viernes, 8 de abril de 2016

COSAS QUE DECIR.

El mundo a veces parece un lugar triste y hóstil.
Nos abruma la carga de responsabilidades y mala onda que parece destilar media humanidad y también nos molesta y nos enchila la buena onda que otras personas emiten, calificándola de "estúpida" y "esquizofrénica". O sea, que nada nos acomoda.
Para colmo de males, en la Ciudad de la Furia (o sease, la Ciudad de México) las cosas se ponen cada vez más raras; habemos muchos existiendo en el mismo espacio, en el mismo metro cuadrado, en la misma neura. Y claro, nos quejamos y exhalamos hastío. Exácto, el mundo parece un lugar triste y hóstil.
En las noticias todo es caos: algunos medios son muy ingenuos y nos dicen cosas muy bonitas: que el Presidente anda de gira para abrir más relaciones comerciales, que hay un puente en Tilatola que se va a inaugurar y con ello se ampliará la carretera de Tolatila y la economía nacional crecerá y todos seremos inmensamente ricos, o que hay un gatito que es la sensación en internete y ay, qué bonito.
Otros medios informan que Tepoztlán es oficialmente un puñado de cenizas, que el Metro colapsa porque no hay lana para invertirle o que ya le hicieron una estatua al prócer de la patria llamado Humberto Moreira, allá por su rancho, porque es "mui vueno" y es casi un santo.
Claro, todo esto nos comprueba que el mundo es un lugar triste y hóstil: si no puedo llegar a trabajar por falta de movilidad, si no puedo tener un salario que me alcance pa´mantener a mi prole, si me quitan y me quitan para que otros engorden su cartera y luego les hagan estatuas, seguiré pensando eso.
Pero hoy no...
Porque también está la parte en la que desperté al lado de la nena más hermosa del mundo y preparé el desayuno a los chicos Marmota para que llegaran a la escuela. Porque me vine sentada en el Metro y pude releer las andanzas de "Juanita la Larga" y pintar mis labios para llegar bonita a trabajar.
Porque a pesar de apachurrones, quemadas de café y torcidas de pata por culpa de los maldítos tacones, tengo un espíritu a prueba de balas y nada hará que baje los brazos.
Porque mientras exista un alma del otro lado de la pantalla que sonría con éstos sinsentidos medio arjonescos, la vida sí tiene sentido y el mundo ya no es tan triste ni tan hóstil.
Porque a veces hace falta que a la humanidad nos den un abrazo fuerte y nos digan que no todo está del nabo y si lo está, pues no será para siempre.
O bueno, eso es lo que HOY quiero pensar.
Buena vibra, queridos menos cinco holísticos lectores de siempre...

viernes, 1 de abril de 2016

THIRTYSOMETHING...

Advertencia: quien vaya con el chisme a Marmota, se las verá conmigo.

¿Qué, pues; qué carambas traemos ahora con la  "juvetú"?
Ayer cuando salía de la oficina me interceptaron dos de las asistentes: "Lic., ¿se va con nosotras?"; no se si era una pregunta retórica o una invitación, pero gustosa les acepté la oferta y alegremente salimos de ahí con destino a nuestro hogar... o al menos, eso era lo que yo pensaba de cada una.
En el punto donde el camino se dividía, pensé que seguiríamos adelante hasta que pintaron su raya y me soltaron un "Es que nosotras vamos a la Condesa.."; "ah", pensé, "pues entonces nos vemos mañana, se van con cuidado". Una de ellas medio pescó la onda y atinó a preguntar "¿No viene con nosotras?", pero la otra ya le estaba contestando por mi, recordando que tenía a mis dos hijitos esperando en casa. ¡Cielos, es verdad! Sonaba verdaderamente tentadora la oferta... *suspiro.
Hace nueve años yo trabajé en un lugar llamado B2B; en esa época yo era veinteañera, soltera y despreocupada mientras mis compañeras ya eran mamás y con una patita en los "tas". Mucho les sorprendían y divertían mis cuitas y andanzas de aquella época, donde organizaba unos fines de semana salvajes en Querétaro y sitios varios. Jamás creí verme en el lugar de ellas en ese entonces, pero ayer ¡vaya que sentí el aironazo de tener treintaytantos y cargar con una familia a cuestas!
Cabe decir, en defensa de mis dos niñas favoritas de la oficina, que al principio me consideraron "una de ellas": recién entré a trabajar, me preguntaron si ya vivía sola... ¡Wow!, la neta se me hizo insólita esa pregunta pues estaba acostumbrada a que la gente asumía y/o comprobaba que era una mamá de tiempo completo, al estar la mayoría de las veces (si no es que siempre) acompañada del Mats y de Papita.
Cuando les respondí que no, pensaron que vivía con mis papás... ¡y cuando les dije que era casada y con dos hijos en verdad no lo podían creer! Pensaron que tenía 28 y no mis muy respetables 35 años... ese día creo que hasta lloré de la emoción. ¡Ja!
Camino a casa venía reflexionando acerca de la juventud, tan relativa en realidad.
Es cierto, mis veinte primaveras pasaron hace mucho tiempo, pero creo que jamás me había sentido tan segura de mi misma como el día de ayer.
Sí, sentí cierta nostalgia por no poder acompañarlas en un rato de charla, chelas y chicos, pero también sentí alivio, una ligereza de equipaje al no tener que someter a mi  treintañera mente al maratón de emociones e inseguridades que se experimentan a esa edad. Fue lindo sentirse admirada, pretendida o asediada por los galanes, tener veinte años y más es la edad en la que la piel y los ojos brillan y el diablito se asoma a las pupilas. Pero de igual manera la incertidumbre por saber a dónde vas y con quién formarás una vida (sean amigos, familia o pareja) también viene en el combo y hoy, respiro por tener respuesta para ello.
Claro, sentirse admirada es lindo a cualquier edad, solo que cuando tienes ya a tu pareja, nada o nadie te mueve el piso... ¿o si?

*Pausa dramática...

En esas cavilaciones me encontraba el día de hoy cuando tuve que salir hacia la Delegación Cuauhtémoc a una diligencia. Pedí tranquilamente mi Uber, me polveé la nariz y en unos minutos ya estaba cómodamente instalada. Generalmente no hago plática con el taxista porque no quiero dar la impresión incorrecta, pero supongo que hoy me encontraba bastante distraída porque al final, ni cuenta me di de todo lo que pasó en cuarenta minutos de viaje... en un trayecto que no dura ni 15 minutos...
Ay dios, creo que entre más lo pienso, más escabroso lo encuentro... el conductor resultó un jóven sumamente educado, cortés y buen conversador. En el trayecto fue platicando la historia del inmueble donde están nuestras oficinas, la historia de los anteriores dueños, su relación con ellos y así, pian pianito pasamos al tema del Uber, que dizque muy buen negocio, que muy noble, que muy efectivo, que hasta para conocer chicas está padre porque pues él trabaja todo el día y ni tiempo de salir... todo iba muy bien hasta que la plática se centró en eso, en el ligue uberil. Y desde ese momento supe que debía bajarme, correr y contárselo a quien más confianza le tuviera, pero no contaba con que me había quedado atorada en Circuito Interior y ¡aquello no ayudaba!
Bueno, el cuate no paraba de halagar lo bien que me sentaban los lentes, la manera en la que le respondía le decía que yo era una chica (si, esa palabra usó) muy interesante, no como las otras que se suben y que aunque son guapas, tienen una papa por cabeza; que seguramente tenía muchos admiradores, que si me gustaba leer, que si alguna vez había salido con alguien de Uber... Y en ese punto, cuando los monosílabos ya no daban para más, contesté que seguramente a mi esposo no le agradaría que ningún conductor de Uber o de cualquier vehículo motorizado me invitara a salir. Silencio incómodo inmediato.
¡Ay, chirriones! Pensé que con eso se quedaría en paz hasta que no aguantó a preguntar, "¿Pues cuántos años tienes?
Me quedé pensando un momento... ¿En verdad el diablito veinteañero de mis pupilas sigue viviendo ahí?
A primera vista, parece que si...
Y si fuese así, ¿ello cambia el curso de mi historia?

Suena tentador sentirte admirada o deseada, pero el chiste de tener treintaytantos es mantener a raya los impulsos, es notar que no necesitas demostrar nada a nadie porque la única persona a la que debes impresionar es la que te devuelve la mirada en el espejo.
Ese diablito que ha entendido que el valor se lo da una y no un puñado de cumplidos sin sentido.
Sip, ligarme ya no es tan sencillo... gracias Treinta y cinco por demostrármelo.

Así es, queridos menos cinco veinteañeros lectores de siempre: liguen y sean felices. Gústense a sí mismos y el resto vendrá solo...







lunes, 28 de marzo de 2016

Morning!

Buenos días, queridos menos cinco lectores de siempre:
Anoche no podía pegar el ojo por estar super ansiosa por el acontecer del día de hoy; me encontraba en estado gelatinoso (bueno, siempre pero más anoche) y lo único que recuerdo antes de caer en coma somático fue la cantidad de cuentas por pagar. ¡Qué gran motivación!
Para todos los que están como yo, reacios a adecuarse a las condiciones actuales de su vida, les recomiendo gotas ¡qué digo gotas!, cubetadas de Ubicatex para que dejemos de chillar y "fluyamos", que esas colegiaturas y mensualidades no se pagan solas, ¡jajajaja!
Ya, ya, no me agradezcan estas palabras de ánimo.
Ok, el Metro está a punto de meterse al túnel de los topos y a pesar que vengo en el vagón de las "damitas", temo por mi vida ante la multitud que aguarda la llegada del gusano naranja.
Como escribía el gran José Agustín: "¡Ay Jonás, qué ballenota!"
Abur. 

lunes, 21 de marzo de 2016

MÚSICA PARA CASADOS.

El día que Marmota y yo estuvimos desocupando y pintando el depa en el que vivimos durante dos años, escuchamos música y fue raro.
Nos hemos pasado nueve años escuchando la música que el otro guarda en sus memorias pero sin prestar demasiada atención porque tenemos gustos súper diferentes. De hecho, tenemos pocas cosas en común. No, aguántenme violines, no voy a llorar. Lo digo en buena onda, él y yo somos muy diferentes y musicalmente lo somos más; a mi no me laten sus gustos y supongo que él preferiría quedarse encerrado en un elevador con La Peluss antes de chutarse un recorrido por mis carpetas de música.
Así que ese domingo, pintábamos y escuchábamos forzosamente lo que el otro programaba: desde Fey hasta Banda Machos pasando por Pantera e Interpol. En algunos momentos la música decía lo que nuestras cabezas pensaban y no nos atrevíamos a decir. En otras, el momento tenso se disolvía ante la ridiculez de la letra de mis rolas noventeras (“¡Peeeeeeepe, ¿no te has dado cuenta todavíiiiii-a que te aaaamo?!”). Pero ahí seguíamos, conteniéndonos y comunicándonos en un momento bastante triste y con punto final.
El día que entregamos las llaves, nos fuimos en silencio. Costaba animarse a fuerza de tamborazos o de grititos histéricos de algún grupillo juvenil y simplemente dejamos de luchar. ¿Han oído hablar del sonido de los pensamientos? Si eso existiese, seguramente los nuestros eran el ruido de una colmena laboriosa tratando de hallar sentido a lo que estábamos viviendo, a hacerle frente a lo que nos faltaba por vivir...

*Días de mudanza...

"¡Otra vez estoy en ésta maldita situación!", pensé al verme de nuevo frente a la labor de acomodar por quincuagésima novena vez mis libros. Estoy muy decepcionada de mi: no hay manera de que logre acomodar los libros como los tenía en la anterior casa: por género, autor y región geográfica. Hay una orgía entre Murakami, Austen y Bukowski. Se que Elízabeth Bennet es una gran chica, pero al lado del idiota de Chinaski, es capaz de apagar la llama del feminismo. No se.
Marmota se encuentra chiflando como arriero un corrido insoportable de un tal Antonio Aguilar; Mateo está cantando canciones de los Scouts y Papita baila al ritmo de Pepa Pig. Parece que todos encuentran rápidamente su lugar y su contento, parece que la única que refunfuña soy yo. Necesito una dosis de Café Tacvba y un bubulubu. Tal vez sean dos.
No parece que aún en esta situación, él y yo vayamos a compartir un día de música ligera; no da tregua con mis pretensiones de "culturizar" a los niños a fuerza de acordes balcánicos. Parece que lo vernáculo seguirá siendo el eje sobre el cual se cimente el nuevo hogar...
El humor parece mejorar.

*Conclusión:
Ha pasado un mes desde aquel día en entré a trabajar; ese día recuerdo perfectamente la necesidad de acompañar cada paso con la música más alegre y optimista del mundo, así que puse "Play" y dejé que cualquier cosa sonara... No pasaron ni cinco minutos cuando ya estaba mandando mensajes a Marmota pidiéndole que me recomendara unas cuantas canciones suyas... Nadie como él para sentirme acompañada, nadie como él para enfrentar -juntos- una crisis con sabor a oportunidad.


viernes, 26 de febrero de 2016

BACK TO BUSINESS, BABY...

Pues aquí me tienen de nuevo…

Después de las zarandeadas que me han puesto la vida, el zodiaco chino y las mañanas en el Metro, por fin puedo robarme dos minutos para ponerme al día y a la vanguardia en este espacio consagrado al zen, a la reflexión y al chisme cachetón.

¡Por fin me contrataron!

Y todo, todo, todo (tout, tout, tout!) ha sido una pachanga.

Para empezar, hacerme a la idea de que mis mañanas comienzan a las cinco de la ídem y con una pila de culpas repartidas en los diferentes departamentos del área de Maternidad: que si Mateo no lleva bien su exposición de Speaking; que si Alondrita está llorando porque no quiere que me vaya y la deje sin su titi; que si Marmota tiene jet lag por no ir a sus sesiones maratónicas del gym, que si esto 
y que si lo otro. Pura y absoluta culpa, digerida sin cafeína.

Pero bueno, ¿quién ha dicho que esto es fácil?

Dejar el estatus de stay at home mom y convertirme en toda una working girl tuvo su chiste, pues a pesar de mis constantes quejas al gremio, ser mamá es lo máximo para mí. Ver crecer día a día, minuto a minuto a mis pillos me da una sensación de seguridad y satisfacción que ni el mejor escritorio en la mejor oficina de la ciudad puede dar PERO, estoy contenta de experimentar una nueva etapa y de ver de qué madera estoy hecha (mientras no sea tzompantli).
Ya iré desmenuzando poco a poco mis cuitas, ya estarán leyendo mis menos cinco trabajosos lectores de siempre de mis aventuras con los codazos en el Metro, las tortas de tamal y la godineada.
Estoy segura que de aquí en adelante todo será mejor.
Es eso o vivir para siempre con la duda de “¿Qué hubiera pasado si…?”
Y tal cosa, queriditos, es un riesgo que no pretendo correr.
¡Arre!


  


viernes, 12 de febrero de 2016

MIENTRAS TANTO...

En estos días en los que he visitado algunas oficinas de reclutamiento me he regodeado con la manera en la que están "personalizadas" y lo que gritan algunas de ellas acerca de sus ocupantes.
Por ejemplo, en una oficina había una cantidad sofocante de plantas denominadas "Teléfono" y en verdad aquello parecía una jungla. Es más, había hasta un atomizador para -seguramente- regarlas y que desprendan de cuando en cuando un tufo verdoso que indudablemente hará adormecer a más de un candidato (como finalmente me sucedió... fue eso y no el hecho de encontrarme realizando un exámen psicométrico sin pies ni cabeza, una suerte de mezcla de Moss, eneagrama y el clásico chismógrafo ochentero).
En otra oficina había muchos souvenirs de viajes por el mundo. Una joya.
¿Qué dice esa decoración de sus ocupantes? ¿Soy un viajero? Nahhhh, más bien un pretencioso que no se distinguir que todos mis "recuerditos" están hechos ¡en China! Así que ¿para qué tomarse la molestia de viajar a tanto lugar cuando puedes hacer tus pedidos vía Amazon?
Y no lo digo por encontrarme ardida ante la falta de perspectiva de viajar (o de dinero), noooo, para nada. Más bien por experiencia, pues recuerdo que mi hermano me trajo mucha parafernalia de Nueva York y en realidad todo venía marcado con el famoso "Made in China". El horror.
Pero bueno, hubo otra oficina en la que el eclecticismo era lo suyo y quiero suponer que aquello era por ser una oficina compartida. Ante esa perspectiva, ni modo, convive el póster del "Místico" que algún RP despistado puso por allí, junto a los tópers de Goyita y el pisapapeles con el logo de la compañía.
Claro que recuerdo cómo lucía mi pequeña oficina cuando trabajaba... era una afrenta a la madurez y al buen gusto pero a mi me hacía muy feliz: Post-its de todos los colores, formas y tamaños habidos y por haber, un portalápices de Snoopy atiborrado de... ehm... ¿lápices?, unas letras de madera formando mi nombre, una sillita para mi celular en forma de gato, un sujetanotas en forma de gato, cajas de cartón estampadas, un bambú, clips de colores...ufff. ¡Quién sabe lo que opinaría de mi la gente que conoció ese lugar!... (¿Que era una ridícula?)

Mi favorita fue una oficina con muchísimos libros. Y gastaditos, nada de nuevos.
Una oficina con el suficiente contenido de Post-its, la suficiente cantidad de lápices, un moderado sentido de calidez y ¡esos libros! ...
Ojalá sea una señal... ojalá me quede allí.
Feliz Viernes, queridos menos cinco lectores de siempre; aprovechen este post para re considerar su oficina y quitar de una vez esa espantosa Torre Eiffel de metal que, neta, ni viene de París...


viernes, 5 de febrero de 2016

MEDIDAS URGENTES

Sí, escribí mi panfleto maternalista y enseguida desaparecí una semana... no fue así.
Justo cuando comenzaba una semana igual a las anteriores, en mi apacible vida aparecieron muchas incógnitas y problemas reales.
Lo que parecía el eco lejano de una multitud clamando justicia, paz, igualdad, ecología, reformas eficaces, consuelo, ingresos, soluciones, se convirtió en una alarma que sonó inclemente en mis oídos: "Tenemos problemas de dinero."
Siempre los ha habido, ¿cierto?, bueno, quizás esta vez es peor.
Así que me bajé de la nube en la que andaba y comencé a preocuparme seriamente del panorama tan desolador que ahora se abría ante mis ojos: dudas, deudas y decisiones.
Las más inmediatas eran las más dolorosas: pedir prestado, sacar al niño del colegio, vivir en una cueva, vender un riñón... en serio, nada es más incierto que el no saber en dónde has estado parada tanto tiempo, creyendo que vivías en la burbuja del "a mi no me pasa".
Lo que siguió fue aún más extremo, después de ocho años dedicada a mi kínder particular ahora debía enfrentarme a la actualización de mi currículum vitae... ¿en qué parte de "Habilidades" cabe "se diferenciar perfectamente un moco transparente de catarro de uno verde infeccioso", o "escribo muy bonito"?
Fuck!
Después de aplicar todos mis conocimientos (gulp) como la reclutadora que alguna vez fui, me quedaba claro que mis posibilidades de encontrar trabajo eran bastante bajitas; en arranques de desesperación juraba que si fuera yo quien leyera ese ridículum vitae jamás lo consideraría, era atroz, era...viejo. Cielos, vaya que escuchaba la voz de mis padres en cinco idiomas diciendo "We told youuuu/Nous vous avertis/Wir haben dich gewarnt/Te lo dijimos"... (ok, solo fueron cuatro porque el italiano está vetado de mi vida).
En este punto la desesperación iba ganando terreno pero no contaba con las (otras) sabias palabras de mi papá que rezan así: "cuida tus relaciones que ellas cuidaránn de ti". Gracias, Miguel, por ponerme en la órbita (y en la mira) de los reclutadores: estoy dentro de un proceso de selección.
Esta parte la llamo: "Lo que dices puede volverse realidad". No, no me han dado (aún) el trabajo, es solo que justo la semana pasada (la misma que no hubo post) me encontraba tranquilamente preparándome para asistir a una junta escolar y preparando al Matius para su examen semestral de matemáticas cuando un correo llegó de repente: tenía que presentarme al día siguiente -exáctamente a la hora de la junta escolar, por cierto- a la primer entrevista con el outsourcing... say what? Ni siquiera tengo un traje sastre por si las "por sis".
Jueves, día de la cita.
Por la mañana Mateo despierta diciendo que se siente mal de la panza (¡noooo, maldíto sea mi control obsesivo para sus estudios!), necesita presentar su exámen, necesito ir a esa entrevista, necesito que alguien cuide a Alondra, necesito un café bien cargado... y un traje sastre decente.
¿Nombre? Dana J...S... ¿Edad? Treintaytantos...¿Sexo? ¿Es en serio?
Mi primera entrevista en años...wow. Tuve los nervios crispados la mayor parte de ella y cuando quise hacer un chiste para aligerar el momento solo recibí un "ajá"...
Pensé: "Esto lo voy a publicar mañana viernes en el blog; las personas (mis menos cinco reclutados lectores de siempre) deben saber que es difícil hacerse un hueco en el mundo laboral, hay que tener actualizado SIEMPRE el currículum vitae, hay que perseguir los sueños hay que....¿ir a urgencias de Pediatría?"
Sip, justo en el momento en el que pensaba que ya nada iba a pasar, mi pequeña Papita y yo corríamos a urgencias con el alma en un hilo... ¿y aún así estoy pensando en regresar a trabajar?

EN RESUMEN:
Por si se lo estaban preguntando: no, no era mi ideal regresar a trabajar de manera "formal"
Razones: mis hijos son en verdad mi prioridad, mi verdadero trabajo, a lo único que para mi vale la pena dedicarse.
¿La necesidad económica es alta?: En el futuro inmediato, sí (y más como va fluctuando el dolar...¡es en serio, Andrea Legarreta!)
¿Ya me contrataron?: ...

***

Estoy esperando el veredicto final.
Y muero de miedo, en verdad.

viernes, 22 de enero de 2016

BREVE MANIFIESTO MATERNAL

Escribiré lo que sigue mientras me zampo un "Mamut" de alguna goodie bag olvidada del Matius porque YOLO.

PRIMERA PARTE:
Me encuentro cómodamente sentada frente al teclado (el cual inexplicablemente tiene la tecla "i" sumida), pensando en por qué estoy escribiendo a esta hora, cuando la mayoría de ustedes, mis queridos menos cinco lectores de siempre, no van a pelar ya que se encuentran frente a sus autos, camino a casa.
Y a pesar de tal posibilidad, he encontrado un momento de calma en donde las risas de Mateo se confunden con los "chup chup" de Alondra, totalmente sumergidos en un especie de juego fraternal muy lejos de mis alcances (bueno... es un decir; quien conoce mi minúsculo departamento sabrá de lo que hablo).
Entonces yo comienzo a divagar... pienso en lo que podría estar haciendo en una noche como ésta.
Sola.
O casi.
O bueno, sin Marmota y los chicos.
Y, el ejercicio es un poco temeroso. Describírselos supondrá un acto francamente terrorista para mi relación porque sinceramente... a veces hace falta soltar amarras y despedir a la conciencia. Aunque sea solo jugando a "¿Qué pasaría si...?"
Mejor no, como los nadadores cobardes que no se animan a lanzarse a la honda, dejo pasar esta oportunidad de aliviar la comezón del corazón.

SEGUNDA PARTE:
Esta semana festejamos a los dos chicos. Fue una semana llena de "ay, ¿te acuerdas?" y bueno, claro que nos acordamos y claro que lloramos y extrañamos un poco ese tiempo.
Mis redes sociales no dejaron pasar inadvertido el hecho de que hace ocho años me convertí en mamá y ello me proveyó de múltiples reflexiones. Todas funestas y explico:
Ser la mamá de ese par ha sido lindo y extenuante. La paciencia y los nervios se han puesto a prueba muchas veces. Me ha limitado como persona y me ha dejado lágrimas y alegrías. No hay nada romántico en la idea de pasar toda una mañana calmando el berrinche de un bebé, preparando desayunos, revisando uniformes y encima, actuar el papel de una especie de "Penélope" con pijamas viejas y cafeína tempranera.
Amamantar mientras revisas las conversaciones del whatsapp de padres y madres que también se encuentran en la misma situación que tú, al mismo tiempo que intentas, mediante la actualización de tu foto de perfil en ______ (ponga aquí la red social de su preferencia, seguramente también ahí tengo cuenta), decirle al mundo que existes más allá de la maternidad.
Y aún así, soportar las críticas veladas que te lanzan sin piedad acerca de tu estilo de crianza, la decisión que has tomado de "no trabajar" y quedarte en casa "seguramente sin hacer nada", por no estar en forma, por no lucir como las chicas fit pues nuestra ropa lleva manchas de comida y es "funcional", por no tener fuerza para retener a un esposo o para conservar el misterio del romance.
Claro que nos late un corazón debajo de esas gruesas capas de miedos, frustración y cansancio, porque ser "mamá que no trabaja" es la etiqueta más injusta que existe en este mundo y luchar contra eso, luchar por ganarte un poco de respeto y consideración es simplemente agotador.
No somos materia de estudio, la literatura pasará de largo sin vernos, somos las musas de nadie, no despertamos amores volcánicos ni pasionales (¡ouch!), y si nuestros hijos son los mejores de su clase, inmediatamente levantan la sospecha de que "claro, es que su mamá no trabaja". 
Nadie nos dará crédito de nuestras acciones pues simplemente el trabajo que desempeñamos es carente de valor comercial; a veces en nuestro mismo núcleo se cuestiona nuestra existencia y utilidad.
Vivir ocho años de ésto ha sido un verdadero acto de fe.
Fe en los enanos que en este momento ya están gritando y llorando... adiós a la tranquilidad.
Ok, respiremos... es tiempo de la merienda, es hora del cuento y es hora de los besos más sinceros que recibiré el día de hoy.
Nite, nite, queridos...

viernes, 15 de enero de 2016

Papita, it's (almost) your birthday!

Un viernes de hace 363 días, una muy embarazada Dana se encontró pensando en todas las cosas que, fiel a su costumbre, había dejado hasta el final: comprar artículos de higiene personal, comida para tres días, el regalo que el nuevo hermanito le daría al viejo hermanito, etc.
El dilema de "manejo o me voy en taxi" se planteó en su cabeza y terca como es, decidió que si iba a sufrir un percance, prefería por sobre todas las cosas llenar más su costal de culpas que compartir tan exclusivo privilegio con alguien más.
Así que manejó por última vez en su muy avanzado estado gestacional, se plantó con todo y su panza en la caja especial para personas de la tercera edad y embarazadas (última vez que gozaría de tal distinción) y pagó con los últimos pesos que le quedaban de su ahora extinta independencia económica, cualquier cosa que eso signifique.
Al día siguiente se encontraba despidiéndose de su Matius, con la dolorosa certeza que la vida después de unas horas no volvería a ser igual entre ellos dos y que la música sonaría diferente, tal vez un poco más melancólica; le pidió mentalmente perdón por haberle hecho tal cosa (quitarle su lugar de "único", volverlo "el insufrible, tozudo y gimoteoso hermano mayor") y se despidió con odio de Marmota, el único ser culpable de encontrarse en ese estado.
La sala pre operatoria era super cómoda, pasaban una película hermosa por cable y el baño se encontraba a poca distancia. La enfermera llegó, la preparó y le informó que el pediatra esperaba afuera.
El pediatra llegó (¡guapísimo, maldíta sea!) y preguntó muchos datos. A todo dijo que sí, el estado de obnubilación ya empezaba a invadir su cuerpo.
El único dato que aún desconocía (aparte del hecho de estar a punto de morir) era el género que cargaba en su panza... tal vez era la motivación de la que hablaban las abuelas cuando las mujeres debían pujar por su vida y la del hijo que venía a conocer el mundo. Se sintió traidora hacia su propio género; ella, una mujer como cualquiera, teniendo a su hijo con todas las comodidades posibles que el paquete obstétrico podía ofrecer. ¿No dicen los puristas que una cesárea no es igual a un parto natural? Ahora sería doblemente menos madre que las demás...
El tiempo pasaba lentamente en el PreOp, la película terminaba con final feliz y ahora se encontraba en la camilla, camino a la plancha.
Vagamente recordó la primera vez que se encontró ahí, tan jóven, tan inexperta, tan ingenua.
El anestesista se le acercó lentamente (o al menos la solución salínea que ya recorría su cuerpo así lo percibió) y con un tono suave, amable, casi cómplice le preguntó si podría ponerse de cucharita. De no ser porque Marmota se encontraba en el mismo lugar, enfundado en su bata especial que decía "Papá", estaba segura que aquello era un seguro coqueteo y ella no podría decir que no. 
La aguja entró, un líquido frío recorrió su espalda y la llenó de certezas; contó hasta 8, hasta 32, hasta 40... pensó en su coeficiente intelectual, pensó en la carne congelada en su refrigerador, pensó en sus libros, pensó en su mamá (ahí casi se le quiebra el ánimo); vagamente escuchó al pediatra decir que no se pasaran con la glucosa, escuchó a la doctora preguntar si estaba cómoda...
Sintió sacudidas en su panza, manos apresuradas, guantes moviéndose por todos lados y la cámara de Marmota haciendo "click click". El anestesista la tomaba de la cabeza, acariciándola y tranquilizándola, era una sensación deliciosa.
Y luego... un grito pequeño, como de gatito y la velocidad aumentó... el Pediatra corría, la Ginecóloga pedía suturas, gasas, pinzas, tijeras y ella sólo atinaba a preguntar "¡¿Qué es?!".
Marmota la señaló, "es una tú"... Una lágrima despistada rodó por su mejilla.
"Es una tú"... 
Ahora la escucho llamándome para que la cargue y la mime.
Y no me resisto. Es un privilegio poder estar en casa cuidándola, viéndola crecer cada minuto, ser cómplice de sus secretos...
Feliz casi primer cumpleaños, Alondra. Mi Papita, mi dulce -dulcísima- niña.

jueves, 7 de enero de 2016

DETOX 2016

Se suponía que el último día del año pasado se quedaría con todo lo malo, viejo, enfermo y desagradable. pero es generoso y extiende sus poderes hasta el año que comenzó, para que no se me olvide que tengo muchas, MUCHÍSIMAS cuentas pendientes y varios cadáveres en el armario.
¡Qué detalle!
Así, es imposible agarrarle sabor al comienzo y si ustedes son de los optimistas que sienten que éste año viene (o van) "con todo", no quisiera quitarles el impulso ni la intención: aquí les devuelvo sus dos pesos y pueden proceder a retirarse... (aquí junto hay un blog que da muy buenas citas para ponerlas en sus respectivos feisbuks).
No es cierto... la verdad es que me siento muy muy muy triste.
Es una tristeza vieja, que hasta tiene manchas de humedad y que ocupa mucho espacio. Demasiado...
Es tristeza que quiere incrustarse en un solo lugar, hacerse ovillo y dejar que la hojarasca la cubra por muchos inviernos más.
Se siente como cuando llegas tarde al cumpleaños de alguien que te esperó durante mucho y tú te entretuviste persiguiendo mariposas. Y cuando llegas finalmente, sus huellas aparecen finamente dibujadas en la tierra.
O no...
O tal vez son pretextos para llorar.
Llorar es bueno... dejaré que esto fluya y desemboque en donde tenga que parar.
Es cierto, tarde o temprano tengo que parar.



jueves, 31 de diciembre de 2015

Adiós, 2015...

Y ya para cuando iba a terminar el año, me puse sería.
Seria e intensa, combinación estúpida que ya se en qué va a terminar.
O sea que todo el azote del año terminó en un mini intento de... (suicidio marca el autocorrector, ¿pueden creerlo?) ...algo que al final deja más incógnitas que certezas (pero solo en mi, obvio.)
Y antes de seguir destilando cinismo, démosle un aplauso a Papita por haber aparecido en este mundo (tanto como haber aparecido... mmm) y darle a mi vida una nueva perspectiva, clap clap clap.
Gracias a todas las personas que han permanecido en mi vida, las que han llegado, las que amablemente usaron la puerta trasera y desaparecieron; a la salud, al amor, a los inevitables 'crushes' sabor limón e invariablemente a ustedes, queridos menos cinco fidelísimos lectores de siempre, por ser el motor para que este blog continúe... el próximo año hacemos cuentas, no, no me lo agradezcan.
2015: ya puedes morir en paz.
*Levanta su copa, brinda al estilo Jalisco. 

viernes, 25 de diciembre de 2015

BLUE CHRISTMAS.

Dicen todas las filosofías que no se debe hablar cuando se está enojado so pena de decir cosas de las que luego uno termina pagando caros arrepentimientos; de la misma manera una no debería sentarse a escribir cuando se trae el corazón en el estómago y el cerebro en sepa Dios dónde... pero aquí estoy, en la necia, tratando de rescatar un poco de dignidad por no haber escrito en veinte días.
Y bueno, en veinte días han pasado cosas realmente raras y variadas en mi usualmente tranquila vida: cenas, convivios, posadas, finales cardiacas de fútbol, peleas, reconciliaciones, libros leídos, sentimientos encontrados y otros francamente perdidos... todo un festín de emociones que al final, reducen mi existencia a una pregunta: ¿Quién soy?
A veces, con solo sentarme a escribir podía re descubrir, letra por letra, a la persona que habita mi cuerpo; las frases corrían locas de contentas a posarse frente a mis ojos y mi cerebro recibía el impulso dopamínico que necesitaba... en pocas palabras: escribir me devolvía la fe en mi, en la humanidad y el universo se equilibraba...
...pero hoy, en una fecha que se supone debe ser muy especial, escribir me produce dudas y dolor a más no poder.
Creo que hoy es uno de esos días en los que escribir me enfrenta cara a cara con mis demonios, mis limitaciones, mis sentimientos más oscuros y ocultos y con deseos que no quiero que salgan a respirar...

Saben que siempre los animo, queridos menos cinco navideños lectores de siempre, a que salgan y hagan lo que los hace felices, lo que los pondrá en la órbita del éxito personal; saben que me hace ultra feliz la sola idea de imaginarlos terminando de leer éstas palabras y corriendo a protagonizar un número musical en la calle (donde todos los transeúntes sospechosamente se saben la coreografía), mientras gritan felizmente "¡Estoy viv@!" ... (jajaja), pero hoy ¡ño! hoy no será así.
Vayan y abran sus regalos, atásquense de recalentado y luego, cuando sean las seis de la tarde y el día se ponga inevitablemente triste, piensen en los Rolling Stones y luego corran por más pavo...
En efecto: "...No, you can't always get what you want..."


viernes, 4 de diciembre de 2015

¿?

Cuando lean estas palabras, probablemente me encuentre colgada del árbol... que apenas está creciendo en el camellón de mi casa, no se espanten.
Las ruinas de la Navidad pasada esperan con ánsias locas las de este año; así probablemente no se sentirán tan solitas y, ruina con ruina, tal vez junten un pedazo concreto y todo sea felicidad la la la la la, la la la lá.
Un proyectil se estrella en el bosque y nadie se percata de ello. Ya dejamos de creer en la magia ¿o qué?
Si este año cenan salmón, estoy segura que no se preocuparán si fue cultivado amigablemente. Lo único que me hace "click" en éste pensamiento es el descubrir por qué existe el color "salmón" si el pez es más bien gris con tantito "rosita".
Como Rosita "la pegalona", la bully del kínder donde yo iba..
Era medio salvaje y ruda. Creo que ya se los he platicado. Una vez rasguñó la cara de una niña y luego se echó a reir desaforadamente ("como una loca" suena más apropiado, pero no es correcto dado que dicho recuerdo es de 1985).
Recuérdenme que el 12 de Diciembre vaya a recoger mi Diploma del curso "Escribir bien" o algo por el estilo, que impartió la UNAM y que yo tomé en línea. Exácto, como los cursos por correspondencia del Instituto Patrulla.
Ya llevo 16 líneas, ya déjenme ir ¿no? Demos el tema por visto y vámonos de vacaciones...
Los amo.


viernes, 27 de noviembre de 2015

SER Y TENER.

¿Somos lo que tenemos? Si no, ¿por qué lo tenemos? ¿Por qué escoger lo que tenemos? ¿Qué tenemos? ¿Podemos tener a "alguien" en vez de "algo"? ¿En realidad "algo" nos pertenece? Y si nos pertenece, ¿es algo o solo es un ente etéreo? ¿Es la idea o el concepto? ¿Es sustancia y materia o es unicamente la idea?
Yo no tengo tiempo para "esto" pero si lo tuviera, no lo sabría. 
Mejor hablemos de "Muchachitas", melodrama juvenil de la década de los 90's, periodo en el que yo no era  ni niña ni mujer. Es más, fue una época sumamente confusa de la que parece, aún no logro superar... pipipi.
Corría 1991, era más fea que un guiñapo, tenía dientes de conejo, usaba un peinado infame, iba en sexto año, en el "Yo no discrimino pero no aceptamos a cualquiera, gracias. Colegio Inglés Elízabeth Brock", el cual pagaba con mis calificaciones (y el dinero de las contribuciones de sus papás, queridos menos cinco lectores de siempre, porque estaba becada por la SEP) y a donde acudían compañeritos con mucha lana y cero pena para presumirla.
Mi mamá era estricta, mi papá medio ausente, mi casa era un depa sobre Avenida Insurgentes Centro y el edificio no era precisamente una belleza.
No teníamos carro, no había necesidad para ello puesto que vivíamos en el centro y el transporte público cubría todas las necesidades básicas de movilidad: se iba a la escuela, al super, a los scouts, al ballet y al mercado caminando; a Chapultepec, museos varios y al Liverpool del Zócalo en Metro y si necesitaba mi madre ir a CU, el camión pasaba exactamente frente a nuestra casa, lo mismo de ida que de vuelta. El trabajo de papá estaba en la Ciudadela y el de mamá, en el Metro Juanacatlán.
Así que pobre y fea me encontró el estreno nacional de la ya mencionada telenovela que cambiaría cánones en la manera de adoctrinar juventudes y que dejaría autoestimas y vidas destrozadas por no encajar con el modelo que proponía... nada que no conozcamos en nuestros días.
La trama (ahora que me doy el tiempo para analizarla) en realidad no era algo fuera de este mundo, pero supongo que para mi generación aquello supuso una ruptura entre las comedias pesadas de señoras encopetadas y sufridas y la necesidad de ver actrices jóvenes viviendo cosas de jóvenes. En teoría...
No tardó mucho mi salón en infestarse con el virus  "Muchachitesco": de repente toooooodas las niñas (porque aún eramos niñas...¡estúpidas!) se sentían "Mónica" (La ricachona pero de buen corazón. Oye, no es su culpa haber nacido en cuna de oro, ¿ves?), "Isabel" (La amiga no tan rica pero lo suficientemente pudiente pa' poder ser amiga de "Mónica"),  o "Leticia" (La buenona ambiciosa) pero nunca "Elena" (La pobre. Hasta en el intro de la novela la pone comiendo tacos al pastor y tepache ¡parada!, mientras las otras disfrutan manjares o una comida en una fonda aún más decente), que eran los personajes de dicho culebrón. Toooodas comenzaron a vestirse como ellas (vestidos de lycra en colores neón, bikers de colores con blusas en corte "peplum", jeans con blusas de manga gitana, bolsitas tipo "sachet" de cadena larga) y tooooodas se sentían en el cielo al repasar los capítulos y sacar conclusiones sobre quién era quién.
Sobra decir que a mi tales cuestiones ni me iban ni me venían: me aburrían las telenovelas, yo prefería ver caricaturas o jugar (todavía) a la Barbies con mi amiga Katia pero, no podía estar fuera de la realidad por mucho tiempo, tarde o temprano me alcanzaba y pues ni modo, paría chayotes para poder encajar.
En una de esas, las amigas con las que me juntaba también comenzaron a replicar el fenómeno juvenil y pronto nos vimos inmersas en el dilema kantiano de "¿quién es quien?" en la trama.
Y al parecer, encontraron una manera salomónica (y de la cual Adam Smith estaría orgullosísimo) para decidir los personajes: ¿quién de nosotras tiene mucho dinero y quién es la más pobre?
Adivinen qué personaje me tocó...
Con un cuestionamiento que empezó con un "¿Quién tiene carro?" y que terminó con un "¿Cuánto ganan tus papás?" mi autoestima quedó impactada y maltrecha sin siquiera ser conciente de ello.
Yo, que jamás le había dado un valor al dinero (solo sabía que servía para hacerme de dulces y para escuchar a mis papás discutir por la ausencia de él), de repente me encontraba doblemente relegada, primero por mi falta de interés en la moda juvenil y segundo, por mi estatus económico.
Y aunque me gustaría escribir que esa situación (la de la novela, porque la de vida...uhhhhhhh) duró bien poco, lo cierto es que esa marginación me acompañó por el resto de mis días en dicho Colegio.
Para todo, estuviéramos jugando o no a la novela, era considerada como "Elena", mis "amigas" realmente comenzaron a cuestionarse si era siquiera necesario el dirigirme la palabra y peor aún, llegó un momento en el que consideraron divertido dejarme de hablar. Fue...triste.
A los once años (o a cualquier edad) el rechazo está cabrón. Es triste que nada de lo que tú consideras valioso lo sea para los demás.
Y me dolía ver que mis papás en realidad se esforzaran por darme lo mejor de ellos y que nada de eso tuviera una réplica en el mundo escolar en el que me movía. 
Mucho ballet, muchos scouts, muchos museos, mucha Feria del Libro, muchos conciertos de Tania Libertad... nada. Aquello no era tan impresionante como tener un carro, casa grande, viajes a Disneylandia y Nintendo.
No se qué me salvó de tirarme a un pozo, pero supongo que es algo que aún vive en mi ser y que no ha dejado que el mundo me haga añicos...
Escribo esto en un momento en el que el zapping de ayer hizo que me topara con el canal por donde pasan telenovelas viejas y casualmente transmitían "Muchachitas".
Me quedé viéndola un rato, lo suficiente para cuestionarme el cómo estoy educando a mis hijos, cómo los estoy preparando para la vida, qué les estoy dando económicamente hablando, qué aprendí de esa experiencia, y ¿saben de qué me di cuenta? jajaja, hasta me da risa: el mayor va a los scouts, a los dos los arrullé con Tania Libertad, la pasada Feria del Libro les compré muchos libros (¡y en francés!), Papita  tal vez preferirá el fut al ballet...
Se que triunfé en la vida porque a pesar de conocer la diferencia entre tener y no tener, yo elegí el camino del Ser..
Por lo pronto, seguiré echándome mis tacos al pastor con tepache por siempre jamás.




viernes, 20 de noviembre de 2015

CHILDREN OF THE REVOLUTION

De entrada, a mi la Revolución no me ha hecho justicia.
Yo recuerdo que lo único para lo que servía "celebrar" la Revolución Mexicana era para faltar a clases, cuando el día caía entre semana, o para asistir a Paseo de la Reforma a ver el desfile deportivo que año con año nos regalaba joyas como el ver a los trabajadores del Estado desfilando en pants horribles. Oso mil ver pasar a varios papás de amigos haciendo monadas con listones o globos, mientras la banda de guerra tocaba éxitos del ayer y hoy... militar. Punto extra en la vergüenza ajena cuando tu papá era el que desfilaba; bonus doble si lo veías y te saludaba, rompiendo la solemnidad de la formación...
Un día de mil novecientos ochenta y tantos, llegó mi papá, que en aquel entonces venía manejando lo que llamamos "el luk jipi", con una extraña sonrisa y una credencial que en primer plano mostraba su foto (con aquel look incomprensible) y unos colores: "ay miiiiira, son los colores de la bandera", y en vez del escudo, las letras en negro formando la sílaba "PRI"... órales, partido de la revolución industrial...¡qué diga, institucional!... chale, ¿mi papá era priísta?
Ese día, cuchicheando con mi mamá soltó frases como "...era necesario" y "empiezo el lunes..."; posteriormente me entretuvo mientras declamaba equis poesía, de la cual se me quedaron las siguientes frases: "...a donde vamos, todo es tan turbio. Es el mundo, es el mundo". Sucedía que para continuar en su chamaba (trabajaba en CONACyT), había que afiliarse a las juventudes priístas o alguna madre por el estilo, so pena de darle su trabajo "a alguien más capacitado". Pus el puro vacilón, la verdad, pero lo cierto es que a mi no me cuadraba que aquello tuviera el nombre de "revolución" en sus entrañas. ¿Acaso los señores bigotones que venían en las monografías y que según la excelsa información al reverso, eran bragados y hombres de verdad, también tenían cabida en dicho partido? Años después aprendí que no, que nada tenía que ver con nada y sin embargo, parecía que le debía más mi futuro al mentado PRI que a un Pancho Villa o a un Zapata. Una pena, lo se.
Aún sigo cuestionándome el por qué un partido político tiene agarrado de la cola a un país entero.
No me explico cómo es posible que mis hijos estén viviendo igual o peor que yo. Peor, porque al menos yo recuerdo haber pisado una clínica del ISSSTE o del IMSS en mi vida; mis hijitos no. Y aunque muero por decir "gracias a Dios", lo cierto es que si no lo han hecho es porque  no tenemos derecho a la salud, como todos los que gozan de un trabajo amparado por el Estado (que de repente ahí mismo se petatee el mero mero director de dicha institución, bueeeeno, ese es otra onda), asi que debemos pagar muchos pesitos para que les receten un mejoralito *Justo en la División del Norte.
Entonces, la Revolución Mexicana, ¿verdad?... pues sí, creo que vivimos fuera de todo contexto histórico, social, político. La historia que nos hacían repetir como loros en la escuela se ha ido diluyendo hasta perderse en el marasmo de la indiferencia y la desinformación (¡con decirles que hasta feisbuk nos conminaba a celebrar el día de la revolución el lunes 17 de noviembre!) y el espíritu que alguna vez inflamó los corazones en "la bola" parece que huyó hacia regiones más aciagas.
Y nada, aquí seguro seguiremos peleando por ver quien adoctrina mejor en redes sociales o quién puso la mejor rola, la mejor foto, la mejor frase chistosa de algún simio que poco tendrá que ver con nuestra idiosincracia, pero que amablemente nos distraerá de ella.
Las luchas que libramos son las de mostrar nuestro escarnio por aquellos que se conmueven por tragedias ocurridas a mil kilómetros de aquí, o por repudiar los sentimientos de otros, que sencillamente sufren por el sufrimiento en si. Aplausos para todos, tenemos lo que nos merecemos, ¿o no?
Y si alguien se considera totalmente exitoso en la vida, felicidades; a esa persona sí que le hizo justicia la Revolución. Namás no se olviden de los pobres, no hay que ser...
Seguirá la vida como hasta ahora, con muchas desigualdades y peleas de cantina. Seguiremos defendiendo lo que queda de identidad nacional en alguno que otro blog de pacotilla y en cuanta red social se nos atraviese. Seguiremos mostrando la indiferencia ante la razón pura, porque sencillamente eso era lo que querían nuestros padres revolucionarios: "que mis hijos no padezcan lo que yo padecí".
Estense tranquilos, villistas, zapatistas, huertistas, carrancistas: hoy todos somos uno y no sufrimos. Tenemos internet y una estación del metro para conmemorarlos.
Feliz viernes, queridos revolucionarios menos cinco lectores de siempre.


viernes, 13 de noviembre de 2015

FRANCIA Y LO QUE NO ES JUSTO.

A Francia me ligan menos cosas de las que yo en realidad quisiera.
Nunca me enamoré bajo la luz rosada de sus atardeceres parisinos ni me propusieron matrimonio a las orillas del Sena. Mis perfumes favoritos no vienen de 31 rue Cambon y obviamente mis hijos no vinieron vía cigüeña desde París... pero mi historia y la de media humanidad (y eso es un cálculo muuuuy somero) tiene una deuda grande con Francia: libertad de expresión.
El día de hoy éste Blog estaba dedicado a la Feria del Libro (que irónicamente está dedicada a Francia) pero como señal de respeto hacia los acontecimientos que viven en estos precisos momentos, dejaré esta imagen aquí.
Encierra todo aquello que no está bien, no solo en Francia sino en el mundo. Donde creo que somos más las personas que queremos un mejor lugar para vivir...

viernes, 6 de noviembre de 2015

PRONÓSTICO: NUBOSIDAD A LA BAJA...

Dicen que bloggear no es literatura, ¡ni siquiera es escribir! ¿Ah si?, pues "¡poesía no eres tú!"
*Justo en tus ocho años de fósil en Filos, ¿eh?
Anyway, despues de esta bravata al estilo "qué te importa, come torta con tu hermana la gordota", procedo a sorber café, quemarme la lengua, maldecir y finalmente teclear que:
...je, no encuentro mis notas con los temas que pensaba analizar... *cara de mensa.
Pues es que ¡oigan!, aquí en mi escritorio me vienen a botar desde calcetines sucios hasta la maleta de natación ¡y eso me revienta! Mi escritorio es un lugar sagrado, es el templo donde viven los numina que me inspiran para escribir cada semana (CADA SEMANA, dije) y que lo traten con tan poca consideración es como si a mi me estuvieran diciendo: "no eres importante, ¡sírvenos más sopa!" (ay, solo por escribirlo me dieron ganas de chillar).
En fin, ya crecerán estos cab...ezones y entenderán muchas cosas (¡síiiiii, Evita, me arrepieeeento de haber sido mala hijaaaa!)
¿En qué ando?, se estarán preguntando... bueno, es de todos conocido que estas semanas no he andado  muy animada; hasta las Catrinas que salieron el día 1 y 2 de Noviembre andaban con más "vida" que yo y no ayuda mucho el que mi consorte esté tomando los cursos (¡MIS AMADOS CURSOS!) de Escuela para Padres y ahora se sienta como una mezcla de Chris Gardner y Bryan Mills, mientras yo me quedo viendo Telecinco y practicando el acento andaluz en una clara (¡clarísima) actitud de rebeldía, con todo y portazo e ida a la cama sin cenar.
Es tan triste decirlo pero tengo envidia de la postura privilegiada que vive ahorita Marmota...pipipi.
Para empezar, se está poniéndo buenísimo en el gimnasio; cada día entrena tres horas y su disciplina es verdaderamente admirable. Llega a casa y en lugar de jambarse unos huevitos con jamón o unos sopes o un plato de birria (bueno, tampoco es que se desayune así en mi casa; tampoco es que yo sea de mucho cocinar), se come sus pescados, su arroz salvaje, sus lechugas (con caracol), sus ejotes y pepinos y pian pianito, toma DOS litros de agua sin gestos. Es un héroe, me cae.
Por si eso fuera poco, está orientando sus baterías hacia el desarrollo humano y entonces todos andamos ya muy oshsos, muy dalailamescos y así. No fuma, no bebe, lleva al crío a la escuela, al fútbol, a los Scouts, a los partidos y por si eso fuera poco, se ha tatuado MI BELLO ROSTRO en el área donde se encuentra el flexor cubital del carpo...¡O sea, es un amor!
Pero... una que es envidiosa... una que siempre quiere más... una que sufre de distimia, pues.
Así que, generoso como es mi viejo, habló conmigo seriamente y dijo: "Gato, te ves del nabo, tu cabello se cae a pedazos, tu rostro ha perdido juventud y tus neuronas están muriendo de inanición. Es momento que hagas lo que en verdad deseas, yo te apoyo. Sírve sopa.". Claro, no con esas palabras ni de golpe pero esa era la idea: primero me animó a cortarme y pintarme el pelo; luego me dejó "al descuido" un flyer de un Spa con masajes holísticos y cavitación (cualquieeeeeer mamada que eso signifique y perdonen de antemano mi francés), más tarde me comenzó a enumerar mis cualidades y mis habilidades con la gente ("sabes escuchar, tienes intuición, tienes empatía con los demás...siempre te ven la cara de buena gente pero bueno, eso es otra onda") y cuando ya vio que bajaba la guardia, que dejé de mostrar los dientes y mi pelo dejó de erizarse, me dijo cariñosamente: "¿te apetece desbloquearte, cambiar de carrera y tener un nuevo futuro?"... *Aquí se escuchan los ángeles (y no precisamente azules) cantando celestialmente: ...aaaaleluuuuyaaaaamo su inocencia -¡17 años!- amos sus errores -¡17 años!-... jajaja, me acordé de ti, Bere *carita feliz)
Pos bueno, ya con la posibilidad de salir de casa, manque sea para tomar un curso de filatelia nepalí moderna, me había hecho el día, pero con una propuesta de ese calibre... simplemente no se que decir.
Vale decir que probablemente necesite un coach que me motive a tomar mi certificación como Coach (ironías de la vida) y me quite todo este miedo, todas las dudas, todos los obstáculos mentales y todas mis artimañas saboteadoras que me conozco.
Pero a pesar de ello y quizás lo más valioso de toda esta historia es el contexto en el que esto está sucediendo y precisamente tiene que ver con el hecho de vivir en pareja: es el saber que en casa hay alguien que me ha observado y ha decidido dar el primer paso para motivarme a salir de mi encierro...(¡Bueno, algunos maridos "animan" a sus esposas con diamantes y cruceros; el mío me manda a estudiar!)
 La historia de Gato y Marmota da para muchos volúmenes y no todos son amorosos, ni adorables, ni felices. Nuestra historia personal está llena de muchos desencuentros y sinsabores, pleitos y también de dolor... no hay pareja perfecta y el matrimonio no siempre es eso que tan bien actúa Sarah Jessica Simpson (¿o cómo chingados se llama?) en sus películas. Pero lo chido es saber recomponer el camino, valorar a tu partner y seguir adelante... Gracias, Marmota (aunque gruña porque te vas a tus -mis- cursitos y ahora tú seas the Teacher's pet u.u).
Pos bueno, esto apenas empieza... estoy en la etapa en la que ya pasó la emoción y me enfrento a la procrastinación PERO con los métodos que acá empleamos para motivarnos, se que pronto les estaré comentando otras cosas igual de agradables y hasta esté experimentando con ustedes, mis queridos menos cinco coacheables lectores de siempre...
Por lo pronto, gocemos con el simple hecho de sentir el jugo de la mandarina inundando nuestros labios...
¡Feliz Viernes!
"....¡¡Aargh!!, ¿de quién es y qué chingaos hace éste maldíto chupón en mi escritorio!"
El paraíso... *suspiro.


viernes, 30 de octubre de 2015

FRAGMENTOS.

"Tuve un sueño de lo más genial: estaba en una casa medio en ruinas con muchísimos amigos (que hasta ese punto de mi inconsciente supe que eramos amigos pues yo jamás en la vida los había visto), pasando un fin de semana onda "El casamiento de Raquel", con todas las intrigas, sinsabores y carcajadas que la amistad soñada trae consigo. Todo parecía risa y diversión hasta que no se en qué punto aparecieron los amigos de mi hijo con sus quejas y demandas (uno de ellos me pedía que lo llevara a su casa y yo me recuerdo pensando "No, no puedo llevarlo a su casa en este momento porque necesito ir al Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial a entregar varios oficios y van a cerrar la oficialía de partes")...ok, demasiado para mi, era evidente que en cualquier momento mi frustración (aunque fuera de mentiritas) me despertaría pero, ¡increíblemente seguí soñando!. El siguiente escenario era nuevamente la casa donde vacacionábamos, en este punto ya ni me acordaba de mi hijo ni de su amigo Carlitos pidiéndome que lo llevara a sepa dios donde; en ese tramo solo estábamos la princesa Diana y yo caminando de compras. Yo me sentía muy feliz de que se probara zapatos (al parecer, la única característica que mi subconsciente recordaba de ella) y luego me recuerdo regresando a la casa en ruinas, buscando a mis amigos que seguramente llevaban varias horas alcoholizados. Todo ello mientras pensaba en un libro que yo había prestado y que nadie tuvo la delicadeza de devolverme. Un sueño muy lindo, muy diferente hasta que el maullido de la Peluss me despertó y aquí me tienen tecleando, volviendo a mi realidad y pensando ¿qué carambas significará todo aquello?"
...Eso lo escribí hace como dos meses y en la búsqueda de un tema me lo topé de nuevo.
Hoy es viernes y no tengo idea de qué hablarles porque simplemente no he salido de mi encierro personal.
Ya estoy evidentemente preocupada pero me resisto a hacerle caso a Gloria Trevi, así que distraeré tan funestos pensamientos con maratón de películas chocarreras y vaciladoras entre las que destacarán: "Santo contra las Momias de Guanajuato" y la que mi hermano me regaló una Navidad (¡ay, maldíto!), "Santo y 'Mantequilla' Nápoles en la Venganza de la Llorona".
Ja, mi hermano y yo hemos tenido a bien darnos regalos de broma alguno que otro año; una vez le regalé el disco de Charlie Montana Grandes Éxitos y él me la reviró con uno de Lagrimita y Costel.
Otro año le di la película de "Barney y sus amigos" y el me dio la mentada película del Santo... lo extraño (a mi hermano, obvio,  no al célebre enmascarado de Plata), seguramente ahorita ha de andar espantando a la muerte en el hospital mientras regaña a sus internos pidiéndoles que se quiten el traje de calaca cada vez que hacen sus recorridos por Geriatría.
Pensando en mi hermano y en la importancia que tiene en la sociedad me hace replantear mi propia existencia. No voy a obviar ni a comparar ni a darles la razón a los que me tienen reservada una placentera estancia en "La Castañeda" ni a provocar que volteen sus ojos hacia el cielo pensando en que no tengo remedio ni a lamentarme por lo mismo. Únicamente quería citar a Emma Thompson en "Love, actually" cuando dice: "the trouble with being the Prime Minister's sister is, it does put your life into rather harsh perspective..."
Y hablando de "Love, actually", quisiera hablar un poco del amor:
Existe, está en el aire, asfixia a veces, lo extrañamos, lo añoramos, nos vestimos apropiadamente para él, hacemos cosas en su nombre, conquistamos banderas y sitios por él, navegamos durante días sin agua y sin alimento en su búsqueda y leemos en las esquinas lo mucho que sufriríamos sin él.
El amor mueve montañas (pero no carretas, esas las mueven mejor un par de tet... ¡oigan!).
El amor es felicidad y tristeza, luz y oscuridad, daño y salvación. El amor anda buscándonos y también anda escondiéndose. El amor apesta y también huele a rosas silvestres; el amor da de comer y también quita el hambre Y SOBRE TODO: ha rellenado estos últimos renglones en los que en serio, no tenía idea de qué escribir. 
Con ello le doy la razón a ciertos escritorcillos que aconsejan que, cuando no sepas de que escribir, escribe de amor aunque desconozcas del tema. 
¿Habrá alguien que llame al amor por su nombre?
En fin, queridos menos cinco lectores de siempre, el clima está nervioso y no se decide a llover.
Café, una bufanda ligera y Cortázar diciéndo: "No puede ser que estemos aquí para no poder ser".
Pues sí, no puede ser pero así es.
Brindemos por ello.

viernes, 23 de octubre de 2015

¡Ay, ay, ay...cómo he cambiado! (Sí, escribí el título bajo el influjo de Selena)

06:57 a.m.
El título no ayuda a disipar la nubosa sensación de fracaso que últimamente me gusta exhalar.
Es ciertamente un tiempo difícil para mi alma soñadora, juguetona y valemadrista pero pienso: Si Drew Barrymore (y todos mis cultísimos lectores se preguntan "¿quiéeeeen?") se da el "lujo" de tenerla, yo también puedo. ¡Qué importa que ya hayan pasado casi 8 años de que el Matius nació, yo aún no me recupero de la depresión post parto de ESE preciso parto!... anyway.
Y gracias a que Feisbuc tiene la maldíta costumbre de recordarnos a diario cómo eramos y qué estupideces publicábamos hace 1, 3, 5 y hasta 6 años es que me di cuenta lo mucho, muchísimo, que cambié y lo poco que me reconozco hoy día. Y en estos días donde ya nada sorprende (ni siquiera el saber que alguien llegaría del pasado para decir que volvería al futuro y luego esperar a que llegara el día en el que volvió pero en realidad nunca llegó pero cuando despertó, el dinosaurio seguía ahí, o algo por el estilo) y donde todo sigue igual excepto uno mismo, yo decido ponerme a escribir y explicarles (porque aman el chisme) en qué cosas he cambiado...

                            Es eso o se me largan a leer los posts viejos y lo descubren por ustedes mismos,                                           ¡chihuahuas!

He mudado de domicilio más veces que cangrejo ermitaño, ya tengo dos hijastros (je je, aportación de mi santo padre) y según "El principito", cuando domesticas algo, eres responsable para siempre de ello, so, Marmota y yo seguimos juntos forever and ever, para siempre jamás (o algo así dicen los cuentos).
Según las fotos, he cambiado de look más veces de las que mi Yo soltera hubiera permitido, he priorizado personas, lugares y actividades y simplemente dejé que el curso natural de la maternidad me dijera a dónde tengo que ir... por lo que ahora me encuentro metida en un hoyo. ¡Ja!
Síiiiiiiiii, es un hoyo muy cómodo y bonito, lleno de cobijitas mullidas y suaves; un hoyo donde hay olor a lechita y maullidos de gatito y partidos de fútbol y tardes con los Scouts y abrazos deliciosos y mañanas con café descafeinado y yo en pijama...pero un hoyo al fin y al cabo.
Y no reniego de ello, simplemente sigo esperando el momento para mi.
Solo para mi... pipipipi. Soy una madre egoísta, denme un manazo por preguntona (y quejona).
Y no supe si reír o llorar cuando Marmota llegó ese día con un recibo de pago y una extraña sonrisa, al tiempo que decía "Gato, me pediste tiempo para ti y yo que te amo, te acabo de inscribir al Gym"...
Weeeeeeey! Tiempo para mi significa dormir 10 minutos sin una niña prendida de la teta, o ir al baño en santa paz, o tomarme un café con cafeína y tener dos horas para desecharla antes de amamantar, o leer (¡ay mis libros!...snifff) o darme una ducha con la puerta cerrada... Pero ese día que subí la foto a mis redes sociales donde les informaba que volvía al gimnasio, alcanzó un promedio de 30 "me gusta" (hummm, ¿así que 30 "amigos" piensan que sí me urgía una buena sudada porque estoy obesa?).
Cuando algo tan inocente como lo es mirar viejas fotos te pone en perspectiva lo mucho que en realidad has avanzado (porque el cambio siempre significa movimiento...aún sean giros de 360°), la mente se shockea y el corazón se hace pasa (mientras no le de un infarto... ¡que resista las sanforizadas!).
De ahí a que aguantes vara (como se dice en el argot) por aquellas cosas que no puedes cambiar, está el asunto. Tal parece que el mundo te arrastra por su corriente a veces malinformada y consumista y te muestra cuadros que no puedes tener y ¡quieres tenerlos!
No es que culpe al mundo de mi desilusión, ¡simplemente que el muy maldito no ayuda!.
Con tanta publicidad a lo que debiese ser la vida de una, es lógico que de repente se me vaya el norte y por eso llore con todo esto de los cambios buenos, cambios malos...
Aunque, pensándolo bien...
Sigo siendo la misma cruel egoísta de siempre, queriendo ponderar su persona por encima de los demás.
Amando a su gato, meneando su café y leyendo sus libros raros (es que lo mío es el Werevertumorro, la neta.) o persiguiendo musas (o musos) para escribir (lo que no se escribe, se olvida) los sinsentidos de siempre.
Tratando de explicarse a si misma cada semana o cada que tiene la oportunidad de ducharse con la puerta cerrada. Delineándose de negro el ojo pa' resaltar las pupilas que le bailan cuando te mira o trepada en el brincolín de la fiesta, carcajeándose de la cara de vergüenza que ponen sus hijos (¡Sí, Papita!, ya vi que también te da oso!).
Y que a pesar de que se empeña en mantener las cortinas cerradas para perpetuar la oscuridad, no puede evitar mirar hacia la luz que entra por la otra ventana y que le anuncia siempre un día luminoso (memorándum  para mi: tapiar la maldíta ventana de la cocina)...
Soy yo para siempre con mis demonios, mis carencias y mis chispazos de buen humor.
No me encariñé con una piedra, pero al final del día en un hoyo también se construye un hogar... uno al que siempre es agradable regresar después de haber corrido aventuras.
Por último (porque ya son 09:28 a.m. y Papita anda rondando por aquí): qué diferente es escribir en la oscura complicidad de la madrugada a la mañana descaradamente luminosa y optimista que ya es; tal parece que el clima sí influye en mi ánimo... ¡y no tengo que viajar a Suecia para comprobarlo!
Ya en serio: sí, me sigo traumando por la falta de tiempo (y por escribir "de a dedito" cuando mis ideas vuelan); sí, estoy triste porque "pasean la carne frente a la chimuela" y porque pensar en ello me produce culpa (pero ese es tema para otro post) y sí, a veces a pesar de mi misma sigo pensando en el verdor del pasto ajeno PERO... se que mirar en perspectiva la vida ya sucedida es a veces benéfico y el añorar lo pasado o lo futuro es muchas veces la clave para continuar en movimiento.
Feliz viernes, queriditos... ¡aprovechen el tiempo!

Por lo pronto, así está el hoy:

viernes, 16 de octubre de 2015

CAFÉ CON CREMA... Y CIANURO.

Aquí es cuando maldigo el no haber estudiado ingeniería industrial en lugar de Derecho (¿notan cómo escribí "Derecho" con mayúscula e "ingeniería" con minúsculas? Licencias que se da una.).
Si hubiera estudiado ingeniería en estos momentos no estaría disculpándome como borracho empedernido (empedado pero es pleonasmo), jurando nunca más abandonar la escritura de este blog, pues en ese caso hubiera inventado una libreta usable en regadera y así tooooodas mis brillantes ideas que solo ocurren cuando estoy sola tendrían su registro, y yo tendría tema cada fin de semana de la misma manera en que si no fuera madre, tendría fiesta cada fin de semana; pero ya hablamos de los "hubieras" y pos ni modo, sin tema y con hijos es como ocurre el viernes...
¡Y qué manera de ocurrir, ¿eh?; uhhh, de fábula!
...
Mientras las neuronas se acomodan les cuento que la "embidia" me corroe.
No soy persona que guste de balconearse ni de ponerse de pechito, de tal manera que no diré las causas que han despertado al mounstro verde de la envidia. Diré que es inevitable ver cómo cosas lindas y buenas le pasan a la gente, mientras a mi solo me pasan la lista de cosas por comprar en el súper.
Pero vayamos por partes, ¿cómo es que hasta hace poco tiempo yo cantaba mis bendiciones y pululaba cual mariposilla de flor en flor, anunciando la primavera y de repente me hundí en el pantano de la desolación, maldiciendo todo lo maldecible? Ahhhhh pues supongo que el alma que me cargo es más negra que la de Belcebú y por ello, en vez de alegrarme por las alegrías de los demás, dejé que me invadiera ese gas venenosssssso que atontó mis neuronas (pobres, de por si atolondradas como son...) y me volvió un ente maligggggno que nada más anda escupiendo fuego, quejándose por los rincones y arrastrándose de panza por el suelo. Es eso o neta es que necesito vacaciones de todo y volver a reencontrarme con la buena mujer que se que soy... help me, me estoy volviendo mala.
Pero, ¿qué es la envidia, cómo se siente, a qué huele y de qué está hecha?
Científica y siempre al servicio de la comunidad ésta mala mujer se ha ofrecido como conejito de indias para diseccionar paso a paso tales preguntas y resolver un misterio más en esta calzada llena de ídems, de tal suerte que ustedes no, queridos menos cinco lectores de siempre, caigan en ese pútrido pantano y salven sus almitas buenas e impolutas. Dejen que yo, que ya de por si estoy condenada al averno, les muestre los efectos de tal pecado, al fin y al cabo ¡qué importa una mancha más al tigre! (Y de fondo se escuchan los ángeles y querubines cantando celestialmente "¡pecadoooooora... pecadooooora!")
Pos bueno...
La envidia comienza a bloquear el pensamiento en el momento que aparece; ese instante cuando descubres lo injusto que es el que alguien tenga algo que tú no y que solo por el hecho de ser tú, lo mereces más que nadie. Y puede ser que ni lo desearas o que ni siquiera te pasara por la cabeza, pero nada más verlo brillar en alguien más, despierta los instintos primitivos que has tratado de barnizar todos estos años a fuerza de leer la "Quién".
Pero una debe comprender que las cosas buenas no siempre le pueden estar sucediendo pues ya lo dijo Bon Jovi en "Como yio, nadie tiamado", que para aprender hay que caer, para ganar hay que perder y que él lo dio todo por ti, ¡chingao!
Y aprender que para mantener el equilibrio universal (y el pellejo a salvo) es necesario que TODOS ganen algo -aunque sea una sola vez en su vida-, es duro, más lo es para la niña berrinchuda que se acostumbró a tenerlo todo y de repente ¡bam! le nació un hermanito que la vino a destronar; no, para nada estoy hablando de mi y del Doctor Mitocondria, ¿cómo creen?, eso es tema cerrado en terapia...
Así que hoy, mientras dejo que se evapore el resto del veneno que me consumía, trataré de replantear mi existencia y de volver a mirar al mundo con los ojos tiernos e inocentes de un gatito, tal como lo hacía hasta ese repentino brote de envidia.
¡Que se llenen de triunfos, joyas y maridos guapos las demás! ¡Que se consigan a la vieja más buena, el auto deportivo de lujo y que beban chela sin empanzonarse los otros!

Algún encanto debe tener el comer sopa de col, andar en pijama todo el día y ver cómo crecen los madroños en el parque...

¿Que qué te envidio? ¿Sinceramente?...
Sólo el tiempo...

Sólo el tiempo.

¡Feliz viernes, ratas del mal!





jueves, 24 de septiembre de 2015

HOY CUMPLO 35 AÑOS...

Definitivamente no tengo los mismos ojos con los que veía al mundo a los quince años...
Si alguien (la típica gitana de feria gringa, maybe) me hubiera predicho que a los 35 me encontraría cuidando niños (los míos, exclusivamente) y casada (iba a escribir amarrada, pero dado que Marmota es un poco susceptible, dejémoslo en cazada), me hubiera reído tan fuerte (con esas carcajadas que solo me salen con mi prima Lluvia) que hasta lágrimas hubieran salido de la incredulidad...
Así que pulso "PLAY" en la lista "ONE LINE" de Edgarbage, en mi sesión de Spotify para crear ambiente y comenzar a discernir qué han pasado durante estos "últimos" veinte años y mirar si debo reír o llorar...
Hace 20 años, cuando probablemente ese mismo Edgarbage estaba cantando alguna jalada en el kínder, yo estaba cumpliendo quince años con torpeza adolescente y una timidez casi paranoica. Pensaba que entrar a la UNAM era una cosa buenísima, que la carta del entonces rector Sarukhán era la llave mágica a un reino donde sólo existían intelectuales en miniatura o sus némesis, los quarterback preparatorianos (de preferencia, estos últimos) y que todo serían fiestas y ligues y luego la Universidad, donde seguirían más fiestas (pero con Trova) y ligues (pero con maestros) y luego la vida adulta, donde seguramente la fiesta, diversión y ligues seguirían ad náuseam.
Ah, l'esprit de l'adolescence!
Pues bueno, con quince años y veinte libros leídos (es un supón, la verdad es que pueden ser más... o menos) estaba lista para darle el primer mordisco al mundo...
En resúmen, la vida sucedió: decisiones y amores fallidos, un lapso breve como homeless, amor a los gatos, más libros, una adicción a la coca...cola, pensamientos suicidas y una romántica estancia en el paraíso de los antidepresivos; la Uni, los amigos, la bohemia, las despedidas, los abrazos y promesas de "para siempre", los adióses, la aventura de lo desconocido, los tacones, las bolsas caras, los bueños vinos, la primera vez de muchas primeras veces, el poder; entonces: chico conoce chica, chica queda pregnant, chico se casa con chica, chica decide encarnarse en la piel de María Montessori, chica decide criar y despedirse del mundano mundo, chica cambia...chica ya no es TAN chica.
Chica cumple 35...
Y así, mientras este breve momento transcurre en soledad, mientras me tomo lo que queda de mi primer café matutino y escucho las respiraciones acompasadas de mi dulce Papita (oh si, lo olvidaba en el recuento: chica queda pregnant again...chica conoce chica), pienso con emoción que cumplir años es la oportunidad perfecta para meter la cabeza en el horno y darle vuelta a la perilla, pero también es la ocasión ideal para agradecer lo que día a día me ofrece la vida (all inclusive).
Cierto, ya no tengo la misma energía que a los 15 (y que tampoco era que digamos mooooy proactiva ¿eh?) y tampoco tengo espacio en mi agenda como lo tuve a esa edad (es que nadie me invitaba a salir, pa´qué más que la verdad). Se que mis "noches salvajes" han tomado una ligeríiiisima variante y si ahora me llegara a gustar alguna otra persona, contendría las ganas de coquetearle y me contentaría con mirarlo a través de mis gafas oscuras (de diseñador, ¡obvio!...tengo 35), porque la vida en pareja es bestialmente buena, pero la vida familiar lo es aún más... (¡mírenme, no pensaba eso a los 15 cuando le "bajé" el novio a mi ex amiga Alejandra!).
No puedo creer que he llegado a la edad en la que puedo decir "Hace 20 años..." y platicar alguna anécdota que ya no tiene que ver con papillas o bailecitos ridículos donde yo estoy vestida de princesa *Sniff.
He llegado a los 35 sin ganas de comerme al mundo porque me basta con una pequeña rebanada donde quepan mis hijos, mi Marmota, mi gato, mis papás, mi hermano, mis amigos, mis libros y ¡MILLONES DE PLANES POR REALIZAR!
¿O qué? ¿Acaso luzco como una mujer que está dispuesta a diluirse en los "hubiera"? Ja, ja, ja.
Feliz cumpleaños a mi, si, a mi. La que oserva y se azota por cualquier cosa, pero la que también quiere seguir experimentando y disfrutando el amanecer y los días grises, la que se puede envolver en su edredrón cual Juan Escutia y lanzarse al vacío de tristeza inexplicable para luego resurgir con bríos nuevos.
La que esto escribe, la que hoy escucha "One Line" de PJ Harvey y sonríe... 
(Sí, Edgarbage, eres el más nasty de mis amigos e inexplicablemente hoy has tenido un protagonismo ramplón en mi muy humilde blog, pero gracias por crear esa fabulosa lista musical)

Así la vida...así mis 20 años atrás...
Do you remember the first kiss?

Stars shooting across the sky
To come to such a place as this
You never left my mind

I'm watching from the wall

As in the streets we fight
This world all gone to war
All I need is you tonight

And I draw a line

To your heart today
To your heart from mine
A line keep us safe

All through the rising sun

All through the circling years
You were the only one
Who could have brought me here

And I draw a line

To your heart today
To your heart from mine
One line to keep us safe

And I draw a line

To your heart today
To your heart from mine
And pray to keep us safe

Watch the stars now moving

Across the sky
Keep this feeling
Safe tonight



Weeeey.... ¿¿¿¿¿¿¿neta, "Desesperado" de José José????????

viernes, 18 de septiembre de 2015

...

Primer café de la mañana: Me voy a disculpar con los menos cinco lectores de siempre (que a éstas alturas ya deben ser menos 6) por ser tan inconstante, tan huevas para asomarme por éstas ventanas a escribir mis desgracias y hacerlos reir. Prometo que ordenaré mi escritorio de todas las mugres que vienen a botar, desde los calcetínes de Marmota hasta los tópers del lunch del lunes, pasándo por las croquetas sin abrir de la Peluss... seguramente por eso está chillando, la muy ruidosa. Sí, eso haré. Yo me debo a mis lectores y son ellos los que merecen que me pula en mis habilidades gerenciales para poder librar CADA viernes una batalla contra la estulticia y entregar mi colaboración. ¡Ay, qué lindo suena!
Segundo café de la mañana: Mmmm... picar, picar, picar. La vida en esta casa es un eterno picar. Dietas, leche de almendras, el khale, la quinoa... papillas, la zanahoria, el arroz orgánico, la chía. Es demasiado.
Tercer café de la mañana: ¿Escribir? Ja, ja, ja, ...

Cuando comencé a escribir tenía sólo un dígito en mi credencial de la vida. 
Los primeros intentos por trascender los atesora mi mamá junto a mis dientes de leche y mi primer trenza; dice que le hacían mucha gracia mis cuentitos y hasta mis cartas a los Reyes Magos.
Observaba la vida, en verdad me ponía a pensar en "qué pasaría si..." (una vez me imaginé quedándome a vivir en una instalación del Museo Rufino Tamayo. Pensé que eso sería una cosa hermosa, durmiéndo bajo las serpentinas de colores que colgaban del techo y ¡hasta visualicé el espacio que tendría mi cocinita combo!)
Posteriormente escribía cuentos bajo la influencia de Borola Tacuche: quería que mi voz sonara con ese tonito arrabalero con el que me imaginaba que hablaba, con esa precisa claridad para arrancarme carcajadas. No se.
En secundaria llegué a colaborar en el periódico escolar (el muy prestigioso "Águila") bajo el seudónimo de "La tía Fulana" y en mi último año fui -durante un breve tiempo-  jefa de redacción. 
Y finalmente (y digo finalmente porque hasta ahí dejé de escribir de manera "masiva") intenté hacer una revista, "La chica panqué", que adquirió su nombre de mi (primer) apodo en la secundaria: "Panquecitos".
Básicamente eran ocho hojas tamaño oficio donde prácticamente me fusilé un ejemplar de "Eres Niños". Con todo y tests.

Todo apuntaba a que me dedicaría a escribir. Todos lo dábamos por hecho.

A veces, aún con toda la moustrosidad de eventos felices que pasan en mi vida, me cuesta trabajo venir a escribir... En mi muy interior (ese lugar donde guardo las palabras, los aromas, las miradas, los largos abrazos y mis momentos) siento que no merezco escribir.
¿Por qué?
Pues... no lo se.
Cuando te quedas en casa picando pepinos y recogiendo pares de calcetínes, es muy fácil poner tu vida en perspectiva al mismo tiempo que pones una carga de ropa en la lavadora. Y también es muy fácil ver los talentos de las demás personas y negar el tuyo por el simple hecho de que no lo dice un título universitario colgado en la pared del estudio de tus papás.
Yo no elegí dedicarme a escribir, elegí defender la justicia.
Y luego elegí crecer primero a un niño y ahora a una niña.
¿Cuáles serán los talentos que adornarán mi tumba? 
Tal vez ese rimbombante epitafio sólo estará grabado en dos corazones.
Y tal vez en un momento menos oscuro de mi vida -uno donde vea la luz en mis pepinos picados- ello sea suficiente.

Mientras tanto, "a veeeer... ahí viene el avion-citooooo..."