máximo!”), ni alcanza para hacerle entender a Papita que su mami no puede llevarla a la escuela en pants y pantuflas “como la mamá de Miranda” *Mirada de reproche.
Y una se tiene que levantar de esos madrazos, ¿saben?
Seguir adelante, con la cabeza súper en alto, caminando en los mejores tacones que se tienen y manteniendo la actitud de Belindaganandocomosiempre porque no te puedes dar el lujo de pensar que tu vida es como una película, bajar los párpados, dejar rodar las lágrimas y pensar que alguien vendrá a recoger los pedazos que quedan de ti para armarlos pacientemente. *Spoiler Alert: nadie vendrá, pero eso ya lo sabías.
La película de mi vida es esa donde la protagonista se muda con sus hijitos a una buhardilla arriba de la casa de sus papás, que duerme muy tarde y despierta muy temprano, que malabarea sus pocas habilidades culinarias para dejar listos cuatro menús diarios, uniformes, súper medio sano, colegiaturas al día, disfraces de perrito y que se la vive corriendo, contestando mil y un llamadas y mensajes excepto el que ella espera, con 16 libros nuevos sin leer, pintando maquetas de violines, globos terráqueos, inventando recetas de cocina con camarones, manejando histérica por el segundo piso, llegando tarde a todos lados, incluso a la felicidad godinezca de partir el pastel de Chelita de Contabilidad, recibiendo regaños de la Alta Dirección, retorciéndose los dedos de nervios por lograr sus objetivos, sufriendo estreñimiento físico, mental y emocional ante la avalancha de peticiones que no logra satisfacer al 100%, incluídas –of course- las propias.
Pero también es la película donde mi bendito déficit de atención me juega a favor y olvido rápido ofensas, descuidos, regaños, sinsabores, decepciones y amarguras y vuelvo por más diamantina para seguir brillando, jajaja.
Es la película donde mi abuela Ofe de ochenta y tantos años me hace una comida por mi cumpleaños y van mis papás, mis tíos y vuelvo a esos momentos tan especiales de mi infancia. Donde mi hermano me sigue bromeando como cuando éramos jóvenes y solteros, a pesar de encontrarse a un océano de distancia. Es la película donde mis amigos y personas que quiero tener cerca me arropan, me llaman, me dicen “qué chido que el día que tú naciste, nacieron todas las flores”… jajaja, not.
Mi película no es una chick flick, evidentemente… sospecho que es una mezcla de cine sueco y “El Indio” Fernández y eso está bien. Aprender a vivir con mis rarezas, aceptar mis limitantes y amarme con todo mi costal de temores y sinsabores me hacen ser la partícula revoltosa que terminó inconsciente de vodka, canciones rancheras y muuuuchas risas el viernes pasado.
Al final, la felicidad, la alegría, el placer, lo prohibido, lo dulce y lo salado están ahí y todo se vale para nutrir este enorme mounstro grandioso que es uno.
Eso y ponerse tacones bien altos para presumirlo.








domingo, 2 de septiembre de 2018

A MANERA DE EXPLICACIÓN...


Déjenme les confieso (¡pero déjenme, chingau!) que hace casi un año, cuando retorné a la casa paterna y puse de cabeza el mundo de mis hijos, intenté comenzar un absurdo proyecto llamado “Bullet Journal”. Y digo “absurdo” porque en realidad soy una persona súper desorganizada que intenta parecer lo contrario mediante mil malabareables post –its dejados por todos lados, únicamente para crearme ansiedad por no cumplir con mis metas.
Pero bueno, dentro de todo ese rollo craftybulletjournaletteroso en el que me metí, hubo algo que sí pude descubrir sobre mí. Una especie de hechizante dualidad (y no, no me refiero a encontrar sexy a Scarlett Johansson, querido pervertido) que al parecer enmarca a la perfección el cambio que a la fecha estoy viviendo…

Resultase ser que amo a dos Elenas y las dos Elenas son a la vez ángel y demonio, presente y pasado, antes y después…

Cuando en tercero de secundaria descubrí que a Poniatowska le iba a dedicar mi juventud en tratar de emular un poco de su prosa; sin querer (ella) se adentró en mi almita adolescente tocando puntos que me hicieron ser parte de quien soy ahora: chispeante, alegre, saltarina, inocente y un poco ingenua. Había sopa de haba mezclada con arreglos florales, faldas amplias de corte largo y el cabello largo y sedoso como una virgen. De hacer el amor solo se pensaba que era entre encajes y algodones y un ligero rubor de betabel. Y entonces “La Flor de Liz” y “De noche vienes” y “Luz y luna: las lunitas” y con la inocencia del primer amor desesperado, te amo; conciertos en CU… la delicia.

Pasó el tiempo… la vida fue haciendo su obra en mí y yo en ella.

Pero entonces llegó “la otra Elena”, hechicera herida por la desgracia, quien arrojó sus maldiciones en mi corazón todavía pueril haciéndolo –literal- añicos…
De Elena Garro aprendí a comprender la sensualidad con una mezcla de venganza y sangre.
Las tardes que viví a su lado dieron voz y forma a mi duelo. Fue la fuerza necesaria para sacarme de mi sorpresa, del shock.
 Me obligó a “enmujerarme” (cualquier cosa que eso signifique… sip, también eso), me volvió sombría, más sarcástica, más ávida de conocimiento personal sin el toque rosa con el que me había asomado a la vida en un principio.
Y lloraba, pero no por los adioses.
Lloraba de miedo cada vez que descubría algo nuevo en mi ser. Tantas formas de ser yo, tantos matices que existían en mí y todos eran encantadores y peligroso, pero no podía abrazarlos todos porque no encajaban con esos algodones y lazos con los que fui tejiendo una red segura que al final no logró contener mi ranazo.
Y así como de niña se me cruzaban los cables cada vez que algo me impresionaba, así tal cual se me cruzaron con la literatura de Elena Garro… nunca hubo tardes más deliciosas, dramáticas, escandalosas y atrevidas que las que viví gracias a su influencia.  Parecía que me poseía y me martirizaba a su antojo cuando me ponía en esas encrucijadas que de por sí ya me había puesto la vida. Me atenazaba para destruir mi tranquilidad de pequeñoburguesa, de “niña –no tan- bien”.
Era como si me retara diciéndome “no te atreves a llegar a donde yo” y en serio, no me atrevía. Jamás hubiera podido robarle el dinero a un hombre o tratar de desprestigiar hasta la náusea a mi ex marido.
Pero me dejaba desorientada, deprimida y catatónica.

Volví a fumar… volví a seducir sin desearlo, sin quererlo realmente; solo por el puro placer de escuchar mis pasos alejándose en la calle y una carcajada estruendosa en mi mente, que ya para ese momento era un callejón oscuro y silencioso.

¿Ya ven por qué dejé de escribir?

Con una Elena aprendí a dar brincos alrededor de la vida; con la otra aprendí a descender al infierno.

Hasta que alguien consiguió darme una buena bofetada de cordura y volví al redil, no mansa pero sí tranquila. No belicosa ni sanguinaria, simplemente en paz.
Han vuelto las risas, han vuelto los rubores de betabel pero también las tardes ambarinas y lejanas…
Creo que he vuelto un poquito.

Ya hasta canto sin pena “…¡pon…tus manos otra vez…entre las mías! ¡Ven…y dime que me aaaaamas!”

¡Jajaja, oso miiiiiil!


lunes, 13 de agosto de 2018

¿Hay alguien ahí?

Vuelvo a enfrentarme a este espacio en blanco, con más miedo e incertidumbre que nunca pero con la necesidad de encontrarme y consolarme una vez más.
Hace días medio exponía mi  necesidad de volver a escribir; vi a mis amigos asomar la cabeza cual suricatas y externar su apoyo de manera inmediata: ¡wooow... muchas gracias, querido menos cinco lectores de siempre!
Aquí andaré contando lo de siempre y, como le decía a mi amiga Laura (quien me dio un golpe de realidad “impressionanti”): esto no se acaba hasta que se columpia la gorda!