viernes, 15 de marzo de 2013

Vengan a mi reventón...

Hagamos de cuenta que mis menos cinco lectores de siempre no tienen reclamos que expresar y yo no tengo excusas que dar (porque en serio, no tengo) y saludémonos calurosamente como CASI cada viernes.
¿Qué les cuento?
Que el día de hoy volveré a los escenarios de los cuales me despedí en la secundaria, cuando bailaba en el Taller de Danza y mi talla era -1; cuando el ejercicio y sus bondades paliaban una oscura etapa en mi pre adolescencia.
¿Y por cuál motivo es que vuelvo a hacer el oso, ahora con talla "Oso"? Pues porque hoy es la "Noche de Estrellas" en el Colegio de el Matius y ¿por qué no? las mamitas también tenemos derecho a mostrar nuestros talentos, ¡faltaba más, cómo no, con todo gusto!
Y bueno, la verdad es que después de una coactiva invitación por parte de los altos mandos del preescolar, el respetable se deleitará con un "bailable" muy espectacular que hasta el mismísmimo Cirque du Soleil envidiaría. Y la rola que enmarcará tamaña contribución al ámbito intelectual y cultural de, por lo menos, la colonia es nada más y nada menos que ... "Mi profesor" de la Onda Vaselina. No, no. No les pediré aplausos, la verdad es que muero de la vergüenza por tener que mostrar mis meneitos mientras intento sonreir sin que me tiemble la quijada.
Yo se que tengo un Master en meterme en problemas y que mi tendencia a meter la pata es tan constante como las pifias de cierto presidente de cierto país cuyo nombre comienza con "M", pero créanme, mi intención no es fomentar la falta de courum del evento, sino que mi hijito se sienta orgulloso de su amá.
En fin, los últimos días he pasado más tiempo en la escuela que en toda mi carrera y entre otras cosas, he recordado lo que se sentía ir en primaria y que La Onda Vaselina fuera el soundtrack de tu vida...
Corría el año 1991, quinto grado de Primaria del Colegio Inglés Elizabeth Brock. La vida sucedía entre ir a la escuela, emocionarse por ver pasar a "Aarón" y reprobar con singular alegría Educación Física y Música.
Mi existir, tan común como siempre, era amenazado por extrañas fuerzas que se escapaban a mi control y comprensión. Adultos: padres y maestros, familiares y amigos se turnaban para confundir más mi siempre confusa visión de las cosas.
Y solas, entre tanto marasmo, una luz y una esperanza se alzaban con sus ritmos pegajosos y faldas hamponas de chirriante crinolina: La Onda Vaselina y sus acordes de "Qué buen reventón", "Que triste es el primer adiós", "Una chavita" et al, hacían más llevaderas mis tardes Insurgentosas (porque vivía en Insurgentes) coloreadas de gris (porque la contaminación estaba en su mero apogeo) y cuyo único sonido armonizante eran los berridos de mi hermanito Davide (el hoy cotizadísimo Dr. Mitocondria) que en ese tiempo tenía como dos años o algo así.
Ante ese panorama y pese a los esfuerzos de mis papás de volverme una niña culta con sus conciertos dominicales en Bellas Artes, La Onda Vaselina pegó con tubo en mi vida. No hubo poder humano que evitara mi afición a escuchar a aquellos mozalbetes que ni siquiera sabían a bien lo que estaban haciendo. 
Para mi lo máximo era llegar de la escuela y poner mi LP de "La Onda..." y mirar y re mirar aquella portada tipo cartoon de su primer disco.
Era dejar escapar mi pensamiento al ritmo de rock and roll y lo único que posiblemente empañaba aquellos desconectones de realidad era la imposibilidad de:
1.- Conocerlos en persona: pues mis padres JAMÁS consideraron en llevarme siquiera a UNA de sus presentaciones en el Teatro Aldama.
2.- Ser parte de ellos: pues ya estaba consciente que con los popotitos que tenía por piernas, no podría llegar muy lejos en términos del showbiz.
Así que, como es conocido por todos, crecí y dejé de adorarlos. 
En algún punto sentí que aquello era demasiado estúpido y que por más que lo intentara, yo solita no podría restaurar la época de los 60's y mis amigas ya se encontraban interesadas en otras cosas y ya estaban dando los pasos conducentes a gustitos más arriesgados.
Por ejemplo, el culto al grupo "Magneto".

Y bueno, como cada cosa trascendente en mi ciclo, al parecer hay conceptos que tienden a repetirse, a darse una segunda oportunidad, a volver para demostrar su teoría o mostrarme el punto y en este caso, para reconciliar a una confundida, triste y medio amargada escuincla que pasó sus tardes soñando el momento de estar en un escenario, bailando aquellas tontas melodías que sirvieron para quitarla del borde del precipicio.

Ya les platicaré como estuvo aquello.
O tal vez no.

lunes, 25 de febrero de 2013

Sí, así es.

Antes de que siga perdiendo el tiempo revisando chismerajos y cotilleos acerca de la entrega de premios Oscar, mejor entro en materia. Un poco para desperezarme y un poco para ejercitarme.
¡Qué les cuento, manitos!
Que contrario a mis predicciones y creencias, el sábado me encontraba yo muy bien dispuesta a abuchear a los Tigres de la Universidad de Nuevo León en un partido cara a cara, cuerpo a cuerpo, contra ... el Cruz Azul.
¡QUE QUEEEEEEEÉ!
Sip, tal como lo leen: el sábado estaba sentada en el mismísimo Estadio Azul, con mi cara de "what the fuck?" y observando como iban y venían los vendedores de cueritos con chile, sopas Maruchan, tortas de queso de puerco y otras gourmandises propias del evento, ante las miradas francamente extasiadas del Matius y su sacrosanto padre. 
Para mi, ese fue el fin del mundo.
Al menos del mío, porque para algunos padres (incluyo a los míos) los hijos representan una extensión de sí mismo. Así que a mi me rompió el corazón que el Matius transfiriera sus ardores futbolísticos a los "buenosparanada" cementeros en vez de los "siemprealegres,galanesyuniversitarios" Pumas.
¿Que cómo fue que caí tan bajo en mi escala de valores? Bueno, la verdad es que no es para tanto.
Así como han caído varios ídolos frente a mis ojos, también han caido de mi cabeza varias ideas estúpidas que solo me han tenido un poco más obtusa que de costumbre, pero que con el paso del tiempo y de los madrazos he aprendido a reevaluar y reconsiderar. 
Sí, lo saben: el planeta se está desmoronando, al país se lo está cargando el carajo, mi colonia está empezando a ser "demasiado popular" (cualquier cosa que eso signifique), pero yo siempre le iré a los Pumas de la UNAM y ESO es lo importante, pero no por ello se me irá de las manos la oportunidad de estar cerca del Matius y su padre. Aunque ello implique el gritar porras y "¡vivas!" a un equipo de futbol que es acérrimo enemigo del de mis amores. ¡Ay!
Y miren, a lo mejor solo es acompañarlos a un partido de fut y no es algo taaaaan trascendente, pero sí estoy convencida de que la cuestión es apoyar a la familia en las decisiones que cada miembro toma. 
Es el sencillito "me caga, pero te amo y por eso lo apoyo" sin martirologios, sin doble intención y sin chantaje oculto.
De veras que uno puede ser lo más radical en cuanto a sus ideas y creencias, pero cuando van de por medio tus afectos, lo menos que podemos hacer es ceder un poco, en un acto puro de amor.
Sí, se escucha difícil, sobre todo cuando somos padres y las elecciones de nuestros hijos las percibimos como si fueran las nuestras.
Es difícil plantar buena cara ante las consecuencias visibles de tales decisiones, pero más difícil será el no respetarlas y combatirlas y después darnos cuenta lo solos que nos quedamos a mil kilómetros a la redonda.
Es acompañar a nuestros hijos o seres queridos en un doloroso autoconocimiento que seguramente traerá uno que otro trago amargo, pero que sin duda nos acercará como nunca con los verdaderos protagonistas de nuestra historia.
Ahorita es el equipo de futbol; se que en unos años serán las amistades, el gusto musical, la pareja, la moda, la ideología política... A mi generación ya le toca el cerrar poco a poco la brecha con sus hijos que aún se percibe insalvable en estos días.
Tal vez el papel más importante en estos momentos no está en luchar por los derechos de mis congéneres, patrocinados o vecinos, sino en defender las creencias de mi hijo.
Y así, poco a poco, ir moldeando a una -¡UNA!- persona libre, que acepta sin rechistar los derechos de las demás personas.
Con uno, menos cinco lectores de siempre, ya la llevamos de gane en este mundo.

(¡Aaaaaazul! ... ¡Aaaaaazul!)

Chale...

viernes, 22 de febrero de 2013

Yo, más que nada.

El día de hoy mi sempiterna taza de café que sempiternamente me acompaña a la hora de escribir los viernes ha sido sustituida por un tazón de sopa de champignón, en un arranque desesperado por quitarme algunas etiquetas y milagritos.
Diríanse de mi muchas cosas: que soy inconstante, que en la persecución de mis sueños a veces tiendo a tomar un descanso, que probablemente cometa errores tantas veces como es posible esperando las mismas veces resultados diferentes.
Y también se dicen cosas que no necesariamente son ciertas, como que soy una persona generosa (cuando en la realidad me cuesta compartir desde mis chicles sabor violeta hasta mi exiguo tiempo), o que soy súper extrovertida y las destrezas sociales llevan mi trade mark (lo cual es ABSOLUTAMENTE falso, pues soy la timidez andando. Que me "crezca al castigo" tratando lo opuesto es diferente)
Pero lo que me caga -literal- es que hablen de mi sin conocerme previamente.
Es muy triste llegar a una reunión y cuando pensabas que lo más extremoso con lo que tendrías que lidiar sería alcanzar los mejores bocaditos, te ves de repente envuelta (¡ o bueeeeeeno...envuelto, pues!) en un sangriento debate donde la tesis a defender se llama "tu verdadera forma de ser".
Clásico en las pijamadas de la secundaria (sí amigos, porque en la Universidad las "pijamadas" eran todo, menos eso), era que de repente las opuestas del salón, digamos la "fresa" y la "reventada", se pusieran a criticarse durísimo una a la otra con cosas como: "eres la fresa más fresa" y "tú eres la reventada más reventada"... hasta que se van desmadejando las emociones y quitándose las etiquetas y sin decir "agua va", terminen chillando, abrazadas, convencidas de lo contrario.
En una reunión social tal vez sea poco probable que puedas defenderte con tanta sinceridad. Siempre existirá la persona mal intencionada que quiera no sólo sostener la etiqueta que ostentas, sino que hasta haga lo imposible por hacerte caer en la comprobación.
Aguas, eso puede evitarse siempre que uno se quite las poses, las falsas pretensiones y se sea tan auténtico como se pueda.
¡Qué importa que al gustarte el reggaetón la gente ya no pueda volver a verte como el brillante licenciado en filología que eres!
Nada tiene de malo echarle una manita al ego cacareando un poco más el huevo, eso siempre será el mecanismo de defensa favorito de muchos de nosotros; lo que no nos podemos permitir es el encariñarnos con los milagritos que la maldicencia o nuestra pereza han colgado en nosotros. Más en estos tiempos en los que el culto a uno mismo nos hace escribir sandeces en cualquier muro de facebook o blog de pacotilla.
Como ya dije, de nada me ha servido sacar a la gente de su error al decirles que no soy tan buena como me perciben, que miento regularmente, que a veces mi tendencia al narcisimo me hace aceptar compromisos que ni en mil años podría cumplir a cabalidad, que desprecio muchas buenas cualidades humanas por considerarlas "debilidad", que el mayor porcentaje que tengo de buena mamá se pierde cuando la narcolepsia se apodera de mi en jueves por la tarde y el Matius queda expuesto a una serie de peligros que van  desde los rasguños de la Peluss hasta a una escalera bastante cuestionable.
Sí, si, somo perfectibles, pero también etiquetables y no de una manera correcta.
Podremos pasar la vida tratándo de demostrar lo contrario, pero también dejando pasar lo mejor.
Calcularemos con precisión nuestros movimientos, procurando una elegancia que llene cada defecto que nos aqueja, pero que también tapará nuestra verdadera escencia.

Y para que lo anoten de una vez:
Me encanta la música disco, atascarme de tortas de milaneza con queso Oaxaca, ver chick flicks, leer en el baño, ver Glee sin remordimientos y tomar poderosas siestas de 5 minutos. Así como escuchar la misma canción de Sinatra una y otra vez porque, sí, definitivamente así es para mi:

"...FOR WHAT IS A MAN, WHAT HAS HE GOT?
IF NOT HIMSELF, THEN HE HAS NAUGHT.
TO SAY THE THINGS HE TRULY FEELS
AND NOT THE WORDS OF ONE WHO KNEELS.
THE RECORD SHOWS I TOOK THE BLOWS
AND DID IT MY WAY."


Feliz viernes!

martes, 19 de febrero de 2013

Milf a la danagato.

Todo empezó inocentemente cuando perdí la llave de la camioncita que me llevó y me trajo hasta el 14 de Enero de 2013.
Condenada al ostrascismo, mi bella camioncita aguardaba pacientemente el momento en el que me decidiera a pedir otra llave para echarla a andar.
Y pues como no me urgía porque bendito sea Dios, la recaudaría me queda a dos pasos de mi casa y el transporte escolar es un maravilla, yo dejé el tiempo pasar y no ocuparme de asuntos tan odiosos (acuérdense que hasta le volví a tomar cariño al metro)
Pues bien, que llega el día en el que ocupo mi nave y no tengo con qué echarla a andar. Lo obvio es ir a buscar a un cerrajero y que este personaje sea todo menos guapo y jóven... ¿O no?
¿Cómo decirlo? Hace tiempo que no pensaba en mi en términos de ligue. O sea, una mujercita como yo anda siempre en la luna, procurando que su hijito la alcance hasta allá con su juegos y monadas; con un maridito que si bien no es un adonis, no es de malos bigotes, pero al cual ya sorprenden cada vez menos mis trucazos (que no rucazos) para mantener viva ¡ya no la chispa, sino la mínima atención al frente!
Y de repente, todas esas historias que una lee como no queriendo en el súper en donde la actriz fulana, de treinta y tantos años, se empareja con el aspirante a actorcillo de veintitantos... y una piensa en que eso no le puede pasar en su pequeño mundito, hasta que conoce a su cerrajero que es todo menos feo y que ha decidido, nomás al verla, que será la protagonista de su drama porno con etiqueta "milf" (que en cristiano quiere decir: mom I'd like to F**k) y que ella -¡oh, destino, soy tu juguete!- no podrá decir que no...
Hasta que:
"Señito, voy a tener que regresar al ratito, si quiere vaya por su chamaquito porque voy a tardar un resto; está bien difícil de quitar su cilindro, pero de que queda ¡queda! Tssss, a güi güi, se lo garantizo-o"
O sea! Guapo si, cero clase, cero intenciones de nada y hasta me mandó por "mi chamaquito" cuando ni siquiera le mencioné que tenía uno.
Ay dios, que desengaño. Yo tirándome al drama moral (porque al cerrajero, definitivamente no) y todo para descubrir que para ser una mamacita porno queen no tengo la pinta, ni la cara, ni el cuerpecito y mucho menos la actitud.
Vaya consuelo!

viernes, 8 de febrero de 2013

En serio, no te tomes tan en serio.

Yo recuerdo que de niña el adjetivo con el que calificaban mi personalidad era el de "seria". "Es muy seria tu hija", les decían a los abogados sinior. "Ay, pero qué seria y bien portada es Danita".
Y no es que me gustara ser percibida como una terrorista de las sonrisas o como alguien a quien la falta de compostura era algo imposible de pensar, mucho menos a los cinco o seis años, pero la cosa es que yo en realidad era tímida. Muy.
El que mi mamá me trajera muy bien aliñada no ayudaba para nada a mi espíritu, pues sentía un compromiso muy fuerte hacia el atuendo que portara (que casi siempre consistía en vestidos con mallitas y zapatos ortopédicos a juego) y sabía que mis actividades estaban condicionadas al outfit que mi mamá hubiera elegido para la ocasión.
Así que mientras mis primos u otros niños de mi edad se empeñaban por el primer puesto en ver quién hacía primero girones su ropa, yo sentía el deber de quedarme tiesa en mi lugar, sin ni siquiera poder sonreir, no fuera a ser que una arruga marcara mi faldita.
Bueno, mi acartonamiento llegaba a tal extremo que no concebía la idea de usar huaraches sin calcetas por considerar inapropiado mostrar los pies en público, al grado de llorar por sentir que el aire le daba a mis tamalitos de 18 centímetros si es que mi mamá había osado descubrir mis piecitos.
O sea, que a los cinco seis años ya era una snob hecha y derecha y sin visos de redimirme, perdiéndome para siempre en la senda de lo políticamente correcto a nivel preescolar.

Hasta que me rebelé...

Sí amiguitos, lejos de procurar ensuciar mi ropa y correr como mico por todos lados, destrozando mis zapatos o mis vestidos de gasa, lo que hice fue desgarrar mi timidez y hacerla pedazos siendo todo lo extrovertida que el decoro me permitiera.
Así me fui abriendo paso en la vida en sociedad, riéndome bien fuerte de todo y de todos y celebrando con "Crystal" cada metida de pata que protagonicé.
Hasta que alguien me tocó el hombro y entre susurros me dijo que estaba haciendo el ridículo espantosamente y que antes que apareciera el hombre del ganchito y me sacara del cuello de la escena, mejor le llegara. No fuera siendo que tal frescura se malinterpretara y pa qué iba a querer yo.

Osh, diablos, con nada tengo contenta a la gente, pensaba yo.

Un buen día, pensé en que seria o desmadrosa, de todas formas la gente iba a opinar de mi. Para bien y para mal. ¿Cómo lograr que sus juicios se me resbalaran y su opinión fuera apreciada o bien relegada al rincón? Eso fue algo que me trastornó por completo, pues sinceramente crecí bajo una lupa y darle la espalda al público era algo con lo que no estaba familiarizada.

Pasaron los años.

Y aún sigo debatiéndome en la dualidad de ser reservada o altamente comunicativa, pero algo he aprendido: no se puede ser un libro abierto con todo el mundo y tampoco puedes tener secretos con la gente que te ama. Porque si te ama, te aceptará como eres y si no lo hacen, tampoco pasa nada.
A ver mis queridos escolapios, ¿qué hemos aprendido en estos últimos años?
Respuesta: que la úuuunica persona que debe hacernos feliz, soportarnos, amarnos y aceptarnos con todo y gases a medianoche somos nosotros mismos.

Entonces, muchachitas y muchachitos, láncense a la aventura de ser quienes son, repitiéndose a ustedes mismos que por ello, no se parecen a naiden.

Y si se debaten entre dos cuestiones, resuélvanlas de esta manera:

"Si me va a llevar el diablo, mínimo que sea en un buen coche".
Tan tán.


sábado, 2 de febrero de 2013

DOÑA CENSURA

Como que les quedé a deber ayer, ¿no?
Es feo andar regando bilis por la vida, pero es más feo querer regar la bilis cuando ya ni vesícula se tiene.
Por eso me entró una especie de remordimento: yo, una treintona incorregible, haciendo berrinches de quinceañera por culpa de... en fin.
Por eso ahorita que se que no me estarán leyendo, pues tienen una vida mucho más excitante, escribiré unas cuantas líneas que tal vez no sean consumidas con singular alegría, pero que tal vez descarguen un poco mi cabecha antes de ir a dormir... sí, dije "a dormir", aunque sea sábado a las 10:00 p.m y parezca que en la Ciudad de México la fiesta nunca termina. ¡Pfff!

Ayer justo antes de irme al Tribunal me encontraba escogiendo los libros que leería en el Metro (otra de las ventajas de haber perdido la puta llave es que ya retomé mi ritmo de lectura habitual) y cayó en mis manos (que no en mi cabeza) un libro de Julieta Lujambio titulado "Mamá Sola, Un nuevo significado para la maternidad sin pareja". ¡Cámara!
Tal libro se lo pedí prestado a cierta tía que adoro y que por algún motivo lo tenía en su casa y la razón por la cual tenía cierta reserva para leerlo era porque sentía controlaba la situación, ¿no? Y bueno, la cosa es que ya iba siendo tiempo de que lo leyera y que de una vez por todas supiera qué carámbas hacer con el Matius cada vez que su papacito chulo tiene que salir de viaje una semana sí y otra también, dejándome el paquete de educar a un ser de luz con todo mi combo de debilidades y defectos que, por supuesto, ustedes conocen tan bien.
O sea, que sucumbí.
Pero ese no es el punto.
La cosa es que me daba un poco de oso el andarlo trayendo por los andenes y que toda la ciudad (sí, TODA) se estuviera enterando de que a Chucha Cuerera de repente le dió TERROR educar "sola" a su hijo (como si no fuera del dominio público que justamente ha sido así porque de repente Marmota y yo somos medio open mind)
Pues nada, que se me ocurre tapar la portada, lo que me obligó a buscar con qué diablos podía hacerlo de manera fácil y rápida.
¡Y que me acuerdo del "club de los fólders"!
¿Que qué es el "club de los fólders"? Jajaaaaay! mis papás me van a colgar en cuanto lean esto pero, han de saber que cuando yo era niña, mis apás tenían la costumbre de forrar los libros -¡con fólders!- cuyas portadas podían "perturbar" a la nena de sus ojos.
Y claro, a esa edad qué diablos iba a estar fijándome en lo que mis papás leían, si yo lo que quería era encerrarme en mi cuarto con mis libros de "La Pandilla Científica" o con "Mafalda" y no andarme perturbando con los libros de Harold Robbins o de Oscar de la Borbolla o sepa cual otro trajera una portada medio "acá" y con urgente necesidad de censurar.
Ya cuando me hice mayorcita y mis libros me quedaban cortos, comencé a husmear entre los libros de mis papás y entendí sus buenas intenciones: claro que era menester ocultar tamañas piernotas con liguero de "Nada es para tanto" de los ojos curiosones de Danita, pero tanto como para que yo aplicara el mismo criterio con mi libraco de mamá solita, había una generación de diferencia.
Así que me largué a trabajar con mi libro y ps ya, esperé a que se me pasara un poco la paranoia de que todo mundo se interesa por lo que leo/digo/hago y tan tán.
Pero ESE tampoco era el punto.
El punto de éste post es para contarles que muchas cosas no cambian (aunque uno jure, perjure y se rasgue las vestiduras por ello) y han de saber que justo hoy me volví a sentir en 1987.
Andábamos de metiches el Matius y yo en casa de mis papás, cuando mi Santa Madre tuvo a bien salir a tramitar su IFE.
Como líbrenos Dios de que mi madre maneje, se lleva también su librito para andarlo leyendo en el pesero ¿y qué librito cargaba la ilustre abogada sinioooooor? Nada más y nada menos que "Diablo guardián" de Xavier Velasco, con todo y su "impúdica" portada.
Mi mamá es súper pudorosa y bien educada en cuestiones de moral, lo cual no quiere decir que sea de mente cerrada, simplemente no le gusta andar aireando su intimidad a diestra y siniestra (y por lo mismo, se asombra de que su retoña ande despepitando la suya en éste blog de medio pelo), pero a pesar de su librepensamiento, hay cosas que le causan repelús, como es el hecho de traer ESTO a la vista de sus compañeros de transporte público


Así que el pobre libro estaba a punto de ser makeupeado, mejorado y censurado por las hábiles e industriosas manitas maternas y hoy recibió su shaineada con sendo fólder color crema, "pa que no cause erróneas impresiones"...

¡Ay dios! Hay cosas que no cambian, ¿verdad?





viernes, 1 de febrero de 2013

CASUAL FRIDAY

¿Saben qué?
 Hoy venía con toda la actitud que mi condición de librana con ascendente Leo podía aportar.
Es decir, venía de muy buen humor porque quería compensarlos de que la semana pasada no hubo Gatería por culpa de los "últimos viernes de cada mes" que la SEP nos receta, si, cada mes.
Por eso apenas salí de la estación Bellas Artes (ah, porque déjenme platicarles que mi llave nomás no apareció y decidí olvidarme del asunto, condenando a mi camioneta al olvido más profundo), decidí correr a la sala de internet más cercana para comunicarme con todos ustedes, mis menos cinco lectores de siempre, hasta que hube de toparme con la persona mas ESTÚPIDA del momjento y su mal trato hizo que mi buen humor cayera unos cuantos niveles por debajo del normal.
O sea, ¿cómo crees que si eres una empleaducha tomes actitudes de diva?
... ok, ok, es mi manera de sacar el veneno, porque se que no me voy a sentir capaz de espetarle un insulto en su cara, ya  que yo soy muy políticamente correcta y dejaré que la policía del Karma se encargue de mi asunto, deseándo que se la madreé con toda la saña del mundo mundial y que hasta le aplique tehuacanazo cósmico, pa que se le quite lo maldita.
...ok, ok, es mi forma de desear el mal sin que me salpique su lodito y tampoco está bien.
Dejémos que la vida transcurra y olvidaré mi ofensa.
Total, ya de sólo escribirlo me siento mucho mejor.
¿En qué han andado, criaturitas del señor?
Yo estoy muy feliz y sorprendida de que el primer mes del año se haya ido ya, porque estuvo medio pinchón, pero no lo suficiente como para delantar la hibernación o tirarnos del acantilado más próximo (que en mi caso sería de La Quebrada, en Acapulco)
Además, sigo comprobando que de amor nadie se muere, que los hijos crecen con o sin tu permiso y que si dejas de tomar las vitaminas de la buena onda, tu edad puede no coincidir con la que dices tener.
Que los gatos son imposibles de educar y que por más que te pares de cabeza, hay cosas a las que ni el hacha le entra (no se muy bien qué signifique esta última frase, mi maestro de Sociología de la prepa me la decía a cada rato, cuando sus argumentos no me convencían en lo más mínimo)
Es natural.
Si así pasó este primer mes, esperemos con ansias locas lo que nos depara Febrero, ¡huy! yo creo que viene muy bueno, por aquello del amor y la amistad... cómo será la cosa que mucha gente se emociona porque el 14 de febrero puede hacer todas aquellas cosas que no nos vendría mal que las hiciera antes.
Digo, si tu plan es pedirle a ciert@ sujet@ que clinch, pues qué más da hacerlo antes que después. De esta forma, dejarás de enchinchar a la gente que somos biológicamente indispuetas para celebrar tal bazofía, thank you very much!
...


Pero bueno, chaparritos y chaparritas, sigamos con ese ánimo que al fin y al cabo es viernes.
¿A dónde  me van a invitar?


viernes, 18 de enero de 2013

CICLOS.

¿Les digo algo? Me siento sumamente nerviosa para escribir esta entrada.
No es la cafeína, no son las mariposas amarillas (que en éste punto volvieron a ser capullos) ni mis amibas habituales. Es el nervio de mostrarme vulnerable y haber perdido la costumbre de satirizar mis desgracias. 
Porque han de saber que la llave de mi camioneta lleva extraviada 4 días, los mismos en los que he tenido que aprender diversas lecciones.
Bien dicen que se necesitan de las grandes sacudidas para que un reaccione, cambie de punto de vista o tenga revelaciones que lo hagan avanzar.
Pues así estoy yo, queriditos.
Y créanme, no quería estarlo.
Fuera del aspecto económico, el perder esa llave -la cual ya había perdido muchísimas veces, teniendo la suerte de encontrarla siempre (obviamente)- me ha puesto cara a cara con mi realidad, que es el que manejar ya se había convertido para mi, en una suerte de desgracia.
No tengo mucho tiempo de conductora, y como todo al principio, fui dando pasos de bebé. Poco a poco me di cuenta que no era tan maleta para ello, no tengo en mi historial choque alguno y las situaciones de tensión (como quedarme sin gasolina, llanta ponchada, etc.) las resolví airosa. Yo sola, en un país donde la consigna "Mujer al volante, Peligro ambulante" es algo "chistoso" y donde los únicos que manejan "como Dios manda" son los hombres.
Entonces, yo me ensoberbecí. Manejaba con una petulancia, una velocidad y una temeridad que ciertamente hizo temblar a muchos, entre ellos a mi propia familia.
El diario manejar se convirtió en un reto permanente, una reafirmación de mi autoestima en mal plan.
Muchas veces mi propio Matius me pidió que no fuera tan rápido, que no tocara el claxón o que respetara a los que caminaban. 
Mi santa madre sufría como copiloto. Alguna vez me dijo que mejor manejara un microbús y ¿saben qué? En lugar de ponerme a reflexionar sobre sus palabras, me dió risa y una sensación victoriosa, algo así como "qué fregona soy".
Pues todo eso se acabó el lunes que la llave de mi camioneta desapareció.
La usaba por separado del resto del llavero, pues la carcaza estaba rota y nunca hice por cambiarla.
De las veces que la perdí, la encontré invariablemente tirada en el piso, junto a mi camioneta en el jardín- garage de mi casa. Y en vez de hacer algo al respecto, continúe con mis despistes.
Me detengo un momento para decir que los olvidos y distracciones se han incrementado en mi. Cada día son más y más frecuentes. Y ya no puedo tapar el sol con un dedo, volví a caer en la depresión. La neta.
Soy una medio creyente de que las cosas pasan por una razón. Por pendej@, claro, sería lo más fácil de pensar. Lo segundo sería en decir que las cosas me ocurrieron para hacer un alto en mi vida y reflexionar hacia donde estoy caminando; para protegerme de mi misma en mi carrera destructiva  manifestada en el mal manejo y sobre todo, para pensar en que no siempre el trecho conocido es el mejor.
He recibido lecciones de humildad al andar de nuevo sufriendo con mis bultos en el pesero, al cruzar calles como peatón que no es respetado, como mujer que ha perdido un poco su femineidad al tratar de igualar la testosterona al volante y como ser humano al entender que si dejo de escuchar mi voz interior estoy comprando un boleto directito al carajo.
Son muchas lecciones en poco tiempo. No les diré que no he llorado, primero por el costo de mi chistecito; pero luego, cuando me permito bajar la guardia, por toda la maraña que tengo que desmadejar hasta encontrar la punta de la verdad. Mi verdad, mi espacio, mi ser, mi futuro...
Sí amiguitos, la vida siempre encuentra la manera de que aprendas algo que tienes pendiente y no por ello se deja de gozar. Al contrario, se suma a lo que ya tienes y que no debes dejar de valorar.

* * *

En otro orden de ideas, estoy muy emocionada porque el amor de mi vida cumple años el domingo.
Justo nació un domingo.
Recuerdo que su papá y yo estábamos super nerviosos unos días antes (NUNCA pidan el ultrasonido en 4D); el sábado previo fuimos a cenar a Coyoacán y de regreso a casa, sentí que estaba a punto de conocer lo más extraordinario del Universo.
El domingo temprano pasamos por mis papás para que nos siguieran hacia el hospital y a las 11:05 a.m., el Matius estaba conociendo el mundo.

A partir de ese día supe que mi corazón caminaría fuera de mi cuerpo para siempre. 

No ha sido fácil este camino, nunca lo será. Espero que Dios me preste la fuerza, el ánimo, la fortaleza para seguir impulsando los sueños sabor canela del pequeño hombrecito que está a punto de cumplir 5 años.

Feliz cumpleaños a mi ratita -no tan- bebé, al gatito que me despierta todas las mañanas con un sandwich de panza y unos piecitos que exígen ser cosquilleados.
Feliz Cumpleaños al Matius.

martes, 8 de enero de 2013

Moonrise Kingdom, la película.

Escribir lo que sigue implica la confesión de un crimen. En lo que me echo un trompo entre la moral y la ética, les daré un breve momento para que aumente su emoción de leer La Gatería en martes, nuestro ya amado "lunes para perdedores".

***
Bueno pues ya llegó la época del año en la que la cartelera cinematográfica se pone chabocha. 
Lamentable es la situación del cine nacional, que sólo parece existir cuando dieguitos y gaelitos rondan por acá, pero ese es otro cantar del que no nos ocuparemos el día de hoy. Lo anterior sólo fue curarme en salud para no recibir chayotazos mal dirigidos hacia mi persona por lo que sigue: al ser la época de premios de la industria joligudense, las distribuidoras nos hacen favor de venir a poner una que otra joyita entre cerros de porquería celuloidal. 
Y una prueba de ello es "Moonrise Kingdom". ¡Qué belleza!
Una noche en la que me sentía más sola que un pingüino en Cuernavaca (97.7! 97.7!) me acomodé en la sala de mi casa, dispuesta a zappear toda la noche mientras el sueño me venciera. Como tener más de 300 canales no es suficiente, puse una película y aquí es donde viene mi confesión: era pirata...tsssss!
Bueno, el chiste es que ya vi la película de "Moonrise.." y efectivamente, es toda una belleza.
¿Por dónde empezar? 
Mencionar la ambientación como una protagonista más sería exagerar pero, la verdad es que ahí radica el encanto de la mayoría de las películas de Wes Anderson.
El humor negro con el que transforma las situaciones dramáticas en una expresión nihilista de las emociones es otro plus.
El derroche de "estrellas" en sus films es algo que a la gente suele gustarle.
La iluminación será la delicia para todos los amantes de Instagram, pues sus filtros suelen ser una oda completa a la década de los 70´s sin que necesariamente la película se encuentre situada en esa época.
Pero lo que a mi me rompió el esquema fue la historia...
Sin que les hable de más, les diré que la historia me recordó mis años como girl scout.
Fueron todo un éxito, creo que mi autoestima nunca estuvo mejor que cuando era la comandante de una patrulla en mi manada y mi nombre de Bosque era "Alexi", una gaviota medio atolondrada pero de muy buen corazón.
En la historia, un boy scout se escapa de su campamento para huir con su amada, una chica seria y decidida a dejar todo por él.
Y bueno, yo no me quise escapar con ningún chico (al menos, no tanto así) pero sí recuerdo haber estado enamorada de un lobato. O bueno, un chico que también era scout.
Lo malo de ese amor es que él era un poquitito más chico que yo, así que aquello no podía ser pues además de que ningún niño que se respete acepta que le gusta una niña, si la niña es más grande que él pues el asunto adquiere proporciones desastrosas.
Así que nosotros nos contentamos en mostrarnos nuestros respectivos ardores mediante patadas, pellizcos, pistas falsas y mensajes cursis en clave morse.
Eramos muy felices a lo lejos, comunicándonos en clave y robándonos besitos a escondidas, cuando ibamos a recoger leña. Sip, ya era toda una cougar cuando aún no tenía edad legal para ello.
Cuando la adolescencia me tomó por sorpresa, mi condición depresiva se agudizó y dejé de ir a los Scouts. Por consiguiente nunca supe qué fue del tal "Pablito" y no se crean, hay cuestiones amorosas que dejan huella. 
Es por eso que al ver la peli en comento, mis recuerdos se dispararon hasta el cielo.
Vayan a verla (no sean piratas como yo) y dejen que la atmósfera se les meta hasta el tuétano, removiéndoles recuerdos de amores en stand by; déjense intoxicar por la falacia de que el amor todo lo  puede y emociónense hasta las lágrimas cuando llegue el final.

¿De qué más puede estar hecha la vida sino de una impresionante colección de momentos en los que sentimos un piquete en el estómago?

Sean dichosos y felices, pues nunca se sabe cuando una película puede llegar a remover sus fibras más sensibles...

 (¡eso qué!)

lunes, 7 de enero de 2013

Ready? Go!

Y bueno, el año empezó hace casi una semana pero para mi el año comienza en unas horas, que es cuando el Matius retornará a la escuela y yo sentiré un huequito culpable en el estómago (y les juro que no es por mi nueva dieta). El banderazo de salida lo dará el despertador a las 6:00 a.m. y ni siquiera tendré el consuelo de algún bonito mail en mi buzón, así que la ducha fría para reafirmar mis muslos será lo que me ponga en órbita. Lo primero será darme cuenta que fue mala idea hacerme rosca todo el santo día, en lugar de ir al super y comprar el desayuno y lunch del Matius, para seguidamente empezar a maldecir el hecho de haberme gastado casi cuatrocientos pesos en unas uñas muy sexies para el 31, pero que a las 8:10 a.m. sirven para maldíta la cosa, pues no puedo abrochar el uniforme -mal planchado- de mi patroncito y estamos a punto de que nos cierren la puerta en las narices.
Ya entregado el paquete, el siguiente paso será ir corriendo a Lumen para averigüar si aún quedan agendas decentes pues aunque los teléfonos ya tienen esa función, ustedes y yo sabemos que no puedo vivir sin un pedazo de papel y un bonito bolígrafo en la bolsa; además de la ilusión que me hace estrenar agenda cada año, aunque luego termine arrumbada a mediados de Abril.
Ya con la agenda 2013 en la mano, escribiré mis propósitos de este año: bajarle a la engordadera, ser más paciente con mi gato, ser más flexible con el Matius, probar los anticonceptivos intravenosos, tal vez no enamorarme tan seguido... o sea, un sinfín de buenas intenciones que trataré de cumplir cabalmente (es eso o de nuevo tendré que adquirir curitas extra resistentes) y que en caso de emergencia, procuraré que sean lo primero que desaparezcan de mi lista de promesas a olvidar.
Después de filosofar un rato conmigo misma, me lanzaré al super a comprar mi vida entera. Espero que los jitomates y las cebollas sean buenos compañeros para este nuevo comienzo que me aterra y está lleno de claroscuros, pero que deberé enfrentar si es que quiero superar mi récord del año pasado. ¿Que cual récord? El de días sin antidepresivos y/o placebos, queridos.
Con suerte, en el pasillo de Ferretería soltaré algunas lágrimas por las cosas que no puedo cambiar; en Carnisalchichonería pediré valor para cambiar las que sí puedo y ya para cuando llegue a Frutas y Verduras, espero reunir un poco de inteligencia para no hacerme tonta y enfrentar la diferencia.
Con el súper en la cajuela, pasaré a recoger tooooda la ropa que dejé acumular en la tintorería, regresaré a casa para organizar el refri, la despensa, el clóset de Matius, su juguetero, su librero, mi clóset, mis cajones, mi corazón...
Y con el tic tac bailando en mi cabeza, correré a recoger al Matius, rogándo a la máxima deidad existente que no se de cuenta que a su mamá le hace faltan unos ¿qué les gusta? 2190 días hacia atrás para poner en orden su existencia y ahorrárse éste malestar que no la deja concentrarse ni enfocarse en su vida.
La misma vida que está corriendo a toda velocidad pidiéndo ser disfrutada sin culpas y sin "hubieras" y sí con nuevas perspectivas de progreso y aceptación.
Por eso es que yo les decía que mi año comienza hoy 7 de Enero de 2013, día en el que mi horario me indica 5 horas "libres" para pensar y reflexionar en todo lo que quiero alcanzar como mujer.
Habrá deseos que serán IMPOSIBLES de conquistar, yo espero no aferrarme a lo imposible y poder seguir adelante.
Aunque este barco pirata -de momento- se niega a partir sin un pasajero.

We're devil's, we're black sheeps
We're really bad eggs
Drink up, me hearties yo-ho
Yo-ho, yo-ho, a pirate's life for me...





sábado, 5 de enero de 2013

¡Bienvenida Monarquía Consumista!

Hay cosas que sólo se escuchan -o leen- mejor en cierto idioma, así que no hay por qué enojarse por el título, si?
Están a punto de acabar las vacaciones del Matius y mañana llegan los Reyes Magos.
Cuando yo era niña (aúllen, lobos!), las vacaciones de diciembre eran chidas porque las pasaba con mi mamá. Nada de cursos de verano apestosos ni otra cosa por el estilo. Era estar calientitas y bien provistas de las chucherías de la época.
La cena de Navidad invariablemente se celebraban con la Abuela Ofe; mi papá solía hacer las piñatas con la casi prehistórica olla de barro y las figuras iban desde un payaso hasta una rosa, pasando por un barco y un rábano.
La fiesta de Año Nuevo la disfrutaba con la familia de mi mamá; intercambiábamos regalos y a mi casi siempre me tocó regalarle a mi primo Gabriel y viceversa. Sobra decir que ninguno de los dos recibió lo que quiso, pero a ambos nos regañaron por igual por creer que nos revelábamos los regalos. La verdad es que siempre estábamos planeando robarnos las uvas, pues aprendimos que lo de los regalos era un asunto perdido para todos.
Y luego, la víspera de Reyes...
Como viví en esa época por el centro, la noche previa al 6 de Enero era típico que pasearamos por la Alameda Central, antes de que la remodelaran y mandaran a la goma a los sets fotográficos de los meros Reyes Magos. Nos tomábamos la foto y yo por más que tratara de parecer seria e interesante, las barbas sintéticas me hacían reir y enseñar tremenda mazorca sin querer.
Terminado el shooting, pasábamos a escoger el globo que llevaría mi carta a las mismas personas con las cuales me había retratado previamente (supongo que sus achichincles recibían y clasificaban las cartas, mientras los patrones se tomában fotos en la Tierra) y luego de varias pruebas de vuelo, lo soltaba junto con otros chavitos en el Hemiciclo a Juárez.
Luego de sendos atascones de churros y otras gusguerías, retornábamos a nuestro hogar a esperar a que Melchor, Gaspar y Baltazar hicieran su arrivo trayendo mis chivas.
Al día siguiente, lo primero era hacer el check list de mi pedido y no es por nada, pero los Reyes siempre se lucieron conmigo.
He de decir que siempre me trajeron lo que pedí (excepto a los 25, pero esa es otra historia), creo que bien pueden considerarme entre los afortunados que están agradecidos con ellos y tienen cero demandas mías en el Tribunal de la Haya por incumplimiento de contrato.
Después de descubrir los juguetes y de que la primera emoción pasaba, lo segundo era llamar a mis primos para indagar lo que les habían traído, gozar, comparar y olvidar la información, para entonces empezar a dar lata con los juguetes.
Sí, los Reyes Magos son de los recuerdos más bonitos de mi niñez y lo que más disfrutaba en la vida...hasta que me convertí en la mamá del Matius.
¡Dios, qué problema es esto de detentar ahora la corona!
Aparte de que sangran el presupuesto familiar (adiós zapatos "Dentelle" de Christian Louboutin!) encontrar los juguetes soñados se convierte en una odisea peor a la de la búsqueda de drogas sintéticas en Ajijic (ay cielos, qué horrible comparación)
Simplemente los juguetes de éste año han sido los más sufridos puesto que yo creí ingenuamente que el Matius ya se había decidido y cuando hizo sus cambios de último momento ¡sopas! era demasiado tarde para encontrar el regalo ideal.
Y luego está el ponerse de acuerdo con el papá de Matius: él le va a comprar esto, pero yo ya se lo había comprado, pero entonces él quiere otra cosa, pero yo no, pero... ¡puro problema por unos cuantos juguetitos!
Por el momento, aún sigo en la búsqueda de los últimos obsequios y yo espero que por la noche, el Matius esté exáusto para que yo pueda acomodar sus regalos, mientras me zampo las donas con leche (¡iugh!) que les dejará como cebo.
Con todo, qué delicia será ver su carita de sorpresa al despertar y ver los cerros de pistas jotgüils y pelotas y chunches varias que pidió...

... ¡Eso si las encuentro pronto!

lunes, 31 de diciembre de 2012

ADIÓS 2012

(Dana: por favor no comiences esta entrada con el sobadísimo "En este año...". Atentamente: Tu voz interna)
Queridos menos noventa mil lectores de siempre, en éste año (damn it!) aprendí muchísimo. Sí, la verdad es que no me puedo quejar -más- de la vida. Si la máxima deidad existente pusiera calificaciones o sellitos, yo bien podría sacar un 8 o un "Sí Trabaja" por mi cuarto año consecutivo como progenitora del Matius o como la histérica protectora de La Peluss.
De los demás roles que la sociedad y las buenas conciencias me quieran endilgar y/o endosar no respondo. Ya lo sabemos, soy de lo peor. Ni buscarle excusas, explicaciones o remedios (tal vez mezcal, por aquello de "pa remedio: litro y medio", pero ni así), si algo corroboré este año es que soy un modelo perfecto de imperfección y que nadie sufre con mis trastabilleos (que en ocasiones llegan a ser auténticos azotones, con pantalón de casimir roto por ambas rodillas, en pleno camino a tribunales y toda la cosa) más que yo misma (y en ocasiones La Peluss, pues he llegado a caerme encima de ella o pisarla)
Se que dije que no haría revisión estricta de mi año en el post anterior y aún lo pienso así: por qué regodearse con las desgracias propias y autoinfligidas si es mucho más bonito echarse flores -que en ocasiones serán francos macetones- ¿que no?
Hubo muchísimos "highlights" en mi año: conciertos inolvidables como el Vive Latino con Café Tacvba cantando en mis meras barbas y con mi bandita de la Uni brincando como chapulines; viajes maravillosos a Oaxaca, Acapulpo, Puebla, Queretarrock, Guadalajara y anexas; celebrar mi cumpleaños número 32 en Cancuuuún con mi brother del alma (y de sangre también, je je) Davide; reencuentros mucho más explosivos que el del grupillo Mercurio; desayunitos de "goodie wife" con mis amigas del Reims; sesiones terapéuticas maratónicas con desintoxicación incluída, el conocer nuevas amistades y saber que "son la hostia" y que, además de todo, admiran mi manera -por demás fatídica y espantosa- de manejar (¿verdad Dianita?), las salidas culturales con Kry (que luego se enoja porque no se cuando salía de vacaciones u.u); momentos en los que aún está bien chido decir chido y bailar "Rastamandita" como si todavía tuviera 23 (y con un Matius mirándome bien sacado de onda); convivencias varias con la familia de aquí y de allá; los siempre acertados comentarios de Danny, mi fan number one de éste, su (de ella) blog de (des)confianza y lo mejor: los 365 días en los que el Matius tuvo a bien recetarme dos que tres enseñanzas de vida pa' ver si de una vez por todas ya me despabilo, carambas...
Por otro lado, yo se que en el panorama nacional el horno no está (¿alguna vez lo ha estado?) para bollos, pero se que ustedes, criaturitas del señor, harán su trabajo lo mejor que puedan. Por lo pronto, “dejemos que sean otras plumas las que se complazcan en el pecado y la miseria. Yo me alejo de temas tan
odiosos  tan  pronto  como  puedo”.
***                                                    
¡Oh, cielos! llevo dos horas tratando de terminar decentemente éste panfleto pero mi déficit de atención vino de visita justo cuando trato de ganarme el premio Púlister con mis dislates habituales.
En serio, mejor el Matius vino a cerciorarse si aún sigo despierta  y ya se fue a su calientita cama a seguir soñando con conejitos brincolines y pastel de pitufresa, con una expresión de "chale, a ver a que horas", lo cual me indica que debo soltar éste año (y el post) tal como está. Sin adornos ni exageraciones de más. Simplemente el testimonio de una (no tan) chica común y corriente, sonriéndole a la pantalla a las cuatro de la mañana del último día del año, quien se encuentra emocionadísima por el inicio de un nuevo ciclo, cual chamaquita de secundaria a la que la han besado por primera vez.
¡Sí! Estoy MUY emocionada por lo que viene y los invito a que se unan a mi optimismo ramplón de último minuto. 

Se que habrá piedras con las que me encariñaré, pero se también que mi talento para patearlas hasta el infinito será la diferencia entre el ayer y el resto de mi vida.

Con fe y total entrega a Dios, así te estaré esperando 2013.

¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!

viernes, 14 de diciembre de 2012

LOS ÁRBOLES NAVIDEÑOS ME HACEN LLORAR.

Y cuando desperté, el árbol de Navidad se encontraba en mi sala, mirándome con cara de "Así es, chulita. Ya llegué y sabes lo que ello significa: estás a dos minutos de que se acabe el año y sigues en las mismas" ¡Pta madre, quién carámbas te dejó entrar!
Cuando uno decide entrar a rehab para tratarse una adicción (algo muy popular en nuestros días) piensa que al salir se encontrará el mundo tal y como lo dejó. Y pus no. La vida siguió, tu ex se casó, tus hijos se fueron de la casa sin darte alguna explicación, tus amigos te sustituyeron con un ciber amigo de Malaysia y tus padres están de retiro en Retiro, Argentina.
En mi caso, todo eso sucedió excepto el tema de los hijos, pues el mío no terminaba de empacar sus juguetes cuando llegué a casa y ya ni cómo hacerle.
¿Y como por qué tuve que entrar a rehab y decir "no, no, no"? Ah pues porque el Vextor tiene sus garritas bien poderosas, manitos. 
El antidepresivo más vendido en cierta clínica psiquiátrica es también el más imbatible y entre sus muchas "bondades" se cuenta el hecho de que, neta, jures por tu madrecita santa que lo necesitas más que el sol y el agua al mismo tiempo.
Bueno, no pateemos el pesebre (y mucho menos en éstas fechas tan suceptibles), el Vextor tuvo lo suyo, fuimos felices, le entregué mi cuerpo y mi alma y por la analogía con la mayoría de mis relaciones sentimentales, le perdono todo el daño que me hizo y le agradezco todos los momentos felices que vivimos.
Así de generosa (y dependiente) soy ¡cómo no, con mucho gusto!
Pues sí, después de un periódo de desintoxicación decidí asomarme por aquí, con la cola entre las patas y con cierto temor a encontrar las paredes mugrosas, restos de comida mohosa en el refri y el tocadiscos atascándose en un acorde monótono y fúnebre. Tal vez -pensé- si cerraba tantito los ojos y aguantaba el aire, las cosas no se verían tan desagradables y mi complejo de culpa no brincaría cual perrito pulgoso. Y bueee, aquí me tienen:  de a pechito para responder cualquier pregunta que se les ocurra y rogándo que porfis-porfis, sus juicios de valor se me resbalen como mantequilla pues tiendo a ser la más culpígena de las mujeres habidas y por haber sobre la faz de la tierra.
Pero entonces, el árbol de navidad...
El sólo hecho de saber que ya se acercaba la época del año más temida por los guajolotes del mundo me hizo reflexionar sobre el estado de las cosas. 
De repente me sorprendí haciéndo listas de "to do" y comprando con singular alegría listones y pompones y silicón y diamantina y cuanta madre me enjaretó la señito de Fantasías Miguel. 
Para sorpresa mía, ya estaba metidísima en la máquina de coser haciéndo mis jueguitos de baño y cortinas y guardapolvos navideños, pero del árbol ¡nada!
Por alguna extraña manera, el hecho de ir a comprar al árbol (guárdense sus análisis ecológicos) y pensar en "el tema de éste año" y sus ene mil lecturas, es un asunto que me pone mal. Se que toda esa parafernalia navideñosa es el preludio de un drama que ya me tiene aburrida pero que no se cómo convertirlo en virtud.
El famoso "análisis de conciencia" es un tema harto sobado y que por más que quiera enterrarlo en lo más profundo de mi inconsciente, tarde o temprano -pero no antes- saltará como resorte y se plantará frente a mi para que le eche un ojito y una revisadita.
Y la verdad, no se me da la gana considerar nada de lo hecho y vivido por ésta servidora, ¿cómo la ven?
Por éste año daré por "buenas" todas y cada una de las decisiones que tomé y no me haré hara kiris mentales. Total, lo hecho, hecho está y si está mal hecho, pus qué mal pex porque ya está hecho (¡quihúbole!)
Y si este año se me antoja adornar el arbolito con croquetas de la Peluss... ¡que así sea!

*Corre rápidamente a Fantasías Miguel por otra tanda de diamantina...*



sábado, 24 de noviembre de 2012

SÁAAAABADO!!

Cuando tenía como trece años y mi vida social se reducía a las tardeadas mega ufff que organizaba la ESANS, la llegada del sábado en lugar de emocionarme...me deprimía (síiii, siempre he sido una maldita depresiiiiivaaaa...¿apenas se están dando cuentaaaaaa? ... perdón, a últimas fechas a lo depresiva agreguémosle: bipolar)
Y es que, o sea, así como me leen: toda linda, chula, pechocha, atrevida, sensual y mujer de mundo... la neta a los trece años (y unos cuantos lustrillos más) era la más luser del mundo mundiaaaaal.
Razón por la cual pues no sabía cómo convivir en sociedad, léase: la temida sesesesecuuuun... ¡Ándale!
Miren, no me voy a poner a desmenuzar los tres infernales años que viví en la secun porque ps no, dónde quedaría mi objetividad periodística (y los millones que he invertido en terapia). Simplemente les paso al costo que los sábados por la tarde, lo único que había por hacer era mirar la vida pasar bajo la ventana de mi cuarto en el último piso del edificio MÁS bonito de la Avenida Insurgentes, acá en la Ciudad de México. (TAN bonito que hubo una época en la que fingí vivir en otra parte, so temor de que notaran la cortinilla a 
punto de caer sobre el transeúnte más afortunado, piuj!)

Así que mientras sentía que mi vida no valía ni un viejo peso, había chicas que vivían en una unidad habitacional y que eran afortunadas por el hecho de que la convivencia entre seres de su misma especie (o sea, adolescentes hormonosos y por lo tanto, interesantes) se debía a la falta de espacio por metro cuadrado multiplicado por el número de veces que se topaban de frente en las escaleras de su edificio, más la suma de sus respectivos catetos.
Y yo, viviéndo en un edificio viejísimo donde el único "adolescente" era el hijo cuarentón de la portera, que se comportaba como si aún fueran los 80's, tsss, o sea, jeloooou!!
Pero bueeeeeeeeeno, muy dentro de mi amargura adolescente, sabía que no siempre sería así. Que llegaría el momento en el que el mundo -y especialmente el género masculino, sector "sabrosón": motociclistas de mata larga y barba de candado- conocerían de mi existencia y, arrepintiéndose de todos sus mundanos pecados dirían: "¿Dónde estuviste todo este tiempo?... Ay weeeeey!!
Sí, sabía que ese patito feo que se exprimía espinillas frente a su espejo y que se malviajaba porque no la dejaban salir los sábados, algún día daría el salto y se plantaría en las mejores pistas de baile, en las mejores discotecqs (esteeem, si, aunque ya no eran los 80's, el término "antro" aún no terminaba de cuajar)
Así que sólo era cuestión de tiempo para que llegaran esos sabados emocionantísimos, repletos de diversión y buena onda. En el culmen de mi malviajadez me veía a mi misma como en una película de corte adolescente, donde la cámara enfocaba a mi grupo de amigas riéndo y maquillándonos frente al espejo, mientras los galanes nos esperaban afuera de mi casa, listos para llevarnos a "la disco" y bailar "What is love" o "The rhythm of the night". ¡Mega Bien!
Sí, sólo era cuestión de tiempo...

Pues bien, ese tiempo YA pasó y ¿qué creen? 
Que naaaaaaada de eso se hizo realidad.
Descubrí que vivir en una "unidad" no era TAN padre ni TAN conveniente, pues al final -y si encajabas en el grupito- terminabas por probar las babas de cuanto sujeto INTRASCENDEEEENTE se atravesaba en el camino (¿me estás leyendo "Freddy"?) y que de todas maneras, mi mamá ni me dejaba salir tampoco. O sea que mi destino como "party animal"... niet, cancelado. También descubrí que no era tan padre eso de que las amigas se arreglaran juntas, pues había algunas francamente peor de lusers que yo y era de hueeeeeva escuchar sus "¿a pocos si?, ¡no manches!" a la menor provocación. Amén de que usaban mis cosméticos REVLON que en esa época eran muy importantes para mi. Pfff!
Nop, no era cuestión de tiempo, ni de permisos, ni de castigos o de tener al galán más picudo para salir a bailar. 
Porque cuando tuve oportunidad para reventarme así, bien machín, ya tenía 25 años (uy, qué vieja!); trabajaba, me mantenía, viajaba y mis "noches de reventón" las viví en un antro queretáno llamado "Margarita Blue" donde -literalmente- terminaba hasta las manitas (e irónicamente, también bailaba "What is love? baby don't hurt me, don't hurt me... no more!) pero con una sensación de vacío TAN inmensa, que decidí cortar por lo sano... Eso y una intervención que sufrí por parte de mi familia que estaba hasta el gorro de que, por las madrugadas, llamara para decirles que los quería mushooooo...¡hic!
Y ahí fue donde por fin caí en la cuenta de que el reventón sabatino que yo ansiaba con ansias jarochas (sepa la madre cuales sean esas pero  ¿a poco no suena bien chido?) era solo un espejismo bieeeeen sobrevaluado, pues lo mío -lo supe después- siempre ha sido el rollo tranquilón, culturalón, medio boho pero rélax, ¿captan?

Y si a estas alturas de la lectura se siguen preguntándo por qué CARAMBAS La Gatería ha salido en sábado, les comunico que ... cof, cof, cof, ... sigo siendo la misma adolescente espinillosa que prefiere quedarse en casa a leer, ver películas viejas y cenar con sus papás a andar arriesgando el físico (y éste cuerpecito chulo, pa qué más que la verdá, ¿verdá?) en lugarejos de mala muerte.
Sí, no "desniego" que no me agrade el baile, el "eh, eh, eh", el cantar "procura coquetearme máaaaasyasísabrásloqueteperderaaa-aaás" y echarle el ojo a uno que otro guapito que pase por mi mesa PERO, pero, pero, pero... la neta no es lo mío. A mi dénme un sillón cómodo, mi almohada que tengo desde los 13 años, unos pastelitos y unas papas con chile, mi cocota y un libro o una película francesa.
Con eso (y una niñera de confianza), ya me tienen el sábado por la noche en su casa.
Tal y como es en éste caso.

YA SE QUE NO LEERÁN ESTO HASTA EL LUNES O CUANDO SE LES PEGUE SU REGALADA GANA, PUES ES SABIDO QUE SE ENCUENTRAN DISFRUTANDO COMO LA GENTE NORMAL SU FIN DE SEMANA.

PERO SÉPANSE QUE, AUNQUE ME ABANDONEN EN SÁBADO, MI CORAZÓN (Y MI SALUD EMOCIONAL) ES DE USTEDES NADA MÁS, PAPACIT@S CHULOS.

Feliz Sábado.

P.D. Dedicado a mi hermano Davide A.K.A "Dr. Mitocondria", quien en éstos precisos momentos se debe encontrar sacudiendo el bote en el Coco Bongo de Cancún o, en su defecto, cachando bebés en el hospital. Equis, es chavo y  HOY  es su cumpleaños.
¡Felicidades!



viernes, 23 de noviembre de 2012

Tentenmpié.

Volví al café y a todas las formas posibles de cafeína.
Los expresso con un twist de limón ahora son lo mío.
Hasta he masticado chicles sabor café, chinos, de dudoso control de calidad.
También me zampé una caja completa de triki-trakes cada medianoche desde que éste apestoso blog decidió volverme loca con sus quejas y reproches. Ya saben, aquellos como: "antes me escribías cada viernes"...
¿En qué he andado? ... Hum, déjenme pensar... ah sí: en estiradas y aflojadas de mis múltiples profesiones, pintando piedras para venderlas como artesanía y en una que otra charla con la loca del espejo.
En estos momentos me encuentro con la cartera medio vacía (sí, otra vez; no, no por culpa de los gustos gourmet de Pelussa) y ello me recuerda que acaba de pasar la Feria del Libro Infantil y que compré libros con singular alegría, como si se tratara de chacharitas en mis muy gustadas tiendas "de a 3 pesos" (en realidad ya son "de a 5", por aquello de los sube y baja de la bolsa y la fluctuación del peso frente al dolar, pero ¿qué se yo de ello?, no me preguntes, sólo soy una chica...)
Fuera de ello, nada interesante me ha sucedido.
Ni épicos romances con hombres mayores que yo, ni persecuciones locas por periferico, en las que yo intento mantener el control del vehículo mientras suena "Americano" en el playlist.
Nada, he estado viviendo el nihilismo a todo tren. Porque es más cómodo y barato y porque así no duelen las recaidas.


Pensé que ocuparme de otras cosas que no fueran las usuales estaba bien, que me daban otro panorama para tratar a la gente sin juzgarla. Pero algo pasa, hay una falta de sensibilidad en el ambiente, una carencia de espiritualidad en los ámbitos que me rodean que a veces pienso si en verdad yo soy la que debe estar tomando ese maldíto antidepresivo que me tiene literalmente enganchada y no la sociedad en conjunto.
Y ya, les juro que por enésima vez ya me cansé de reinventarme para no caer en la apatía.

Musicalmente hablando, pienso que soy una papa. Envidio a la gente que sabe apreciar la música y que necesita de ella orgánicamente pues pienso que, así como en la literatura, las posibilidades son infinitas y la sorpresa es permanente.
No quisiera que supieran que sigo con el mismo playlist desde hace mil años, pues es triste y vergonzoso que de repente en el stereo suenen cosas como "La calle de las sirenas" o algo por el estilo, mientras manejo camino a una audiencia o ¡peor! a recoger a mi hijito de casi cinco años (el cual tuvo que esperar una hora extra en la dirección mientras yo arriesgaba mi reputación de "mamita bien", pues la mentada audiencia duró lo que quiso)
¡Argh!


Qué amargas suenas las cosas cuando la ironía juega contigo a no salir a escena.

He tenido semanas de los mil diablos y cada que terminan me digo a mi misma "nunca más".
Pero las muy jijas se las arreglan para que yo tropiece y vuelva una y otra vez sobre las lecciones no aprendidas.
Esta escuela de la vida no es lo que yo creía, pues los "extras" no cuestan veinte centavos, sino veinte días para pasar las asignaturas que me darán el título de "La persona más satisfecha consigo misma del mundo".

Que alguien me baje de éste tren porque va muy rápidoooooooooooooooo y voy a vomit..........


Ok, muy tarde ya.


Les escribo estas líneas a temprana hora del viernes, pues no se si se me pegue la gana despertar temprano, preparar el desayuno del Matius, ir a dejarlo a la escuela, cepillar mi cabello y sentarme a carcajear de mis pensamientos pesimistas de dos semanas en el ácido.
Mné, me conozco; se que por aquí me tendrán de nuevo el día de hoy...
Así soy, mientras se me pasa el berrinche...
¡Buenos días!

lunes, 5 de noviembre de 2012

VIÑETAS PARA PONER ORDEN EN LA VIDA


  • ¿Cómo no bebo mezcal como Frida? Tan bebedora, tan macha. Frida tiene su lugar bien ganado en la admiración popular, pero ¿será de a deveras? ¿Será que en tiempos del feisbuk nadie podría igualar su jale con las masas? Yo, al menos me he cuestionado varias veces el por qué Diosito no me dotó de unas manitas industriosas y con hartísimo talento. Probáblemente en el punto más álgido de mi envidia me decida a pintar "manque" sea las piedras de mi jardín. Y luego de ahí me sigo con el uso ad náuseam de mis blusas oaxaqueñas, mi joyería multicolor hecha de sopa y si ya mucho es mi apuro, hasta le voy haciendo al comunismo. De dejarme la ceja larga y el bigotín no hay problema, ya estoy en ello. Punto y aparte: Una cosa tengo en común con Comunista de a mentis Frida (sí, no le hace que se enojen. Le digo "sobrevalorada" ¿y qué? Le digo "berrinchudita" ¿y qué? ¿A poco no es verdad que si nos pican la cola o el ombligo, sacamos lo mejor de nosotros mismos? No tiene mayor ciencia) y es el hecho de haber besado no a uno, sino a cientos de sapos. Y con ninguno me quedé. Épale, ese que están pensando es una Marmota y mío, mío, mío, lo que se dice mío pus...
  • Número Dos (apúntenle): Me encantan las telenovelas coreanas... bueno, sólo una y es "Mi adorable Sam Soon". Pienso que Corea del Sur es un lugar fascinante aunque sólo sea para extraviarse entre las dos corrientes que nutren su cultura y que obviamente son la antigua y la época actual. Y sin menospreciar nuestro acervo histórico y cultural (porque luego hay cada radical que me espeta un "¿Y ya fuiste a Anenecuilco antes siquiera de soñar con ir a Seúl?") pienso que debe ser muy interesante participar de una ceremonia de té Yujacha mientras se escuchan los acordes de Clazziquai.  Sin importar que allá no consuman tacos al pastor ni que haya vestigios de alguna torta de tamal, su gastronomía ha hecho lo imposible para mi: hacer atractivas (hasta sexies) las verduras. Y bueno -y juro que esto no fue a propósito- en la época donde se juntan los impulsos "maduros" con la ineficiencia en la toma de decisiones (o sea, la Universidad) conocí a un sujeto que no se a santo de quién no ha sido balconeado en éste espacio. Pero ya le llegó su momento y tal sujeto es... 
  • "Mi novio de la Universidad". Aplausos. Dicho muchacho era una mezcla de guarura tepiteño, yakuza japonés y licenciado cantinas (y no por emular a Bumbury, ¡por favor!) Su estilo para ligar, para enamorar, para vivir y para salir en la vida era harto complicado. A estas alturas mis mejores amigos no dejan de dar gracias a la virgencita de Guadalumpen por haberme abierto los ojos y salir corriendo por patas de esa relación (ya no tuvieron suerte con las otras, les informo. Digo, por aquello de las comparaciones odiosas, vous savez!) Y entonces, resulta que mi papá lo apodaba "El Amarillo" (en otra ocasión les platicaré del gusto de mi santo padre por nombrar y apodar a la pandilla Noviera) porque éste cuatito tenía rasgos orientales. En otros lados le decían "Coreano" y después de andar juntos casi toda la carrera, que se me ocurre tronarlo en el último semestra... Tsssss. A partir de ese momento, supe lo que la "mafia coreana" era capaz de hacer cuando alguien altera su equilibrio. Su proeza más grande, con lo que se coronó en el gusto del escarnio popular fue haber INVENTADO una serie de patrañas y triquiñuelas entre los amigos con tal de hacerme quedar super mal, al grado tal que durante el viaje de generación varios de sus amig@s se me echaron al cuello por permitir que anduviera en semejante estado de perdición etílica, poquímadrísmos a cuenta de haber rechazado una propuesta matrimonial en la playa con velas, cenita y un cuarteto de cuerdas amenizando el desfogue de sentimientos (¿quién carajos pide matrimonio así cuando ya llevas un semestre de haber valido keik en la vida de la prendante? ... ¡¡O sea, que fui de lo peor!! A estas alturas, tal respetable ente se encuentra casado (y bien casado, ¿eh? no como "otras") con su segunda novia de la Universidad y les deseo que sean tal para cual y la vida los premie con mucho dinero, trajes Armani y una Hummer para pasear su amor por Metepec y anexas. Lo cual nos lleva al siguiente punto:
  • Qué gacho es pelear con el padre de los hijos de una, me cae. Es bien desgastante, ya le había perdido práctica y gusto a tan extremo deporte. Fíjense, mujercitas, que no les recomiendo el matrimonio a menos que antes hayan pasado un curso de "Cómo amaestrar bestias sin morir en el intento". Y no porque el papá de Matius sea una bestia, es simplemente que el esfuerzo que se requiere para que la otra persona se baje de su macho y ponga atención al hecho de que con sus lindas pezuñitas está haciendo AÑICOS tu tolerancia y paciencia, requiere mucha fuerza física (para contenerse y no azotarle en la cabeza el tomo número 2 del "Ingeniosos Hidalgo...") y una fortaleza espiritual para que los sapos y culebras que salen de su boquita no entren al precioso jardín que tienes por corazón. Es muy cansado, se los juro. Pelear con alguien que es la mitad de lo que más amas en este mundo es un asunto delicado que, sin el entrenamiento adecuado -o ante la falta de pericia-, puedes literalmente acabar hecha polvo. Y no, no importa que una se dedique a arreglar los pleitos ajenos, el sentimiento de impotencia es tal que puede llevarte a querer quemar llanta (misma que ponchas) y a meter a todo lo que da el acelerador (con lo que ahogas tu bomba de gasolina) mientras vas cantando a todo volúmen "Acábame de matar" (y gracias a ello, terminas sin bateria en pleno periférico sur en hora pico) Y todo para que al final del día te des cuenta que: en una pelea se necesitan dos: Yo ya sé donde estaban sus defectos, sus fallas, sus malos manejos y sus pinches manías pero, yo no sabía en dónde estaban los míos. Y a estas alturas ya no puedo darme el lujo de andar perdiéndo la cabeza persiguiendo quimeras, ensueños e ilusiones si una rata chiquita me está jalando del brazo para ir a jugar con su papá. 
  • Sip, hay que poner orden en la vida. Todo con amor, nada por la fuerza, siempre lo mejor, siempre lo mejor... 

viernes, 2 de noviembre de 2012

TODOS TUS MUERTOS

Hola queridos...
¿Qué? ¿Acaso están leyendo La Gatería en éste viernes de puente?
¡Claro que no! Como si no los conociera cómo son de interesadotes e inconstantes, ¡me cae!
Ok, ok, no es cierto. Disfruten su muy merecido descanso (eterno) y nos leemos la siguiente semana...
... ¿Qué dijeron, que los iba a dejar ir así como así sin recetarles su dosis semanal de sarcasmo y quejumbrez? ¡Nunca en esta vida, muchachitos!

El día de hoy celebramos a los santos difuntos, que acá entre nos, muchos ni fueron tan santos y no están así que digamos "difuntos". Y no me refiero a la gente que se nos ha adelantado en la travesía de éste y otros mundos metacuamplusperfectos, nooooo. Me refiero a aquellos seres que alguna vez fueron parte de nuestro ser y que tuvieron la maldíta osadía de dejarnos ir. Aquellos a los que enterramos en vida, porque "muertos" hacían menos daño que vivos. Son los queridísimos ex novios... aplausos y ¡que paaaaaaase el desgraciado!
Hay tanta tela de donde cortar que no alcanzaría la vida para desmenuzar poco a poco todos los laberínticos caminos que te llevan a ser un ex.
Porque sí, somos bien chuchos cuereros y nos encanta agitar la greña y mandar al diablo a quien consideramos persona no grata a nuestra vida pero, ¿qué pasa si fuimos nosotros los eliminados de la vida del interfect@?
Ja!, en principio de cuentas se acaba el mundo. O sea, neta.

Recuerdo la primera vez que oficialmente me "tronaron".
Se siente como si tu estómago huyera con tu corazón y dejara los pulmones llenos de plomo, sin poder respirar y ante la falta de oxígeno, tu cerebro conmociona y se llena literalmente de gas. Un gas que no te hace reir y ¡ah, cómo te hace llorar!
El bendito hombre que se atrevió a despedir mis servicios como novia en turno llamábase ... obviemos el nombre y digámosle "Iriberto".
"Iriberto" decidió que, después de semanas de heladitos, cartitas, florecitas y detalles del Cookiemonster, la relación necesitaba ir "más allá". Yo, un poco sonrojada, pues creí que insinuaba el muy postergable "acostón", le pregunté que a qué se refería. Y bueno, mi candidez le causó tal gracia que dijo: "quiero que tú me cortes"..... What!!!
Y pues yo, entre enojada, confundida y estúpida, le dije: "entonces como amigos"
Obvio, Iri y yo fuimos todo menos amigos. No puedes ser amigo de alguien que te alborotó la hormona. ¡Nunca!
Tú sabes que ahí quedaron restos de pasión, odio, amor y rencor y que mezclarlos bajo la etiqueta de "amigos" te lleva a todos lados, menos a la senda de la amistad desinteresada y duradera. (Comprobado, años de experimentación avalan mis estudios científicos)
Y bueno, yo por supuesto, me instalé en la lloradera.
Días....
Semanas...
Meses....
Y sí... años también.
Difícil fue hacerme a la idea de que Iriberto y yo no teníamos más futuro que el de existir en órbitas diferentes (mejor para mi, a él lo emocionaba bailar "Jeans")
Fue tan devastador el truene para mi que de plano mejor lo enterré, le puse flores y me cercioré de que no resucitara al tercer día.
Neta, me preguntaban por Iri y yo les decía que había muerto en un aparatosísimo accidente, mientras manejaba su moto y bla bla bla.
Por supuesto, nadie me creía pues a la semana no faltaba quien lo veía pasar en su coche o quien se lo encontrara en la cafetería, pero yo juraba que había muerto.
Y entonces ¿qué es la muerte en vida?
Cuando pierdes a un ser muy querido, el dolor te cega. Te aturde y no vuelves a mirar el mundo de la misma forma. Entras al club de los "tristes por siempre".
Si esa persona fue tan amada por ti, rezarás o pedirás a la máxima deidad existente que te de fuerza para soportar el dolor de su partida.  Tal vez te enojes por la pérdida y tal vez reniegues de la vida.
Sabrás que ese dolor algún día encontrara su cauce y podrás continuar con tu camino. Conocerás nuevas cosas que te llenarán de gozo día a día y poco a poco te reconciliarás contigo mismo.
Sanarás.
Lo mismo pasa cuando una relación se termina y el dolor es inaguantable.
Para mi, matar en vida a los señoritos que me hicieron daño no sólo fue un desahogo, fue la única manera de entender que ellos ya no estarían en mi vida y que yo tendría que salir adelante con todo ese amor o ilusión muriéndo poco a poco en mi corazón.
Y no fue fácil pero el tiempo y unos ricos besos por aquí y por allá lo curaron todo.
Y "ahoy" puedo tranquílamente dedicar unas ofrendas muy simpáticas a los "difuntitos" que tuvieron el tino de mandárme a la lona, para que con los putazos del amor me hiciera más fuerte.
Pero más que nada, me han dado el pretexto perrrrrfecto de disfrazarme de gatita negra y pedir descaradamente "mi calaverita"...
¡Feliz día de muertos en vida!

jueves, 25 de octubre de 2012

COFFEE AFAIRS

Llevo una semana sin tomar café.
La sola frase hace que más de un amigo que me conozca se plantee si me encuentro bien. Lo se.
Para mi, el café es sinónimo de bienestar, de "todo va a estar bien", de apapachos en solito y un largo y aromático etcétera.
Y sí, llevo una semana sin café...
Mi casa se cae de mugre; no tengo suficiente dinero en la cartera que me permitiera evadir mis confusiones y ataques de ansiedad con una compra inútil en OfficeMax (ah sí, yo descargo frustraciones mientras compro crayolas y post-its, así como algun@s lo hacen en Zara o Channel. O el súper!)
Mis "asuntos" (¿por qué los abogados tendemos a usar un léxico que en nada favorece a nuestra imágen?) están más estancados que el progreso de éste país en el primer mundo y todo es gracias a La Burocracia (¡sí señor!) y por ello no he podido cobrar mis honorarios. Ya,para colmo, mi gata se tragó una canica de Mateo, lo que me ha dejado con la cuenta en -5 pesitos (tal como el número de ustedes, queridos menos cinco lectores de siempre) ¡Y todo va mal!
Tooooodo.
Tengo las persianas cerradas. Malísima señal.
Afortunadamente el niño que vive conmigo está en la escuela, pues con sólo 20 minutos de interacción matutina ya tiene para dos o tres años de terapia y con cargo a mis erarios.
Y no puedo encontrar "mi contento". Por más que diga y me mantreé y me terapeé de que el café no me define, que el café no sustituye carencias emocionales ni me hace más inteligente o simpática, es por demás ocioso convencer a mi sistema límbico de que tome por buenas las tacitas de agua caliente y las convierta en bienestar generalizado.
¡Pffff, apesta!
Maldíta la hora en que dejé que el café se instalara en mi, haciéndome su princesa y esclava. Ahora ya ni me siento mujer, soy solo una especie de gelatinita (muy rosita, muy gordita) que necesita impulso natural para funcionar medianamente.
El café es para mi una especie de fetiche, como un cinturon invisible de seguridad que me resguarda de mis impulsos suicidas y locos. Es un objeto que me define, tristemente. ¿Pláticamos algo "grueso"? Con un café.
¿Estamos tristes y desesperados? Echémonos un capuchimoka del Jarochux para levantarnos el ánimo (Y si es en Coyo, ¡qué mejor!)
¿Vamos a fresear y a impactar a nuestra llegada a la maestría? Deja aviento lámina mientras sostengo mi caramel macchiato deslactosado del "Starbruts".
¿Nos amamos apasionadamente y seremos eternamente felices? Permíteme  tantito en lo que se calienta mi pocillito con canela y piloncillo.
El café es mi combustible mágico y sensual, el que aporta ideas en mi cerebro cuando este ya se niega a contribuir con éste, su blog de pacotilla.
Dénle las gracias a mi tacita de la FILIJ por tantas y tantas horas de solaz y esparcimiento que nos ha regalado al ser la detentora de la materia prima de éstos y otros dislates.
El café, queridos, es ese amante que no te deja, que no te cambia por otra por las mañanas cuando amaneces legañosa y apestando a gato (porque el bichejo tiene a bien dormir encima de tu cabeza), ni te voltea bandera cuando estás de neuras porque no te salen los proyectos.
El café es tu cómplice, te permite hablar, hablar y hablar sin reprocharte nada, te dedica miradas ansiosas de "tómame y llévame a tus labios" y jamás te juzga. Se queda hasta el final sin pedirte nada a cambio. Se fusiona con tus sentimientos y saca lo más brillante de ti... en el mejor de los casos.
En otros, pues simplemente te pone peor que maraquero de la Santanera y te hace pegar cada brinco cuando alguien estornuda. Pero aún ahí, está sensibilizándote al máximo, haciendo que todo tu ser se vuelva un receptor de cada mínima vibración.
Decirle adiós al café es como despedir a mi mejor chef; como ir a tirar a mi cochina gata a la basura porque ya me aburrió (¡jamás!), es decirle al amor de mi vida que lo amo, pero que no puede quedarse en mi vida.
Dolorosa despedida de una relación de más de 25 años, (o sea, empecé chica ¿eh?, no crean que ya me cargo mis 40's) que me ha traído mil y un sinsabores (pues el café del Tok's es bastante malito) y también me ha dado muchísimos momentos de inspiración y lucidez.
De momento nos decimos adiós con todo el dolor de nuestro corazón, deseando encontrarnos pronto, cuando mi tolerancia al ansiolítico se establezca o cuando de plano pueda funcionar sin antidepresivos.
Mientras tanto, mi cafetera sabe que tiene su lugar muy bien ganado en mi corazón.
Y en mi bodega también.
Gracias, café, por ser mi compañero... Hasta la rehabilitación siempre!


P.D. Ahora aquí pasará mi tacita sus días...

viernes, 19 de octubre de 2012

Domíname!

Lo vi con mis propios ojos.
Nadie me lo va a platicar, pues "la infantería" me demostró que la lucha entre hombres y mujeres comienza desde que Vanessa de "Cuneros 1" le avienta el pañal a Dorito y se arma la gorda.
Comienza lo que viene siendo la "batalla de los sexos".
¡Chín!
Miren, quisiera ser imparcial ahora que me encuentro viviendo en el tercer piso; justo cuando se me han acabado las dudas de la adolescencia y que los experimentos veinteañeros ya surtieron sus efectos a que dieron lugar.
Más aún cuando en casa estoy educando a un caballerito que, desde ahorita ya se le nota que lo van a traer bien atarantado. ¿Y saben por qué? No, no lo quieren saber. Esto a continuación pareciera que es una franca traición a mi bello sexo, pero para nada. Tomémoslo como una herramienta para hacer más llevadera (y más sabrosa) la vida entre hombres y mujeres.
Explico:
Las mujeres somos canijas con los hombres que percibimos "débiles" -y que no son otros que los eternos enamorados incondicionales-, para correr a los brazos de los "rufianes". Aquellos cuya cabellera larga ondea al viento mientras el rugido de la moto se lleva nuestros suspiros. Y no lo neguemos, chicas. ¿Quién no ha tenido un pretendiente que se les declara abiertamente su esclavo y al cual lo han despreciado por, precisamente, arrastrado?
Y aquel noble espécimen, con el corazón enlodado y destrozado se irá con el rabo entre las patas, aullando su desazón contra TODAS las mujeres y jurando venganza. Y la cumple, pues automáticamente se vuelve uno más de los rufianes, que hará suspirar a otra mujercita con sus desprecios. Bah! el cuento de nunca acabar.
¿Y que por qué "la infantería" me lo demostró tan bien?
Pues resulta que un muy hábil Matius me sableó una comidita del McDonalds después de la escuela. Llegamos muy cucos al área de juegos y devoramos papitas y nuggets. Acto seguido, pasó a jugar al globo con una nena. La nena, por cierto, era un poco mayorcita que él. De un sano juego infantil pasaron a otros más complicaditos, llegando a una especie de juego del matrimonio donde mi Matius y la nena salían de una casita y daban vueltas y volvían a entrar y así. Al ratito nada más el Matius salía a "trabajar" y la nena se quedaba en la casita... ¿Pues creerán que cuando el Matius se daba la vuelta, la nenita andaba metiendo a otro niñito a la casa?
¡¡Háganme el usual y típico rechingado favor!!
El niñito que rondaba tan feliz escena sólo esperó a que el Señor Matius saliera a trabajar para que la dulce damita le abriera las puertas de su casita y jugaran con el globo que ERA de mi hijo. ¡Imaginen mi indignación como mamá del pedacito de cornudo que estaba siendo mi niño!
Ahí no acabó la cosa pues Matius regresó ipso facto del trabajo y cuando abrió la puerta de su casita...
Ni peló. Él estaba feliz de jugar con la nena a la casita, salir a "trabajar" y darse de vueltas en la resbaladilla.
Pero la nenita sí que sabía lo que hacía, pues al llegar Matius sacó al otro niñito y se puso a jugar solita.
¿Qué le costaba jugar solamente con el noble (y despistado) Matius?
Es lo mismo a los 15, 25, 35, 45 ¡y hasta los 85!
Digamos que no, pero a muchas mujeres nos encanta el peligro que supone un buen canalla.
Y miren, hombrecitos: si a la primera de cambio, la amada en cuestión sólo los hace trabajar para ganar "puntos", mejor váyanse consiguiendo una moto y unas extensiones si es que quieren declararse conquistadores de su corazón. No trabajen en balde para que venga otro y, tronándole los dedos, llame a la dama y partan juntos, dejándolos a ustedes con un palmo de narices.
Sí, amamos que nos reten y saquen lo mejor que hay en nuestra escencia femenina: ese brillito diablezco en nuestros ojos que los hace a ustedes cuestionarse si en verdad es que tienen tanta suerte de compartir con nosotras nuestra atención.
Del corazón, hablaremos en otra ocasión...


martes, 16 de octubre de 2012

SOLIDARIDAD

Ey, el título no es una apología a aquel programa social que tanto significó para el Salinismo (y sólo para él) ni hablaré de nuestro eminente satélite (¿alquien sabe si aún sigue en órbita?) que conmocionó nuestros ánimos científicos en la época de oro del prísimo (porque, amigos, ESTA es su época de diamante, si me permiten la expresión)
Se trata, pues, de darles una embarrada de filosofía social aplicada a mi muy particular manera de ver -y vivir- la vida, vita, vie... whatever.
Así que... corría el año de 1988 o algo por el estilo. Por esas fechas cursaba el tercer grado de primaria con la miss que permitía el suministro de café a sus alumnos (en serio: podíamos llevar nuestro vasito; cada tanto alguien llevaba el azúcar, el café, el coffee mate y durante el recreo, nos hacíamos nuestro cafecito. ¡Es verdad! ¡Pregúntenselo a Laura!)
Y por aquellos días aconteció que "unos señores" llegaron a la primaria a buscar niños y niñas para modelar.
¡Guaaaaaaaau!
La revista Barbie tenía a mi autoestima en el suelo pues sus modelos eran niñas de evidente ascendencia europea o ya de perdis, del colegio Vista Hermosa. Yo por supuestísimo que nunca he renegado -y aunque quisiera, no podría- de mis orígenes indígenas de la zona Mixteca de Oaxaca. Es muy evidente el color de mi tez, mis rasgos faciales y, el carácter serio y solemne (ésto último, menos que otra cosa), así que de la nada aparecían estas personas que buscaban niños modelos, para ponerlos a pasarelear en Liverpool o algo por el estilo. Yo debía estar ahí, a como diera lugar. No podía dejar pasar mi oportunidad de volarme el resto de las clases -por mucho cafecito que me dieran- ni de ser la envidia de las compañeritas menos "agraciadas".
Así que acudí al mini casting que se llevó a cabo en la oficina de la Directora, la profesora Conchita -a la que, creánlo o no, se le festejaba el 8 de Diciembre "su Santo"- y obvio, llevába mi porra consistente en un par de gemelas cuya buena madre me cuidaba en lo que llegaba mi mamá por mi (apenas se empezaba a poner de moda que las mamás fueran profesionistas o que trabajaran) y bueeeno, héme ahí con toda mi muppetosa muppetez, tratando de caminar lo más derechita posible ante la mirada aprobatoria de los señores. También había una mujer, claro. No hay que pensar tan mal.
Total que sí me escogieron, pero debía marcar a mi casa para pedirle permiso a mi mamá. ¡Fuck!, mi madre no estaba en esa casa detrás del teléfono esperando mi llamada. Estaba resolviendo amparos en la Coordinación General Jurídica del D.D.F. y no tenía sus teléfonos ¡doble Fuck!
Así que, con la mirada reprobatoria de la secretaria, comencé a marcarle a mis abuelas, a la vecina, a mis tías... yo no se que pretendía pero el caso es que de ningún lado obtuve una respuesta favorecedora. O no contestaban o no entendían mi balbuceo incoherente...
Mejor así... tal vez...
Escogieron a otras niñas cuyas madres SI estaban a la mano para dar su manita a torcer. Yo regresé a mi saloncito, dispuesta a sufrir las burlas de los compañeritos que me vieron entrar (¡y "modelar"! Dios, que vergüernza) a la dirección sabiendo mis verdaderos intereses.
Al momento en el que me derrumbé en la banca y comencé a llorar, mis amigos se fueron acercando poco a poco... me consolaron... me dieron palabras de "no te preocupes", "todo estará bien", "a mi se me murió mi perro"... Uno más me preparó mi cafecito y una niña me regaló unas botitas para la "Barbie" que acababa de comprar en el recreo...
Solidaridad, amigos. No fue otra cosa que el tratar de hacer común mi dolor y entre toda esa pequeña sociedad que formaba el salón de clases del Tercero "B", tratar de sacar adelante el ánimo -y orgullo- maltrecho de la compañerita Dana...
La solidaridad se perfecciona a través de los actos que hacemos en favor o beneficio de los demás. La aprendemos o mejor dicho, aprendemos a desarrollar nuestra empatía, generosidad, buen corazón o como gusten llamarle. Y tales muestras de comprensión hacia mi deben ser remuneradas al universo, a quien me lo pida y bajo cualquier circunstancia...
Esta vez, me cuesta hacerlo porque... no es fácil la tarea.
No se si sea real o qué, no se si está bromeando o qué...
Mi abuela me ha instruído acerca de cómo quiere que lleve a cabo sus funerales. Sin errores, sin fallas. Con aplomo y optimismo.
"No es para que llores, Danita. Aún falta mucho tiempo para eso..."
Ojalá...

viernes, 12 de octubre de 2012

Euphoria.

¿Qué? ¿Regresé de un gran viaje, les hablé del amor de mi vida y luego me largué sin dar explicaciones? ¡¡¡¿Y?!!!
No crean que no se que es lo que están haciendo, ¿eh? Con todos esos correos en mi buzón y esos sms amenazantes y a la vez suplicantes de "Danos más, dános más", "tu miseria es nuestro placer" y "queremos más Gatería"
¿Acaso creen que me debo a ustedes? ¿Que elijo equivocarme en la vida para luego venir a lloriquearles aquí y recibir gratificación instantánea de ustedes?
Pues bien... tienen razón.
Todo eso y más.
Amo nuestra relación co dependiente "autor/lector". Amo ver que, de alguna retorcida manera, el compartir
con ustedes mis aventuras los hace a ustedes felices. Y prestos para experimentar en cabeza ajena, si me permiten la expresión.
En fin, este dicharacheo sin sentido debe ser más a causa de varias tazas de café en mi cuerpo y un Danonino como único alimento en mi panza que por el hecho de estarle dando vueltas al asunto que me trae por aquí y que aún no decido si soltarlo o no.
Hace unos días mientras me duchaba, pensaba en que ya llevo un año en casa de mis padres -bueno, en el penthouse que amablemente me ¿alquilan?- y mi situación personal ha cambiado tanto desde entonces que biológicamente mi cuerpo ha dejado de tolerar el antidepresivo. Esto no quiere decir que esté curada para siempre, que mañana sábado puedo embriagarme hasta las cachas sin temor a "cruzarme" y que tronándole los dedos a la vida, bien puedo mandar al carajo a mi "Red Angel" de personas, lugares y momentos que me han sostenido en tiempos difíciles.
Es más, creo que hacerlo evidenciaría el hecho de que mi cabecita sigue estando en cloroformo y una esponja ha pasado a borrar todas las enseñanzas aprendidas.
Pero quiero platicarles de la euforia de saberse propietario del mundo y que lo demás sea lo de menos.
Es peligroso, ¿saben? La euforia mal encausada puede trastornar a cualquiera. Más siendo unos seres que vivimos a base de emociones, conocimiento y decisiones estúpidas.
Por algo la Evolución no nos dió alas a los seres humanos, porque sabía la muy cochina que de hacerlo, la primer especie en extinción hubiéramos sido nosotros... o bueno, los primeros homo erectus.
Yo pienso que es muy bonito sentir bonito. Que está muy bien estar en un estado de ánimo tan alto que te permita soportarlo todo, desde lo hermoso y feliz, hasta lo trágico y doloroso. Y que si no existiera el otro lado de la moneda, la vida sería perfecta.
Todos sabemos que eso es imposible, pues definitivamente la humanidad teje sus tramas y nos cobija todos en una telenovela. Vean a su alrededor y díganme que no, que sus solas decisiones los tienen donde están.
Evidentemente no.
Si a mi no me hubiera roto el corazón Israelito de Kínder 1 en 1984, jamás estaría escribiendo estas líneas tan llenas de amargura. Al contrario, mi vida hubiera sido perfecta pues mi primer "crush" hubiera sido "el bueno" para toda la vida y ustedes no tendrían lectura para el baño el día de hoy.
La Euforia es esa fuerza que te empuja a decir "¡íngue su madre, me lo chingo!" y te precipita escaleras abajo para hacer cosas que en tu sana apatía no hubieras conseguido ni siquiera imaginar.
Y miren que ya les he platicado de varias, ¿eh? No olviden mis excursión suicida a la Marquesa o el aventurarme a buscar a un hombre hasta el corazón de su montaña, sin mapa y sin conciencia.
O que tal el brincar de balcón en balcón en Ixtapa, ¡no manchen, devuélvanme mis medicinas!
Y, debo confesarlo, he escrito varias veces bajo el efecto embrutecedor de la euforia.
Lo pueden notar cuando la redacción es azarosa y al final siempre dejo moraleja.
En términos generales, la euforia no es mas que un extra boost mental que hace que te pases de la raya éticamente hablando, y cuyos resultados son tan impredecibles como los sentimientos que experimentas cuando tus niveles de oxitocina y serotonina vuelven a su estado normal (que en mi caso son bajísimos).
Es lindo, en este mundo, en este país donde cada vez es más duro lograr la felicidad completa (cualquier cosa que eso signifique) es hermoso sentir esos cosquilleos en la panza, esos ojitos brillantes y que de tus labios brote esa estúpida sonrisa delatora cuando la euforia llega a tu puerta.
Lo fue ayer, lo es hoy y seguramente lo seguirá siendo mañana.
Más cuando después de un día literalmente negro, aparece un ícono rojo en mi página de Feisbuk que indica que sí, que tú también estás pensando en mi...

"...Baby, I´m ready to go..."